Un Tinto con la Directora: Invitado Juan Carlos Vargas

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Este joven actor pertenece a la generación de churros antigalanes que han surgido en la televisión y vienen con una cierta alergia a ser tildados de bellos y les da escalofrío la sola palabra galán.

Como todos los de su generación Juan Carlos da la pelea en el mundo de la farándula para que lo vean su lado humano, filosófico e intelectual. Celoso de su privacidad siempre ha sido esquivo a las entrevistas de Tv y novelas, por el carácter frívolo de nuestra revista. Lo encontré en la grabación de A dónde va Soledad y logré este ameno encuentro en el que nos descubrimos mutuamente.

«Me gusta vender BACANERÍA, SENCILLEZ, HUMILDAD…»

Soy apegadísimo a los amores y a los afectos mientras estoy con ellos, soy súperamigo».

¿En qué se parece a su protagonista en la novela?
Soy distinto a él, de mí tiene la sonrisa, los gestos, mi forma de coquetear.

¿Cuándo acaba un personaje, le cuesta desprenderse de él?
No, me encanta acabar. Empezar agota más psicológicamente porque hay que darle una familia, armarle una historia y poner algo de ti para que funcione. Hay que ponerle ánimo y buena honda.

¿Qué criterio tuvo para escoger este personaje?
He sido selectivo para escoger personajes y pese a ello me he equivocado. Me gustó este proyecto porque es entusiasta y me gustaría poner un punto en alto en RCN porque es un canal que está funcionando bien. Me llama la atención ser carne de RCN, hacer parte de esa franja exitosa. Yo estaba en España y me llamaron a mi para este personaje, o leí y me gusto, además me siento querido, apreciado. El elenco es muy bueno y el ambiente es chévere. Además el director es Manolito el cubano y tiene ganas de hacer algo bonito, puede que no funcione la historia pero por lo menos hay buenas intenciones y la oferta es buena.

¿Usted prefiere más hacer antigalanes…?
En Momposina hice un galán en otro contexto y lo mismo en La dama del pantano. Este galán quiero que sea lo menos galán posible. Quiero mostrarlo muy humano, quiero probar eso y me están dejando.

Usted ha sido un afortunado ¿Cómo se clasifica?
He tenido un padre excepcional que ha respondido firmemente. Si me tuviera que clasificar diría soy un colombiano clase media, ni he tenido mucho, ni poco, sólo lo necesario para luchar mis cosas y eso es una cosa de espíritu. Me gusta la vida, me gusta guererla porque esta vida es un viaje corto en la eternidad. Me gusta la actitud guerrera en la gente, me gusta la sencillez. Me gustan los amigos que les gusta escalar, los que les gusta la naturaleza. Si he de mostrar algo prefiero mostrar a un tipo que llega en moto, vender bacanería, sencillez y humildad. Me gusta vivir en lugares austeros, con pocas cosas. Eso es lo que necesita el país.

¿Es usted desprendido de las cosas terrenales?
Procuro despegarme y he ido cambiando porque soy apegadísimo a los amores y a los afectos mientras estoy con ellos, soy súperamigo. (ama más a los amigos que a la novia, tercia Adriana Arango, que está escuchando la conversación). A mi me encanta compartir y abrazar, lo necesito. Yo soy de los que llaman por la noche a contar historias. La camaradería es para mí muy importante y aquí ya somos secuaces y eso se va notando en la novela.

¿Cómo era de niño?
Chiquito era desadaptado, me gustaba la calle, los barrios, la noche, los parques; la vida me apasionaba más que el estudio.

Yo he crecido sin temores, he vivido la sexualidad con libertad porque mi casa es una delicia. Yo conozco el afecto».

De alguna manera sigue siendo rebelde?
La rebeldía ha tenido un proceso evolutivo; está dosificada y he aprendido a hacer concesiones, a entender que hay que ser inteligente para ser rebelde. Antes era más pasional y ahora sé que no se trata de estar contra el mundo.

¿Quién lo doma?
Nadie. La verdad es que me suaviza mucha gente. Toda aquella en la que yo siento que me dice las cosas con amor. Cuando es así yo me dejo entrar todo. En mi casa hice lo que siempre quise, fuel el niño más libre del mundo porque había confianza. Realmente he sido rebelde, no desadaptado. Yo soy equilibrado y tranquilo porque nunca tuve que ocultar nada. Yo me emborrachaba en mi casa con mis amigos porque tuve mucho amor.

¿Eran alcahuetes?
Nunca, daban mucha confianza y mucho amor con firmeza y libertad. Yo he crecido sin temores, he vivido la sexualidad con libertad porque mi casa es una delicia. Yo conozco el afecto.

¿En qué no es tolerante?
Con las injusticias porque creo en la igualdad. La desigualdad genera violencia, especialmente en lo educativo, pero creo que en vez de criticar es mejor aportar y no es que me sienta un Robin Hood pero uno puede hacer muchas cosas para mejorar el rededor. Dar una sonrisa o decir buenos días puede cambiar a Colombia. Cada día creo más en el poder de las cosas chiquitas.

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