Los Sindicatos

Este capítulo se ocupa de las ideas de los economistas clásicos en torno a la cuestión de los sindicatos. Al igual que en los precedentes el análisis de este capítulo se inicia con unos apuntes históricos para establecer los orígenes de los sindicatos en el Reino Unido así como la evolución del movimiento sindical en este país durante los tres primeros cuartos del siglo XIX. A esta introducción histórica le sigue un apartado en el que se discuten los efectos económicos de los sindicatos a la luz de los instrumentos teóricos de la economía clásica. A continuación se exponen los puntos de vista de tres economistas clásicos que trataron de manera específica la cuestión sindical : J. R. McCulloch, R. Torrens y J. S. Mill. Se hace también alguna referencia a William Thornton, cuyas ideas sobre los efectos de los sindicatos han sido ya discutidas en conexión con la doctrina del fondo de salarios. El capítulo finaliza comparando los argumentos clásicos sobre los sindicatos con los argumentos de la teoría económica actual .

1. Introducción histórica150

Los investigadores coinciden en señalar que la circunstancia económica fundamental que hubo de producirse para que pudieran formarse los primeros sindicatos fue que una gran mayoría de trabajadores dejaran de ser productores independientes (es decir, que controlaran ellos mismos los procesos productivos y fueran los dueños de los frutos de su trabajo) y se convirtieran en trabajadores asalariados.

Aunque antes del inicio de la Revolución Industrial esta circunstancia no se verificó de forma concluyente los historiadores han rastreado los antecedentes de los sindicatos modernos en el complicado sistema de gremios característico de la industria de Inglaterra y del resto de Europa antes de esas fechas.

Hasta el inicio de la Revolución Industrial la producción industrial estaba en manos de pequeños maestros artesanos cada uno de los cuales empleaba a varios oficiales y aprendices. Un complicado sistema de regulaciones establecía de manera bastante estricta el aprendizaje y el ejercicio de las diversas profesiones e imponía fuertes restricciones a la movilidad de los trabajadores. Dadas las características de este sistema, era de esperar que los oficiales se establecieran por cuenta propia en pocos años.

En el caso concreto de Inglaterra puede decirse que los primeros sindicatos surgieron como asociaciones de oficiales en ciertas industrias a principios del siglo XVIII. Algunos de estos trabajadores cualificados que no podían establecerse por cuenta propia en su profesión con el transcurso del tiempo (como era de esperar) se asociaron para solicitar de la asamblea gremial aumentos salariales.151

Con la introducción de las nuevas máquinas, el empleo de nuevas fuentes de energía y la generalización del sistema de fábricas que trajo consigo la Revolución Industrial, se alteró profundamente la estructura de la demanda de trabajo. Cada vez era menor la necesidad de trabajadores cualificados y cada vez era más necesario disponer de una abundante fuerza de trabajo poco cualificada pero con gran capacidad de movimiento. En las últimas décadas del siglo XVIII el sistema de aprendizaje basado en los gremios empezó a perder importancia progresivamente.

Los trabajadores cualificados (oficiales y maestros) de una misma profesión que se iban quedando sin trabajo en ciertas industrias empezaron a asociarse para la defensa de sus intereses; aunque, al principio sobre todo, estas asociaciones pusieron más confianza en la acción del Estado –en los mecanismos legales- que en su propia actuación como grupos.

En los últimos años del siglo XVIII se produjo en Inglaterra una fuerte depresión económica y una gran oleada de reivindicaciones por parte de un número cada vez mayor de asociaciones de trabajadores de todo tipo de oficios. Todo este proceso desembocó en la aprobación parlamentaria de la Ley sobre las Asociaciones de Trabajadores (Combination Act) en 1799. Esta ley, y otra de 1800, que enmendó parcialmente la primera, prohibieron todo tipo de coalición de trabajadores que tuviese por objeto aumentar los salarios o mejorar las condiciones de trabajo.152

A pesar de estas leyes represivas, puede decirse que entre la clase obrera inglesa se mantuvo cierto grado de organización, aunque fuese sólo informal. Durante la segunda década del siglo XIX, y como respuesta a las duras condiciones de trabajo en las fábricas se produjeron constantes estallidos de violencia. El más conocido fue el movimiento de los de los ludditas que se inició en 1811 y se extendió prácticamente hasta 1820. Este era un movimiento espontáneo y poco organizado cuyo principal objetivo consistía en destruir las máquinas. De esta forma se quería preservar los puestos de trabajo y mejorar las condiciones laborales y los salarios. El movimiento luddita fue severamente reprimido, pero de sus acciones surgió un sentimiento de solidaridad entre las masas de trabajadores y un estado general de opinión a favor del reconocimiento legal del derecho de los trabajadores a asociarse libremente.

En este contexto se inició la campaña a favor de la libertad de asociación. Fue Francis Place, un maestro del gremio de la sastrería que había organizado diversas asociaciones de trabajadores en su oficio y en otros, el que dio el impulso fundamental a esta campaña a nivel político. Place consiguió algunos apoyos en el Parlamento británico en pro la derogación de las Leyes sobre Asociaciones y finalmente logró que el Parlamento se pronunciara a favor de la libertad de asociación. Se aprobaron las Leyes de 1824 y 1825 que reconocieron el derecho de los trabajadores a formar sindicatos, aunque todavía con bastantes limitaciones. Por ejemplo, estos primitivos sindicatos, aunque podían negociar directamente con los empresarios, no tenían personalidad jurídica, ni podían ser titulares de derechos civiles y comerciales.

El número de asociaciones obreras se multiplicó con rapidez a partir de ese momento. A principios de los años treinta empezó a gestarse la idea de constituir no sólo asociaciones nacionales de trabajadores de oficios particulares, sino también de incluir a todos los trabajadores en una organización global. Esto lo consiguió Robert Owen a principios de 1834 con la creación del Grand National Consolidated Trades Union al que en pocas semanas se afiliaron más de medio millón de trabajadores. Pero desde sus inicios este gran sindicato nacional se vio envuelto en multitud de conflictos sectoriales que quebrantaron su prestigio y terminaron por hacerlo desaparecer a finales de ese mismo año.

Durante los años siguientes hasta 1848 el movimiento para la consecución la democracia política (cartismo) predominó sobre el movimiento sindical. Pero los sindicatos británicos continuaron su proceso de expansión adquiriendo unos rasgos especiales que los harían bastante distintos de los sindicatos europeos: más centrados en la defensa de los intereses concretos de cada profesión y más distanciados de los grandes debates ideológicos. Las tres décadas que siguieron a la desaparición del cartismo se caracterizaron por el desarrollo de sindicatos profesionales con claro afán de exclusividad, que ofrecían importantes prestaciones a sus afiliados y al mismo tiempo exigían cuotas sindicales cada vez mayores. Estas cuotas las empezaron a administrar los individuos con mayor experiencia y capacidad, quienes a la postre se convirtieron en los secretarios generales de los sindicatos más importantes. Y, desde esta posición, los dirigentes sindicales presionaron para la consecución de reformas sociales y económicas, empezando por la plena legalización del movimiento sindical, la cual se consiguió finalmente con la Ley de Sindicatos de 1875.


  • 150 Un análisis histórico detallado de los orígenes de los sindicatos británicos y de su evolución hasta la segunda década del siglo XX puede encontrarse en Sidney y Beatrice Webb (1920) The History of Trade Unionism 1660-1920, Longmans Green, Londres (Existe traducción al castellano de esta obra en Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, 1990). También puede consultarse W. H. Fraser (1970) “Trade Unionism” en Popular Movements c.1830-1850, ed. J.T.Ward, op. cit., pp. 95-115.
  • 151 Véase S. y B. Webb, Historia del Sindicalismo 1666-1920, op. cit., pp. 45-77.
  • 152 En realidad las leyes generales de 1799 y 1800 contra toda asociación de trabajadores no introdujeron ningún principio nuevo. El Parlamento inglés no había cesado de aprobar disposiciones que prohibían las coaliciones de trabajadores en una amplia gama de oficios particulares desde comienzos del siglo XVIII. Véase Sidney y Beatrice Webb (1990), p. 83.

 

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