Rembrandt 400 Años de su Natalicio

* Bernardo Lombo Liévano
* Médico de la Universidad Nacional de Colombia. Residente de Medicina Interna. Fundación Santa Fe de Bogotá-Universidad El Bosque.
* Correspondencia: [email protected] com

BA en Artes visuales y escultura (Academia Real de las Artes de los Países Bajos)
MA en ArtScience y Música (Universidad de Leiden y Conservatorio Real de los Países Bajos)
Investigador artístico de la facultad de ArtScience en Netherlands.
Rembrant Van Rijn, Autorretrato (1659). National Gallery of Art, Washington D.C Tomado de: Web Gallery of Art: www.wga.hu/index1.html

RESUMEN

Artista es ante todo el superdotado del espíritu, aquel que traduce el aspecto, aquel que traduce el aspecto de las manifestaciones concebibles en la naturaleza… los artistas sienten con facilidad la gran luz que tiembla, el calor, la respiración de los seres vivos, las idas y las desapariciones… son algo exquisito, frutos de la madre tierra, las personas más bondadosas. Son irascibles y hablan su propia lengua…
¿Pero qué es un genio? su lengua es la de los dioses y vive en el paraíso. Este mundo es su paraíso. Todo son himnos y todo es semejante a los dioses. No necesita justificar todo lo que dicen, lo dicen y así tiene que ser, porque son superdotados, son descubridores. Humildes seres vivientes, divinos, universales y omniscientes. Su contrario es el prosaico, el hombre corriente Egon Schiele (Pintor)

Para entender la vida y obra de un genio artístico, se deben agudizar más los sentidos, por ende el alma y aún así termina siendo para iletrados como nosotros; los incomprensibles del lado de acá, los que viven igual de bien entre los muertos que entre los no nacidos, una tarea difícil de realizar. Nos podemos acercar al corazón de la creación del artista, pero nunca lo suficiente.

Pasa con Rembrandt, con Kandinsky, con Courbet, Duchamp o con el mismo Picasso, son y serán incomprensibles; abordarlos resulta tan complejo como es la lucha contra la muerte… en ambos casos se sabe a ciencia cierta que es una lucha perdida. Si es que existe un manual para entender el artista o por lo menos un manifiesto (así como los que a través de la historia del arte se han generado) que justifique por qué los genios son como son, lo conseguiría costara lo que costara, porque comprender, sentir, analizar y escribir acerca del arte y el artista es de lo más complejo que existe.

El mayor genio pictórico que la escuela ho landesa ha proporcionado a la humanidad es, sin duda alguna, Rembrandt, nacido en el año 1606 en Leyden. Pintor y grabador barroco holandés, uno de los más destacados representantes de la pintura europea del siglo XVII. Noveno hijo de una familia acomodada de Leyden, Rembrandt van Rijn inició estudios humanísticos en la universidad de su ciudad natal, estudios que abandonó para dedicarse a la pintura. Muchos de los artistas reconocidos, y no reconocidos, han abandonado sus estudios univer sitarios para dedi carse de lleno al arte. Es el caso de Kandinsky quien dejó a un lado una maestría en derecho a los treinta años para iniciar su labor en el arte; fue de la misma manera como Rembrandt se apartó de sus estudios, para hacer pintura, hacer arte… para hacer de su vida un arte.

Se estableció en Leyden y pronto sus obras gozaron de gran aprecio. Entre los temas preferidos por Rembrandt figuran los episodios bíblicos e históri cos, como La presentación de Jesús en el templo (Kunsthalle, Hamburgo) y La cena de Emaús (Museo Jaque mart- André, París) Son cuadros de pequeño tamaño en los que el interés por la luz se mani fiesta en la captación de vivos efectos de claroscuro, consegui dos, en ocasiones, mediante la dispo sición de varios focos luminosos.

Hasta 1624 estudió en Leyden con Ja cob van Swanenburch y des pués, durante unos meses, en Amsterdam, con Pieter Lastman. Sus primeras obras, a su regreso a su ciudad na tal, revelan su interés por combinar un diseño de vigoroso realismo con una vibrante iluminación que enfoca cruda mente las figuras y se esparce por el cuadro. A partir de 1629, un año antes de tras ladarse para siempre a Amster dam, se hallaba ya en posesión de un estilo muy personal en el que los efectos de la luz (a veces dos focos luminosos en un mismo lienzo) se funden armó nicamente con el co lorido, constituyen do, dentro de la pintura barroca, un nuevo len guaje muy adecuado para traducir la profundidad espiritual.

 

La Lección de Anatomía del Doctor Tulp Mauritshuis, La Haya1632.

Hacia 1630 Rembrandt se trasladó a Amsterdam atraído por la riqueza de esta ciudad. En Amsterdam destacó pron to como retratista, a pesar de que sus retratos eran bien distintos de aquellos a los que estaban habituados los bur gueses de la ciudad. El primer encargo importante que recibió fue La lección de anatomía del doctor Tulp (Mau ritshuis, La Haya), retrato colectivo en el que, en torno a un ca dáver, aparecen siete personajes, aten tos a las ense ñanzas del doctor. Este tema reaparecerá en La lección de anatomía del doctor Deyman (Rijks museum, Amster dam). Llama la atención la disposición de los personajes en esta obra, el profe sor se encuentra junto al cadáver ense ñando a sus alumnos, en ningún mo men to se encuentra alejado de la es ce na leyendo un libro de anatomía para que un técnico vaya haciendo la disección, como era costumbre unos años Es importante recordar que el siglo XVII empieza con un buen augurio para la medicina. En 1616 William Harvey descubre que la sangre circula por las arterias y por las ve nas. Tardó doce años en publicar su descubri miento en “Ex perimento anatómico so bre el movimiento de la sangre en los seres animales” Esta obra generó gran controversia porque muchos se guían apegados a la doctrina de Galeno, según la cual la sangre efectúa un movimiento de flujo y reflujo por las venas impulsado por los latidos del corazón.

A partir de los nuevos descubrimientos la medicina se va elaborando más has ta llegar a considerarse tema digno en obras de varios pintores. En el caso de estas dos pinturas de Rembrandt donde la pedagogía de la medicina es el tema principal, se destaca la im portancia que se le da al en – fer mo sa biendo de antemano que la vida hu ma na fue presa de epidemias que se desencadenaban sin explicación posible y por un mecanismo enigmático remitían hasta desaparecer, así que muchos se tapaban o se escondían en sus casas para no contagiarse.

En 1634 contrajo matrimonio con Saskia joven aristócrata que le abrió el mundo de la alta sociedad de Ams terdam.

Se sucedieron, entonces, en cargos de las mejores familias y pron to Rembrandt disfrutó de una desaho gada situación económica. Compró una lujosa casa (que actualmente aloja el Rembrandthuis, con una amplia co lección de grabados y dibujos del artis ta) y reunió una gran colección de obras de arte. Saskia fue la modelo de numerosas pin turas de Rembrandt, entre las que pueden ci tarse Saskia riendo Gemäldegalerie, Dresde) y Saskia como Flora (Ermitage, Lenin grado).

Coleccionaba obras de arte, trabajaba mu cho, trataba a un gran número de personalidades importantes, fre cuen taba a los miembros de la colonia ju día hispanoportuguesa (por cuyo tipo racial se sintió siempre atraído) le ro deaban, además, numerosos discípu los. Se retrató entonces (1639, Museo de Dresde) lujosamente ataviado con su esposa. Le vantando sonriente con ella la copa, como si ambos brindasen por la duración de aquella felicidad. ¡Cuán distinto es este optimis ta auto rretrato suyo de los intensos que pintó en su madurez y de los trágicos de sus últimos años cuando el artista se hallaba sumergido en un mundo de sinsabores!

Retrato de la Joven Saskia 1633. Gemäldegalerie, Dresde.

Cada cuadro encierra misteriosamente toda una vida, con muchos sufrimientos, dudas, horas de entusiasmo y de luz.

Enviar luz a las profundidades del corazón humano es la misión del artista” dice Schumann. “El pintor es un hombre que sabe dibujar y pintar todo” dice Tolstoi. Nosotros podemos decir que Rembrandt pintó maravi llosamente los estadios de su vida y eso es un gran legado que nos permite estudiarlo, aunque cada obra tenga un subsuelo, algo más profundo que el hombre común no puede perci bir. Su estilo barroco se manifiesta en aque lla época juvenil especialmente en los graba dos, así como en los lien zos de temas bíblicos, en los que el color flo ta en corpúsculos luminosos y hasta en las partes tenebrosas del cuadro ful gu ran chispas parduscas. De aque llos años son al gunos de sus escasos paisajes intensamente román ticos, como el Puente de Piedra (Museo de Amsterdam). Es, no obstante, su pate tismo que en algunas de las mejores obras se apoya en una base profunda mente real, como ocurre en ciertos desnudos o en el estudio de Buey abier to en canal, del Mu seo del Louvre. La joven Saskia murió en 1642, deján dole un hijo, Titus, el mismo año en el que Rembrandt pintaba la Salida de la compañía de arcabuceros del capitán Banning Cocqs cua dro titu lado “La ronda nocturna“, al cual su lim pieza, en fecha reciente, le qui tase la espesa capa de barniz que lo recubría. Representa un optimista grupo de hombres armados disponién dose a partir para un desfile. Cierto desorden reina alrededor, en la ubi ca ción de los personajes, pero una fan tástica luz difusa contribuye a unificar la composición.

La ronda nocturna (Rijks museum, Amsterdam), se trata de un retrato colectivo, lienzo de 3,59 x 4,38 m, que ha llegado a ser la más famosa de sus obras a pesar de que reci bió serias críticas porque el personaje principal no destacaba del con junto como era su deseo.

El rechazo sufrido por La ronda noc turna marcó el inicio de la decadencia de Rembrandt, acelerada por su unión con la joven Hendrickje en unas rela ciones que se consideraron escan da losas. Los encargos disminuyeron y Rembrandt no pudo hacer frente a las obligaciones eco nómicas que había contraído. En 1656 fue declarado insolvente, su casa y sus bienes su bas tados. El resto de sus días los vivió en preca rias condiciones económicas junto a Hendrickje, su fiel compañera en los tiempos difíciles.

En esta época la mayoría de las obras de Rembrandt tienen como modelos a miembros de su familia, principal mente a su hijo Titus y a Hendrickje. Destacan Joven bañándose en un arroyo (National Gallery, Londres), Titus leyendo (Kunsthistorisches Museum, Viena) y Hendrickje en la ventana (Staa tliche Museum, Berlín). En algunos cuadros reproduce esce nas del Antiguo y del Nuevo Testa men to, como La negación de San Pedro (Rijksmuseum, Amster dam y Betsabé después del baño (Louvre, París), cua dro para el que Hendrickje le sirvió de mo delo. En el mismo año en que se realizaba esta obra (1654) Hen drick je dio a luz a una niña, Cornelia. Este nacimiento constituyó un escándalo so cial, los mejores clientes se retraje ron, en el mo mento en que Rembrandt se ha llaba más abrumado por sus deu das. Pronto em pezaría para el maestro una época azarosa durante la cual pintó varios de sus más famosos lienzos en un estilo en que lo dominante fue el tra tamiento sintético de la materia pic tórica: El hombre del yelmo dorado (Staatliche Museum, Berlín), así como el retrato individual de Jan Six, rico burgués que fue fiel amigo del pintor. Entre los en cargos recibidos en los últimos años destacan el retrato colec tivo de Los síndicos del gremio de pañe ros (Rijksmuseum, Amsterdam) y La conspiración de los bátavos (fragmento en el National museum, Estocolmo), este último para el Ayuntamiento de Ámsterdam, el cual lo rechazó.

Son obras que profundizan en la psico logía de los personajes y que, técnicamente, constituyen los máximos hallazgos de Rembrandt en la captación de la luz.

La familia se trasladó a un domicilio humilde y en 1660 Hendrickje abrió con Tito, hijo de Rembrandt un comercio de arte y cuando ella murió en 1663, éste quedó a cargo. Cinco años después se casó y murió tísico al cabo de pocos meses. Un año más tarde, en 1669, moría Rembrandt en la mayor soledad. Sus últimos lienzos importantes, además de los que he citado, fueron La Conjuración de Claudius Civilis, hoy en Estocol mo y el titulado La novia judía (1665, Museo de Brunswick), que representa a una pa reja nup cial hebrea, quizá Miguel de Barrios y Abigail de Pina, judíos de la colonia española de Amsterdam.

La ronda Nocturna 1642. Rijksmuseum, Amsterdam.

Rembrandt es no sólo el mayor genio de la pintura holandesa, sino uno de los más excepcionales e innovadores artistas de todos los tiempos.

Aunque su obra se inscribe dentro del marco de la idiosincrasia protestante de los Países bajos del siglo XVII, posee una particular cualidad universal capaz de atraer a los hombres de todas las épocas y creencias. Sin embargo, su arte no se aprecia de modo inmediato; requiere tiempo y atención. No es violento ni efectista, recurre pocas veces al virtuosismo y por lo general sus mensajes y significados resultan de difícil interpretación.

La riqueza cromática de sus cuadros buscan atraer con gran fuerza al espectador y al mismo tiempo ha de esconder su contenido profundo. El espectador se enfrenta a la obra con el alma abierta, queriendo escuchar un lenguaje congenial. Otros sin tener un contacto personal con el lenguaje del cuadro, se entregan a él y reciben sus riquezas pero ninguno halla la esencia, ese contenido profundo que sólo el amante, el estudioso de la imagen podrá detectar.

Con Rembrandt ocurre algo curioso que es digno de análisis siempre de trás del personaje, que pone como excusa en sus obras, hay un enigma, es como si la pintura fuera un medio para esconder algo como cuando guardamos secretos en un baúl hermético con la diferencia de que el baúl lo po demos abrir de alguna forma; por el contrario, la obra de Rembrandt es infranqueable, ninguna llave funciona para poder llegar a su primera pince lada.

Más allá de su profunda preocupación por la Biblia, Rembrandt tomó a la propia humanidad como tema. En su mayor parte, sus personajes son de la vi da diaria, los mismos que pintaban los artistas holandeses de su época, pero sus rasgos, carentes de atractivo físico, están animados por una fuerza que sólo se puede relacionar con el alma. Esta cualidad no es necesariamente religiosa en el sentido estricto de la palabra. Los retratos de Rembrandt no nos indican si estamos frente a santos o pecadores. Nos muestra en cambio, hombres y mujeres en su aspecto más trascendente de la conciencia del propio destino y de la experiencia, es decir, cuando merece el mayor respeto.

Encontramos que en ciertos aspectos, Rembrandt fue de un modernismo sorprendente. Su libertad por elegir el tema, el enfoque y la técnica eran variables; además, como figura autónoma respetó sus propios impulsos.

En Rembrandt se notan claramente influencias de varios pintores, su profesor Lastman ayudó a sentar las bases pictóricas de su primera etapa. Los efectos de luz que se advierten son una evidente alimentación de la obra de Caravaggio y de Elsheimer.

El artista abandona luego el naturalismo y los contrastes del claroscuro de épocas anteriores y desarrolla un estilo caracterizado por el equilibrio pictórico y la riqueza cromática que refleja la influencia de los principios formales del barroco, especialmente de Rubens. Entre 1642-1655, abandona la tradición barroca flamenca y se preocupa por dar un sentido más profundo a sus obras: la forma se vuelve más suave, el colorido más cálido, el dibujo se limita a lo esencial (de esto se nutren los impresionistas).

En el paisaje y en el grabado alcanza una extraordinaria calidad técnica, abandonando el carácter cálido de su etapa juvenil e introduciendo una nueva expresión anímica. También en el aspecto técnico la obra de Rembrandt se adelantó a su época. Se creía entonces que una buena pintura debía tener un acabado perfecto, una superficie lisa donde las pinceladas apenas se distinguieran y donde cada detalle se viera con claridad. Pero Rembrandt advirtió que la pin tura misma puede ser un elemento importante en el cuadro; la dirección de las pinceladas y el espesor de la pintura son capaces de crear formas y texturas que influyen en la visión total de la obra, concepto familiar desde la época del impresionismo. Rembrandt no fue impresionista, pero su utilización del material fue muy original para el criterio de su tiempo.

Recordemos que el óleo era la madre de las técnicas de la época, variaba su manera de empleo y su aplicación, por ejemplo Rubens manchaba el lienzo de forma vertical con un tono rojizo para darle la atmósfera adecuada al cuadro. En Rembrandt, como en Rubens o Velázquez, estaba la misma técnica, el óleo y el grabado, variaba según el sometimiento y el tratamiento que se le daba al óleo dejando una factura diferente en todos los artistas.

EL LENGUAJE DE LA PIEL

Rembrandt realizó numerosos autorretratos, que muestran su aspecto físico a lo largo de su vida y, gracias a la gran capacidad de introspección del artista, su estado anímico. En 1659 Rembrandt se retrató a sí mismo. Para entonces, el célebre pintor holandés se había convertido en un hombre abatido por el sufrimiento. Había perdido a Saskia, su adorada esposa, y a tres de sus cinco hijos. Pe ro además, por si esto fuera poco, sus cuadros ya no interesaban a casi nadie, su situación económica era penosa y vivía prácticamente como un mendigo, en una chabola vieja de Ámsterdam.

A raíz de la muerte de Saskia, comienza la decadencia material y familiar del artista, a pesar de recibir importan tes encargos, sus obras personales de esta dura etapa marcan su estado anímico, su soledad. La gama cromática, su pincelada y la expresión de los rostros dan un vuelco, se genera una obra con características expresionistas que ahondan en el alma del artista tanto como en la del espectador estableciendo de esta manera una comunicación directa.

La obra habla por si sola, habla de su vida y de lo que probablemente está padeciendo.

El autorretrato de aquel año es, sin embargo, una de sus obras maestras.

En su mirada triste, como han señalado muchos de los investigadores que han estudiado este cuadro, se refleja perfectamente la dignidad herida del artista. Pero, hasta ahora, nadie se había percatado de que en aquel momento, Rembrandt no sólo estaba deprimido y arruinado, sino que quizás incluso pudiese estar enfermo.

En uno de los números de la prestigiosa revista médica The Lancet, el doctor Carlos Hugo Espinel, colombiano, publicó un diagnóstico insólito del famoso pintor holandés. En este caso, el paciente del médico no ha sido un ser humano de carne y hueso, sino un cuadro, una representación artística de la realidad.

Sin embargo, el doctor Espinel señala que el autorretrato está pintado de una forma tan meticulosa que “el verdadero Rembrandt parece estar presente”.

Según este médico, de la Universidad de Georgetown, “al examinar la piel, la textura parece palpable y los colores utilizados por el pintor reflejan variaciones muy sutiles. Es como examinar a una persona viva”.

En primer lugar, el doctor Espinel señala que Rembrandt tenía el rostro muy arrugado. A pesar de que en 1659 el pintor sólo tenía 53 años de edad, su piel parece la de un hombre que ya ha cumplido los 80 ó 90.

El deterioro de la piel es especialmente llamativo debajo de los ojos y en toda la zona de la frente. Según el investigador, es muy posible que Rembrandt sufriera un trastorno de la piel que se denomina dermacalasis enfermedad caracterizada por un trastorno en el colágeno con pérdida del tono de la piel creando arrugas importantes en las principales líneas de expresión.

Entre 1626 y 1630, Rembrandt pintó doce veces a una mujer de Leiden, su ciudad natal. En todos los retratos, la piel de la mujer en cuestión está muy arrugada y deteriorada. Los expertos creen que esta mujer era la madre del pintor. Sin embargo, en 1626, su madre sólo tenía 58 años. Por lo tanto, según el doctor Espinel es posible que existieran factores genéticos o ambientales que provocaran síntomas de envejecimiento prematuro en la familia de Rembrandt.

En la piel del autorretrato también se perciben claramente nueve manchas rojas en distintas zonas de la cara: una en la barbilla, otra bajo el ojo izquierdo, tres en la nariz y cuatro en la mejilla izquierda. Es probable que estas manchas sean lesiones debidas a una enfermedad de la piel que se denomina rosácea, una enfermedad inflamatoria crónica, limitada a la cara caracterizada por telangiectasias, eritema, pápulas y pústulas, que empeora con estímulos capaces de producir vasodilatación tales como ingesta de líquidos calientes, alcohol, exposiciones solares prolongadas y temperaturas extremas de calor o frío. La nariz también pare ce estar deteriorada e, incluso, inflamada, y quizás esto se deba a un engrosamiento irregular de la piel nasal denominado rinofima, complicación usual de la rosácea en el sexo masculino.

En el estudio también se destaca que en la frente de Rembrandt hay una especie de bulto que quizás sea un vaso sanguíneo hinchado. Según el doctor Espinel, es posible que el pintor holandés padeciera arteritis de la temporal, una vasculitis granulomatosa necrotizante que cursa en personas de edad madura con periodos de fiebre mal estado general anorexia, astenia, dolores articulares y musculares, el síntoma principal lo constituye la cefalea pulsátil, violenta, con predominio nocturno, pudiéndose palpar el tronco comprometido como un cordón duro y doloroso.

En cualquier caso, este médico de Georgetown está convencido de que Rembrandt envejeció de una forma prematura y en su opinión sería interesante investigar a fondo las causas de este fenómeno. Quizá sus disgustos personales fue ron un factor impor tan t e e incluso es posible que Rembrandt sufriera depresiones graves y es precisamente esto lo que el pintor intenta transmitirnos a través de su obra. Nadie ha pintado tantos autorretratos como él, y en cada uno de ellos es posible captar su estado anímico, Rembrandt examinó sus propias facciones con más intensidad que cualquier artista anterior a él, y supo describir con agudeza lo que vio y adivinó en ellas. Se retrató a sí mismo de distintas maneras en más de noventa ocasiones.

Por otra parte, no hay que olvidar que el tabaco también puede dañar la piel, y que en Amsterdam este producto ya era muy popular en aquella época.

Si Rembrandt fumaba, y si pasó por épocas de mucho estrés, esto podría explicar al menos en parte el deterioro llamativo de su piel. Con este original diagnóstico de un autorretrato, el doctor Espinel ha querido rendir un homenaje a la obra de Rembrandt.

A pesar de sus sufrimientos personales, el pintor encontró las fuerzas para retratarse a sí mismo y dejar un extraordinario testimonio de su propia vida: “Pintó su piel para que hablase por él. Y su piel, en su lenguaje sincero y elocuente, habló de su lucha contra el tiempo. Uno examina el cuadro de Rembrandt y recuerda al paciente que soporta el envejecimiento y la enfermedad, sin abandonar nunca la esperanza”.

BIBLIOGRAFÍA

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