XVII. Los Mitos y el Destino

Introducción

Debo aclarar que lo que aparece en estos textos con respecto a los conceptos de las religiones son ideas sintéticas y parciales para tener un perfil de ellas, incluyendo la parte histórica; por lo tanto, el lector no podrá tomar la parte por el todo; sin embargo, sí tendrá la facilidad de elaborar los conceptos cronológicamente para ubicarlos e interrelacionarlos. De todas formas, después de leer estas líneas podemos concluir que no se ha perdido el tiempo, más cuando perder tiempo por conocer no es perder. De una u otra manera, el lector podrá entender estos textos como la historia o la antropología del hombre en relación a la idea y concepto de Dios, las creencias y las religiones incluyendo la cosmo y antropogénesis.

Aclaro aquí que no me puedo identificar con Sísifo, el más astuto de los hombres, que fundara Corinto y sedujera a Anticlea, de cuya unión habría de nacer Odiseo. Sísifo se llevaba mal con su hermano Salmoneo, y preguntó al oráculo qué debía hacer para eliminarlo. El oráculo le contestó que debía darle hijos a la hija de su hermano, lo cual hizo, y por ello fue condenado por Zeus a empujar eternamente una roca hasta lo alto de una colina, desde la cual volvía a rodar. Debía hacer esto una y otra vez para que no tuviera tiempo de cometer sus fechorías. Enfurecido con Sísifo por haberlo delatado éste con ocasión del rapto de una ninfa, Zeus le envió a Tánato (la muerte), pero Sísifo se las arregló para encadenarlo, logrando así que no muriera ningún hombre. Zeus tuvo que intervenir para liberar a Tánato, por lo cual Sísifo murió. Sin embargo, al morir, Sísifo instruyó a su mujer para que no cumpliera con los requisitos fúnebres. Amonestado por Hades, dios de los infiernos, Sísifo culpó a su esposa por la omisión y pidió permiso para volver a la vida y castigarla, lo cual aprovechó para vivir muchos años más. Finalmente, ya viejo, murió. En una palabra, Sísifo se rebeló contra la muerte y se defendió de ella mientras pudo, pero ella le vino indefectiblemente como fin de ese ciclo de vida e inexorable destino.

Ocurre en todos los seres humanos que en su Yo existe una compulsión a repetir actos una y otra vez, como Sísifo (compulsión a la repetición o ley de los ciclos). En la base de esto se encuentra el placer de la curiosidad, de buscar y descubrir incógnitas que aparecen a cada momento en la mente. He aquí en estos conceptos también el destino. No soy una excepción de esta ley, el resultado de la cual es una frustración. Sin embargo, me queda el placer de la curiosidad (Psique) que me da la vida; uno nace es para vivir y conocer. Todos estos pensamientos son tan sólo el resultado de un aprendizaje del pensar sobre esta temática del psicoanálisis, como un cuerpo de conocimiento que comporta un método para la comprensión y que contiene una teoría y una técnica que se aplican en la clínica con expectativas de cambio y que denominamos psicoanálisis.

Se concluye también de la investigación de los mitos que éstos tienen su origen en los relatos de la historia vital del ser humano, en el imaginario social vivencial y heredado, con las relaciones vinculares, las identificaciones y las funciones padre-madre-hijo. Todos estos factores dan comienzo a las formas mitológicas. A su vez, el modelo geométrico de las líneas horizontal, vertical y oblicua que forman el triángulo nos muestra las relaciones vinculares, las cuales se pueden prolongar a dos triángulos en el cuadrado o a tres en el pentágono. Así, en el núcleo podemos ubicar topológicamente el grupo primario social, la familia, luego los clanes, y así sucesivamente toda la evolución a la sociedad, dentro de una Gestalt en la que existe la necesidad del predominio de una unidad. Todos estos planteamientos tratan de ilustrar cómo existe un hilo conductor que va desde el ser humano hasta lo sobrenatural, lo cósmico y lo incógnito. Pero no se trata aquí de incurrir en la magia y la omnipotencia, y menos aún en ocultismos proféticos, sino más bien de impulsar un cuestionamiento antropogenético continuo.

En el texto se muestra la utilización de los mitos como estructuras dotadas de un contenido manifiesto que surge de la relación entre el mundo interno y el externo, entre el consciente y el inconsciente, a través de relatos y ficciones que nos permiten estudiar los orígenes de las construcciones, ideas y conceptos provenientes de la mente. Entre ellos ocupa un lugar destacado el concepto e idea de Dios, que es a la vez una necesidad explicativa y una consecuencia interpretativa. De tal manera, este hecho psíquico es válido para la mayoría de los seres humanos, y como tal, puede también pertenecer a un impulso primario indefectible, sin otro sentido que el explicativo y comprensivo del cual es imposible sustraerse. Esto es así porque, como ya se expuso, este impulso obedece a una necesidad ontológica y hasta cierto punto también interpretativa, heredada filogenéticamente a lo largo de milenios. Nos encontramos así con la evolución y la ordenación del pensamiento, con la historia, la ciencia, la herencia, las tradiciones, las migraciones y mezclas de las culturas, las creencias en dioses y la muerte indefectible como otro determinante al cual todos llegamos. Saltan también a la vista las ansiedades ante ella o la desaparición de las mismas, para llegar finalmente a la esperanza y al “concepto de un solo Dios” (monoteísmo occidental), que trata de salvar al ser humano de la desesperanza, de que todo se acaba después de la vida. Es así también como justificamos el principio y fin de todo, y más aún concebimos la posibilidad de la inmortalidad y del infinito; estos últimos pertenecen desde el punto de vista psíquico a un supuesto y a una ilusión; a la vez desde la ciencia y la matemática, a cálculos y a la llamada “n”, (positivo, negativo potencia) que no conocemos. Tengamos en cuenta que es poco lo conocido de nuestra galaxia y menos sabemos de las otras; de tal forma es mejor aceptar que todavía estamos en el trayecto de la indagación de nuestro universo interno y neuropsíquico, el cual afortunadamente aparece en el ser humano con la capacidad de llenarse de esperanza e ilusión en algo más y en un más allá.

Una conclusión más que surge después de leer estos textos es cómo los fenómenos de selección y diferenciación se fueron presentando desde millones de años atrás; la selección y diferenciación de pueblos, etnias, costumbres e ideologías y creencias. Resulta que a pesar que muchos profesan la misma religión (por ejemplo los mahometanos) existen las grandes diferencias entre chiitas y sumitas o los hutus y tutsis en Ruanda; así mismo ocurre entre los cristianos y católicos de Irlanda, o los islámicos proveniente de Ismael y los Judíos originarios de Judá hijo de Jacob o Israel; he aquí la contradicción o paradoja que entre hermanos surgen la envidia, los celos y rivalidad con realidades internas o interpretaciones diferentes. A la vez estos textos podrán interpretarse o tener su lectura que cada uno le dé; de todas formas nos cobija la libertad para creer, tener fe en Dios o no y por lo tanto ser ateo (ateólogo) o simplemente no pretender tener la capacidad de conocer o comprender todo; de aquí que cada uno interpretará a su manera estas ideas, las pondrá en orden histórico o científico y temporo-espacial para la explicación de la cosmo, teo y antropogénesis. Así cada uno podrá responsabilizarse y asegurarse de su y con su propia necesidad, entre ellas la ciencia, los mitos y los dioses, en este planeta y más allá de lo desconocido o infinitamente incógnito. La obra desarrolla la temática propuesta en el título, con la esperanza de no caer en que la ciencia se convierta en un mito y este en un Dios llamado “Azar-Determinista” o simplemente “Destino”.

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