Conceptos de Poder Natural (físico cuántico) y Sobrenatural relacionados con Dios y el Destino Humano

En resumen podríamos concluir que nos encontramos con el concepto y evidencia de la materia, la energía, el movimiento, a la vez con el concepto de espacio y tiempo; entonces, ¿dónde cabe aquí el espíritu y el alma? La respuesta es que éstos últimos son conceptos que implican sensaciones organizadas en que opera la fórmula Einsteniana E=mc², (en donde E=energía, m=masa, y c2= velocidad de la luz). Por lo tanto energía-masa se alternan en la función con la luz, y aquellas (alma-espíritu) son expresiones en donde se centra la vida (ánimus), que anima y tiene espíritu (principio vivificante de la sensopercepción que da fuerza). Lo concluyente es el concepto todavía no resuelto e incomprensible del espacio-tiempo-energía, eternos de donde todo proviene y es a lo que se le denomina Dios. (Ver obra en elaboración: “Ciencia Magia y Pensamiento”)

De tal manera, si científicamente es imposible sostener que la vida, la inteligencia, la consciencia, la voluntad o el libre albedrío hayan podido surgir por azar o aconteci­mientos aleatorios; por lo expuesto se podría concluir que todas las cadenas de causas pueden tener dos vertientes una que llega a lo que la mayoría considera Dios y otra que no. La primera es fácil de concebirla, pensarla o creerla, la segunda es una in­cógnita, más cuando se llega a una conclusión que el universo es su propia causa; he aquí otro facilismo. La respuesta a esto, es que nada es preciso y todo es preciso. He aquí la contradicción del todo y la nada. Así también llegamos a la serie de constantes y paradojas del universo conocido, las de Planck, las de Boltzmann, a los “principios de la relatividad” de Einstein, (relación de la gravedad con estructuras del tiempo-espacio), “de incertidumbre o indeterminación de Heisenberg”, (dos partículas no se pueden medir simultáneamente en la misma posición y velocidad), de “Exclusión” de W. Pauli (Dos partículas no pueden existir en el mismo estado pues se excluyen) o del principio de la “función reguladora consciente e inconsciente de Freud”. En todo esto existen valores de cuantificación y la posibilidad de construir ecuaciones y estadísticas complejas; sin embargo, como ya conocemos, no todo es reducible a la matemática. Así encontramos principios y conceptos básicos de las ciencias: (materia, energía, fuerza, movimiento, tiempo, espacio, principio y fin). A la vez que participan los campos de fuerzas conocidas, atómicas nucleares (débil y fuerte), electromagnéticas y gravitacio­nales. El hombre para llegar a todo esto requirió de millones de años (513).

Todo esto nos lleva a una conclusión: no hay lugar para casualidad, para el azar; sin embargo, el universo está condenado a extinguirse514: entonces, ¿todo esto para qué (estamos-somos-existimos)? ¿Para nada? La respuesta está explicita: para pasar por este pequeño tránsito universal que llamamos vida terrenal consciente e inconsciente. Así mismo pasa con las fluctuaciones cuánticas que requieren sus leyes a las cuales también le podemos dar la connotación y el nombre de Dios o el Todo y aún darle la connotación de un sujeto-objeto: Él, el Verbo (hacedor). Esto puede pertenecer a un reduccionismo ontológico, evidente, histórico, a la vez que explicativo humano.

Con todo esto, por ventura ¿podemos acaso afirmar que de la nada surge algo y de esta emerger la capacidad creadora?; ¿puede acaso tener la nada una necesidad lógica de existencia? Si existe la necesidad lógica ya es algo, y así también entramos a hacer conclusiones; de la misma manera, es ingresar al mundo de mayor incertidumbre o de negación y caer en los axiomas lógicos transitorios y así creer que si conocemos y sa­bemos del todo y la nada, implicaría estar en el campo de la omnisapiencia humana sin apoyo y evidencia científica, más cuando esta no se ha encontrado; de una u otra forma, estamos en el campo de lo humano y no de lo inhumano, sobrehumano o infrahumano. Sin embargo, aquí podemos hacer la presunción de que más allá de la tierra o de nuestro sistema solar, pudo y puede haber seres inteligentes, racionales más o menos desarrolla­dos, con distintos conceptos y creencias, con diferentes causas y efectos que por ahora son desconocidos con distintas formas de vida, de comunicación y organización, ¿por qué nos permitimos contemplar estas posibilidades? La respuesta la da el cálculo de probabilidades la cual nos lleva a esa “pregunta-afirmación”.

En conclusión llegamos a una no definición del principio de causalidad del uni­verso a pesar de todos los intentos de darle a las matemáticas el carácter absoluto y consistente explicativo, pues las matemáticas no pueden ser totalmente completas y consistentes; por lo tanto, la ciencia expresada en lenguaje matemático, nunca estará completamente concluida y no podrá explicarlo todo, así el científico Gödel concluye: “cómo en cualquier ciencia la ausencia de contradicción es indemostrable, pero sí presente, además ninguna ciencia tiene carácter absoluto, ni ninguna teoría del Todo puede justificar la existencia del universo y ésta hasta ahora no está encontrada y es aún imposible porque sería comprender el Todo, lo que significa el infinito de los sis­temas formales de complejidad creciente”; más aún la ciencia absoluta tendría que ser infinita y por ahora la ciencia que parte del hombre es finita y solamente la infinitud es una posibilidad concebida por el hombre.

De otra parte, cualquier teoría nunca puede ser el final y la “teoría del Todo” no sólo no se ha encontrado sino que puede estar condenada al fracaso por razones de consis­tencia lógica; he ahí una quimera. Por todo lo expuesto, el universo no puede explicarse a sí mismo y lo que se busca fuera de él (el universo), es a lo que se llama o contiene el concepto Dios; sin embargo, puede caerse en la misma falacia en que Dios no puede explicarse así mismo o lo contrario. Buscar una explicación por fuera del principio de causalidad del universo, esto ya es una determinación muy humana, como una necesi­dad de la razón para ubicar la causa por fuera del objeto (universo). Así nos es más fácil y factible de comprender la constitución de la materia y las fuerzas energía productora o creadora omnipotente; al explicarlo como un supuesto sobrenatural no lógico, tras­cendente, más allá de cualquier razón explicativa entonces nos encontramos con que ese supuesto, ese ente, esa incógnita, esa fuerza creadora del Todo, eso viene a ser en realidad la creación inexplicable del Todo (Dios). Así se nos cierra cualquier tipo de cuestionamiento y así todo queda finiquitado con la explicación divina de Dios. Es así también como se llega a la creencia y a la fe. Es más fácil creer y tener fe que lo contra­rio515. La explicación queda cerrada, porque si Dios es omnipresente, sapiente y potente e infinito allí se ubica todo lo que no conocemos, más cuando es un “a priori”. De todo esto se concluye que la ciencia no puede explicar lo infinito y menos aquella (la ciencia) es infinita y no tiene argumentos para excluir o sustituir el concepto de Dios, del todo y la nada. De esto no se concluya que “ciencia y Dios” se contraponen sino más bien lo contrario pueden complementarse si aceptamos que el segundo (Dios) es un concepto y una necesidad o consecuencia que implican fuerzas cósmicas, leyes explicativas, cono­cidas o no (incógnitas, que el ser humano puede ser un agnóstico de ellas).


513 A qué más podrá llegar el hombre sino a refutar todas las leyes y constantes, ¿por qué las leyes son así y no distintas? Por ejemplo “si”* la fuerza nuclear hubiera sido algo más débil todo el universo seria de hidró­geno, y “si” aquella hubiera sido más intensa habría más helio y elementos pesados pero no hidrógeno; en ambos casos no viviríamos para contarlo; si la fuerza electromagnética fuese mayor las reacciones químicas no serían posible; si la expansión del universo hubiera experimentado al principio una desviación del orden de 10 menos 40, el universo se hubiera desparramado sin germinar la vida. Si las galaxias no tuvieran sus centros y estos al estar interconectados sin límites el universo sería un caos. Además cualquier exceso de protones con el exceso de antiprotones habría producido un universo sin materia bariónica o una cantidad desastrosa de ella; si la gravedad hubiera sido más débil la nube de gas no se hubiera condensado en estrella; sin embargo si hubiera sido algo mayor las estrellas se hubieran consumido rápidamente y unas se comerían a las otras como ocurre en los huecos negros; además ¿por qué y para qué existen estos últimos; no será por y para la continuidad de la “materia-energía”?; sin embargo, si estas dos se comportan una a una alternati­vamente, entonces ¿esa alternativa es eterna? La respuesta la dejo para la reflexión y al mismo tiempo para el cuestionamiento de lo que concebimos como eternidad, o sea el infinito de la materia-energía y dentro de nuestro lenguaje de la “conciencia del ser y no ser”.
Por su parte, conocemos cómo la densidad experimental del universo es una décima de la crítica y el resul­tado de dividir la primera de la segunda (experimental y crítica) recibe el nombre de omega y su valor es de 0.1; esa aparente falta de un 90 por ciento de masa puede no existir o estar oculta; por lo tanto omega debió encontrarse al comienzo muy próximo a uno, con un ajuste muy fabuloso, con decir que debió estar dentro
de 10 menos sesenta de uno; lo que es un ajuste impresionante; hoy debía estar muy próximo a uno, lo que experimentalmente es indudable, y es la extraordinaria estructuración de la materia en galaxias cúmulos y supercúmulos en el espacio y la disposición no está al azar. Cualquier desviación de uno por pequeña que sea en la era inflacionaria de los 40 segundos a los 10 menos 34 segundos no habría llevado al universo actual, y, si es inferior a uno pocas regiones acumularían materia suficiente como para dar alguna estrella; y si es mayor que uno todo colapsaría; cualquier desviación habría condenado al universo a cero. Estas cifras son sacadas de los estudios matemáticos, cosmológicos aparecidos en los textos antes citados.
Lo que ocurre también en el micro y macrocosmos es que existen desviaciones oscilatorias a la dere­cha o izquierda, arriba o abajo y sus mezclas (aquí otra pregunta: ¿por qué se presentan los giros a de­recha e izquierda y para qué se originaron?) y por eso se presentan los colapsos, los “estados disipa­torios” en que no hay materia organizada y posiblemente sí antimateria. Cuando pensamos en los movimientos (arriba, abajo, derecha, izquierda, inclinado) lo hacemos con referencia a supuestas co­ordenadas de nuestra percepción. Por lo tanto, la presencia de las estrellas y los planetas son una tran­sitoriedad, otra oportunidad cósmica para vivir más allá o más acá del olvido y por ende de la cons­ciencia. Así también el universo está determinado a construirse y a extinguirse semejante a la sístole y diástole del corazón, o semejante a lo que ocurre con los cambios biomoleculares, (Op. cit. “Cerebro Mente” 2009 y “Psicoanálisis y la teoría de la complejidad”, 2002).Si todo esto es así podríamos concluir que en el ser humano se repite la existencia y la función del universo, lo que nos lleva a pensar que existen “Xn” de universos que nacen, se desarrollan y mueren para originar otros. Es así también como con­cebimos el principio y el fin determinado y por azar en forma transitoria del punto cero (0) del infinito y entre todo este acontecer apareció el hombre como destino del universo.
*El “Si” es pronombre reflexivo y puede obrar también como sustantivo; se utiliza para responder o afirmar, como causa o motivo de la resolución; funciona también como una conjunción con que se denota condición o suposición en virtud de la cual un concepto depende de otro u otros; a veces denota aseveración, interrogación indicativa, desiderativa, distributiva, comparativa, condicional, hipotética, afirmativa, como respuesta a una pregunta, consentimiento, permiso; puede indicar ponderación o acercamiento. En suma podemos centrar la conjunción “si” en una condicionalidad (condición) por la cual se decide un concepto u otro.
514 He ahí el destino del universo?
515 En mi opinión el no creer y no tener fe es difícil, porque para el estudioso reflexivo requiere de multiplici­dad de preguntas y respuestas, las cuales pueden dejarlo en un limbo; sin embargo, también es difícil creer en algo y tener fe en algo, incluso en la ciencia cuando se desconfía de todo o cuando no hay certeza.

DÉJANOS TU COMENTARIO

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!