Conceptos de Poder Natural (físico cuántico) y Sobrenatural relacionados con Dios y el Destino Humano

El Destino y el Concepto de Dios

Volviendo al poder, si enfocamos éste solamente en el ser humano, vamos a encontrarnos nuevamente con lo físico y lo psíquico-espiritual con el individuo y la colectividad. Aquí podemos dividirlo en poder jurídico, moral, individual y colectivo. Es así como deviene el Estado como el poder que ha organizado las comunidades por milenios. De ahí partió el hombre hecho Dios diferenciado para crear las fuerzas que denominamos como un “poder natural y sobrenatural” más allá del hombre, ubicándolo en el universo y dándole el nombre de poder de Dios, ser Supremo, Todo o Providencia (capaz de crear o proveer todo, incluido el destino), para luego bajarlo nuevamente como Dios hecho hombre. Esta contextualización y las siguientes ya se plantean en diferentes capítulos.

Aquí vale la pena traer ciertos conceptos provenientes de Albert Einstein con respec­to a las ideas de Dios aparecidos en diferentes obras. Recabando en una cita de él creo que cada día creemos entender más de Dios, y en la realidad sabemos menos. Einstein escribió: “creo en Dios de Spinoza que nos revela una armonía de todos los seres vivos”. En una carta a Max Born le dice: “Tú crees en un Dios que juega a los dados y yo creo en una ley y un orden completos en un mundo que existe objetivamente (leyes objetivas que ordenan el universo)503. “La palabra Dios no es para mí nada más que la expresión y el producto de debilidades humanas; la biblia una colección de leyendas admirables, pero también largamente primitivas504. “Me parece que la idea de un Dios personal es un concepto antropológico que no puedo tomar en serio, tampoco puedo imaginarme al­guna voluntad o metáfora de la esfera humana. Mis opiniones son cercanas a las de Spinoza: admiración por la belleza y creencia en la simplicidad lógica del orden y la armonía del uni­verso, que sólo podemos aprender con humildad y de manera imperfecta. ¿Creo que tenemos que contentarnos con nuestro imperfecto conocimiento y comprensión y tratar los valores y las obligaciones morales como problemas puramente humanos?, los más importantes de todos los problemas humanos” (505).

Más adelante escribe: “No soy ateo, y no creo que pueda llamarme panteísta. Estamos en la posición de un niño que entra en una biblioteca de libros en muchos lenguajes diferentes. El niño sabe que en esos libros debe haber algo escrito, pero no sabe qué. Sospecha leve­mente que hay un orden misterioso en el ordenamiento de esos libros, pero no sabe cuál es. Me parece que esa debería ser la actitud de incluso los seres humanos más inteligentes hacia Dios. Vemos el universo maravillosamente ordenado y obedecemos ciertas leyes, pero sólo entendemos levemente estas leyes. Nuestras mentes limitadas captan la misteriosa fuerza que mueve las constelaciones. Estoy fascinado por el panteísmo de Spinoza, pero admiro más la contribución de él al pensamiento moderno, porque fue el primer filósofo que pensó en el alma y el cuerpo como una sola cosa y no como dos cosas separadas” (506). No creo en un Dios personificado y no he negado nunca esto, sino más bien lo he expresado claramente. Si hay algo en mí que se pudiera llamar religioso, es una admiración ilimitada de la estructura del mundo, hasta donde nuestra ciencia la puede descubrir”, (507). No puedo aceptar ningún concepto de Dios basado en el miedo a la muerte o en la fe ciega. No puedo demostrarle que no hay un Dios personal, ¿pero si hablara de él sería un mentiroso?”(508). “Quisiera saber los pensamientos de Dios… el resto son solo detalles”, (509) (descubierto por lo hombres). El lector ya se habrá podido dar cuenta que en capítulos anteriores hago referencia al concepto de Dios Creador Todo Poderoso como principio y fin de todo(510); concepto con el cual la mayoría de las personas comulgan y así lo entienden y manejan sus principios y valores; sin embargo, los conceptos de Einstein que fueron apareciendo, llegaron a mis manos lentamente y me permitieron sentir un alivio profundo porque existía una uniformidad o equivalencia en el pensamiento y, podríamos decir sirvieron para identificarme, sin embargo, sintiéndome más ignorante y desconocedor del hombre en el cosmos; y de ahí que reflexionando sobre el tema me deba ubicar, como ya lo he hecho en otros textos, en el agnosticismo o sea en el que no conoce y por ende con carencias del “cognosere”. Estas ideas también aparecen más desarrolladas en la obra: “Ciencia, Mitos y Dioses”, (2004). Con respecto a Dios, el poder y el Estado, fue Hegel quien identificó al Estado con Dios. Por eso escribió: El ingreso de Dios en el mundo es el Estado; su fundamento es el poder de la razón que se realiza como voluntad (…) El Estado es un Dios en el mundo”. He ahí la racionalidad del hombre, y de ahí vienen todos los derechos y deberes, las libertades y poderes, así como las soberanías de los pueblos con sus ordenamientos jurídicos y caracteres normativos o coercitivos, (Abbagnano, N., 1997) y así también a la decisión supuestamente libre y al destino.

De todo esto concluimos que existe un poder natural de la física que nos lleva al concepto de Dios, así como a los de la incertidumbre y de lo incógnito. El otro poder, el sobrenatural, como la misma palabra lo indica, está por encima, más allá de lo que conocemos o nos explicamos. La ciencia lo denomina solamente el poder de la fuerza cósmica ya detectada, y que, como ya se mencionó, da la posibilidad de existencia y continuidad a los universos conocidos. Es esto lo que llamamos o concebimos como Dios en el cual ubicamos todo lo incógnito. ¿Será que se podrá despejar la incógnita? La respuesta la pongo en duda pues siempre estará presente el infinito.

Aquí podemos hacernos la siguiente pregunta: ¿es el poder igual a la autoridad? Analicemos las posibles respuestas refiriéndonos a este último concepto. En la historia hemos observado que el poder, el autoritarismo y las tiranías se han establecido por la fuerza política, económica o militar todas ellas teñidas de necesidades de control territorial, fuente de riqueza, cualquiera que sea y a la vez de rivalidad, envidia y pulsiones de posesión y capacidad de someter al otro. En la historia se han llegado a cometerse grandes crímenes sociales que han dejado marcas muy destructoras, porque los líderes o caudillos han tenido factores traumáticos capaces de producir la violencia en la colectividad. Analizando la historia infantil de estos mismos individuos, hemos encontrado que hubo graves deficiencias de identificación con la autoridad paterna. No olvidemos que las identificaciones que el niño hace con el padre y con el ideal del padre forman la base del ideal del Yo y el Superyó, en los cuales se encuentra la autoridad y, la necesidad de adquirir el poder del padre. Aquí es necesario enfatizar la importancia en comprender el o los mecanismos de la identificación planteados por el psicoanálisis.

De aquí surge el autoritarismo irracional psicopático manejado por los líderes vio­lentos los cuales en determinados momentos la masa humana les permite convertirse en lo que son, debido a la necesidad narcisística y sadomasoquística colectiva del momento. Por esto hay que estudiar y observar a estos individuos para establecer el origen del lide­razgo psicopático. Así se podrían tomar medidas preventivas en contra de las sociopatías. Aquí podemos recordar cómo surgieron los dioses violentos y punitivos de la antigüedad y distinguirlos de los dioses bondadosos para seguir el futuro y por ende el destino.

Otro fenómeno para estudiar es el autoritarismo irracional dramático, que crea agre­siones, hostilidades y resentimientos sociales, económicos y religiosos. Todo esto impide una buena identificación, y constituye por ende una de las raíces del fundamentalismo islámico y el terrorismo. En muchas ocasiones los prejuicios son síntomas que construyen el autoritarismo, y con ello se llega a abusos a diferentes niveles. Es así como se prohíjan mentes neuróticas, cuando no psicopáticas y delincuentes. El autoritarismo lleva a la tira­nía, a la intolerancia, a la inseguridad y a la falta de libertad, y por ende genera rebeldía, actitudes y comportamientos individuales y colectivos que marcan épocas en la sociedad y por ende el destino colectivo.

Pero también podemos llegar a lo opuesto, a la falta de autoridad o de moral, cuando aparecen la mentira, los dobles mensajes y la transgresión de las reglas sociales. De ese modo se desconoce la autoridad social, se manipula a la autoridad, se parcializa o se induce a quebrantar la ley y las normas. Por lo general existe un hilo conductor entre la agresión y la autoridad y no entre ésta y la firmeza. Aclaremos que firmeza no equivale a agresión; es por esto que la armonía puede conjugar la firmeza, la constancia y la delicadeza o suavidad, en el pensar, sentir y actuar y en ello participa el poder o capacidad de conciencia y concentración propias del ser humano. De igual forma, la complacencia no es autoridad ni buena enseñanza, sino que, por lo contrario, prohíja las acciones agresivas. Actualmente existe la llamada cooparticipación democrática de la autoridad en el hogar y en el colegio, lo que equivale a que los hijos y alumnos participan con diálogos en las decisiones grupales para hacer de ella algo más democrático parti­cipativo y libre. Si bien esto es creativo, en determinados momentos es el jefe del hogar o el jefe del grupo el que debe complementar las normas colectivas en forma realista, sin dramatizaciones ni polarizaciones, para no entrar en situaciones desordenadas, anarqui­zantes y caóticas en que surge otro poder sin experiencia, guiado por el ensayo-error o por la mayoría de la masa, la cual carece de la llamada “sabiduría del viejo”, al cual a su vez no le asiste la ambición de poder.

La pobreza, la ignorancia, la opulencia, la arrogancia y la suficiencia absolutas y los opuestos, siempre polarizan al ser humano, lo deforman y además perturban los objetivos de autoridad y poder. Deducimos entonces que la autoridad puede ser racional o irra­cional, y que puede ser usada en forma alternante, o predominar sistemáticamente una de ellas. La autoridad perfectamente racional no existe, como tampoco lo contrario, porque siempre hay algo de racionalización. Por lo general el ser humano trata de encontrar, tar­de o temprano, los equilibrios de la sociedad a través de juicios de valores, conceptos de posición y sistemas de los mismos.

Es consabido que la auténtica verdad de los hechos objetivos por lo general se trata de dirimir en los “grupos democráticos”. Ciertos hechos son negados o considerados subjetivos, porque lo contrario sería entrar en detalles y parcializaciones que confunden en cambio de aclarar y simplificar. De tal forma, no se consideran como factores que haya que tener en cuenta en la toma de decisiones democráticas, para dar o quitar el poder o la autoridad. De todo esto se puede concluir cómo existe el poder social, el de la auto­ridad que rige las normas, o construye las leyes y con ello nuestro destino individual y colectivo.

He aquí nuevamente como nos podemos encontrar con la creación, el determinismo y el concepto del Dios Todo Poderoso aceptado por la mayoría de los humanos; por eso surge la pregunta si la física cuántica ha llegado a estas dimensiones de masas tan pequeñas y de cargas energéticas funcionales511, así como al concepto de antimateria, ¿cómo podríamos ubicar dentro de toda esta conceptualización científica la idea de un ente supremo que llamamos Dios como principio de causalidad del origen del universo? La respuesta la podemos encontrar en la existencia de leyes tanto de materia, de energía como de potenciales energéticos positivos y negativos, los cuales todavía no hemos po­dido llegar a conocer en su profundidad cósmica o cosmológica. De tal manera, todavía no tenemos la respuesta sino más bien surgen más preguntas con respecto a los orígenes del universo. Sin embargo, conocemos las leyes que rigen la materia y la energía; de tal manera, a lo conocido y que el ser humano le ha dado la connotación de ente, que rige y controla, le podemos dar la significación y el sentido de fuerza creadora y con ello el concepto del nombre de Dios. He aquí el punto donde se encuentra la ciencia y Dios. Cualquier persona a través de la fe en un Dios o fuerza que lo puede Todo, deja todas sus preguntas porque su fe le da las respuestas necesarias. Algunos podrían pregun­tarse si a las leyes conocidas y a las desconocidas les podemos dar la significación del Todo, o a la infinitud, a la materia, energía, equilibrio y desequilibrio, espacio, movi­miento, luz, le podemos dar también la significación de “Todo Poderoso”, “Creador” o simplemente “ente” ser único o Dios(512). La respuesta la tiene cada uno de acuerdo con su organización mental y con sus conocimientos. En este caso el autor de esta obra se limita a decir simplemente que más allá de lo conocido está lo desconocido, y de ahí el agnosticismo.


503 Contestación a la pregunta de Ben Gurion a través de la carta de David Goitein (embajador de Israel en Washington; 17 de noviembre de 1952) (Ante la oferta de la presidencia vacante tras el fallecimiento de Weizmann, líder sionista).
504 Carta del 3 de enero de 1954 al filósofo Erich Gutkind. Citado en Tagesspiegel del 15.05.2008,
505 Hoffmann, Banesh (1972), “Albert Einstein, creador y rebelled”, pág. 95, Viking Press.
506 “Glimpses of the Great”, escrito en 1930 por G. S. Viereck.
507 Carta del 24 de marzo de 1954, citado en: The Human Side. Editado por Helen Dukas y Banesh Hoffman. Princeton, New Jersey 1981, S. 43.
508 Clark, Ronald William (1971), Einstein: the life and times, World Pub. Co
509 “Wie ich die Welt sehen”, Living Philosophies, Tomo. 13, New York 1931, en: Carl Seelig (Editor): “Albert Einstein. Mein Weltbild”, editorial Ullstein, Ulm 2005, página 11
510El “Todo” desemboca en la “unidad” y esta en “Dios”; esta última aseveración se fraguó con el pensa­miento del teólogo Juan Eckhart (1260-1327 d,C,) de la orden dominicana y quien siguiera el tema de Escoto Erigena sobre “la unidad originaria divina que vuelve así misma después de haberse desplegado y mani­festado en el mundo” y las cosas no son “sino revelaciones de Dios… en el propio ser” (Ferrater Mora, pág. 255). Para Eckhart el “Yo y Dios son uno” y “Dios puede unificarse mejor con el Yo, que éste con aquel”. He aquí la fusión de uno y otro al mismo tiempo pues opera la identificación masiva y proyectiva del ser humano con el Todo.
511 Por ejemplo a los bosones de Higgs o de gauge (un hadrón como partícula cuántica o mesotrón w2 descubierto en 1983) también se le dio el nombre de bosón de Dios porque son los que mantienen o median las interacciones de las otras partículas, lo que equivale a un equilibrio. (G. Sánchez Medina 2009)
512 El problema de la nominación y significación del sentido es básico; pues el ser humano requiere de esto, de lo contrario entra en el nihilismo, la angustia existencial, en la nada. Esta temática está planteada en otras partes de la obra, la posición personal es dejar que cada cual elija el camino del entendimiento en donde se encuentre más satisfecho y lo deje cuestionarse y pensar libremente.

DÉJANOS TU COMENTARIO

DÉJANOS TU COMENTARIO

Please enter your comment!