Orientación Vocacional

DR. GUILLERMO SÁNCHEZ MEDINA

Vocación

Para referirnos a la vocación hay que tener en cuenta una serie de factores que son los mismos que se plantean con respecto al aprendizaje, a la producción intelectual y a la creación.

La vocación de por sí implica cierto llamado interno a la acción y este es un impulso determinado a la vez por factores biológicos, psicológicos y sociales, y todos tienen que ver con la genética, es decir, cada ser humano tiene una determinada serie de llamados hacía algo, es un “pedido” de los genes, es una tendencia del sujeto que lo lleva a realizar una u otra acción, es, en otras palabras, lo que se denomina heredado genéticamente, que son las aptitudes con que cada sujeto nace, éstas a la vez van a producir unas ciertas capacidades, las que se nutren de lo aprendido.

Lo aprendido tiene como base lo heredado y puede ser impulsado por diferentes estímulos externos o internos.

La vocación se estimula por lo general en un principio por sí misma; es decir, no necesita de estímulos externos para hacerse presente, pero a la vez requiere ser educada, encauzada, estimulada, aprobada, conocida y enriquecida por una cierta disciplina y método para que se pueda llegar a mejores logros en la vocación.

Es de observar, por ejemplo, que algunas vocaciones se llegan a descubrir tardíamente, pues estaban latentes, reprimidas o no estimuladas; al mismo tiempo una vocación puede aparecer pobremente por que no tiene los elementos para exteriorizarse.

Cuando nos referimos a las vocaciones, hay que hacer mención de las motivaciones conscientes y de las inconscientes.

Las primera son las que conocemos o que están en nuestra consciencia, la que sentimos, percibimos en el Yo; es como una fuerza a realizar determinada acción específica y no otra; es la que llevamos a cabo a pesar de fuerzas externas que nos las impiden. Existen a la vez motivaciones conscientes que son determinadas por razones sociales, económicas, históricas del sujeto y de su medio ambiente.

Por ejemplo, una fuerza social en determinado momento histórico puede influir en un grupo de sujetos para encausarlos o motivarlos para la ciencia, para la guerra, para el deporte, para el arte o para la economía. En nuestra época actual cada sujeto se ve movido fundamentalmente por las fuerzas económicas que le determinan un camino para seguir; es decir, su vocación está fijada por las necesidades de conseguir dinero para tener objetos, para subsistir en este mundo de competencia; es por esto por lo que el sujeto busca el camino en donde pueda obtener más fácilmente el dinero necesario para la supervivencia.

Las motivaciones conscientes establecidas por la historia son:

Por ejemplo, aquellas que tienen una continuidad o secuencia en el tiempo, y se observan en los sujetos que se ven motivados a realizar tal o cual acción, puesto que sus ancestros (abuelos, padres) así lo hicieron y no es sólo por herencia genética sino por una secuencia histórica.

Anteriormente esto se observaba con mayor frecuencia; así teníamos que el hijo de profesional abogado, médico, ingeniero, técnico, artesano o campesino u obrero seguía los pasos de sus antepasados, teniendo en cuenta también las posibilidades económicas y sociales para la realización y desarrollo de sus capacidades.

Aquella continuidad temporal histórica actualmente se ha roto (ahora muchos hijos de campesinos, de obreros y de artesanos luchan por estudiar y emigran a la ciudad) produciéndose un desequilibrio social, que está originando una serie de brechas socioeconómicas y de desadaptaciones, creándose así contradictoriamente un mayor progreso, ambición y envidia, a la vez que un vacío que trata de llenarse o satisfacerse inconscientemente con ideologías y a veces con actuaciones malsanas drogadicción, pandillismo, vandalismo y violencia en general; de tal manera se presenta una desproporción entre lo que se desea, se puede, se debe y se realiza.

De todo esto no se puede concluir que las consecuencias de ese cambio de trabajo del campo a la ciudad traiga efectos nocivos a la sociedad, pues desafortunadamente en el ser humano existen tendencias adaptativas las que establecen un equilibrio con nuevas adaptaciones; sin embargo, como todo sabemos, es necesario planificar las migraciones, la educación, el aprendizaje y la capacitación para cada ser humano, en su grupo, en su ambiente y en el momento histórico que vive.

Por su parte, cada sujeto requiere pertenecer a un grupo, hacer parte de él, sentirse unido al grupo y protegido por el mismo.

El grupo le sirve al individuo como una nueva religazón, una nueva familia en donde repite sus experiencias pasadas y le es útil para sentirse integrado, fuerte, en su medio o en el mundo externo; es allá a donde puede llevar sus problemas pasados o actuales para ser resueltos. De tal manera, el sujeto se ve motivado para elegir una profesión de acuerdo con las tendencias grupales existentes o predominantes en ese momento.

Una persona puede ser inducida a seguir una carrera, por ejemplo la de Derecho o la de Agronomía, porque el grupo en que ha vivido requiere de esas profesiones para el funcionamiento del mismo; esto hay que tenerlo en cuenta, como también lo ya mencionado, además de la tendencia a seguir una tradición. De esto se desprende cuán importante es distinguir entre vocación y motivación.

La vocación, cómo ya se expresó, viene de una motivación más profunda, que se refiere a las tendencias innatas, heredadas, que pulsan por salir.

La motivación que hace elegir a una persona una carrera por las necesidades y tendencias grupales no conllevan implícitamente la vocación, pero éstas pueden estar presentes. Hay familias que por razones de la psicodinamia de grupo mueven a sus integrantes a determinada profesión.

En todo esto interviene la psicología individual, la edad de los participantes, las tendencias de reparación, creación, transformación, expresión y aquellas que se refieren a las necesidades de impresionar al grupo, al líder del mismo o a los mismos impulsos a convertirse en líder.

En todos estos fenómenos surgen las necesidades conscientes y las inconscientes para llevar a la acción determinadas tendencias en donde debería estar presente la sublimación, es decir, aquel mecanismo por el cual se realizan acciones con ideales y objetivos superiores.

Cuando nos referimos a las motivaciones inconscientes tenemos que recordar todos aquellos mecanismos ya explicitados por el psicoanálisis y que se refieren a la fantasía inconsciente. Aquí hay que distinguir entre la fantasía consciente y la inconsciente.

La primera es la que aparece en la conciencia, la que conocemos y es posible controlar con la voluntad; la segunda es la expresión y representación mental de los instintos que está configurada por el mismo instinto, su relación con el objeto interno mental y las defensas y ansiedades correspondientes derivadas del conflicto entre el deseo instintivo y la realidad; las fantasías, unas y otras, tienen su representación mental imaginada; es decir, representada en imágenes visuales, acústicas y graficas primordialmente, que luego pueden tornarse en palabras o en un lenguaje codificado.

De todo esto se desprende que primero son las fantasías y luego se forman las palabras; en resumen, las fantasías inconscientes y sus significaciones actúan en la mente mucho antes del desarrollo del lenguaje e independientes de las palabras.

En los sueños, en los mitos, en el arte en general, se observa tal fenómeno. Así, la danza, el teatro, el cine, la pintura, la escultura, etc., tienen una serie de significados y fantasías que implican forman, color, líneas, movimientos, melodía, armonía, todos ellos plenos de significados, sin haber llegado a la palabra, pero sí a un lenguaje y a una comunicación. Es en el lenguaje y con él con el que se puede trasmitir, transferir e impulsar a un sujeto en una dirección u otra, y de tal manera motivarlo para realizar determinada acción.

Los niños en sus primeros años elaboran las imágenes plásticas, visuales, auditivas, cinestésicas, táctiles, gustativas, las que progresivamente se van configurando con las percepciones articuladas con el mundo externo. A toda está dinámica de la formación de las fantasías inconscientes se suman las tendencias de las fantasías o protofantasías arcaicas

De lo expuesto se desprende, cómo tanto el aprendizaje como la enseñanza dependen de la fantasía inconsciente, de las arcaicas heredadas y con ellas se configuran intereses, los que se derivan de los deseos, de la curiosidad y/o del temor.

Las fantasías tienen su desarrollo específico y dependen de las etapas por las que el sujeto pasa a través de su historia, sumadas a las experiencias de la vida real, y con esas percepciones van a configurar dentro de múltiples funciones el pensamiento acerca de la realidad interna y externa, para luego entrar a decidir con la voluntad.

No sobra explicitar cómo las fantasías inconscientes son, en primer término, los representantes de los instintos y tendencias libidinales y destructivos, y cómo desde el comienzo del desarrollo se elaboran defensas contra los temores a la posibilidad de satisfacción de los mismos impulsos, que son sentidos prohibidos por la realidad.

En verdad, las fantasías inconscientes sólo son conocidas por sus derivados preconscientes o por los que emergen a la consciencia.

Cuando un niño es estimulado por sus fantasías inconscientes primitivas, éstas pueden tomar predominio, más adelante a través de su desarrollo, en sus decisiones y en elección de profesión en su especialidad y en su quehacer cotidiano.

Es de observar cómo el niño imagina, juega con sus fantasías y más adelante cuando adulto puede llevar éste juego a la realidad en una acción científica, artística o social cuando no meramente biológica.

En toda la dinámica de la vocación opera con predominancia un mecanismo básico y éste es el de la identificación.

El niño normalmente se identifica con los mayores, especialmente con el padre, y la niña con la madre; estas identificaciones pueden ser mixtas o cruzadas; de tal manera observamos los niños con identificaciones parciales con la madre y la niña con el padre; esto no significa que puedan ser totales, es decir, la niña identificarse con el padre y el niño con la madre; aquí pueden establecerse deformaciones en la identidad del sujeto y con ellas los desórdenes de la personalidad y las desviaciones sexuales y también de la actividad y vocación del sujeto en su quehacer o actividad en la vida.

El hombre, de por si, tienen ciertas tendencias específicas sexuales que son desarrolladas a través de la historia, muchas de las cuales se ubican solamente en el sexo masculino, afirmándolo; por ejemplo, la tendencia al mando, de donde el desarrollo del machismo y del feminismo como una fuerza anti-machista.

A través de la historia es el sexo masculino el que ha mandado a los grandes grupos humanos, no sin que esto tenga definitivamente una cualidad viril propiamente dicha, pues así lo demuestra la historia; por ejemplo, en Alejandro el Grande, que siendo homosexual, fue el gran líder griego que abrió las puertas para la conquista de Oriente, o Juana de Arco, que comandó los ejércitos en Francia, o actualmente las primeras ministras en Inglaterra y en la India.

La identificación como mecanismo psíquico es fundamental para tenerla en cuenta en el descubrimiento y análisis de las vocaciones.

Muchas personas se identifican por que requieren satisfacer necesidades exhibicionistas, obtener prestigio, ser alabadas, reconocidas, aceptadas en forma narcisística; todo esto no quiere significar que las tendencias antes mencionadas no hagan parte de las necesidades naturales de cada ser humano; por el contrario, todos estamos abocados a ellas, pero hay que determinar cuánto hay de derivados de esas necesidades inconscientes que se refiere a las relaciones primitivas con los padres y que se ha fijado en el niño impidiéndole el desarrollo normal de sus capacidades naturales.

En las tendencias infantiles existe la rivalidad, la envidia y los celos que se viven con los padres o con los hermanos o sus sustitutos.

Se puede encontrar que una persona elige una profesión por la realización de conflictos inherentes a estas tendencias, o a la configuración de problemas diversos, o a los deseos de resolver los conflictos con los padres.

De la misma manera una persona elige ser contador para resolver un desorden económico de una de las figuras parentales, o para seguir la rigidez contable de los mayores, o para tratar de resolver su propio orden; otro sujeto puede elegir ser vendedor por que en esa forma comunica, pone en relación a dos personas y le da el objeto requerido a una y a otra, quedándose el sujeto sin el objeto; en esta forma funciona como el intermediario del intercambio; de ahí saca su provecho; aquí vemos el vendedor (de ideas, de objetos cualesquiera que sean), el comerciante. Actualmente se dice que el éxito en la vida lo da el ser buen vendedor.

Aquí hay que tener en cuenta que las profesiones muchas de las veces se eligen sólo por la necesidad económica; por otra parte, también observamos la tendencia a idealizar las profesiones, de ahí que muchas personas quieren ser “doctores” dejando el sector de la tecnología, de las artes, del campo, abandonado.

En las vocaciones y en la elección de profesión, conviene tener en cuenta todos estos factores, pues hay que pensar en una buena distribución de la capacitación o formación de los sujetos, de acuerdo con las necesidades individuales y grupales.

Cuando me referí a las tendencias narcisístas, éstas pueden estar presentes en la elección profesional; por ejemplo, hay sujetos que desean ser cirujanos para satisfacer narcisística, mágica y omnipotentemente la lucha del drama contra la muerte y de tal manera desean sacar el mal o lo malo que está dentro del cuerpo; otras personas se vuelven defensoras de la justicia, pues han sentido sus derechos vulnerados y con la defensa logran no sólo reivindicar la injusticia sentida por ellos sino exhibir sus capacidades para ello.

En realidad todas las vocaciones tienen sus raíces, no sólo, como ya se mencionó, en las motivaciones genéricas, sino en las inconscientes, en las identificaciones y en las relaciones muy tempranas vividas en la infancia con los mayores. De suerte que cuando estudiamos las vocaciones debemos enfrentarnos con las aptitudes, las capacidades en general, el medio ambiente, el grupo y los intereses sociales.

Dentro de las capacidades intelectuales hay que especificar en general tres ramas importantes que se refieren a las capacidades abstractas que determina el pensamiento abstracto (las matemáticas, la filosofía, entre otras), las capacidades concretas y prácticas, las que se expresan por ejemplo en la mecánica, y las sociales, que se manifiestan en todas las ramas que se refieren a las relaciones humanas.

Como es bien conocido, hay cuatro campos fundamentales en donde el hombre puede aprender de él y de su mundo circundante, que son: el de las ciencias naturales, el de la genética, el de las sociales y el de las ciencias exactas.

El ser humano nace, como ya se expuso, con ciertas capacidades y tendencias a determinadas ciencias ya expuestas; de una u otra manera podemos repetir que los sujetos se sienten más inclinados por dos grandes ramas; las ciencias conceptuales y las ciencias energéticas; entre las primeras estarían la Filosofía, la Epistemología, las Matemáticas, la Lógica, la Geometría, la Cosmología, la Economía, la Política, el Derecho, la Historia; entre las segundas están la Física Nuclear, la Química, las Ciencias de la Gravitación, la Mecánica, la Electrónica, la Magnética, la Computación, la Fisiología y la Biología, entre otras.

Alrededor de ellas se ubican la Sociología, la Psicología y la Antropología. Todas estas ramas del conocimiento tienen sus sub-ramas y a la vez sus técnicas, de ahí que surjan una serie de profesiones tecnológicas. Así mismo la reunión de unas y otra pueden ser aplicadas a las relaciones humanas, al turismo, a la comunicación, a la informática, a la administración, a la programación en sus diferentes campos ya sean estos industriales, agrícolas, de vivienda, educativos, etc.

Resumiendo, existen tendencias que mueven al sujeto en tal o cual dirección para su hacer o acción en este mundo; estas tendencias dependen del tiempo y espacio en donde se vive y así las motivaciones pueden ser conscientes o inconscientes, unas y otras mueven y estimulan los afectos, las emociones y el intelecto de la persona para ser y hacer.

En todo este movimiento vocacional existe la expresión, la búsqueda, la ordenación del elemento y el deseo de un encuentro con una realidad externa que sea congruente con la interna. Muchas veces esta congruencia no se realiza por que existe una contradicción de las dos realidades. En toda esa constelación de motivaciones internas y externas confluye también el encuentro y descubrimiento de uno o varios conocimientos y realizaciones.

Volviendo sobre las identificaciones, éstas, como ya se expresó se manifiestan como fuerza fundamental en las vocaciones, pero pueden ser realización de conflictos diversos, ya sean estos con los padres o sustitutos (abuelos, profesores, tíos, hermanos mayores, etc.), o a la vez realización de fantasías vividas a diferentes niveles.

Cuando nos referimos a las vocaciones propiamente dichas, éstas las distinguimos muy claramente de las aptitudes, de las capacidades intelectuales, pero unas y otras se fusionan para determinar cierta acción y producción, la cual será más beneficiosa cuanto más se hayan puesto en función libremente la misma vocación, las capacidades, la creación y la sublimación.

Desde el punto de vista de las mismas tendencias y fantasías, éstas se ponen en función con los deseos y las necesidades que van desarrollándose de acuerdo con las edades y circunstancias de cada cual.

Es así como tenemos que el niño, desde que nace hasta los siete años, desea y se observa en él sus predisposiciones, y paralelamente en su crecimiento explora el mundo externo; es la edad aproximada de los catorce años cuando se establece mayormente la identificación y se encuentra con los deberes; entre esta última edad y la de los veintiuno establece patrones de creencias y luego predomina el “hacer para tener” objetos cualesquiera que estos sean; entre los 30 y 40 años el adulto se constituye en un ser, para completar su desarrollo entre los 40 y 50 años; más adelante cuando llega a los 60 y 70 años lo que le importa es su existencia sin problemas.

De tal manera estas características tienen ciertas edades de predominio; así mismo pasa con las necesidades como la de exploración, la de identificación, el ensayo, la selección y elección, estas dos últimas presentes entre los 21 y 28 años, para más tarde tomar predominancia la edad de la decisión y estabilización, que es la que se presenta alrededor de los 45 años; es luego cuando sobreviene la necesidad de evitar acciones frustrantes o conflictivas para después instaurarse la tendencia a la especificidad de las acciones, las que en últimas se cristalizan.

Todo esto se desarrolla dentro de un proceso témporo-espacial del sujeto en que las soluciones de los diferentes problemas de la vida se van aprendiendo o se van organizando, gracias también a las inclinaciones de cada cual.

Es de observación común cómo la sublimación, cómo la reparación o la recreación y la creación se van organizando y presentando en diferentes maneras de acuerdo con la edad; por ejemplo, la creación biológica, que puede realizarse desde la pubertad, no se presenta después de los setenta años en el hombre (en la mujer hasta los 40-45 años) sino sublimadamente a nivel social o científico o artístico.

Es así cómo la madurez y el desarrollo científico se observan comúnmente más en los sujetos después de los 40 ó 50 años.

Vale la pena mencionar aquí cómo las mujeres son mas creativas a nivel biológico, pues es su mayor posibilidad de creación, y cuando éste período termina a los 40 años es cuando se dedican a otra clase de maternidad (creación) que debe sublimarse; es también cuando aparecen vocaciones a profesiones tardías que estaban latentes. Aquí es necesario traer aquellas frases que se ven como patrones de propaganda para los sujetos que no saben lo que quieren o no se hallan en sus realizaciones o “no se han encontrado”, como se dice.

Es por esto por lo que aparecen los siguientes términos: “Tenga fe en algo”, “crea en algo”, “quiero realizarme…”, “quiero encontrarme…”, “quiero reencontrarme…”, “quiero complementarme…”, “no puedo”, “si puedo”, “si se puede”, “debe prepararse para la vida futura o para el futuro”, “hay que saber para poder” “saber hacer algo”, “qué sentido tiene la vida”, “yo quiero elegir”, “yo elijo”, “para qué soy apto”, “cuál es mi destino”, etc.

Todas estas frases y muchas más se oyen a diario con el fin de darle sentido y perspectiva a la vida, a la existencia en su estar, ser, tener, hacer, no sin muchas veces tomar decisiones y acciones equivocadas por corto o largo tiempo e inclusive pasar por la vida por un camino errado. De todo este planteamiento podemos inferir cuán necesario es conocer bien nuestras motivaciones conscientes e inconscientes para luego determinar cuál deberá ser nuestra decisión en el hacer, para tener y ser.

En realidad hay pruebas psicológicas que ayudan con las entrevistas técnicas a determinar las inclinaciones, las capacidades y motivaciones del sujeto; de tal manera se evitan perdidas de esfuerzo mental, físico en el trabajo, o económico, y la pérdida de tiempo. Estas pruebas son aplicadas por los especialistas técnicos en la orientación vocacional.

En realidad es importante pensar cómo el Estado es el que debe proporcionar y facilitar al sujeto la determinación de su vocación, de sus inclinaciones, para que el mismo Estado le ayude a ubicarse en el mundo y así también pueda ayudar a organizar la colectividad, el grupo y las necesidades del medio.

Actualmente, en nuestro ambiente, vemos que poco es lo que se hace en favor de la elección de carrera y el encuentro de la vocación.

Estas últimas se eligen más por las necesidades psicológicas superficiales o económicas o sociales que por la verdadera capacidad personal profunda adecuada a las conveniencias sociales del grupo en que vivimos en la época actual, no sin contar con las dificultades para ingresar a las distintas carreras por la carencia de cupos disponibles.

Parecería que la elección de carreras y la selección se realizan sólo por las pruebas que las universidades hacen para el ingreso, sin tener en cuenta realmente una serie de variantes individuales y colectivas. Es por esto por lo que también encontramos el mito del “doctor”, pues todos quieren obtener ese titulo, más cuando la palabra “doctor” tiene una connotación mágica omnipotente de status y prestigio.

En realidad el doctorado sólo se hizo para los médicos y para aquellos que habiendo realizado una carrera siguen y continúan el estudio para obtener el grado superior, pero aquí en nuestro ambiente a cualquier profesional se le llama “doctor”, pues es el grado que todos quieren obtener para sentirse en el status superior.

Lo importante no es llegar a ser doctor sino encontrar su verdadera vocación dentro de las necesidades socioeconómicas del ambiente.

Podría argumentarse fácilmente que llegaríamos a encontrarnos con un superávit de ingenieros, de médicos, de abogados, arquitectos etc. Esto, aunque podría eventualmente ser válido, tiene que demostrarse con las pruebas de aptitudes, además de que cada sujeto debe encontrar su campo de acuerdo, repitámoslo, con las necesidades grupales de la sociedad en que se vive, para establecer el equilibrio en la acción, en el hacer, en el tener y en la realización del sujeto y de la misma sociedad.

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Con todo este planteamiento he querido traer la necesidad de hacer consientes las motivaciones, las aptitudes, las inclinaciones, la vocación y las posibilidades de cada cual para que las llevemos a la práctica en forma consciente, pensando, y no que eduquemos y enseñemos mecánicamente estimulando la memorización de textos, de contenidos, y para que tiempo después no se tenga el concepto básico de lo que era necesario en la vida para seguir conociendo o aprendiendo.

Es por esto cómo es importante cambiar la educación haciendo un viraje desde las escuelas normales para que se enseñe al niño, luego al púber y adolescente, a pensar, a saber consultar y conocer en dónde encuentra las respuestas y no repetirlas como una computadora; es decir, no hacer niños máquinas computadoras, sino seres pensantes que se pregunten más, que respondan.

No importa que no conozcan una serie de textos de memoria, de fechas y contenidos, sino que sepan pensar para aprender mejor y así también ellos sabrán enseñar mejor. Ese sería el instrumento más apto para que todo un conglomerado se cultivara, cambiara y progresara en su existencia. Ese sería también el arte de enseñar y aprender.

Pero no sólo es tener las capacidades de enseñar y aprender, hay que conocer las técnicas; a la vez la técnica no hace al artista, ni éste nace con la técnica. Se requiere de unas y otras dentro de un conocimiento profundo del ser humano.

Es por esto por lo que son necesarias la psicología, psicopedagogía, la psicodinamia y más específicamente las disciplinas del psicoanálisis, para saber cómo funciona el ser humano en su aparato mental y así ayudarlo a mejorar con metodologías ya conocidas, con el fin de hacer más y mas fácil el conocimiento del hombre, de su mundo actual y de las posibilidades futuras.

Es, pues, conociendo los factores que intervienen en la vocación, como podemos realizar la orientación correspondiente estableciendo una dinámica de las capacidades innatas, utilizando la psicología en la educación del futuro profesional para que se pueda así aprender más fácilmente sin entrar a coadyuvar en trastornos psicopatológicos que puedan inhibir el aprendizaje o producir mayor grado de neurosis o frustraciones en la realización del ser en su quehacer en la vida.

Es obvio que las vocaciones pueden en ocasiones detectarse desde muy temprana edad; por lo tanto, la orientación vocacional debe realizarse desde esa época de descubrimiento, evaluando si cada paso que ocurra en el niño o en el adolescente, para que él mismo pueda elegir objetivamente su carrera.

De tal manera se ayuda no solamente técnica sino humanamente con libertad. De esta forma la personalidad integrada en el pensamiento, en la sensopercepción y sentimientos y en la actuación, es como va a poder poner orden a los hechos que le ocurran a través de su historia en forma crítica y válida, aceptando los cambios, adquiriendo los valores y utilizando la razón para así encontrar una mejor vida placentera con menos dolor, menos delirio o alienación y menos tendencias a la muerte, permitiendo que todas las fuerzas energéticas emerjan para aceptar la realidad, el amor, la verdad y la belleza.

Todo esto a la vez con un equilibrio o armonía que sería el arte de aprender y enseñar. Es, en suma, enseñando a pensar como se aprende a vivir.

Bibliografía
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