Aspectos Éticos y Legales del Ejercicio de la Cirugía, 2 Parte

La formación de especialistas, la organización de sociedades científicas y las reuniones que éstas promueven, la publicación de artículos y textos, la asistencia a congresos, son las actividades que más parecen preocuparnos, pero debemos admitir que las funciones administrativas en el campo de la salud deben ejercerlas preferencial mente quienes han dedicado su vida a la enseñanza y al ejercicio de la profesión y han demostrado conocimientos y aptitudes en estos menesteres.

Se requiere decisión y liderazgo para que la salud no vaya quedando en manos educadas en disciplinas diferentes, con grandes apetitos burocráticos y políticos, que piensan con mayor interés en los costos que en los resultados.

Crecimiento Poblacional

Como consecuencia del crecimiento poblacional, y el aumento de los precios que conlleva el empleo de nuevas tecnologías y la necesidad de dar mayor cobertura en los servicios de salud, los gobiernos han venido propiciando el ejercicio de una medicina colectiva, que involucra el principio de la prevención como una necesidad social, con peligrosa exclusión de pacientes según sus recursos económicos, con menoscabo de la atención de enfermos que requieren el tercer nivel de ésta, encargado de los enfermos más graves, que podría convertir la prestación de los servicios de salud en algo francamente antiético, si no se adjudica el presupuesto adecuado, que permita a quienes más requieren atención por la severidad de sus dolencias, obtener los servicios altamente calificados de la cirugía y de la medicina científica que hoy están a nuestro alcance (4).

La compleja situación que afronta el médico actual condujo al legislador a implantar la enseñanza obligatoria de la ética en todas las facultades de medicina como una necesidad para el ejercicio de la profesión, pues su conocimiento es tan importante como el de la técnica misma, si consideramos que hoy en medicina podelilos hacer todo o casi todo, pero no siempre estamos seguros si nos encontramos autorizados para hacerlo; y qué decir si meditamos en las grandes conquistas que se vislumbran para el siglo XXI con el apoyo de la electrólúca, la ciencia nuclear, la energía solar y la bioquímica celular en sus niveles molecular y submolecular? (5).

Bomba Atómica en Hiroshima

No sobra recordar que los progresos de la medicina y de las ciencias biológicas en general no siempre han representado bienestar para la Sociedad, pues basta pensar en el estallido de la bomba atómica en Hiroshima, para comprender que la ciencia en ocasiones no es una actividad inocua y que sus estudios, al tiempo que producen ingentes beneficios, también pueden ser utilizados con objetivos siniestros, y que en algunos sucesos como el mencionado, fueron más allá de lo previsto y, si se quiere, hicieron pensar al hombre ya no en su propia muerte, sino en la extinción de la especie.

Temor que se acentuó recientemente, en 1986, con el accidente de Chernobyl, cuyas consecuencias políticas militares y médicas fueron de tanta magnitud, que en el solo primer día de la emergencia, desde Kiev y otras ciudades cercanas, entre médicos  y estudiantes de último año se llevaron allí alrededor de 7.000 de ellos y por muchos años se deberá continuar prestando atención a las 300.000 personas afectadas en el grave accidente (6-9).

Los interrogantes que se han formulado ante los avances sociales, científicos y tecnológicos de la biomedicina y el deseo de encontrar soluciones éticas a los problemas, inspiraron a un grupo de científicos a fundar la bioética, que es una disciplina intelectual y científica que tiene cuatro lustros de existencia.

Su creador fue el oncólogo Van Rensselear Potter, de la Universidad de Wisconsin, quien advirtió que “La ciencia sin conciencia no conduce sino a la ruina del hombre”.

La tecnología avanza a un ritmo nunca visto: el trasplante de órganos, la reproducción programada, la ingeniería genética y la genetoterapia, el diagnóstico prenatal y la eugenesia, son capaces de producir bien o de hacer daño.

Capacidad de Orientar la Vida

La vida va dejando de ser en sus orígenes el fruto del azar. Con el transcurso de los años el ser humano estará en capacidad de orientar la vida de su descendencia y ya comprobó en el laboratorio que puede modificar el sexo en los animales.

Hace apenas 25 años, el hecho de que en una probeta se unieran el espermatozoide con el óvulo para formar un embrión pudiera haberse calificado como desbordada imaginación, pero siendo hoy una realidad, nos preocupa desde luego pensar que el ser que nace de esta conjunción, es por miles de aspectos una persona natural completamente distinta a la luz del derecho, de la que contemplan nuestros códigos, los cuales requieren precisiones al respecto (10).

Por todo lo anterior, debemos meditar, como bien lo dice Fernando Sánchez que “el individuo que reflexione sobre temas ligados a los caros valores intelectuales, se prepare para hacer frente a las nuevas situaciones y, precisamente es a la bioética a la que le corresponde examinar los efectos de esta auténtica revolución biológica a la luz de los valores y de los principios morales”.

La bioética surge entonces como una necesidad en la medicina moderna con el objeto de estudiar las relaciones entre la vida y los valores humanos, entre los nuevos aportes científicos y su regulación ética.

Medicina Contemporánea

No se trata de una doctrina moral ni de una metodología filosófica sino de la respuesta a urgentes necesidades de la medicina contemporánea, y es así como la bioética general comprende los temas vinculados con las decisiones de política sanitaria, higiene de la población y sistemas asistenciales; la bioética profesional se ocupa de la relación médico-paciente en los temas de la veracidad, consentimiento, intimidad, honorarios y deberes del médico; la bioética especial analiza los problemas vinculados con los límites de la vida: autonomía, esterilización, cambio de sexo, eugenesia, ingeniería genética, mutilaciones, prolongación de la vida, inseminación, fertilización extrauterina, aborto, experimentación con pacientes, trasplantes, límites de las indicaciones quirúrgicas, etc. (5, 11).

El entusiasmo y la gran difusión que despierta hoy la bioética ha provocado también dudas o temores entre los médicos, muchos de los cuales consideran que se han prestado a problemas y a frecuentes acciones jurídicas.

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Se requieren soluciones claras para los cirujanos, pero no siempre son posibles por cuanto muchos métodos permiten soluciones alternativas o reconocen enfoques vinculados con creencias religiosas o criterios políticos. Por su formación y por las características propias de su trabajo, el médico en general no está capacitado para resolver y afrontar los dilemas éticos y legales que se presentan en el ejercicio de su profesión y es el deseo de aproximarme a este tema uno de los principales propósitos que me animan en esta conversación.

Práctica de la Cirugía

En los tiempos primitivos no existían las reglas del derecho y no se tenía noción de la responsabilidad.

Se utilizaba la venganza para compensar los daños, surgió luego una concepción personalizada de la responsabilidad, basada en el principio de la reciprocidad, y fue Hammurabi (Fig. 5), rey de Babilonia (1730-1685 a.de J.c.), quien ordenó una codificación de leyes para regular la práctica de la cirugía y por primera vez en la historia se definieron deberes y responsabilidades del cirujano.

Se establecieron sanciones que eran tan drásticas como el propio daño ocasionado; son los romanos los que adquieren la noción de la obligación jurídica, y en las lnstitutas de Justiniano (Fig. 6) se definió dicha obligación como un vínculo de derecho, por el cual estamos constreñidos a la necesidad de pagar cierta cosa, según el derecho de nuestra ciudad.

Más tarde en el año 408 d. de J.C., surge la ley Aquilia y con ella el concepto de culpa se introduce en la estructuración de la responsabilidad, para proteger a los pacientes de la negligencia o la imprudencia de ciertos cirujanos.

Renacimiento

A partir de las ideas del Renacimiento la medicina incorporó el concepto ético de luchar por la vida en contra del destino natural, y una moral racional remplazó al viejo fundamento mesiánico del medioevo.

Justiniano y Hammurabi, reinó en Babilonia - Aspectos Éticos y Legales de la Cirugía

Durante el siglo XIX dominó el criterio de la responsabilidad solamente moral, que logró para los médicos una verdadera situación de inmunidad jurídica. Los franceses consideraban que en la medicina todo es opinable y relativo, imposible de ser juzgado, y que solamente podía tomarse como culpa médica aquella grave, producida por un error elemental.

En los tiempos actuales, en cambio, todo se ha concentrado en el vínculo del médico con el paciente; y el médico se ha ubicado en una situación que le permite actuar con decisión propia ante su enfermo, eso sí dentro de los códigos de ética que fijan los criterios del comportamiento (12).

La Ética

La ley civil será más adecuada a la sociedad mientras más acorde esté con la ética natural, por lo tanto, las normas legales no se apartarán de los principios de la ética y de la bioética, dejando al médico y a su conciencia un amplio margen de libertad.

Lo que la ética exige al médico, la ley lo hará un deber legal, con normas que establecen para la responsabilidad ética, también una responsabilidad jurídica, que bien puede ser civil o penal. La negligencia, el abandono, la impericia o la imprudencia del médico, generan la obligación de resarcir el daño en el terreno jurídico.

La constitución establece la obligación del estado de salvaguardiar la moralidad, la seguridad y la salud pública y lo autoriza para inspeccionar y vigilar las profesiones. Somos conscientes de la necesidad de regular el ejercicio de nuestra profesión para asegurar eficacia y pulcritud, con leyes que no perjudiquen ni impidan su creciente desarrollo, que den cabida a la investigación e impulsen su actualización y renovación, elementos que constituyen el medio más apropiado para conservar y mejorar la calidad intelectual que nuestra profesión exige.


*Oración pronunciada por el doctor Mario Rueda Gómez, expresidente de la Sociedad Colombiana de Cirugía, con motivo del XVII Congreso de la Sociedad, el 15 de agosto de 1991 en el Salón Rojo del Hotel Tequendama, en Bogotá, D.C., Colombia.

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