Editorial: Logros en Urología Colombiana

Llegó el año 2000. Muchos dirán que vivir en el nuevo milenio es como vivir un día cualquiera, pero probablemente cada uno de nosotros ha realizado el ejercicio a manera de inventario de medir los logros personales obtenidos en los años que nos correspondió vivir del siglo XX. De igual forma, se puede hacer un inventario colectivo para calificar los logros en el campo de la urología colombiana.

Ojalá nuestra revista, aunque joven, haya retratado la acelerada evolución sufrida por nuestra especialidad en los últimos años del siglo.

El cambio de siglo nos impone mirar hacia adelante, fijar nuevos derroteros que nos permitan crecer personal y científicamente a la velocidad que los desarrollos tecnológicos se suceden y estar en la disposición de adquirir los elementos para ser partícipes del devenir, en un siglo que se muestra altamente competitivo y exigente, y que sólo será benévolo en la medida en que seamos rigurosos y críticos en la tarea de adquirir y producir conocimientos.

Una especialidad que tradicionalmente ha sido quirúrgica y cuyo entrenamiento se concentró especialmente en desarrollar destrezas y habilidades, debe incursionar en temas nuevos e integrar técnicas de tratamiento relacionadas con los grandiosos avances que ha tenido la biología molecular, la ingeniería de tejidos y la terapia genética. Sería ideal que estas técnicas nos encuentren preparados y con la planeación suficiente para hacer un uso racional de ellas, que contemos con un adecuado control por parte de las sociedades científicas y del Estado para que nuestro sistema de salud, carente de recursos, pueda disponer así de una tecnología altamente costosa.

La medicina basada en la evidencia permite desarrollar con rigor científico la investigación, racionalizar la oportunidad de los recursos, y analizar con sentido crítico los métodos diagnósticos y terapéuticos que se han venido utilizando. Por este motivo, se impone la necesidad de familiarizarnos con sus fortalezas y debilidades sin desestimar la experiencia y la relación médico-paciente.

Por lo tanto, después de abandonar el siglo XX y con los nuevos propósitos, bienvenido el nuevo milenio.

José Miguel Silva Herrera.
Director

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