Un Tinto con la Directora: Invitada Paula Andrea Betancourt

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Cuando Paula Andrea sale a una pasarela, causa revuelo general por su porte de reina y su singular belleza. Con ella hablé después de un desfile y me sorprendió encontrar a una mujer que está más interesada en ser madre y esposa que en ser la más deseada por los colombianos.

«Yo no soy libertina y no estoy dispuesta a salir con nadie para volverme famosa».

Un aplauso espontáneo del público anuncia la salida de Paula Andrea Betancur, y ella, feliz y segura, responde con una sonrisa mientras camina imponente al frente. «Está más bella que cuando era reina», es el comentario general. «¿Cómo hará para mantenerse tan bella?», pregunta una señora. «Seguramente se practica la lipoescultura», responde otra. «No, es pura suerte», agrega una tercera.

Y es que no hay mujer que no quiera saber cómo hace Paula para conservarse tan bella.

«Para mí, primero está la DIGNIDAD como PERSONA»

«Llevo una vida sana: no fumo, no trasnocho, no me excedo con la comida y además mi cuerpo es agradecido. Cuando estoy en embarazo, mi peso no aumenta más de ocho kilos, es lo que me pesa la barriguita. Y luego de tener al bebé, vuelvo al peso normal muy fácilmente. Eso es constitución. Mi mamá aumentaba hasta 18 kilos y ahora está flaca, sin estrías ni celulitis».

¿Cómo es un embarazo suyo?
Los tres embarazos han sido exactamente iguales: muy tranquilos, sin antojos ni ansiedades, como alimentos nutritivos y muy normales. No hago dietas ni ejercicios; no me obsesiono con eso, ni me fajo. Juan Carlos y yo somos muy caseros. Nuestra vida consiste en estar con los niños, cuidarlos, jugar con ellos. Nosotros preferimos estar en familia que salir a fiestas. Llevo la vida que siempre soñé: con una familia numerosa y ya tenemos los dos niños y la niña: Mateo, Salomé y Simón.

¿Se le mediría al cuarto?
Sí, y se lo he pedido a Juan Carlos, pero él ya se operó. Así que me quedé con las ganas de Sarita. ¡Ni sueñes, me dice él!

¿Cuál es su mejor cualidad como mamá?
El amor, siempre quiero estar con mis hijos. Ellos siempre quieren estar con papá y mamá y me preocupo todos los días porque sean felices. Mira, me preocupo por el estudio, participo en las asociaciones de padres de familia porque quiero saber todo sobre ellos, les ayudo con las tareas, me siento con ellos a colorear.

¿De dónde sacó el gusto por los niños?
Por parte de mi papá tenía diez tíos, pero mi mamá era hija única y fui la primera nieta, porque el que me sigue nació nueve años después. Así que fui única en las dos familias. Siempre soñaba con una familia numerosa, sentía envidia de las familias grandes. Por eso en Navidad invito a los vecinos y pasamos rico, porque yo sería feliz si tuviera 6 ó 7 hijos.

Si Salomé quisiera ser reina, ¿la apoyaría?
Los apoyaré en todas las decisiones que tomen. Es rico que los padres se solidaricen con uno, porque le da más fortaleza a uno como hijo.

«A mí me gusta el modelaje, pero cuando me fui a Europa me di cuenta de que ese mundo no tiene nada que ver conmigo».

¿En su casa la apoyaron con el reinado?
Mi mamá me apoyaba, mi papá no tanto, y Juan Carlos era el más alcahueta.

¿Cuánto hace que se conoce con él?
Nos conocemos desde hace once años y tenemos una relación fuerte; tanto, que no la tumba ni un maremoto. Nos tenemos una confianza inmensa y en nuestra relación hay mucha espontaneidad. Con él no me siento obligada, ni atada, ni amarrada. Con él y los niños paso superrico. Por eso recomiendo ciento por ciento el matrimonio.

¿Qué recuerdo tiene de su vida con sus padres?
No entendí por qué se separaron, porque en mi niñez los vi muy unidos y amorosos. Siempre se trataban de gordo y gorda. Eran el uno para el otro, no eran celosos y parecían novios porque se iban de luna de miel. Por eso, nosotros somos muy tranquilos. Tengo una imagen muy bonita de ellos dos.

¿Cómo era usted en su época de estudiante?
Estudié en La Enseñanza casi toda la vida. Me quería ir de monja y las monjitas me adoraban. Yo era muy deportista, participaba en todos los equipos y estuve en campeonatos de atletismo, natación y voleibol; pero no era la mejor estudiante. Me daba pereza escribir y mi mamá llamaba a las amigas y me hacía los cuadernos.

¿Cuándo tuvo su primer novio?
No fui noviera. Por el contrario, era muy casera y mi papá era muy celoso. Figúrate que no me dejaba ir a los conciertos de Menudo y mis tías, que eran jóvenes, lo llamaban e intercedían por mí. A veces me arreglaban a escondidas y conseguían el permiso quince segundos antes de salir.

¿Era fanática de Menudo?
¡Claro! Me sabía los pasos y todas las canciones y cuando mi papá no me dejó ir al concierto, casi me dio un trauma.

¿Y cuál fue su primer novio?
Se llamaba Daniel, yo tenía 14 años y era tan recatada que cuando él me cogía la mano, yo pensaba: «Éste tan atrevido». En esa época pensé que me iba a quedar solterona. Luego salí con un señor mayor, pero era algo tan formal que sólo se trató de ir a comer. Realmente no fue un amor. Después, a mis 15 ó 16 años, llegó Juan Carlos, que realmente fue mi primer novio y mi primero y único amor. Aun así era tan tímida que ni me dejaba coger la mano. Él dice que yo le di mucha guerra.

Si era tan encerrada, ¿cómo fue que se volvió reina?
Ni siquiera tenía personalidad para ser reina. Lo que pasó fue que al diseñador Jaime Arango se le metió que yo tenía que ser reina, y yo ni siquiera me ponía vestido de baño, no me sentía bonita y andaba en bluejeans, camiseta y tenis. Yo pensaba que él estaba loco, pero nos hicimos amigos y le tomé cariño, y como me insistió tanto, le dije que sí, pensando en el fondo que no me metería en eso. Un día fue por mí para presentarme ante el Comité de Antioquia, pero en eso se manejan muchos intereses y a él le llegó el run run de que ya tenían a la que sería reina. Entonces, él me dijo que esperara hasta el próximo año. Para zafarme del compromiso, le dije que si no era ese año ya no participaría. Para sorpresa mía, me llamó luego para contarme que tenía un tío que era alcalde de Leticia y ya tenía listo el decreto para nombrarme candidata por ese departamento. En ese entonces no exigían que uno fuera nativo del lugar.

¿Y cómo fue el proceso?
En un principio me daba pena ponerme el vestido de baño y él me puso la tarea de caminar con tacones y vestido de baño en el corredor de mi casa mientras imaginaba que estaba entre gente. Luego en el reinado, como era la primera, me sentí rico porque me arriesgué a quitarme el pareo, y yo oía cuando comentaban: «¡Miren qué cuerpo!», pero yo no me sentía reina para nada; cuando los periodistas me preguntaban, no veía la hora de que se acabara todo. Figúrate que hasta estuve a punto de no participar porque llegué a Cartagena con cálculos en los riñones. Le dije a Jaime que no era capaz, y él me puso a tomar cerveza. Así que pasé el reinado a media caña, yo que no bebo, pero así expulsé los cálculos.

¿Por qué nunca ha aceptado posar desnuda?
Siempre he tenido claro lo que quiero y no me ha interesado hacerme famosa por un desnudo. Afortunadamente conocí a Juan Carlos antes del reinado y con él tengo todo lo que quiero.

¿Cómo fue su fiesta de 15?
No soy muy amiga de las fiestas y como me pusieron a escoger, preferí un viaje a Miami y Orlando en un crucero. Y no me arrepiento, la pasé delicioso.

«Era tan tímida que ni me dejaba coger la mano».

¿Repetiría la experiencia del reinado?
No repetiría la experiencia de Miss Colombia, pero sí la de Miss Universo, porque allá los medios no se meten. Jaime Arango estuvo muy nervioso porque no sabía si podía quedar entre las diez finalistas. Cuando quedé, descansó. Así que se sintió feliz cuando quedé de segunda.

¿Cómo se portó el público?
Llegué sola a Cartagena, sin comitiva, mientras que la candidata de Antioquia se fue con todo el mundo. Pero el pueblo me apoyaba cada vez que salía, y aunque me sentía tranquila, ni por esas me creía reina. El día de la coronación empaqué todo con la esperanza de irme tranquila al otro día para mi casa. Me parecía rico que se acabara todo lo del reinado y mi compromiso con Jaime. Esa noche se colaron las preguntas y todas se las aprendieron y ensayaron las respuestas, pero yo no quise ni saber de qué se trataba. Recuerdo que me preguntaron «Qué degollaría» y yo dije que el narcotráfico. Cuando me nombraron reina, no lo podía creer y me tocó llegar a desempacar.

¿Eso explica por qué ha despreciado las oportunidades de hacerse una modelo de reconocimiento internacional?
Me gusta el modelaje, pero cuando me fui a Europa me di cuenta de que ese mundo, después de los desfiles, no tiene que ver nada conmigo. No soy libertina y no estoy dispuesta a salir con nadie para que me den contratos o para volverme famosa. Mi estilo de vida no son las rumbas. En Estados Unidos y en Italia están acostumbrados a que las modelos acepten invitaciones y luego de los desfiles se van de fiesta. En Italia trabajé todos los días, estaban supercontentos conmigo, pero el ambiente era muy maluco, lleno de viciosos, y yo no soy eso. Llamaba todos los días llorando a Juan Carlos y él trataba de animarme, pero aunque hacía lo que me gustaba, me preguntaba a qué costo. Para mí, primero está la dignidad como persona y por eso le dije al dueño de la agencia «chao». Ahora hago desfiles o fotos y vuelvo a mi casa, y eso es lo que quiero.

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