Fundamentos Teóricos de la Valoración Económica Ambiental

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Las bases teóricas sobre las que se sustenta la valoración económica ambiental para identificar los valores monetarios asociados a los servicios ecosistémicos se enmarcan en la Economía del bienestar y en la Economía neoclásica.

Lo primero que se debe entender es que una de las razones de ser de la Economía es lograr la mejor distribución posible de los recursos escasos. Con el fin de maximizar el bienestar de toda la sociedad.

El supuesto básico detrás de este objetivo es que la utilidad de las personas crece a medida que lo hace el consumo y que la cantidad de bienes y servicios necesarios para satisfacer sus deseos son limitados. De manera que se tendrán que tomar decisiones sobre cómo distribuir estos bienes y servicios. Para lograr el máximo bienestar social bajo la realidad de la escasez.

Por otro lado, los individuos toman decisiones basados en sus preferencias. Lo que les permite asignar valores distintos a los bienes y servicios que pueden consumir. Y, a partir de esa valoración, toman las decisiones de producción y consumo.

Uno de los mecanismos para lograr el objetivo de maximizar los beneficios sociales es el mercado. El cual revela una señal (un precio) a los oferentes y demandantes de los recursos escasos para que estos decidan de forma descentralizada cuánto vender y cuánto comprar.

Sin embargo, no todos los bienes y servicios tienen las mismas características y muchos no poseen un mercado asociado. Por consiguiente, el mercado no garantiza su distribución eficiente. Requiriéndose una regulación por parte del Estado para evitar su degradación y agotamiento.

Teoría Económica

En la teoría económica los bienes y servicios se clasifican en cuatro tipos, según su característica de rivalidad y exclusión.

Estos dos conceptos: rivalidad y exclusión, son la clave para entender por qué unos bienes y servicios sí se intercambian en los mercados y por qué otros no.

Un bien es rival cuando el consumo o aprovechamiento de una unidad del mismo por parte de un individuo implica que esa unidad deja de estar disponible para que sea consumida o aprovechada por alguien más (Mendieta, 2000). En general, casi todos los bienes de mercado son rivales; por otra parte, un bien es no-rival cuando el uso que se hace de él no limita que alguien más pueda hacer uso de ese mismo bien. Por otra parte, un bien es excluyente cuando es fácil y poco costoso evitar que sea consumido o aprovechado por alguien que no tenga propiedad sobre el mismo. Igualmente, un bien es no-excluyente, cuando evitar que alguien más haga uso de ese bien es tan costoso, que se vuelve imposible dicha exclusión.

(Lea También: Relación entre los Servicios Ecosistémicos y los Cambios en el Bienestar Humano )

Bienes y servicios de la economía

A partir de este marco conceptual, la ciencia económica clasifica los bienes y servicios de la economía en cuatro grupos, como se muestra en la tabla 3.

Clasificación de los bienes en la economía

Los bienes que son rivales y excluyentes son los llamados bienes privados y los mercados podrían conducir a la distribución eficiente de dichos bienes.
Por su parte, los bienes que son excluyentes y no-rivales son llamados bienes club.

Estos bienes no se intercambian adecuadamente en los mercados, pero, por lo general, son provistos por un grupo de personas que se asocian y que pueden excluir a quienes no hacen parte del club. Evitando su uso por terceros. Así que su oferta y su asignación son eficientes solo dentro del grupo que asume los costos de su provisión.

Estos dos primeros tipos de bienes no tienen, en principio, problemas de asignación. En el primer caso, el mercado tiene la capacidad de distribuirlos eficientemente en sus diferentes usos alternativos y revela adecuadamente su valor. Y, en el segundo caso, el grupo que los provee hace uso exclusivo de ellos y también pueden ser aprovechados maximizando el bienestar del grupo.

Por el contrario, para el caso de los bienes comunes y públicos, el mercado no puede garantizar su asignación eficiente. Ya que el valor que representan dichos bienes para los privados no corresponde con el que representa para la sociedad.

En el caso de los bienes comunes, el uso de una unidad del bien hace que esa unidad deje de estar disponible para ser usada por alguien más, pero no se puede excluir a otros. Lo que significa que sus primeros usuarios pueden acceder libremente a su uso, pero su disponibilidad se va reduciendo progresivamente. Esta condición de libre acceso hace que, en algunos casos, dichos bienes no posean un mercado ni un precio que regule su intercambio.

Finalmente, para el caso de los bienes públicos, estos están disponibles para todo el que quiera aprovecharlos y hacer uso de ellos. Sin embargo, al no existir posibilidad de exclusión, el mercado no garantiza su adecuada provisión, siendo necesaria la intervención estatal.

Para el caso de los bienes comunes y públicos que son recursos naturales, la ausencia de regulación puede generarle grandes costos a la sociedad, asociados a su sobreexplotación, agotamiento y degradación. No obstante, la regulación estatal requiere contar con herramientas que permitan valorar el impacto sobre el bienestar social de las distintas asignaciones posibles. De no ser así, la regulación podría conducir a la inadecuada provisión de los servicios ecosistémicos, afectando la calidad de vida de las personas. De ahí, la importancia de contar con herramientas como la valoración económica ambiental. Con el fin de cuantificar los beneficios y costos sociales derivados de la toma de decisiones que involucran bienes públicos o bienes comunes asociados con el medio ambiente y los recursos naturales.

Para lo anterior, es fundamental identificar el tipo de valores que se pueden estimar a partir de la aplicación de las metodologías de valoración económica. Este valor puede ser asignado bajo diferentes enfoques: a través de la evaluación biofísica. A través de la evaluación sociocultural y a través de la evaluación económica. Este último enfoque es el abordado en las metodologías establecidas en la presente guía.

Bajo este marco conceptual, los beneficios que la sociedad recibe de los servicios ecosistémicos están representados por su valor económico total. El cual se divide en dos categorías: valores de uso y valores de no uso.

Los valores de uso están divididos a su vez en tres categorías: 1) el valor de uso directo, que se obtiene por el uso de los ecosistemas por parte del ser humano. El cual puede ser consuntivo (la mayoría de servicios de provisión), o no consuntivo (como los servicios culturales o turísticos); 2) el valor de uso indirecto, que corresponde al beneficio que se obtiene de funciones ecosistémicas que se aprovechan indirectamente (León, Castiblanco, Buitrago, &  Toro, 2012); y 3) el valor de opción, que se refiere a la posibilidad de postergar el disfrute de un recurso, bien o servicio para un momento futuro (Martín-López, 2012).

Guía de Aplicación de la Valoración Económica Ambiental
Tal como lo muestra la figura 6, los valores de no uso se dividen en dos tipos:

1) el valor de existencia, que está basado en el beneficio que se obtiene por el simple hecho de que un recurso, bien o servicio exista y, por lo tanto, se asocia con el servicio cultural de disfrute espiritual; y 2) el valor de legado, que está basado en la satisfacción que una persona adquiere al saber que las futuras generaciones podrán disfrutar de cualquiera de los recursos, bienes o servicios (Martín-López, 2012).

Valor Económico Total

Es fundamental entender que las diferentes metodologías de valoración económica ambiental, permiten identificar diferentes tipos de valor. Así que existe un campo de aplicación para cada una de ellas, que debe ser tenida en cuenta a la hora de elegir la metodología más adecuada en cada caso.

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