Muerte por Huracanes

Huracanes, Tsunamies, terremotos, ciclones, erupciones volcánicas, cambios extremos en la temperatura ambiente. son todas manifestaciones terroríficas de la madre naturaleza que –a como van las cosas- son una causa importante de morbimortalidad. Por estos días se ha hablado mucho del Huracán Katrina, que afectó a Miami, y luego a las ciudades sureñas sobre el Golfo de Méjico, particularmente New Orleáns, Mobile y Biloxi. La palabra viene del vocablo maya Hurakan –lo que indica que la civilización aborigen estaba muy familiarizada con estos fenómenos destructores- y se han venido a estudiar mejor en el siglo XX, por los adelantos tecnológicos y por la densidad de población –particularmente urbana- afectada. Es curioso que en las décadas de los setenta y ochenta descendieron en número e intensidad, sólo para retornar con una frecuencia y capacidad desvastadora enorme.

Los legos en materia de geología y cambios climáticos con frecuencia confundimos términos por causa de información que interpretamos inadecuadamente. No es lo mismo calentamiento global y efecto invernadero que la destrucción de la capa de ozono, a pesar de que los medios frecuentemente hablen de ellos como estrechamente ligados; tampoco es claro que haya una relación directa entre estos fenómenos y los desastres naturales.

El efecto invernadero es en parte debido al abuso en el consumo de los combustibles fósiles (que además aumentan la contaminación) y la deforestación, pues el gas carbónico impide el escape de rayos infrarrojos a la estratosfera; se supone que una buena superficie de bosques jóvenes pueda contrarrestar esta situación (teoría sostenida por los Estados Unidos para no firmar el protocolo de Kyoto, pues alegan tener suficientes árboles); la destrucción de la capa de ozono estratosférica en la Antártida es fundamentalmente ocasionada por el cloro y el bromo libres, que reaccionan negativamente con ese gas. Las concentraciones de estos halógenos son naturalmente escasas en atmósfera y estratosfera, pero las proporciones de cloro actualmente existentes se deben al uso de gases refrigerantes y aerosoles de uso industrial como los clorofluorocarbonos (CFS), prohibidos hace algunos años. Según noticias recientes, el agujero en la capa de ozono se ha agrandado de manera alarmante. Esto aumenta la cantidad de rayos ultravioleta, aumentando por ejemplo la incidencia de cáncer de la piel.

Como decíamos, los ecologistas –reunidos en fuerzas políticas conocidas como partidos verdes- insisten en que todo lo que está pasando en cuanto a la severidad del clima y los desastres por venir se deben a estas causas antropogénicas, y tienden a señalar una estrecha relación entre ellas. No parece ser así –según muchos expertos- aunque todos estos cambios pueden traer efectos negativos pero también positivos. Desde el punta de vista de salud, fenómenos como el de El Niño (por calentamiento global) se asocian a aumento de ciertas epidemias además de daños tremendos a la agricultura y a la economía de los países afectados.

Volviendo a los huracanes, obviamente Centroamérica, el Caribe y el lejano oriente asiático se afectan tremendamente. Pero las noticias son más difundidas una vez que estos huracanes –que a veces son tormentas tropicales- ganan o pierden fuerza de acuerdo a la temperatura o al ingreso a tierra firme en los Estados Unidos. La Florida es una región especialmente afectada. Los primeros sesenta y cinco años presentaron algunos de gran intensidad:

En el huracán de los Cayos de 1919, entre 600 a 900 personas perdieron la vida, de ellos más de 500 en barcos que se hallaban en los alrededores. En el de Miami de 1926, 243 personas murieron; 1836 personas fallecieron en el del lago Okeechobee, en 1928.

Nuevamente otro de los Cayos de 1935 generó 408 muertes. El Donna -1960- mató a cincuenta personas, mientras que el Betsy -1965- causó setenta y cinco muertes.

Después de estos, prácticamente ninguna tormenta de gran intensidad se produjo hasta el Andrews en 1992. Pero el año 2004 regresó con frecuentes e intensas actividades metereológicas, que no sólo afectan a los países pobres, sino en particular, a los ricos.

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