Orientación Vocacional

Para referirnos a la vocación hay que tener en cuenta una serie de factores que son los mismos que se plantean con respecto al aprendizaje, a la producción intelectual y a la creación. La vocación de por sí implica cierto llamado interno a la acción y este es un impulso determinado a la vez por factores biológicos, psicológicos y sociales, y todos tienen que ver con la genética; es decir, cada ser humano tiene una determinada serie de llamados hacía algo; es un “pedido” de los genes, es una tendencia del sujeto que lo lleva a realizar una u otra acción; es, en otras palabras, lo que se denomina heredado genéticamente, que son las aptitudes con que cada sujeto nace; éstas a la vez van a producir unas ciertas capacidades, las que se nutren de lo aprendido. Lo aprendido tiene como base lo heredado y puede ser impulsado por diferentes estímulos externos o internos.

La vocación se estimula por lo general en un principio por sí misma; es decir, no necesita de estímulos externos para hacerse presente, pero a la vez requiere ser educada, encauzada, estimulada, aprobada, conocida y enriquecida por una cierta disciplina y método para que se pueda llegar a mejores logros en la vocación. Es de observar, por ejemplo, que algunas vocaciones se llegan a descubrir tardíamente, pues estaban latentes, reprimidas o no estimuladas; al mismo tiempo una vocación puede aparecer pobremente por que no tiene los elementos para exteriorizarse.

Cuando nos referimos a las vocaciones, hay que hacer mención de las motivaciones conscientes y de las inconscientes. Las primera son las que conocemos o que están en nuestra consciencia, la que sentimos, percibimos en el Yo; es como una fuerza a realizar determinada acción específica y no otra; es la que llevamos a cabo a pesar de fuerzas externas que nos las impiden. Existen a la vez motivaciones conscientes que son determinadas por razones sociales, económicas, históricas del sujeto y de su medio ambiente.

Por ejemplo, una fuerza social en determinado momento histórico puede influir en un grupo de sujetos para encausarlos o motivarlos para la ciencia, para la guerra, para el deporte, para el arte o para la economía. En nuestra época actual cada sujeto se ve movido fundamentalmente por las fuerzas económicas que le determinan un camino para seguir; es decir, su vocación está fijada por las necesidades de conseguir dinero para tener objetos, para subsistir en este mundo de competencia; es por esto por lo que el sujeto busca el camino en donde pueda obtener más fácilmente el dinero necesario para la supervivencia.

Las motivaciones conscientes establecidas por la historia son, por ejemplo, aquellas que tienen una continuidad o secuencia en el tiempo, y se observan en los sujetos que se ven motivados a realizar tal o cual acción, puesto que sus ancestros (abuelos, padres) así lo hicieron y no es sólo por herencia genética sino por una secuencia histórica. Anteriormente esto se observaba con mayor frecuencia; así teníamos que el hijo de profesional abogado, médico, ingeniero, técnico, artesano o campesino u obrero seguía los pasos de sus antepasados, teniendo en cuenta también las posibilidades económicas y sociales para la realización y desarrollo de sus capacidades. Aquella continuidad temporal histórica actualmente se ha roto (ahora muchos hijos de campesinos, de obreros y de artesanos luchan por estudiar y emigran a la ciudad) produciéndose un desequilibrio social, que está originando una serie de brechas socioeconómicas y de desadaptaciones, creándose así contradictoriamente un mayor progreso, ambición y envidia, a la vez que un vacío que trata de llenarse o satisfacerse inconscientemente con ideologías y a veces con actuaciones malsanas drogadicción, pandillismo, vandalismo y violencia en general; de tal manera se presenta una desproporción entre lo que se desea, se puede, se debe y se realiza. De todo esto no se puede concluir que las consecuencias de ese cambio de trabajo del campo a la ciudad traiga efectos nocivos a la sociedad, pues desafortunadamente en el ser humano existen tendencias adaptativas las que establecen un equilibrio con nuevas adaptaciones; sin embargo, como todo sabemos, es necesario planificar las migraciones, la educación, el aprendizaje y la capacitación para cada ser humano, en su grupo, en su ambiente y en el momento histórico que vive.

Por su parte, cada sujeto requiere pertenecer a un grupo, hacer parte de él, sentirse unido al grupo y protegido por el mismo. El grupo le sirve al individuo como una nueva religazón, una nueva familia en donde repite sus experiencias pasadas y le es útil para sentirse integrado, fuerte, en su medio o en el mundo externo; es allá a donde puede llevar sus problemas pasados o actuales para ser resueltos. De tal manera, el sujeto se ve motivado para elegir una profesión de acuerdo con las tendencias grupales existentes o predominantes en ese momento.

Una persona puede ser inducida a seguir una carrera, por ejemplo la de Derecho o la de Agronomía, porque el grupo en que ha vivido requiere de esas profesiones para el funcionamiento del mismo; esto hay que tenerlo en cuenta, como también lo ya mencionado, además de la tendencia a seguir una tradición. De esto se desprende cuán importante es distinguir entre vocación y motivación.

La vocación, cómo ya se expresó, viene de una motivación más profunda, que se refiere a las tendencias innatas, heredadas, que pulsan por salir. La motivación que hace elegir a una persona una carrera por las necesidades y tendencias grupales no conllevan implícitamente la vocación, pero éstas pueden estar presentes. Hay familias que por razones de la psicodinamia de grupo mueven a sus integrantes a determinada profesión. En todo esto interviene la psicología individual, la edad de los participantes, las tendencias de reparación, creación, transformación, expresión y aquellas que se refieren a las necesidades de impresionar al grupo, al líder del mismo o a los mismos impulsos a convertirse en líder. En todos estos fenómenos surgen las necesidades conscientes y las inconscientes para llevar a la acción determinadas tendencias en donde debería estar presente la sublimación, es decir, aquel mecanismo por el cual se realizan acciones con ideales y objetivos superiores.

Cuando nos referimos a las motivaciones inconscientes tenemos que recordar todos aquellos mecanismos ya explicitados por el psicoanálisis y que se refieren a la fantasía inconsciente. Aquí hay que distinguir entre la fantasía consciente y la inconsciente. La primera es la que aparece en la conciencia, la que conocemos y es posible controlar con la voluntad; la segunda es la expresión y representación mental de los instintos que está configurada por el mismo instinto, su relación con el objeto interno mental y las defensas y ansiedades correspondientes derivadas del conflicto entre el deseo instintivo y la realidad; las fantasías, unas y otras, tienen su representación mental imaginada; es decir, representada en imágenes visuales, acústicas y graficas primordialmente, que luego pueden tornarse en palabras o en un lenguaje codificado. De todo esto se desprende que primero son las fantasías y luego se forman las palabras; en resumen, las fantasías inconscientes y sus significaciones actúan en la mente mucho antes del desarrollo del lenguaje e independientes de las palabras. En los sueños, en los mitos, en el arte en general, se observa tal fenómeno. Así, la danza, el teatro, el cine, la pintura, la escultura, etc., tienen una serie de significados y fantasías que implican forman, color, líneas, movimientos, melodía, armonía, todos ellos plenos de significados, sin haber llegado a la palabra, pero sí a un lenguaje y a una comunicación. Es en el lenguaje y con él con el que se puede trasmitir, transferir e impulsar a un sujeto en una dirección u otra, y de tal manera motivarlo para realizar determinada acción. Los niños en sus primeros años elaboran las imágenes plásticas, visuales, auditivas, cinestésicas, táctiles, gustativas, las que progresivamente se van configurando con las percepciones articuladas con el mundo externo. A toda está dinámica de la formación de las fantasías inconscientes se suman las tendencias de las fantasías o protofantasías arcaicas

De lo expuesto se desprende, cómo tanto el aprendizaje como la enseñanza dependen de la fantasía inconsciente, de las arcaicas heredadas y con ellas se configuran intereses, los que se derivan de los deseos, de la curiosidad y/o del temor.

Las fantasías tienen su desarrollo específico y dependen de las etapas por las que el sujeto pasa a través de su historia, sumadas a las experiencias de la vida real, y con esas percepciones van a configurar dentro de múltiples funciones el pensamiento acerca de la realidad interna y externa, para luego entrar a decidir con la voluntad.

No sobra explicitar cómo las fantasías inconscientes son, en primer término, los representantes de los instintos y tendencias libidinales y destructivos, y cómo desde el comienzo del desarrollo se elaboran defensas contra los temores a la posibilidad de satisfacción de los mismos impulsos, que son sentidos prohibidos por la realidad.

En verdad, las fantasías inconscientes sólo son conocidas por sus derivados preconscientes o por los que emergen a la consciencia. Cuando un niño es estimulado por sus fantasías inconscientes primitivas, éstas pueden tomar predominio, más adelante a través de su desarrollo, en sus decisiones y en elección de profesión en su especialidad y en su quehacer cotidiano. Es de observar cómo el niño imagina, juega con sus fantasías y más adelante cuando adulto puede llevar éste juego a la realidad en una acción científica, artística o social cuando no meramente biológica.

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