Hagámosle el amor a la naturaleza

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Pese a que el título de este artículo resulta ser un poco sugestivo y hasta un poco arriesgado; no podía dejar pasar esta oportunidad para reelegir nuevamente el tema del medio ambiente, de la naturaleza, del amor que le debemos a la fuente de toda existencia.

Hacer el amor es tal vez uno de los actos más sublimes y satisfactorios que puede tener una persona; es una integración total de almas, cuando se ama, se entrega, se protege, se ofrece lo mejor de sí al ser amado.

Y esa es mi reflexión de hoy, es una invitación para que un día lo dediquemos a la sublimidad del sentimiento por la naturaleza; es una invitación a quererla y consentirla, a estar en perfecta comunión con ella.

Muchas de las terapias alternativas que hoy se manejan en el mundo para aliviar dolencias están relacionadas con la naturaleza; abrazar árboles, utilizar las piedras para estabilizar las energías, sentarse o caminar por la pradera, bañarse en lodo, recibir el sol en las primeras horas de la mañana o simplemente la brisa de la tarde para refrescar un día caluroso.

Cuando estamos enfermos recurrimos a toda clase de soluciones, nos acordamos que la naturaleza también nos puede brindar bienestar físico y emocional. Pero no solo en la enfermedad ella reconforta al ser humano.

Muchas veces no nos percatamos de esa brisa recorriendo nuestro cuerpo o refrescando nuestras ideas. Uno de los temas que hemos trabajado durante mi paso por el Senado de la República; es precisamente el respeto por los seres vivientes y por lo animado e inanimado que nos rodea.

El proyecto de Bienestar animal que ha recibido amplio apoyo en cada una de las comunidades que visito; es un compromiso con el bienestar general, cuando un animal se protege, se protege también al ser humano, se dignifica el nuestra calidad de amos del universo.

Con el proyecto de Ley de Ecosistemas Forestales, el cual tiene por objeto la protección, conservación y recuperación ecológica de los ecosistemas; nos hemos empeñado en crear conciencia, en cada día hacerle el amor a la naturaleza tomando en cuenta nuestras responsabilidades frente a ella.

Tenemos aun muchas que descubrir en la naturaleza, pero si la seguimos maltratando tal vez no alcancemos a obtenerlo todo de ella; es hora de recuperarla de no perder los instantes maravillosos que nos brinda Dios con nuestros sentidos. Todo en nosotros es sensación y éstas no se pueden perder.

No es justo con nosotros mismos incluso, dejar de disfrutar del verde intenso de una montaña florecida; o de las fuentes de agua que recorren los hermosos parajes Colombianos, o simplemente salir a la ventana en una noche estrellada y dedicarle una de esas estrellas al ser que ama.

Hacerle el amor a la naturaleza es un momento sublime que todo ser humano debe vivenciar; este es el momento para amarla intensamente y recuperar todo el tiempo perdido en momentos transformadores de paz y amor.

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