Reseñas Bibliograficas, Medicina Científica Mutisiana

Académico Dr. Alberto Gómez Gutiérrez, PhD

Medicina científica mutisianaAntes de leer un aparte de la primera obra de la trilogía mutisiana, que iniciamos con el académico Jaime Bernal Villegas, sobre documentos inéditos de José Celestino Mutis –quien fue médico pero la mayoría lo conoce como naturalista–, quisiera recordar justamente a los naturalistas que se vincularon en la categoría de miembros activos en los primeros años de la Academia, entre 1873 y 1891, cuando ésta se llamó Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales.

Además de reconocidos académicos-médicos que fueron también naturalistas como José Jerónimo Triana (1828-1890), Manuel Uribe Angel (1822-1904), Francisco Bayón (1817-1893), Liborio y Rafael Zerda (1834-1919 y 1843-1920) o Wenceslao Sandino Groot (c1830-c1907), seis ilustres profesores naturalistas de formación lograron con su participación ampliar el contexto en el que se debían resolver las discusiones médicas y científicas de la época, tal y como se podrá constatar en las detalladas biografías de los miembros médicos y no médicos que ha venido recopilando nuestro expresidente Zoilo Cuellar Montoya en su magnífica obra que incluye ya más de 130 años de la Academia.

Fueron ellos: Francisco Montoya (1850-1922), Francisco Nepomuceno Azuero1, Carlos Michelsen Uribe (1850-1930), Nicolás Sáenz Pinzón (1850-1907), Carlos Balén Ricaurte (1845-1909) y Luis María Herrera Restrepo (1838-1909).

Al cumplir la Academia su primer centenario, solo dos nuevos naturalistas serían recibidos en calidad de Miembros de Número en la que se llamó a partir de 1891 Academia Nacional de Medicina:

Se trataba del profesor Antonio María Barriga Villalba (1890-1986), quien figuró además como miembro fundador de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, y del Departamento de Química en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, y del doctor Guillermo Muñoz Rivas (1908-1989), quien se especializó en microbiología en Francia y Alemania después de estudiar ciencias básicas en la Universidad Nacional. Quisiera entonces dedicar esta ponencia, en primer lugar, a la memoria de los académicos-naturalistas del siglo XIX y a la de los profesores naturalistas a mediados del siglo XX en la Facultad de Medicina de la Universidad Universidad Nacional.

Pero quiero dedicarla también, muy especialmente, a la memoria de mi padre, Carlos Gómez Vesga (1927-1990), quien fue también alumno del profesor Barriga Villalba en la Nacional, antes de darse cuenta de que tenía “química” con mi madre Martha Gutiérrez Bessudo (1937-), hoy presente. En realidad debería ser él y no yo quien recibiera este honor de reabrir la presencia formal y explícita de académicos de las ciencias no médicas en calidad de Miembro Correspondiente en el seno de la Corporación, pues fue el primer laboratorista clínico condecorado con el máximo honor de su especialidad en Colombia de manos del presidente Carlos Lleras Restrepo: la medalla Federico Lleras Acosta. No tengo duda que mi presencia en este podio se debe en gran parte a la inercia positiva que imprimió mi padre en mi propia vida profesional.

Pasemos ahora a la presentación formal de la obra Medicina científica mutisiana, que fue publicada gracias a la generosidad de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana y de la Academia Nacional de Medicina.

Después de la aguda Presentación del padre Vicente Durán Casas S.J., nuestro vicerrector, y luego del muy ameno Prólogo, que amablemente aceptó escribirnos una vez más el académico Efraím Otero-Ruiz, nuestro prologuista oficial, viene la Introducción en donde referimos el hallazgo del primer documento inédito –motivo de este libro–, en los siguientes términos:

“En una de nuestras primeras visitas de los viernes al Archivo Histórico Javeriano en busca de fuentes para el estudio de la ciencia de los jesuitas en la Colonia, guiados por Alma Nohra Miranda y Myriam Marín Cortés, tuvimos la fortuna de encontrar entre los distintos fondos que se conservan del siglo XIX, expedientes correspondientes al fondo Camilo Torres Tenorio (1766-1816), recibidos por el Archivo para su custodia en razón a su calidad de documentos históricos. Estos documentos procedían de la Biblioteca General de la Universidad, y hacían parte de una colección del Padre José Rafael Arboleda Cabrera, S.J. (1916-1992), que contenía diferentes escritos personales del prócer Camilo Torres y otros manuscritos institucionales de las postrimerías de la Colonia.

Nos atrevemos a suponer hoy, con base en estos antecedentes, que Torres, el insigne autor del Memorial de agravios (1832) dejó en poder de su familia los papeles que había reunido en el curso de su vida pública y privada, y que conservaba con el rigor de quien fuera calificado para la posteridad como “el verbo de la revolución”. Entre dichos papeles se encuentra registrada una gran variedad de tópicos, y solamente uno entre todos ellos trata del tema científico médico, lo cual podría explicarse con varias hipótesis, aunque la primera que salta a la mente, es que le llegara a través de su primo naturalista, Francisco José de Caldas y Tenorio (1768-1816), cercano colaborador de Mutis, quien correría la misma suerte de Torres en el fatal año de 1816 frente a las tropas españolas. Este documento manuscrito inédito lleva por título:

Memoria Académica / a cerca de la irritabilidad de los nervios / Leyda en la junta de 1ro de Henero / del año de 1760 / Por Don Joseph Celestino Mutiz / Para alcanzar la plaza de médico de número / en la sociedad de nuestra Señora de la esperanza / Establecida en esta corte

El manuscrito, en perfecto estado de conservación, correspondía a la primera parte de la Memoria científica que José Celestino Mutis y Bosio (1732- 1808) había presentado en Madrid antes de viajar a nuestras tierras.

La presentación de esta tesis podría haber habilitado a Mutis para ejercer con mayores pergaminos como médico en la Corte, lo cual pudo haber incidido, en particular, para que acompañara en calidad de médico personal a Pedro Messía de la Cerda (1700-1783), II Marqués de la Vega de Armijo y Teniente General de la Real Armada, en sus funciones de Virrey, Gobernador, Capitán General y Presidente de la Real Audiencia del Nuevo Reino de Granada, a partir de ese mismo año de 1760.

Compuesto por 16 folios cosidos, y desafortunadamente incompleto puesto que termina abruptamente en el folio numerado 59v, el documento incluye una profunda reflexión sobre una cualidad de los seres vivos que se ha confundido tradicionalmente con la sensibilidad nerviosa y que en realidad corresponde a una función diferente y, diríamos, complementaria –si no precursora de ésta–: la irritabilidad.

El hallazgo de esta Memoria inédita nos llevó a indagar en diferentes fuentes secundarias sobre la trayectoria médica de Mutis, y así quisimos dejar ordenados en la presente obra nuestros hallazgos con el fin de compilar lo relativo a una dimensión del sabio relativamente desconocida en nuestro medio: la de la medicina científica mutisiana.


1 Podría tratarse de Francisco Azuero Montero (1846-c1920), hijo de Evaristo Azuero Gómez y de María Montero Azuero, quien casó con Amalia Arenas Mutis (con descendencia).

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