Trastornos de la Conducta Alimentaria, Prólogo

Profesor Rafael Gómez – Cuevas, MD

Natalie Arnoul estaba acodada en el alfeiza de su ventana, había anochecido pronto para esa época del año, y la fachada gótica de la catedral de Reims, emergía majestuosa entre las sombras.

Sí, de verdad, -pensaba- es un bello espectáculo-, Juan mi amigo español, siempre me dice que hay miles de chicas que me envidiarían por vivir en un quinto piso de la Rue Castiglione sobre la Grande Place. Si supieran… que estoy desesperada, que toleraré unos minutos más y luego saldré corriendo, escaleras abajo a la Patisserie a comer, a devorar todos los bizcochos llenos de nata, de miel, de chocolate.. que logre encontrar… si supieran que según mi doctor- y est no lo sabe Juan- tengo una “maladie” que se llama compulsión glucidique…

Maritrini Fernández, 26 años, vive en la calle Guzmán el Bueno, 57, 5º D en el barrio de Arguelles, en Madrid, está embarazada y está también desesperada, cree que ha llegado al límite. Es invierno: por Diciembre, la gente en la calle abrigada, buscando meterse en algún lugar y beber algo calentito.

Pero ella… porqué ella?.. solo desea comer un tazón de gazpacho, la sopa fría andaluza, hecha para sobrellevar los mas de 40 grados de Sevilla en verano, ahora -en este tiempo- es casi imposible conseguirla. Pero es lo único que ella quiere, justamente lo que ella necesita y merece, por algo está embarazada.

Por eso ha llamado a su marido, que trabaja muy cerca- en el Hospital Clínico, para que vaya corriendo-que” vaya pitando” le ha dicho- a buscarle el dichoso gazpacho. “Es un antojo, le ha explicado…”

Carola, trabaja en un centro comercial, cerca de la Cañada, en Córdoba, Argentina. Es Junio y los días se hacen grises, y cortos.

Está triste… suspira recordando a Juan su amigo colombiano, con quien estuvo el verano pasado en el cercano balneario en Carlos Paz.. pero es más que tristeza, lo que siente, es también algo del cuerpo…es un enorme desaliento, apenas si quiere moverse.. y aunque sabe que esto le ocurre todos los años, no puede remediarlo, tendrá que cruzar la calle Bauzá y en el restaurante del Hotel -donde ya la conocen- pedir su plato favorito: un bife chorizo con patatas y pan y media de vino tinto..

Sabe que muy pronto su desaliento pasará, le han dicho que tiene una enfermedad que en ingles se llama SAD, Juan le ha “traducido”: Seasonal Affective Disorder.

En Puerto Aventuras, cerca de Cancun, mientras termina de peinarse, ella tiene presentimientos, sabe que va a tener problemas, en su almanaque la fecha marcada con un circulo rojo está cercana.

Muy pronto, el llegará a buscarla para ir a comer al resturante del puerto ,donde siempre hay canciones de Gloria Estefan, y hay brisa y se ven los yates acunados por las olas. Lupe sabe que estará de mal humor, irritable, con un apetito desaforado.. presiente que repetirá el plato principal y se comerá el postre de Juan.

Ya tiene dolor de cabeza, se siente llena de líquido por todas partes, sus senos adoloridos están mas que turgentes, sabe que en estos días aumentará dos a tres kilos, y que terminará esta noche- sin saber porqué- discutiendo y peleando con Juan, por alguna nimiedad. Ya fue al médico, le dijeron que tenía un Sindrome de tensión premenstrual

Maria Mónica, se contempló al espejo, realmente tenía una silueta casi perfecta, había sido escogida para Señorita Bogotá. Esa noche en el apartamento de sus padres: 140 metros, sobre la Pepe Sierra en Santa Barbara, se ofrecía una comida de gala, y tendría que lucir muy elegante.

Entonces una duda la asaltó… le “cerraría” el traje de Zajar..o sus tercas caderas estarían otra vez llenas de grasa, tendría que seguir ayunando, y hacer mas ejercicio, no comer nada.. absolutamente nada.. solo beber agua con limón, para evitar los mareos.

Cerrando los ojos meditó: ¿sería correcto lo que estaba haciendo?: engañando a sus padres, a sus amigos, a todo el mundo haciéndoles creer que estaba bien, que simplemente hacía una dieta para mantenerse en forma, que estaba “sana como una manzana “Si supieran de todas las tretas que hacía para no comer, para ocultar la comida que le servían en su bolso o en el maletín de los libros de la Universidad, y de las horas y horas que pasaba haciendo ejercicio intenso.

Si supieran que se sentía muy debil, que se habia desmayado en el baño varias veces, que su menstruación casi no existía. El traje apenas si cerraba, ..había remedio,: treinta minutos de aeróbicos, luego un baño turco, unos masajes, agua con limón, y sería Miss Bogotá, como tanto quería su madre, quien desde niña le decía que tenía cuerpo y porte de reina. Ahora.. mas resuelta, decidió no desanimarse, era cosa de terminar este empeño.

Si seguían los mareos -le haría caso a uno de sus admiradores, a Juan quien le había dicho que existía una Asociación de médicos que se ocupaban etica y profesionalmente de problemas como el suyo, creo que se llamaban ASCOM o algo parecido,- busca a uno de ellos le había dicho Juan, he oído que hay un nuevo diagnostico, posiblemente corresponde a tu problema, es algo así como “Trastorno compulsivo del comer, que si no se trata se puede convertir en anorexia nerviosa”

Regresando de Olinda hacia Recife, su nerviosismo aumentaba, no valía que a su lado el la estuviese- cariñoso -acompañando, no valían como estímulo placentero las bellas playas de Pernambuco que la carretera bordeaba. Estaba tensa.. muy pronto estaría frente a un reto, que siempre temía.

Llegaría a la Reunión donde celebraban el quinto año de su promoción.. era una verdadera “cimeira” ya que asistirían de todo Brasil y del exterior, y todos, todos…. estarían fumando y con una copa en la mano. Lo presentía, sabía que le iban a ofrecer cigarrillos, seguramente Kent, que tanto de gustaban, a ella que ahora se sentía angustiada,insegura y sabiendo que algo le faltaba. Recordó que le habían aconsejado chupar un caramelo de menta para disipar la ansiedad de fumar, era mejor una chocolatina, la animaba y duraba más el efecto, mejor si eran dos o tres o más chocolatinas.

Ahora las compraba por paquetes de un kilo: dos al día; pero estaba más tranquila, aunque poco a poco, como ahora se daba cuenta que las necesitaba cada vez más, y que estaba engordando, casi dos kilos por mes. Amelia dos Santos, no sabía que necesitaba ayuda médica, que estaba iniciando un trastorno compulsivo del comer.

Lo que tienen en común estas historias que pueden ser reales, es que en todas se encuentra un Trastorno Compulsivo del Comer, un TCC, como queremos bautizarlo.

La “compulsion glucidique”: ansia de comer cosas dulces de Natalie, los “antojos” de las señoras embarazadas en el caso de la madrileña Maritrini, la depresión estacional que se observa en los cambios de estación, y consiste en un típico cuadro de astenia tanto física como psíquica, que se repite cada año, siempre por las mismas fechas, que se ha relacionado con surmenage, con fatiga crónica es lo que afectaba de esa manera a Carola la cordobesa, en Argentina

Lupe en Cancún presenta un claro cuadro de tensión premenstrual con cefalea, congestión mamaria, cambios del humor, mientras que Maria Mónica, está iniciando una anorexia nerviosa. Amalia dos Santos característicamente padecía del reconocido cuadro de ansiedad que sigue al abandono del habito de fumar, que es tan severo muchas veces que justifica el muy frecuente regreso a la adicción.

En estas seis diversas historias -decíamos-, hay algo en común: todas ellas tienen un trastorno de la conducta alimentaria. No tienen Bulimia, no tiene Anorexia nerviosa, pero tienen una “pequeña perversión de su conducta alimentaria”. Perversión…? Sí,… eso es justamente: Pervertir es: “perturbar el orden o estado de las cosas, viciar las costumbres, la fé, el gusto”, según el Diccionario.

Por eso insistimos en que a estas -hasta ahora no bien definidas- discretas alteraciones de la regulación del apetito y de la saciedad, se les denomine de ahora en adelante como “pequeñas perversiones de la conducta alimentaria.”

Consulta la bibliografía de esta publicación aquí.

Rafael Gómez-Cuevas, MD

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