XIII. Psicologia de la vida cotidiana

(Hechos psíquicos, azar determinista y el inconsciente)

Introducción

Los hechos que a continuación traigo se basan en los trabajos de S. Freud, en especial los que parecen en la obra “Psicopatología de la vida Cotidiana” (1901) y otros de mi experien­cia. Fácilmente el lector se dará cuenta cómo el título que propongo no se refiere a lo “psico­patológico” sino más bien a “lo cotidiano” del ser humano en su psicología en que participan el conciente y el inconsciente, el azar y el determinismo.

Psicología de la vida cotidiana y el azar determinista

¿Qué entendemos por la psicología de la vida cotidiana? La respuesta se refiere a lo que la persona vive a diario de acuerdo a su género, edad, desarrollo, capacidades, motiva­ciones e intereses; es así como el sujeto inicia su despertar y luego con el arreglo personal en general y después del desayuno o va al estudio, al trabajo cualquiera que este sea hasta volver a su hábitat. En la cotidianidad incluimos las relaciones interpersonales especialmente con los familiares (padres, hijos, hermanos, primos, tíos, abuelos, amigos, parejas); obsérvese que en estas relaciones “se puede observar la proyección de los vínculos” afectivos primarios o secundarios en los personajes de la vida cotidiana (maestros, jefes, compañeros, etc.) repi­tiéndose en ellos positiva o negativamente vínculos afectivos; cotidianamente observamos que el sujeto se desplaza de un lugar a otro, luego se recrea, descansa y se entrega al sueño y en medio toma sus alimentos solo o acompañado.

En todos hay diferentes momentos nuevos y otros de rutina, y, siempre está la mente actuando con el “estímulo-respuesta”; y, aquí aparecen muchos hechos que se suceden au­tomáticamente (automatismos y funciones fisiológicos, psicológicos y sociales) y otros que están determinados, pero que no se es consciente de ello o que pueden ubicarse dentro de las categorías del azar, mas cuando en la vida cotidiana siempre está presente el azar, a la vez que el determinismo. Si bien la vida social, la cultura ha tenido la tendencia al orden, a la rutina, al trabajo programado para la supervivencia, y al mismo tiempo participa la auto-conservación acompañada de los mecanismos ya dispuestos de autocontrol, autorregulación para el orden biopsicosocial con diferentes actos. En estos actos puede haber errores en la senso-percepción en el pensamiento, en la visión, en la lectura, en la escritura y aún en la misma conducta organizada o en la marcha (cualquiera da un tropezón) más cuando existen innumerables e inundantes estímulos respuestas que el sujeto aprende y debe seleccionar; es por esto por lo que denominamos a los errores verbales “lapsus linguae” y a los de escritura “lapsus calami”, a los de pensar “lapsus pensare”, al de hacer “lapsus facere”; siempre al ser le acompaña alguna falla o error en su vida cotidiana.

Sigmund Freud de 1886 a 1898 ya había publicado 20 obras en las que se había consigna­do la temática sobre “La Hemianestesia en un histérico”, “La Histeria”, “La Hipnosis”, “El Tratamiento Mediante Hipnosis”, “Una teoría de los ataques histéricos” y “Un estudio com­parativo de los mismos con sus fenómenos”, “Las neuro-psicosis de defensa”, “El proyecto para una psicología científica” en donde hace una conexión con las neurociencias, “La neu­rosis de angustia”, la herencia en “La etiología de las neurosis”, “Las obsesiones y fobias”, “El estudio sobre la histeria” y “Críticas a las neurosis de angustia”, “Un caso de paranoia crónica”, y “La sexualidad en la etiología de la histeria y de las neurosis”. Así se llegó al año 1898 en que escribió El mecanismo psíquico del olvido, para luego en años siguientes “Recuerdos retrospectivos”, la Interpretación de los sueños”, “Nota autobiográfica y sobre los sueños”, entre otras obras. De tal suerte llegó al año de 1901 cuando publicó la obra: Psicopatología de la vida cotidiana. Traigo esta secuencia temática de Freud para que el lector comprenda cómo la mente de aquel genio iba evolucionando y cambiando, cada vez más profundamente, en la concepción de los mecanismos psicopatológicos y fue así como concibió la explicación de los síntomas. Sin embargo, al título de este capítulo en ésta obra presentada le he dado el nombre “Psicología de la vida cotidiana”, pues si bien considero que Freud partió de la patología para explicar el pathos”, lo anormal, el trastorno, el desor­den, los errores, también los incluyo en la cotidianidad.

Personalmente pienso que la “vida cotidiana” está plena de aciertos, y desaciertos, nor­malidades y anormalidades, equilibrios y desequilibrios, dudas y certezas, fallas y éxitos, verdades y mentiras, comprensión e incomprensión, lo completo y lo incompleto, compatible e incompatible, lo cómodo e incómodo, lo conocido y lo incógnito, las ordenaciones y des­ordenaciones; esto nos lleva a pensar que la mente continuamente vive en una dinámica de simetría, asimetría, equilibrio y desequilibrio que ya está enunciado en otras partes de esta obra; sin embargo, transcribo los tres primeros párrafos de la obra ya citada en su primer capítulo “El Olvido de Nombres Propios” (Hace 110 años): “Psicopatología de la Vida Co­tidiana 1900-1901 [1901]. Sigmund Freud. “Nun ist die Luft von solchem Spuk so voll, Daß niemand weiß, wie er ihn meiden soll”, cuya traducción podría ser esta: “actualmente está el aire tan lleno de tales apariciones (fenómenos) que nadie sabe cómo poder evitarlas”.

I. –Olvido de Nombres Propios

Sigmund Freud escribe:

En el año 1898 publiqué en Monatsschrift für Psychiatrie und Neurologie un pequeño trabajo, titulado «Sobre el mecanismo psíquico del olvido», que quiero reproducir aquí, utilizándolo como punto de partida para más amplias investigaciones. Examinaba en dicho ensayo, sometido al análi­sis psicológico, un ejemplo observado directamente por mí mismo, el frecuente caso de olvido tem­poral de un nombre propio, y llegaba a la conclusión de que estos casos de falla de una función psíquica -de la memoria-, nada gratos ni importantes en la práctica408, admitían una explicación que iba más allá de la usual valoración atribuida a tales fenómenos.

“Si no estoy muy equivocado, un psicólogo a quien se pregunta cómo es que con mucha frecuen­cia no conseguimos recordar un nombre propio que, sin embargo, estamos ciertos de conocer, se contentaría con responder que los nombres propios son más susceptibles de ser olvidados que otro cualquier contenido de la memoria, y expondría luego plausibles razones para fundamentar esta preferencia del olvido; pero no sospecharía más amplia determinación de tal hecho.

“Por mi parte he tenido ocasión de observar, en minuciosas investigaciones sobre el fenómeno del olvido temporal de los nombres, determinadas particularidades que no en todos, pero sí en muchos de los casos, se manifiestan con claridad suficiente. En tales casos sucede que no sólo se olvida, sino que, además, se recuerda erróneamente. A la consciencia del sujeto que se esfuerza en re­cordar el nombre olvidado acuden otros -nombres sustitutivos- que son rechazados en el acto como falsos, pero que, sin embargo, continúan presentándose en la memoria con gran tenacidad. El proceso que os había de conducir a la reproducción del nombre buscado se ha desplazado, por decirlo así, y nos ha llevado hacia un sustitutivo erróneo. Mi opinión es que tal desplazamiento no se halla a merced de un mero capricho psíquico cualquiera, sino que sigue determinadas trayecto­rias regulares y perfectamente calculables, o, por decirlo de otro modo, presumo que los nombres sustitutivos están en visible conexión con el buscado, y si consigo demostrar la existencia de esta conexión, espero quedará hecha la luz sobre el proceso y origen del olvido de nombres.”, (Sigmund Freud, 1901), (409).

Nótese en este escrito cómo se llega a la conclusión sobre “la función psíquica de la memoria”, puesto que con “frecuencia no recordamos un nombre propio…” debido a razones que se asocian con el sujeto y a la vez con los hechos que conllevan el fenómeno del olvido; este último a la vez, pertenece a lo cotidiano y también a fallas en los registros numéricos (memoria); sin embargo no todo es claro puesto que aparecen las deformaciones; de tal ma­nera “no sólo se olvida, sino que además se recuerda erróneamente…” (Aquí me atrevo a sugerir que el error puede conllevar una determinación, es decir, una indicación errónea para recordar), lo que significa que la consciencia selecciona, elige y se esfuerza por recor­dar lo que le conviene psicológicamente y por ende aquello para lo cual dispone de mayor número de conexiones interneuronales; sin embargo, “he ahí el proceso y origen del olvido de los nombres”, según la obra citada, a la vez que un determinismo psíquico y la presencia del azar para elegir y/o seleccionar un nombre o parte de él para sustituir el otro original, el cual se olvida. De esto podemos concluir cómo en lo cotidiano presenta la falla o el error humano que se vuelve o convierte en una habitualidad, sin considerarlo en la clase definitiva de la psicopatología.

Además como ya se muestra atrás todos estamos sujetos al olvido y a los avatares de la memoria, determinada esta por mecanismos físico-eléctricos y sus diferentes procesos. Si bien la hipótesis de Freud de hace aproximadamente más de 100 años, es que en el proceso del recuerdo correcto o incorrecto pueden participar mecanismo de desplazamiento y a la vez, la mente no deja a la selección psíquica arbitraria, sino que sigue caminos que pue­den ser predeterminados y que conforman sus leyes. De esto podemos también concluir que existe cierta disposición especial para olvidar, para abolir o suprimir recuerdos y establecer asociaciones externas por desplazamiento, negación o sustitución, acelerando o frenando al­gún proceso o mecanismo y seleccionando otro; es así como el mismo Freud nos trae en su capítulo segundo de la obra: “el olvido de las palabras extranjeras”, en donde se encuentran “perturbaciones funcionales por fluctuaciones sobre el control de nuestro caudal de palabras extrañas”.


408 La negrilla es mía
409 La negrilla es mía368 Azar Determinista. El Lazo del Destino 

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