Mitología Física Cuántica y el Destino (Individual y colectivo)

El filósofo matemático Arthur Eddington influenciado profundamente por Bertrand Russel y amigo de Albert Einstein se pronunció con respecto a la mente en la siguiente forma: “nadie puede negar que la mente es el primer y el más directo objeto de nuestro expe­riencia; y todo lo demás no es más que una inferencia lejana”, (496); sus influencias también provenían de los pensamientos de los matemáticos H. Poincaré, H. Weyl, ET. Whittaker y AN Whitehead. El citado autor Eddington hizo énfasis en el concepto de estructura en la que se sustenta la metafísica fundamental para nuestra defensa de un monismo neutral. Escribió: “El destino de toda teoría del universo se decide mediante una prueba numérica: ¿Es que la suma sale bien? No creo que el matemático comprenda mejor nuestro mundo que el poeta o el místico. Quizá lo único que hay, es que suma mejor.”, (497).

Todos estos investigadores y otros más nos trajeron la posibilidad de ubicar la mate­ria viva y las organizaciones intrínsecas hasta llegar a las partículas subatómicas. En la escala dimensional de la materia nos encontramos después de las bacterias con los virus, las moléculas, los átomos, los núcleos atómicos con partículas como los protones y los neu­trones. También, existen otras partículas y subpartículas exóticas, tales como los bosones, los leptones, gluones, muones y los taones entre otros, de los cuales algunos no tienen carga eléctrica; éstos y en especial los leptones son “inmunes” a las fuerzas de las distintas especies de neutrinios que los componen hasta ahora conocidos (498); los quark y antiquark con cargas eléctricas; y después, ¿cuáles serán las partículas activas cargadas de energía más pequeñas? Por ahora no se conocen; sin embargo, puede ocurrir que nos encontremos con lo obvio, esto es, que la masa, la energía y la luz, son el conjunto de donde parte todo.

Cuando nos referimos a las partículas subatómicas lo hacemos con las antipartículas que tienen la misma masa, pero con carga opuesta; en las reacciones nucleares, si la energía dis­ponible es mayor que “mc²”, es posible producir pares de partículas-antipartícula.

Otro de los científicos del siglo XX es Wolfgang Pauli (1900-1958), quien desde la física cuántica postuló “cómo dos partículas similares no pueden existir en el mismo estado”, posición y misma velocidad (principio de exclusión); he aquí también “el principio de incertidumbre de Heisenberg” (499). Así mismo, en la mecánica cuántica “medidas idénticas de sistemas idénticos, no tienen que dar necesariamente resultados idénticos”; de ahí que lo que “ocurra aquí ahora puede depender de algo muy lejano en el espacio, y en el tiempo o en ambos” (Jaramillo RO., 2000) (500). Al principio básico de Pauli se le denomina el de “exclu­sión”; este postulado de la física se analoga con algunos hechos del psicoanálisis. (Sánchez Medina G., 2002).

En cuanto más se puedan descubrir y hallar elementos, unidades y relaciones a través del transcurso del tiempo, más se podrá entender cómo el pensamiento puede tener una base en la mecánica y dinámica cuánticas y electromagnéticas. Sólo el tiempo y la investigación constante nos podrán dar la respuesta, (G. Sánchez Medina, 2010)

De lo anteriormente dicho deducimos que fuerza, poder y potencia se interrelacionan. Es así como desde Aristóteles se designa al “poder como una potencia” (dynamis), y ésta equivale a la materia (hyle) que se expresa con algo que hace o que resulta. De ahí que las potencias se dividan en lógica u objetiva y la potencia propiamente dicha o real, la que es capaz de producir un acto (energeia-entelecheia). Existe, por otra parte, la potencia o fuerza subjetiva, que como sabemos se basa en las objetivas materiales para hacer, decidir, recibir, creer, concebir y definir. De una u otra manera, poder, fuerza, potencia y energía se interconectan unos con otros, y así nos referimos a que sentimos la fuerza del espíritu o las energías del mismo, o las facultades del poder de decisión y de acción. Sin embargo, algunos filósofos piensan que la potencia no es todavía poder, sino una primera posibilidad que puede llegar a engendrar la fuerza, el poder, los objetivos de dominio y de actuación y con ello el destino.

Pero hagamos ahora una abstracción y profundicemos en la idea de fuerza. En la física pensamos siempre en las tres fuerzas más importantes del universo: la gravitacional, con sus fuerzas centrífugas y centrípetas; la electromagnética en sus diferentes campos; y las nucleares (débil y fuerte). A estas tres fuerzas debemos agregarles otra, que es la fuerza cósmica que sostiene todo el universo y da la posibilidad de la existencia, con sus vaivenes del Big Bang, el Big Crunch y el Big Rip, de explosión, de implosión y desgarre. Aquí también debemos mencionar cómo en la física cuántica contamos con los postulados témporo-espaciales finito e infinito, y así también con los conceptos de témporo-espacialidad y de “atemporal” y “aespacial”. Esto significa permitirse entrar en las “once dimensiones” postuladas por la física cuántica y no quedarse en las cuatro fuerzas y dimensiones clásicas (gravitacional, electromagnética, nuclear fuerte y débil, ya mencionadas).

Dentro de todos estos postulados de la física cuántica, el lector podrá pensar que nos quedamos solamente con los conceptos de materia y antimateria, el universo plano y el universo curvo o el universo de la cinta de Moebius, en el cual se puede incluir el concepto de infinito. El infinito, por su parte, es otro concepto con variables fijas y libres que no pueden estar sujetas sólo a la fuerza de la gravedad newtoniana, a la electromagnética o a la atómica. El infinito, dentro de su propio concepto témporo-espacial, es finito en su contexto específico de comienzo y fin (límites conceptuales concebibles por el hombre en sus diferentes cálculos), pero es infinito en su función repetidora, porque no estudia la constante de repetición (“R”) de los principios fisicoquímicos y aun matemáticos, y cómo el concepto de universo(s) y dinámico(s) y el mismo témporo-espacial (curvo, lineal, toroidal, bucles, cuerdas) tiene su finitud.

En la física cuántica existe también la teoría de las cuerdas y de las oscilaciones de las mismas, como lo que ocurre en las cuerdas del violín cuando producen sus ondas. En esta teoría de cuerda no hay infinitos, y resulta útil introducir el tiempo imaginario dentro del cual incluimos los “números imaginarios” y los “juegos matemáticos”. Hawking, en su obra “El universo en una cáscara de nuez” (2000), escribe lo siguiente: “Un modelo matemático en que intervenga un tiempo imaginario predice no sólo efectos que ya hemos observado sino también otros efectos que aún no hemos podido observar, pero en los cuales creemos por algunos otros motivos (501)”.

Aquí hay que preguntarse qué es real y qué es lo imaginario en cada mente. La respuesta puede ser muy ambigua e incierta. Podemos valernos de la teoría de la relatividad de Einstein, combinando el tiempo real y las tres dimensiones del espacio-tiempo, además de la fórmula E=mc². También podría argüirse que el tiempo imaginario fuera infinito, es decir sin un fin, porque continuamente mientras exista la imaginación, existirá también la posibilidad de imaginar el tiempo prolongado continuo; he aquí la posibilidad de otra dimensión. Sin embargo, en la organización física de las partículas subatómicas sí hay una fuerza de cohesión de éstas (que son 53, según Alan Guth de las cuales todavía no conocemos cómo operan, cómo funcionan y cómo se interrelacionan con la fuerza cósmica). Más aún, aquí todavía no hemos mencionado las fuerzas electromagnéticas, gravitacionales y atómicas en cuanto a las condiciones necesarias para que se produzca un punto de fricción y la explosión Big Bang, que es otro estado más de la materia-energía; cuando hablamos de materia, lo hacemos con respecto a las partículas y también a las fuerzas-energías que ellos conllevan. Pero ¿a dónde nos lleva todo este discurso? Solamente conduce a suposiciones, a predicciones, a un entendimiento de la física y de la matemática y de la témporo-espacialidad, con sus fuerzas y poderes, para llegar finalmente a los conceptos de finitud-muerte e infinitud-inmortalidad desde el punto de vista de las ciencias llamadas “duras” (502).


496 Eddington, AS., (1930). “The nature of the physical world”, Cambridge University Press, London, (Gif­ford Lectures, 1927), p. 276.
497 Eddington, AS., (1945). “Nuevos senderos de la ciencia”, Edición de M. Masriera, Montaner y Simón, Barcelona, (Messenger Lectures, 1934) pp 343.
498 Esto es discutible, empezando por el concepto de inmunidad, no hay tal; lo que plantea la teoría, es que los neutrinios carecen aparentemente de masa, a parte de la carga, de ahí que su interacción con la materia sea reducida.
499 El principio de exclusión se refiere más a dos partículas y el de incertidumbre a la posición y velocidad de las mismas. El principio de Incertidumbre de Heisenberg (1901-1976) que no aceptó Einstein se refiere a que es imposible obtener una medición simultánea precisa de la posición y velocidad de una partícula; sólo es posible predecir con alguna probabilidad el futuro de un sistema; lo contrario sería la solución determinista de Einstein. Textos ya citados.
500 Jaramillo, RO., (2000). “De la Constante de Planck al Homo Sapiens”, Presentado en la Academia Nacional de Medicina.
501 La negrilla es mía
502 Estas temáticas ya están planteadas en la obra ya citada: “Ciencia, Mitos y Dioses”, (2004).

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