Historia de las Vasculitis

Antonio Iglesias Gamarra1, José Félix Restrepo Suárez2, Rafael Valle3, Enrique Osorio4, Addison Bolaños5, Odilio Mendez6, Eric L Matteson7

1. Profesor titular de Medicina Interna y Reumatología. Facultad de Medicina. Universidad Nacional de Colombia.
2 Profesor Asociado de Medicina Interna y Reumatología. Facultad de Medicina. Universidad Nacional de Colombia.
3 Jefe de departamento de Inmunología y Reumatología. Hospital Militar Central.
4 Neurocirujano Universidad Nacional de Colombia y Colsanitas.
5 Jefe de Neurofisiología y Epilepsia. Clínica Policia Nacional.
6 Profesor Asociado. Facultad de Medicina. Universidad Nacional de Colombia.
7 Profesor Asociado de Medicina Interna y Reumatología. Clínica Mayo, Rochester.

Fases iniciales desde Hipócrates hasta Buerger

Numerosos y extraordinarios descubrimientos se han realizado en el transcurso de los siglos, y los restantes llegarán si los hombres capaces e inteligentes, conocedores de los descubrimientos antiguos, los toman como punto de partida de sus investigaciones.

Antonio Iglesias

Resumen

En este artículo hacemos una completa revisión sobre la historia de las vasculitis, desde los primeros trabajos que mencionaron las manifestaciones clínicas y algunas veces las histológicas de las vasculitis, sin haberse reconocido históricamente la importancia de muchos de estos, hasta los más recientes avances en el conocimiento de estas enfermedades. Es la primera entrega que analiza la historia de las vasculitis desde Hipócrates hasta Buerger.

Summary

In this paper, we present a complete review of the history of vasculitis from the first clinical descriptions, and occasional histological findings, which often were not recognized as vasculitis at the time of their initial description, to the most recent advances in the knowledge of these diseases. This is the first of two parts that analyze the history of vasculitis from Hypocrites to Buerger.

La historia inicial del conocimiento de las vasculitis empieza cuándo las patologías vasculares como los aneurismas de las arterias periféricas fueron descritas por Claudius Galeno, este autor planteo su origen iatrogénico en su libro “De Tumoribus praeter naturam”1.

A pesar de ser común en la práctica médica el conocimiento de las arterias, estos vasos se conocen clásicamente por su pulsación, y a través de las clásicas enfermedades emergentes del siglo XVI, surge la sífilis en Europa y los aneurismas aórticos sifilíticos fueron las primeras descripciones de patologías arteriales realizadas en 1554 por el profesor de la universidad de Montpellier, Antoine Saporta2, debido al gran auge del conocimiento de la anatomía mórbida y las disecciones anatómicas durante este siglo.

En la segunda mitad del siglo XVII, se describieron algunos conocimientos relacionados con la patología vascular en la ciudad de Schaffhausen a la orilla del Rhin, especialmente por el profesor Johann Jakob Wepfer (1720- 1795) y sus dos estudiantes Johann Conrad Brunner (describió las glándulas duodenales) y Johann Conrad Peyer (describió las placas linfoides a nivel intestinal), quienes lograron darle brillo a la incipiente facultad de medicina de la Universidad de Basilea. Wepfer3, en el pequeño pueblo de Schaffhausen se adelantó a su tiempo y obtuvo la autorización de practicar autopsias a los pacientes que murieron en dicho hospital en 1647, y 11 años después, en 1658, describió que la causa de la hemorragia cerebral se originaba por un accidente cerebro-vascular y especulaba que su propia aorta estaba calcificada.

Su yerno Brunner4, al practicarle la autopsia a Wepfer, quien murió a la edad de 75 años por una insuficiencia cardiaca, encontró entre sus hallazgos la aorta calcificada, por ello Wepfer y Brunner fueron los primeros en describir la arteriosclerosis, y pensaban que esta patología era de tipo inflamatorio3-5. Así, surge el origen del conocimiento de la arteriosclerosis como una patología de tipo inflamatorio; sin embargo, esta afirmación no se realiza a finales del siglo XX, sino en la mitad del siglo XVII e inicios del siglo XVIII, por algunos investigadores de la época como Albrecht Haller6 en Berna en 1755 y Marie-F-X Bichat3 en París. Este último planteaba que de 7 a 10 individuos estudiados, mayores de 60 años, tenían depósitos calcáreos en sus arterias, de acuerdo a su libro “anátomie générale appliquée a la physiologie et á la médecine” en 1802.

A medida que la anatomía se aproximaba a la medicina clínica, de acuerdo a una frase de Virchow5 “Der anatomische Gedanke in der Medizin”, surge la figura grandiosa de Giovanni Battista Morgagni8 en Padoba (Italia) quien a los 79 años en 1761 publica su libro “De sedibus et causis morborum per anatomen indagatis”, donde analiza muchas de sus observaciones clínicas relacionadas con la anatomía y entre sus hallazgos describe la rotura espontánea de un aneurisma aórtico que se había disecado a través de la piel, alrededor del esternón, por un proceso de incremento de la presión arterial. Con esta descripción se empezaron a relacionar las lesiones orgánicas, como causa de síntomas y signos de enfermedad, y cuyo proceso patológico, hasta entonces oscuro, empezaba a dilucidarse. La descripción de la aorta de Wepfer3 al relacionarla con depósitos calcáreos y depósitos grasos, se acercaba a la patogénesis de la arteroesclerosis y de acuerdo al concepto imperante de la época, sobre el origen inflamatorio de las enfermedades, la arteroesclerosis se empezó catalogar como un proceso inflamatorio. A finales del siglo XVIII John Hunter9 de Londres, en 1794 empezó a describir la inflamación de los vasos sanguíneos y fue el primero en describir la inflamación de las venas y reconocer la pared muscular de las arterias. Hunter9 también describió que el origen de los aneurismas no solamente estaba relacionado con la debilidad de la pared arterial, sino con una “enfermedad” relacionada con las arterias y especialmente relacionadas con la inflamación que él denominó “coágulo linfático” que posiblemente era el origen de la descripción de los depósitos de fibrinógeno.

Este concepto de inflamación de los vasos, se difundió en Europa y las fiebres persistentes o intermitentes se plantearon como si fuesen una inflamación de las arterias. En el hospital general de Viena se empezaba a utilizar el microscopio y Johann Peter Frank10, quien inicialmente trabajaba en Padua y luego en Viena, por primera vez, en 1794, describe el enrojecimiento y la inflamación de la pared interna de las grandes arterias, venas y corazón en los pacientes con fiebre intermitente. Este tipo de información se mejoró aún más en París, donde Broussais11 y Bouillaud12 denominaron angiocarditis a todos los problemas relacionados con la fiebre intermitente, especialmente la fiebre reumática y así se iniciaba un siguiente paso en la historia de la medicina y es el paso de la antigua medicina de los síntomas a la medicina de las lesiones13. François Joseph Broussais, discípulo del gran maestro Philippe Pinel, en su libro Histoire des Phlegmasies Ou Inflammations Chroniques, publicado en 1808, comenzó a desmontar la teoría de su maestro Pinel sobre las fiebres esenciales. En 1816, en su libro examen de la doctrine medicale generalement adoptée, ataca a toda la medicina desde Hipócrates hasta la medicina francesa, italiana, alemana, inglesa, y española de comienzos del siglo XIX, denuncia el carácter ficticio de las fiebres esenciales y desmonta el ontologismo de la nosología sistemática y expone los fundamentos de la “Nueva Medicina” que él denomina medecine physiologique.

Bouillaud12 acuñó él termino “arteritis reumática” en 1840 para la fiebre reumática, pero esta evidencia histológica puede ocurrir en otras patologías reumáticas. Este término “arteritis reumática” lo siguieron citando investigadores de la talla de Lemaire14 en 1864, Fernet15 en 1865, de Fajole16 en 1866, Lelong17 en 1869, Lecorché18 en 1869, Guéneau de Mussy19 en 1874, Legroux20 1884, Huchard21en 1892, Hanot22 en 1894, Brault23 en 1896, Astier24 en 1897, Blot25 en 1898, Besson26 en 1900, Queuille27 en 1906, Barie28-29 en1905 y en 1913, realiza un resumen de los datos mencionados anteriormente. En la literatura alemana la arteritis reumática fue descrita por Wiesel y Löwy30 en 1913, donde se comenta que la fiebre reumática aguda no sólo compromete el endocardio sino también a las arterias. Fahr31 en 1921, describió el compromiso de las arterias renales en las enfermedades reumáticas, con material fotográfico de lesiones granulomatosas peri-arteriales, que es difícil de asociar a una artritis reumática o a una poliarteritis nodosa.

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