Resumen Final

Hoy en día los argumentos que se manejan en torno a la cuestión de la reducción de la jornada de trabajo se expresan en un lenguaje formalmente más refinado, pero en el fondo siguen siendo los mismos que manejaron los clásicos. Es más, este tema continúa siendo todavía una cuestión abierta que sigue suscitando el interés de los economistas actuales. No obstante, sí que pueden encontrarse hoy algunos argumentos adicionales respecto a esta cuestión que los economistas clásicos no tocaron. El primero de ellos se refiere al hecho de que la reducción de la jornada de trabajo pueda convertirse en un incentivo que anime a ciertos individuos previamente inactivos a participar como oferentes en el mercado de trabajo (efecto atracción). El segundo gira en torno a la idea de que las condiciones agradables de trabajo (entre las que se puede incluir una jornada de trabajo más corta) son productivas, ya que hacen que los trabajadores se esfuercen más, que estén más compenetrados entre sí, y sean más disciplinados. Todo ello puede implicar a la larga un aumento de la productividad marginal del trabajo y un aumento de la demanda de este factor.

Los sindicatos

El tercer tema de debate recogido en la tesis se refiere al papel de los sindicatos en el mercado de trabajo. Casi todos los economistas clásicos defendieron el derecho de los trabajadores a asociarse libremente como una cuestión ética. Pero sólo unos pocos, especialmente McCulloch, Torrens y John S. Mill, desarrollaron argumentos específicamente económicos al respecto. McCulloch intentó armonizar su defensa de los sindicatos con la doctrina del fondo de salarios y la teoría ricardiana del crecimiento y se dio cuenta de que la acción sindical para elevar los salarios no siempre era beneficiosa para la clase trabajadora en su conjunto. McCulloch sostenía que si los salarios de un sector eran competitivos y los beneficios normales, la presión sindical sólo podía conseguir una reducción de los beneficios empresariales y una disminución del empleo. No obstante, si existía un cierto poder de monopsonio por parte de los empresarios, los sindicatos podían actuar como poder compensador introduciendo competencia en el sector. Por otra parte, McCulloch sostenía, de acuerdo con el modelo ricardiano de crecimiento, que a muy largo plazo la acción de los sindicatos no evitaría que los salarios descendiesen al nivel de subsistencia.

Torrens introdujo un elemento de relativismo en el debate al admitir que los salarios pueden situarse dentro de una banda más o menos amplia, dentro de la cual los empresarios y los trabajadores pueden presionar más o menos en defensa de sus intereses, sin que esto tenga, al parecer, consecuencias significativas, aparte de las meramente redistributivas.

La posición de John S. Mill sobre los sindicatos siguió la misma evolución que sus ideas sobre el fondo de salarios. En una primera fase, Mill se adhirió firmemente a la doctrina del fondo de salarios, lo cual quiere decir que consideraba la demanda de trabajo como algo dado. Desde esta perspectiva tenía que concluir necesariamente que cualquier aumento salarial debido a la presión de los sindicatos tendría un coste de desempleo. Más adelante, Mill se apartó de esta versión estricta de la doctrina del fondo de salarios y admitió que el fondo como tal no estaba dado sino que podía ser objeto de negociación. Esto equivalía a admitir que los sindicatos no solo pueden negociar salarios sino también niveles de empleo. A pesar de todo, Mill no llegó nunca a creer firmemente que los sindicatos tuviesen mucha capacidad de negociación, sobre todo en lo referente a la cuantía del fondo de salarios. Por eso nunca llegó a desprenderse del todo de su teoría inicial, que se basaba en una visión esencialmente competitiva del mercado de trabajo.

Si comparamos los argumentos sobre los sindicatos de todos estos autores con los que se manejan hoy día nos sorprende de nuevo su similitud. El argumento de que la acción sindical, al elevar los costes del trabajo por encima de su nivel competitivo, reduce el empleo y genera desempleo se manejaba antes y se maneja ahora. Y lo mismo ocurre con la idea clásica de que todo aumento artificial de los salarios se traduce en una tasa de beneficios más baja y en menores incentivos para invertir. Finalmente, el argumento de McCulloch en torno a la mayor productividad de unos salarios altos y de unas buenas condiciones laborales también se maneja hoy día. Este sería el caso de los modelos de los salarios de eficiencia.

3. Otras cuestiones

Se sintetizan aquí las ideas más importantes respecto a tres temas de carácter residual, aunque no por ello carentes de importancia. Se han agrupado de esta manera por su carácter disperso y porque, finalmente, permiten cerrar el conjunto de aportaciones de los economistas clásicos en el campo de la economía laboral.

División del trabajo y crecimiento económico

En el capítulo 11 se ha tratado el tema de la división del trabajo y su relación con el crecimiento económico de acuerdo con los planteamientos de Adam Smith en La Riqueza de las Naciones. Smith sitúa la división del trabajo en el centro de su teoría del crecimiento y la relaciona con otros dos fenómenos: la acumulación de capital y la extensión gradual del mercado. La acumulación de capital permite alcanzar grados de especialización cada vez mayores, lo que da lugar a un aumento continuo de la productividad del conjunto de factores productivos. Asimismo, la acumulación de capital aumenta la producción y, a su vez, crea un poder de compra adicional que permite absorber la mayor producción. El aumento simultáneo de la producción y del poder de compra implican un aumento del tamaño del mercado que a su vez promueve una mayor división del trabajo, que lleva de nuevo a un aumento de la productividad de los factores; y el proceso continúa hasta que eventualmente se alcanza el estado estacionario. Por qué se alcanza el estado estacionario es algo que Smith nunca llegó a explicar demasiado bien.

También se han expuesto e interpretado en este capítulo las ventajas e inconvenientes que Smith atribuía a la división del trabajo; y, por último, se ha tratado de aclarar la relación entre el concepto de división del trabajo de Smith y los conceptos modernos de economías de escala y economías externas, introducidos posteriormente por Alfred Marshall en el análisis económico.

Trabajo productivo e improductivo

En el capítulo 11 se ha tratado la distinción entre trabajo productivo y trabajo improductivo. Esta distinción tuvo su origen en Smith y se mantuvo, en términos generales, durante toda la etapa clásica. Se ha presentado esta distinción como un intento de delimitar las actividades que, según Smith y el resto de economistas que la adoptaron, estimulaban la acumulación y el crecimiento económico. También se han expuesto e interpretado las críticas a la distinción smithiana realizadas por Say y McCulloch; y, por último, se han presentado las aclaraciones de John S. Mill en torno a esta distinción, interpretándola como una simple cuestión semántica.

La teoría marxiana de la explotación

En el capítulo 12 se han examinado los puntos fundamentales de la teoría marxiana de la explotación. Se ha tratado de situar esta teoría en el contexto de El Capital y se ha intentado hacer una descripción esquemática de los argumentos que llevaron a Marx a defender la tesis de la explotación. Se ha intentado aclarar la relación existente entre dicha tesis y el problema de la transformación de los valores en precios. Se ve este problema como un paso intermedio que hay que dar para poder establecer la conclusión fundamental de la teoría de la explotación: la afirmación de que la explotación y el capitalismo son inseparables. Finalmente, se ha presentado la solución al problema de la transformación conocida en la literatura económica como teorema fundamental marxiano, que pretende ser una demostración formal de la realidad de la explotación.

La teoría de la explotación de Marx queda fuera de la perspectiva de la ortodoxia económica que hemos utilizado en esta investigación. Por eso no hemos tratado de profundizar en ella ni de desarrollar una crítica a fondo. Sin embargo, no podíamos hacer una revisión completa de las ideas relacionadas con el mercado de trabajo durante la época clásica sin mencionar al menos los elementos esenciales de esta teoría.

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