Miembro Correspondiente Doctor Eduardo De Zubiría Consuegra

Alfredo Jácome Roca1

Doctor Eduardo De Zubiría ConsuegraEduardo De Zubiría Consuegra, académico recientemente fallecido, fue internista-alergólogo, Profesor Emérito en el Hospital Universitario de la Samaritana y Profesor Titular de Medicina Interna de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana, en Bogotá, Colombia.

Quienes fuimos sus discípulos, lo recordamos como un gran docente de la Medicina interna, una persona distinguida y caballerosa, de clara dicción, que hizo parte esencial del Hospital de la Samaritana, donde inicialmente asistimos los estudiantes de la Javeriana.

De los profesores se aprende, además de la información, su manera de actuar, sus gestos característicos, sus dichos y consejos. En Eduardo, como en Roberto su hermano (a quien llamaba “Rober”), era usual terminar una frase con la palabra “oye”. Sin embargo, los dos eran de talantes diferentes.

En cuanto a sus enseñanzas y la información transmitida, recuerdo que en el Hospital de la Samaritana estudiamos el caso de un paciente con fibrilación auricular, a partir de él nos indicó que si en estos casos se toma el pulso y se ausculta el corazón al mismo tiempo, se puede observar que algunos de los latidos no se traducen en una pulsación. Nos enseñó a realizar una historia clínica detallada (que podría tomar hasta una hora).

La semiología era tan importante en aquellas épocas, que a la mate- ria se le dedicaba un semestre completo de rotación hospitalaria. Era famoso el texto de “los argentinos”, con 12 volúmenes. En este siglo XXI, la brevedad de la consulta y la tecnología diagnóstica han desplazado las habilidades clínicas.

Eduardo, o “el Mono”

Era bogotano como su hermano, pero con raigambre cartagenera (“cartacachaco”) y de origen vasco. Fue uno de los fundadores de la alergología y la inmunología en Colombia con su gran amigo y colega Mario Sánchez Medina, y con el académico Luis Caraballo, entre otros. Formado como internista, Eduardo De Zubiría aprendió a comprender y a tratar las alergias de manera autodidacta.

A pesar de su amplia trayectoria en la enseñanza de la asignatura, en sus últimos años la burocracia estatal quiso ponerle obstáculos a su ejercicio, exigiéndole un entrenamiento formal, enojoso asunto que Eduardo solucionó al presentar un examen de Estado que aprobó con gran solvencia.

Con su hermano Roberto, fue uno de los fundadores de la Asociación Colombiana de Medicina Interna (ACMI), de la que ambos fueron presidentes. Contribuyó enormemente a la organización de los primeros grandes congresos de Medicina interna, especialidad que enseñó con gran capacidad didáctica.

Fue aca­démico y también miembro de la Asociación Colom­biana de Alergia, Asma e Inmunología. Entre su pro­ducción escrita, se destaca el libro Asma Bronquial, de amplia consulta y que cuenta con varias ediciones en la Editorial Médica Internacional, de Buenos Aires. ­

Paralelamente a su labor médica, Eduardo fue aficio­nado al cultivo de las flores. Durante su año rural -en La Cruz, Nariño– selló su afición por la jardinería: Me quedé en una casa con un patio grande y como era una región agrícola, vendían semillas de toda clase.

Eduardo y la Jardinería

Compré unas de amapolas y, como eran tan chiquiti­cas, yo las sembraba en cajitas y las regaba con una jeringa para que no se hundieran”, dijo para una en­trevista en el diario El Tiempo.

Cuando se convertía en uno de los alergistas más reconocidos del país, su pre­dilección por las flores también se iba puliendo. Leía libros especializados y perfeccionaba su técnica. Las dalias fueron sus flores favoritas.

Tuve la fortuna de tratar al académico De Zubiría des­de 1960, primero como profesor y luego como colega, cuando participamos en varios congresos de Medicina interna y fuimos conferencistas en cursos regionales; finalmente, también departimos como académicos de Medicina.

Perteneció a una generación de pioneros, que sin desligarse de sus virtudes y conocimientos clí­nicos generales, incursionaron en las subespecialida­des.

Su legado intelectual es importante para el país, no solo por sus aportes en los diversos congresos y en la ACMI, creada para fomentar y mantener la idonei­dad y calidad en el ejercicio del especialista, sino tam­bién por su ejemplo de bonhomía y humanismo.

En la especialidad médica de la alergología, lo suceden sus dos hijos, con quienes ejerció conjuntamente por mu­chos años.


1 MD. Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina y Editor Emérito de la Revista Medicina. Bogotá, Colombia.

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