Una Aproximación a la Ciencia y al Arte: Beneficios de la Horticultura Terapéutica

The Benefits of Therapeutic Horticulture

María A. Negritto*, Samuel G. Núñez Ricardo**, Iván M.
Sanchez Fontalvo*

Facultad de Ciencias Básicas, Facultad de Educación, Universidad del Magdalena, Santa Marta, D.T., Magdalena, Colombia.

La horticultura es el arte y la ciencia de cultivar flores, frutos, vegetales y plantas ornamentales(1) para obtener de ellos frutos, flores, ornamentos o artículos de primera necesidad. En términos laxos, la horticultura es una parte esencial de la agricultura pero permanece diferenciada.

El hortelano y la horticultura se mueven en pequeños ámbitos y se dedican personal o particularmente a cada planta y cada fruto. En contraste, el agricultor piensa en términos de producción y rentabilidad.

La relación entre el hombre y las plantas es larga, ya que ha utilizado los recursos de la naturaleza para su supervivencia, iniciando como recolector, luego el surgimiento de la agricultura y la domesticación de las plantas hasta la elaboración de una gran variedad de productos necesarios como alimentos, bebidas, medicinas, tinturas, textiles, entre otros derivados de las plantas.

La horticultura tiene su origen en el comienzo de la vida sedentaria del hombre.

Etimológicamente, el término proviene del latín “hortus” significa huerto y “cultura” cultivo. En la actualidad, el campo de aplicación de la horticultura es muy amplio, va desde el estudio de las plantas, sus variedades y formas de cultivo hasta aspectos económicos, que incluyen la producción y mercadeo de los productos, además de los sociales e históricos.

Actualmente, la horticultura con fines terapéuticos toma cada vez más fuerza, sobre todo en países desarrollados. Se trata de establecer una relación directa entre el hombre y el medio natural convirtiéndose en un instrumento educativo y socializador. Los resultados y la utilidad de esta terapia ganaron prestigio en las últimas décadas tanto para el cuidado de la salud como para el tratamiento de algunas enfermedades.

La horticultura terapéuticaFigura 1. La horticultura terapéutica la pueden desarrollar personas de todas las edades. Las plantas, desde las semillas hasta los frutos, capturan nuestra atención con sus formas, colores, aromas y hasta sabores estimulando nuestra capacidad sensorial.

Terapia Hortícol

Si bien la horticultura terapéutica es una profesión reciente(1), los conceptos sobre los cuales se ha formado son antiguos. La profesión del terapeuta horticultor es el resultado de la combinación de dos disciplinas, la horticultura que funciona como soporte de la terapia y la rehabilitación.

Tal como lo señala la Asociación Americana de Terapia Hortícola “la clave de las plantas en este tipo de terapias está en sus características ya que crecen, cambian, responden a los cuidados, estimulan todos nuestros sentidos, la vista, el tacto, el olfato y con ello estimulan una participación sin juicios que alimenta sentimientos de esperanza”.

Las actividades relacionadas con la jardinería tienen un efecto productivo, en mayor o menor medida. Pero esos efectos son especialmente notorios en personas con discapacidades físicas y mentales.

Ayudan a los pacientes con enfermedades graves a recuperar destrezas manuales y sociales, alimentando la confianza en sí mismos, ofreciendo una ilusión y con resultados nuevos o esperanzas renacidas cada día, creando expectativas constantemente, mejorando, en fin, la calidad de vida. A través del contacto con las plantas, se aprende a expresar los sentimientos y a entablar relaciones con una mayor facilidad.

Todos los animales, incluyendo el hombre, directa o indirectamente, dependen de las plantas. Desde el remoto y humilde pasado como cazadores-recolectores, las plantas han ofrecido tanto el sustento como la protección que son parte esencial de nuestra vida.

Las plantas, además, dependientes de las variaciones del clima y del ciclo de las estaciones, nos ayudaron además a desarrollar el sentido de la memoria y la planificación, herramientas típicas del hombre. Nuestra relación íntima con las plantas permitió que nuestra especie abandonara el nomadismo, al crear la agricultura y la horticultura neolíticas.

El cuidar las plantas nos enseñó a leer cambios en el clima, a observar los cielos e inventar calendarios precisos.

Así se expresa todavía hoy esa antigua relación con la Naturaleza. Este vínculo permaneció intacto a lo largo de toda la historia, a través de los siglos, y podemos encontrar su rastro y revivirlo hasta el día de hoy. Por ejemplo, en 1699 Leonard Maeger afirmó: “no hay mejor forma de preservar la salud que pasar el tiempo libre en el jardín”, autor de El jardinero inglés.

Benjamin Rush (1746-1813), padre de la psiquiatría americana señala “excavar la tierra con las manos tiene un efecto curativo en los enfermos mentales”.

Tal como lo describe Peña Fuciños(2) e n los años 1800 inicia el desarrollo de la horticultura en el tratamiento de la enfermedad mental. En 1795, en Viena, Austria, el Dr. Frank diseñó su centro de salud mental insistiendo en poner un jardín alrededor para que los pacientes estirasen las piernas. En 1798, en Filadelfia (EEUU), el Dr. Rush anuncia que el trabajo del campo en el marco de una granja tiene efectos curativos en el tratamiento de la enfermedad mental(3).

Pacientes con enfermedades mentales en Horticultura Terapéutica

En España, desde el año 1806(4), se empieza a enfatizar el uso de actividades de agricultura y horticultura en diferentes programas para pacientes con enfermedades mentales. Luego, se fue extendiendo ya que años más tarde en Europa Central, la mayoría de los centros psiquiátricos incluyen jardines. En 1879, se construye el primer invernadero destinado a personas con enfermedades mentales, el cuál fue construido en un centro psiquiátrico, hoy en día conocido como Friends Hospital, considerado un pionero en esta actividad iniciando los primeros programas de horticultura terapéutica(5).

Estados Unidos, hacia el año 1917, el Departamento de Terapia Ocupacional de Bloomingdale de la ciudad de Nueva York ofrece formación en Horticultura como un programa de educación formal(3). En Inglaterra, en el año 1936, la Asociación de Terapeutas Ocupacionales reconoce el uso de la horticultura como un tratamiento específico para desórdenes físicos y psíquicos(6). Ya en 1948 en Nueva York, Ruth Mosher Place acuña el término Terapia Hortícola e inicia el primer proyecto(7).

En 1973 se funda la Asociación Americana de Terapia Hortícola (AHTA, su sigla en inglés), cinco años más tarde, en 1978 se funda la Sociedad para la Terapia Hortícola en el Reino Unido. Australia, en 1984, e se funda la Asociación de Victoria de Terapia Hortícola. En Canadá, en 1987, , se funda la Asociación Canadiense de Terapia Hortícola. En Alemania, en 1988, e se forma el grupo de Jardinería y Terapia, el cual posteriormente se transforma en la Asociación de Terapia y Horticultura.

A partir de 1995, la Asociación Americana de Terapia Hortícola pone en marcha el primer jardín terapéutico y colabora junto con la Sociedad Americana de Arquitectura y Paisajismo en el desarrollo de estos jardines a lo largo de Estados Unidos.

Es evidente que en países del primer mundo, el desarrollo de esta disciplina:

La formación profesional y su aplicación fue más temprana y activa. Es otra la historia en América del Sur. En Chile, la Asociación Chilena de Terapia Hortícola, fue fundada hace menos de una década, en 2006, con personería jurídica a partir del 2008 y en Argentina está la Asociación Argentina de Terapia Horticola fundada en 2009. En Uruguay se han dado algunas iniciativas, algunos proyectos que incluyen este tipo de actividades como terapias, pero hasta el momento no se ha formalizado.

El Terapeuta Hortícola es un profesional especializado que trabaja conjuntamente con equipos multidisciplinares, incluyendo doctores, terapeutas ocupacionales, fisioterapeutas, psicólogos, técnicos sociosanitarios, pedagogos, maestros, etc., para contribuir al proceso rehabilitador, curativo o educativo de los pacientes, alumnos o usuarios a través de actividades de jardinería y horticultura específicamente diseñadas a tal fin en jardines o huertos terapéuticos y pedagógicos.

En la actualidad existe una creciente demanda, por parte de la sociedad, así como por parte de las instituciones educativas, de salud, gubernamentales y recreativas, por educar en la conservación, el respeto y el valor de la naturaleza y del medio ambiente. Parte de esa búsqueda incluye, necesariamente, elementos básicos para cuidar de manera preventiva nuestra salud de forma natural.

Esto responde no solo a la necesidad de preservar nuestro planeta para las generaciones futuras, sino por la lógica evolución de nuestros ritmos y estilos de vida hacia unos hábitos más saludables mediante la conexión con la naturaleza, que equilibren, revitalicen y mejoren la calidad de vida.

La horticultura terapéutica contribuye a mejorar la calidad de vida

La horticultura terapéutica contribuye a mejorar la calidad de vida, la salud, la educación, el tiempo libre, la participación social y la inclusión socio-laboral de las personas. En este caso, se refiere a la inclusión de personas mayores, jóvenes, niños, a todas aquellas con cualquier tipo de discapacidad, que hayan sufrido algún tipo de accidente o enfermedad, o que se encuentran en riesgo de exclusión social o simplemente por el bienestar que esta actividad genera en nosotros.

Por demás, no hay que olvidar que la horticultura es en primerísimo término una actividad productiva, pensada, creada y dependiente de la obtención de resultados. Puede desarrollarse en entornos muy diversos, multiculturales y adaptarse a personas de cualquier edad y condición. Por esta razón, hoy en día gran número de hospitales en el mundo están utilizando las plantas como un tratamiento complementario a la terapia regular del paciente.

Y se abren talleres o cursos en jardines, jardines botánicos públicos, en las escuelas y guarderías, en las residencias para la tercera edad y centros de rehabilitación. Son numerosos los ejemplos que han sido citados en la literatura que evidencian los beneficios que esta terapia tiene al desarrollar este tipo de actividades hortícolas y la exposición a la naturaleza. Sólo se mencionan algunos datos relevantes de manera ilustrativa.

Horticultura terapéutica tiene efectos positivos

La horticultura terapéutica tiene efectos positivos en el control reduciendo la agitación de la demencia( 8, 9). Se comparan los resultados entre las respuestas basadas en los métodos tradicionales y en la horticultura terapéutica. Desde el punto de vista educativo, se resalta el desarrollo del potencial terapéutico basado en la cognición corporizada y en las metáforas de la naturaleza(10).

Un estudio piloto destaca la relevancia de la horticultura terapéutica para el tratamiento de pacientes con dolores musculoesqueléticos crónicos(11). El estado mental de tranquilidad está caracterizado por la calma y la autorreflexión(12,13) y e s más probable que ocurra en un medio ambiente asociado con paz y quietud, como espacios abiertos y paisajes naturales, ríos y playas(14, 15). Es interesante dar una mirada al Journal of Therapeutic Horticulture (JTH), de la AHTA, el cual se publica desde 1989 y reúne manuscritos relacionados con distintas facetas de esta profesión, desde la investigación, casos de estudio, diseño de jardines terapéuticos y otras temáticas de esta profesión.

Los beneficios de esta actividad son numerosos:

Ayuda a la formación, la rehabilitación, la inclusión y la participación activa en la comunidad. Tanto la práctica como varios estudios científicos señalan que llevar a cabo diversas actividades con las plantas es beneficioso por varias razones, algunas expresiones como “nos llena de energía” o “el jardín nos da paz”.

Esta terapia mejora algunas funciones intelectuales, como la función cognitiva(15,16), mejora la concentración(17), estimula la memoria(18), la capacidad de atención(19), la motivación(20), estimula el cerebro, ayuda a descargar tensiones o reducir el estrés( 21,22), favorece la relajación y la satisfacción personal, mejora la autoestima( 23-25). Al practicar estas actividades, mejora las funciones motoras como la flexibilidad, el equilibrio, disminuye la presión arterial, favorece el funcionamiento del corazón(26), reduce el estrés(22), se ejercitan los grupos musculares más importantes de nuestro cuerpo(27), aumenta la flexibilidad de piernas, glúteos, hombros, brazos, cuello y espalda, refuerza las articulaciones(21,28).

Las personas experimentan distintos efectos positivo:

Se estimula la producción de serotonina, los colores, las formas, los aromas o perfumes de las plantas estimulan los sentidos, en contacto con el aire, el sol y la naturaleza, no hay dudas que cuidar las plantas, ayudarlas a crecer y contemplar su crecimiento es un ejercicio pleno.

Por otro lado, es cierto que esta actividad la puede desarrollar toda persona, sin diferencias de edad, desde niños hasta la tercera edad, de género, de condición social, desde personas saludables o con algún tipo de dolencia. Esta actividad la puede desarrollar solo una persona o puede estar incluido en un grupo con o sin una guía profesional, como la del terapeuta hortícola. Sin embargo, es importante destacar y priorizar los beneficios de su aplicación en grupos inmersos en algún tipo de exclusión social y en grupos de la tercera edad, guiados por un terapeuta que a su vez controla las condiciones del ambiente en el cuál se desarrollan las tareas.

Intercambio social y la interculturalidad

En esta ocasión, se quiere resaltar la importancia de este tipo de terapia en la problemática de los colectivos en situación de vulnerabilidad, como la pobreza y la indigencia, en donde también encuentra una respuesta positiva con la horticultura terapéutica.

En tiempos o circunstancias de necesidad, se hace necesaria la creación de instancias colectivas, que refuercen el intercambio social y la interculturalidad, evitando que los individuos se dispersen. La horticultura es apta para esta tarea cohesiva, porque puede aprovechar espacios fijos y abiertos, donde todo está al alcance de todos, y por tanto, una responsabilidad colectiva es rápidamente asumida. No olvidemos que el objeto de cuidar plantas siempre fue producir algo, obtener resultados.

Las sociedades multiculturales y democráticas latinoamericanas aspiran aún hoy a crear una sociedad equitativa e intercultural( 29).

Es necesario replantear esta y otras opciones para que el ciudadano pueda participar socialmente:

Superando con amplitud los objetivos “individuales” de la horticultura terapéutica para ofrecer un medio que forme ciudadanos, enriquezcan sus intercambios y los estimule a compartir la convicción o la esperanza de que ese trabajo mejora el contexto local.

Los grupos sociales y culturales históricamente relegados, discriminados o injustamente sometidos: los pobres, las personas en situación de discapacidad, los indígenas, afrodescendientes, las mujeres y los ancianos, disponen de la oportunidad de descubrir sus capacidades en esta actividad, capacidades escondidas o reducidas a la irrelevancia por la presencia constante y dominante, en nuestras vidas, de la tecnología y de la novedad masivas.

La horticultura está disponible como un camino interior, sereno, a través de la perseverancia, la repetición rutinaria y la obtención de resultados estrictamente personales.

A través de sí mismos, y paso a paso, los individuos encontrarán confianza y olvidarán su impotencia o su dependencia. Aprenderán a resolver sus problemas sin atribuírselos a nadie más ni declararlos insuperables, propiciando el razonamiento y, eventualmente, estimulando la mutua colaboración.

En una sociedad libre y democrática, los individuos deben colaborar más que nunca desde sí mismos. Una sociedad de hombres libres se crea cuando sus miembros se asocian libremente, guiados por la necesidad pero conscientes y responsables de sus propias expectativas y habilidades. Si estas últimas se fomentan, el resto vendrá por sí solo. Los razonamientos críticos, típicos del aprendizaje por prueba y error, ayudan a comprender la complejidad del mundo y a elaborar objetivos realistas. Es el tipo de aprendizaje que brinda la horticultura.

La utilización del valor terapéutico es muy beneficiosa en la tercera edad:

En nuestra sociedad muchas veces es un grupo que tiene cierta exclusión social. Esta actividad mejora de las capacidades físicas, psíquicas, cognitivas y sociales. En países del primer mundo, las propias instituciones de los centros de mayores ofrecen una alternativa lúdica enmarcada en un plan de envejecimiento activo.

Estos huertos, totalmente adaptados a las características y necesidades de los usuarios, en cuanto a sus limitaciones físicas y del propio ambiente, en lo que a espacio e instalaciones se refiere, constituyen una oportunidad para integrar los beneficios de la jardinería y la agricultura ecológicas en el día a día de los ancianos, aumentando su calidad de vida.

El uso de la horticultura con fines terapéuticos, goza de un amplio reconocimiento en otros países, como los del primer mundo, con respecto a su aplicación con personas de la tercera edad ya que los efectos generados son evidentes y relevantes: a. Ayuda a combatir la depresión que a menudo padecen por un sentimiento de abandono y soledad, generando en ellos una responsabilidad que hace que aumente su autoestima y disminuya la posibilidad de sufrir ciertas enfermedades; b.

El contacto con la naturaleza estimula sus sentidos, mejorando las funciones motoras:

La tolerancia al trabajo y la autonomía personal; c. Fomenta la expresión de los conocimientos sobre el mundo de la agricultura, trabajando así las capacidades de la memoria y la autorrealización de las personas mayores; d. Estimula la capacidad de trabajar en equipo, asumiendo responsabilidades y gozando de la compañía de los miembros del grupo para alcanzar un objetivo común.

Las plantas tienen su lugar, los hombres el suyo. Por eso, los hombres y las plantas se encuentran en el jardín. La horticultura puede practicarse personalmente y en soledad, pero permite y estimula la participación y la inclusión social. La coordinación y la concentración necesarias para plantar, trasplantar, podar o limpiar una planta de sus parásitos estimulan las funciones intelectuales superiores: concentración, memoria, expectativa.

Esta “actividad superior” del cerebro produce serotonina y así se reducen tensiones, se mejora la autoestima. Esta mejora inicial se realimenta cada vez que el individuo retoma el contacto con las plantas que cuida.

En su lado más prosaico, la horticultura incluye además amplios contactos con el aire libre y la luz solar, que sumados al ejercicio constante mejoran funciones motoras, flexibilidad, equilibrio, ejercitando los grupos musculares mayores. No es raro escuchar, de aquellas personas que participan regularmente de esta actividad, afirmaciones como “nosotros cuidamos el jardín y él nos cuida a nosotros” o “es mi refugio” o “cuando trabajo en el jardín siento paz”.

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Referencias Bibliográficas

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Autores:

* María A. Negritto. Facultad de Educación, Grupo de Investigación Calidad Educativa en un Mundo Plural (CEMPLU). Universidad del Magdalena.
** Samuel G. Núñez Ricardo. Facultad de Ciencias Básicas, Grupo de Investigación Manejo y Conservación de Fauna, Flora y Ecosistemas Estratégicos Neotropicales (MIKU). Universidad del Magdalena.
Correspondencia: [email protected]
Recibido: junio de 2013
Aceptado para publicación: noviembre de 2013
Actual. Enferm. 2014;17(1):37-40

 

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