In Memoriam Antonio Reales Orozco (1917 -1997)

Académico Efraím Otero Ruiz, M. D

Antonio Reales OrozcoPara la academia Nacional de Medicina, en su ámbito más nacional, constituye motivo de sincera condolencia la desaparición, el pasado 23 de febrero, del Académico de Número Dr. Antonio Reales Orozco. Nacido, criado y educado en Barranquilla, el Dr. Reales Orozco se graduó de médico de la Universidad Nacional en 1944 y desde entonces se orientó por la Psiquiatría, especialidad que ejerció por más de cincuenta años.

Además de haber ocupado por varios años la dirección de diversos frenocomios de hombres y de mujeres en su ciudad natal, fue fundador, codirector y copropietario de la Clínica Psiquiátrica del Atlántico, institución privada en que durante más de treinta años prestó destacados servicios a toda la región de la costa atlántica.

Ingresó como Miembro Correspondiente en 1983 con el trabajo “El hombre y las ciencias del comportamiento” para posteriormente, en 1986 ascender a la categoría de Miembro de Número con su trabajo “Estudio de mil casos médico-psiquiátricos” que recibió calurosos elogios del ya desaparecido Académico Profesor José Francisco Socarrás.

Retirado del ejercicio activo de la profesión se dedicó, a partir de ese año, a investigar temas históricos de trascendental importancia que publicó en dos libros, cuyas presentaciones formales se hicieron en el recinto de la Academia: uno, en 1988, titulado Bolívar frente a los médicos y la medicina, en que hace un profundo análisis psicológico de la desconfianza que sentía el Libertador hacia los médicos y analiza la trayectoria de aquellos galenos ejemplares que lo acompañaron en la última etapa de su vida, cuando viaja de Bogotá hacia la costa del Caribe para ir a morir finalmente en la Quinta de San Pedro Alejandrino.}

El otro, titulado Santander; fundador del Estado Colombiano trazó, en 24 vigorosos capítulos, que van desde el nacimiento hasta la enfermedad y muerte del General Francisco de Paula Santander, lo que fue la vida de un admirable personaje todavía muy discutido, a quien se atribuye sin lugar a duda la fundación civilista de nuestro estado, logrando en sus páginas una especie de psicobiografía que ofrece un enfoque humano del prócer, en toda su trayectoria vital, que culminaría con los avatares y desengaños de su edad madura. Ese
trabajo fue justificadamente elogiado por su prologuista, el distinguido historiador y Académico de la Historia Dr. Antonio Cacua Prada.

Fallece, pues, el Académico Reales Orozco en plena productividad literaria y cuando de su pluma se esperaba dos o tres trabajos más con los que viniera a enlucir las sesiones de la Academia Nacional de Medicina, la que siempre visitaba, a mediados o a finales de cada año, acompañado de su dignísima esposa, doña María Conde de Reales Orozco, a quien la Academia extiende, junto con sus demás familiares, las manifestaciones más sinceras de solidaridad y de pesar por la desaparición de uno de los más ilustres y cordiales de sus miembros.

Efraím Otero Ruiz, M.D.

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