Principios Básicos, Psíquicos, Físicos y Campos de Fuerza

Muchos de los textos que a continuación aparecen son traídos de la obra: “El psicoaná­lisis y la teoría de la complejidad”, (2002), pues los considero fundamentales para tenerlos en cuenta con el fin de que estos conceptos puedan utilizarse para analizar fenómenos con diferentes perspectivas científicas sin referirme a los principios ya postulados; de tal manera el o los fenómenos estudiados estarán bajo cierta cosmovisión. De tal forma en psicoanálisis y en física consideramos los siguientes principios básicos que operan con y en distintos campos de fuerza:

1. El “principio de constancia”, cuyo fundamento teórico es el del principio de placer y el de tener el nivel de excitación de la energía constante, a la vez que el de bajar la tolerancia de la frustración. Este principio de constancia se opone al flujo libre de energía y se compara y/o relaciona con el segundo principio de la termodinámica, que equivale al principio de esta­bilidad de Fechner y a la homeóstasis de Carnot; podría además asociarse al principio de con­servación. “El principio de constancia guarda estrecha relación con el principio del placer, en la medida de que el displacer puede considerarse, desde un punto de vista económico, como la percepción subjetiva de un aumento de tensión, y el placer como la disminución de dicha tensión(Laplanche, Pontalis, 1971). (Muy posiblemente este principio opera en lo expuesto en los párrafos que anteceden). A finales del siglo XIX los medios científicos ad­mitían cómo en la psicología y en psicofisiología operaban los principios más generales de la física, en la medida en que tales “principios se hallan en la base de toda ciencia”. El mismo Freud se pronunció en el sentido de que con la palabra “constancia… puede entenderse la cosas más diversas”. Al aplicar a la psicología el principio de conservación de la energía, “en un sistema cerrado, las sumas de las energías permanecen constantes”; “…una energía psí­quica o nerviosa, cuya magnitud no varía de distintas transformaciones y desplazamientos” puede someterse a este principio y a la vez a los hechos psíquicos en lenguajes energéticos. Este “principio de constancia, puede interpretarse en el sentido de una autorregulación, que permite mantener constante su nivel energético, con respecto al ambiente”. Según el mismo Freud, “el aparato psíquico tiene la tendencia a mantener más baja posible la cantidad de excitación existente… o, por lo menos, mantenerla constante”, (84).

Breuer, (1895), por su parte, consideraba una energía de “excitación tónica intercerebral y otra cinética que circulaba”. Freud en el “Proyecto de psicología científica, (1895), se refirió al principio “de inercia neuronal, en virtud del cual las neuronas tienden a vaciarse de la cantidad de excitación a evacuarla por completo”; el flujo total de energía psíquica y la evacuación eran para Freud sinónimos y eran asimilados al principio de excitación o principio de displacer; luego el placer sería, como se enunció anteriormente, equivaldría a la disminución de la tensión. Actualmente todos estos conceptos se conectan con la química cuántica de la biología molecular y obviamente con los neurotransmisores y neurorecep­tores; así mismo la búsqueda y el hallazgo del placer implican una mayor producción de organizaciones proteínicas y a la vez defensas inmunológicas y por ende mayor posibi­lidad de vida. A nivel del psiquismo los procesos primarios y secundarios inconscientes y conscientes suponen el desplazamiento indefinido de las significaciones en un flujo totalmen­te libre del total de excitación o de una ligazón, regulada en cierta forma, para mantener y res­tablecer límites al nivel energético de las partículas cuánticas y sus funciones de onda. Toda esta temática se desarrolla en la obra citada (85). En este principio de constancia interviene el “principio de nirvana” el cual se refiere a la tendencia de reducir la excitación de origen interno o externo y la “constancia” a “cero”; este último, equivaldría al principio entrópico que conlleva el de Carnot, en el que hay una “entropía absoluta”, y en donde no puede haber cambio. De tal manera de un principio se llega a otro. Este último principio conlleva la ten­dencia de la pulsión de muerte.

2. El “principio de inercia” (86). “Lo que Freud traduce en términos de libre circulación de energía, en las neuronas, no es más que la transposición de su experiencia clínica”. Este principio es también de “descarga de la excitación” que produce tendencias a evitar toda excitación. 3. Por su parte, funciona otro principio y es el de la “pulsión a la repetición” (87), como otro principio inconsciente y de la naturaleza en general, el cual es un instrumento del tanatos y es el que produce la repetición sin recordar (acting– actuación) y repetición para reparar y del desorden volver al orden y así sucesivamente (88). 4. El principio de “placer displacer” conlleva específicamente la descarga y no la realidad; esta está regulada por el afuera (entorno). 5. El “principio de realidad” lleva a la adaptación, la que está al servicio de Eros. 6. Dentro de todos los sistemas biopsíquicos existe otro principio el de “autoregulación y autoestabilización”, pues son sistemas abiertos que se autorregulan por la necesidad de y para establecer un equilibrio dinámico, y, por lo tanto un orden cambiante, con lo cual se hace evidente el principio de conservación y constancia.

Todos estos principios: “realidad, placer-displacer, compulsión a la repetición, inercia, nirvana, constancia, auto regulación, auto organización, y auto estabilización”, van a pro­ducir un dinamismo psíquico. Habría que pensar si todos estos principios inconscientes, que participan en funciones reguladoras de las tendencias y energías, son a la vez fuerzas o anti-fuerzas, energías o anti-energías o solamente son funciones de las mismas fuerzas y antimate­ria, que a la vez provienen de los tres campos de fuerzas (con cuatro fuerzas: gravitacionales, electromagnéticas, nucleares débil y fuerte) y materias observadas (observables y compro­bables) en el funcionamiento del universo y en lo que se fundamentan los modelos sobre la concepción del universo. Estos campos son “nucleares”, “electromagnéticos” y “gravitacio­nales”, y producen energía y movimiento (89). El primero, “el nuclear”, es producido por rupturas de fuerzas nucleares duales como una energía externa; en estas fuerzas nucleares actúan en distancias muy pequeñas y son inversamente proporcionales a la distancia; aquellas funcionan a la vez como repulsión y atracción de subpartículas en el micro espacio y se de­bilitan en el espacio, en partículas más grandes; este campo soporta el modelo de las fuerzas electromagnéticas pero funciona también como una explosión-expansión, defusión y fusión de fuerzas.

El segundo campo, el “electromagnético”, está asociado por cargas de partículas posi­tivas y negativas; aquí están incluidas todas las radiaciones; es un observable, dual, y es una consecuencia de las fuerzas electromagnéticas que actúan como campo y lo define; su con­secuencia es la formación de cuerpos, moléculas-especies, separados unos de otros; sin estas fuerzas, todo sería un plasma como un huevo y de ahí también la diferenciación de las molé­culas y de las especies; estas fuerzas limitan con las fuerzas nucleares y forman o producen el estado molecular y la diferenciación del plasma y de los objetos individuales (Hawking, S. W., 1992; Guth, A.H., 1999).


84 Op. cit., Laplanche, Pontalis, 1971
85 Ver obra: Cerebro-mente” (El pensamiento cuántico), 2009, G. Sánchez Medina y J. Márquez Díaz.
86 Op. cit., Freud, S., 1895
87 Esta pulsión se convierte en compulsión, es decir, es algo que se necesita repetirse; personalmente pienso que si bien la mayoría de las veces está al servicio del instinto de muerte (tánatos), a la vez, puede ser o es utilizado por el instinto de vida para reproducirlo o para integrar objetos lo que significa también, para re­pararlos.
88 Este último concepto puede operar también en los diferentes procesos psíquicos, en las estructuras, siste­mas, y posiblemente esté interrelacionado con las funciones del Yo Corporal y con las nociones de témporo espacialidad interna y externa, antes o después de lo inmutable. Por ejemplo, en el recordar se repite la vivencia o bien para satisfacción de la misma o con el fin de repetir el recuerdo traumático y así evacuarlo o resolverlo; sin embargo se puede recordar por la tendencia a la necesidad de sufrir (masoquismo) o como ya se mencionó para volver al estado inicial anterior o por la operancia de los principios de constancia e inercia o autorregulación.
89 Cuando nos referimos a energía y movimiento, debemos mencionar las tres conocidas y ya men­cionadas leyes de la termodinámica. La primera ley enuncia que la “energía” ni se crea ni se des­truye y sólo se transforma en el universo; de ahí el principio de conservación o constancia de la energía, la que involucra a todas las formas de energía conocida (térmica, gravitacional, magnética, cinética, nuclear, potencial, o energía química); aquí valdría la pena preguntarse si se puede incluir la energía psíquica, de la cual se ocupa la obra: Cerebro-Mente (2009) y “El psicoanálisis y la teoría de la complejidad”, 2002.. Se llama magnitud de energía a la energía total o a la energía interna del sistema. A escala molecular la energía interna, sigue siendo la suma de las energías cinéticas y potenciales, de todas las partículas que constituyen el sistema. La energía interna es una función perfectamente definida del estado del sistema, como son la presión, el volumen y la temperatura. (Mc Donall, B., 1976). Cuando hay un intercambio de energía entre un sistema y su entorno, la energía total final para el universo (el sistema y su entorno) es igual a la energía total inicial, (para el universo es todo el sistema (s) y su entorno (s)). La segunda ley de la termodinámica (enunciado de Kevin – Planck) parte del principio de Carnot y de la entalpía que se refiere a que en el intercam­bio de calor entre un sistema y sus alrededores se produce un equilibrio; sin embargo, para que haya un intercambio de calor debe producir un trabajo; el trabajo se convierte en calor y a mayor calor mayor entropía” que es la medida de desorden. Nos referimos a trabajo como a la energía que es transferida mediante un proceso mecánico. Para que haya trabajo se requieren de diferencias de temperaturas. En esta ley se contempla la ley absoluta y la ley cedida, que tiende o equivale a cero; de ahí viene la “ley cerode la termodinámica, base de las dos anteriores leyes. La ley cero de la termodinámica es igual al equivalente térmico de dos o más sistemas cuando entran en contacto se igualan las temperaturas o sea se produce un “equilibrio térmico” con un tercer cuerpo (R. H. Fowler, 1995), (Ayuso Martínez, L. E., 1995). La tercera ley de la termodinámica se refiere a que “la entropía de una sustancia pura se acerca a cero, conforme a la temperatura se aproxima la tempe­ratura de cero absoluto”. En este caso la entropía pura, es el equilibrio termodinámico que tiende a cero o al cero absoluto. Todas estas leyes se aplican en todos los sistemas reversibles y a todo el universo, y he aquí el planteamiento de la teoría de la complejidad y caos; entre más entropía, más complejidad y más tendencia al caos y al punto cero (Badii, R., y Politi, A).
A la vez, cuando hablamos de conservación de energía, lo hacemos con respecto a las funciones reguladoras, al servicio de tendencias y energía, unas de conservación y otras de transformación de la misma. La teoría de la relatividad de Albert Einstein comprende un “intercambio entre energía y masa; este intercambio es importante sólo para velocidades del sistema que se aproximan a veloci­dades de la luz, y para algunos otros casos, como la conversión de masa en energía en una relación nuclear”. Estas excepciones reciben en ocasiones el tratamiento especial en termodinámica, y no son analizados en esta obra. “Un enunciado de la conservación de masa apropiado para la termodinámi­ca clásica se refiere a que la masa no se puede crear o destruir sino que se conserva para el universo (sistema más entorno) en todos los procesos” (Russell LD., Adebiyi, GA., 1997; Einstein, A., 1983).
Todo este conjunto de leyes nos hacen pensar no solamente en energía, movimiento, calor, trabajo, sino en fuerza, instinto, relacionados también con los principios básicos de los modelos psicoanalí­ticos, como estructura, compulsión a la repetición, inercia, principio de placer-displacer, primera y segunda tópica o espacios mentales, cargas, contra cargas, retiro de las mismas, represión. Todo este uso de términos y sus referentes, significados y significantes, con sentidos iguales y diversos aparecen en toda la literatura psicoanalítica, y, de una u otra manera nos hacen referencia a los prin­cipios físicoquímicos que obviamente están interrelacionados con lo psíquico, o con las energías psíquicas: libido, tanatos.
¿Qué importancia más tiene la teoría de la relatividad de Einstein en su fórmula E = mc²? La res­puesta reside en que si bien hay diferentes clases de energía, ya mencionadas, y la masa a que se refiere la física pertenece más a lo cuántico y a la velocidad de la luz al cuadrado, nos refiere a un movimiento, que en el caso de lo psíquico todavía no está cuantificado, más sí hemos avanzado en su cualificación que está explicitado en las obras citadas. Recomiendo al estudiante tener en cuenta este texto cuando nos referimos a la teoría de la complejidad y caos, al funcionamiento cerebro-mente y al comportamiento del azar y el determinismo. (“Psicoanálisis y la teoría de la complejidad”. 2003; “Cerebro Mente. El pensamiento cuántico”, 2009)

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