Mito de la prohibición del conocimiento

Los Orígenes, adan y eva

(311)

§ Caída de Adán y Eva

En los textos bíblicos dice lo siguiente:

Cap. III:1 “… Y dijo a la mujer (la serpiente); ¿Por qué motivo os ha mandado Dios que no comieseis de todos los árboles del paraíso?” Cap. III 2: “A la cual respondió la mujer: Del fruto de los árboles, que hay en el paraíso, sí comemos”; Cap. III:3 “más del fruto de aquel árbol, que está en medio del paraíso, mandónos Dios que no comiésemos, ni le tocásemos siquiera, para que no muramos”. Cap. III: 4 “Dijo entonces la serpiente a la mujer: ¡Oh! Ciertamente no moriréis”. Cap. III:5 “Sabe, empero, Dios que en cualquier tiempo que comiereis de él, se abrirán vuestros ojos y seréis como dioses, conocedores de todo, del bien y del mal312. Cap: III: 6 “Vio, pues, la mujer que el fruto de aquel árbol era bueno para comer, y bello a los ojos y de aspecto deleitable, y cogió del fruto y comióle: dio también de él a su marido, el cual comió”. Cap III: 7 “Luego se les abrieron a entrambos los ojos; y como echasen de ver que estaban desnudos, cosieron o acomodáronse unas hojas de higuera, y se hicieron unos delantales o ceñidores”. Cap. III: 10 “el cual respondió: He oído tu voz en el paraíso, y he temido y llenádome de vergüenza porque estoy desnudo, y así me he escondido. Cap. III: 11 “Replicóle: ¿Pues quién te ha hecho advertir que estás desnudo, sino el haber comido del fruto de que yo te había vedado que comieses?. Cap. III: 15 “Yo pondré enemistades entre ti y la mujer, y entre tu raza y la descendencia suya; ella quebrantará tu cabeza, y tu andarás acechando a su calcañar”. Cap. III: 16 “Dijo así mismo a la mujer: Multiplicaré tus trabajos y miserias en tus preñeces; con dolor parirás los hijos y estarás bajo la potestad o mando de tu marido, y él te dominará”. Cap. III: 20 “Y Adán puso a su mujer el nombre de Eva, esto es, Vida, atento a que había de ser madre de todos los vivientes” (Torres Amat, F., 1957)313.

En los textos está muy claro que si Adán y Eva comieran de un árbol específico podrían morir. Pero, ¿qué significa este morir? ¿No será la muerte de la inconsciencia y la entrada a la conciencia? De ahí que la serpiente diga: ¡Oh! Ciertamente no moriréis” (…) Sabe, empero, Dios que en cualquier tiempo que comiereis de él, se abrirán vuestros ojos y seréis como dioses, conocedores de todo, del bien y del mal. ¿No se estará planteando allí la conciencia (el conocimiento) de todo, del bien y del mal, la conciencia de lo placentero y deleitable, el disfrute de la genitalidad? La respuesta sería afirmativa en ese sentido, como consta en el capítulo III:7 que dice: “Luego se les abrieron a entrambos los ojos; y como echasen de ver que estaban desnudos, cosieron o acomodáronse unas hojas de higuera, y se hicieron unos delantales o ceñidores”. Es así como aparece la vergüenza, o el pudor en el cual se encierra el temor a ser conocido, descubierto en la intimidad corporal emocional y psíquica, y así tener consciencia del conocimiento del Yo corporal, de los genitales, de la genitalidad, de la advertencia de la desnudez. Otra de las posibles interpretaciones de la transgresión de la prohibición del comer del árbol del bien y del mal es el desafío, la rivalidad, la desobediencia y la entrada en el mundo del conocimiento, con todas las consecuencias que implican las tendencias anteriormente mencionadas, consecuencias plagadas de trabajos y miserias. Así pues, el pecado de Adán y Eva tendría como núcleo el dejar de ser animales para pasar a ser seres humanos (314).

Téngase en cuenta cómo es la serpiente que induce y seduce a Eva diciéndole. “Oh ciertamente no moriréis… en cualquier tiempo que comieres de él (árbol prohibido) se abrirán vuestros ojos y serán como dioses”. He aquí el reto al “ser igual” a Dios; aquí también podríamos preguntarnos ¿en qué se beneficiaba la serpiente?, ¿qué representa ella? La respuesta podemos encontrarla en que la serpiente es la parte animal, el deseo y la necesidad, y para la satisfacción se quiere romper la norma de la prohibición y enfrentarse a los dioses y al conocimiento del bien y del mal, lo cual equivale a la consciencia moral o superyó del psicoanálisis; en todo este planteamiento nos encontramos con el desafío entre el deseo instintivo y la prohibición, los cuales encierran el “sí y el no” y “el ser y no ser”.

Valdría la pena hacer énfasis aquí en cómo las escrituras dan a la mujer la responsabilidad de la transgresión del mandato y el despertar de la conciencia. Es ella la primera en tomar conciencia de que no debe comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, y sin embargo es la primera en comerlo. También es la primera en ser castigada por Dios cuando éste le dice: “Multiplicaré tus trabajos y miserias en tus preñeces; con dolor parirás los hijos y estarás bajo la potestad o mando de tu marido, y él te dominará”. He ahí la génesis del predominio del hombre sobre la mujer (machismo) y del masoquismo y sometimiento de la mujer.

Expulsión del Paraíso

Cap. III: 21 “y dijo: Ved ahí a Adán que se ha hecho como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal; ahora pues, echémosle de aquí no sea que alargue su mano, y tome también del fruto del árbol de conservar la vida, y coma de él, y viva para siempre” (Torres Amat, 1957).

Preguntémonos aquí si el Paraíso Terrenal315 (llamado también Jardín del Edén o de Eridu) no es otro que el del inconsciente, en donde no hay conciencia, responsabilidad ni moralidad de pareja y de grupo. En este orden de ideas, el paraíso no sería otra cosa que la irracionalidad animal y el encuentro libre de las proviciones para la supervivencia.

En las antiguas escrituras aparece cómo Dios dice: “… el hecho de que Adán se haya hecho como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal; ahora pues, echémosle de aquí no sea que alargue su mano, y tome también del fruto del árbol de conservar la vida, y coma de él, y viva para siempre”. Preguntémonos ¿por qué se presenta la rivalidad, los celos y la envidia puesta en Dios? ¿Acaso Dios no estaba seguro de sí mismo y más allá del bien y del mal? y ¿No le importaba la inmortalidad del otro? Esto nos lleva a hacernos otra pregunta: ¿No era más bien la defensa de la territoriedad o el imperio del poder y soberanía, o el poder de la producción y reproducción, o la posibilidad de perder el fruto (alimentos, “ambrosía316”) de pancomer y la subsistencia del otro y por lo tanto el disfrute de la vida? Este cuestionamiento puede ser muy válido y de ahí poderse original la rivalidad, la defensa territorial de Dios-Hombre sobre el otro Adán u otros hombres, a la vez que la defensa de la autoridad con la obediencia y el reto o soberbia con aquella superioridad. Aquí planteo concretamente que bien pudo no haber sino un principio de autoridad de un hombre superior sobre otros llamado Adán u Adanes. Al mismo tiempo bien pudo Adán enfrentarse a supuestos dioses con diferentes poderes.

Además téngase en cuenta que al comer del árbol del conocimiento no sólo se trasgrede la prohibición madre del deseo, sino que se pone en una posición de igualdad con Dios y así él: “se es o no se es” (se es capaz de ser igual al otro (Dios) o no se es sino hombre) el ser y no ser” y el tener la misma identidad y no quedarse relegado e incapacitado en su necesidad frustrada. Otro aspecto es aquel que se refiere a que se es “mortal” (humano) o “inmortal” (Dios); he aquí nuevamente “el ser y no ser” o “el ser o no ser”.

En estos mitos se ve como existe la prohibición y sus consecuencias a la transgresión, es decir, a la no aceptación de la prohibición, el desafío, el deseo y necesidad de la satisfacción determinado no solamente por la curiosidad sino por la ambición de conocer (“del bien y del mal”). Aquí también participa la negación; “…mando Dios que no comiésemos, ni la tocásemos siquiera para que no muramos”. A su vez en la expulsión del paraíso “…y dijo Dios… echémosle de aquí no sea que alargue su mano y tome también del fruto del árbol de conservar la vida y coma de él y viva para siempre”. He aquí la exclusividad del poder, comer y tener libertad solamente perteneciente a Dios o a los dioses o privilegiados “como uno de nosotros”, conocedor del “bien y del mal”. Adán y Eva niegan o violan la prohibición no sin sus consecuencias; he ahí la determinación y el destino.

Volviendo al mismo tema y haciendo énfasis en el “si y no”, en la Biblia, libro de Génesis, capítulos II y III, encontramos los siguientes textos:

Tomó, pues, el Señor Dios al hombre, y púsole en el paraíso de delicias, para que le cultivase y guardase. Diole también este precepto diciendo: Come, si quieres, de todos los árboles del paraíso; mas del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, no comías, porque en cualquier día que comieres de él, infaliblemente morirás”.

Al decir “come si quieres” le da cierta libertad (libre albedrío) condicional puesto que adelante aparece la figura “más del fruto del árbol” de la ciencia del bien y del mal no comas. Aquí está el “sí y el no”. Además está implícito que si se come del “fruto del árbol” (prohibido) será castigado con la muerte; he ahí también al muestra de poder en el “no”. La razón posterior sería porque se pueden volver inmortales.

He aquí muy claramente expresada la prohibición del conocimiento de la verdad en general, y en especial de lo genital. Lo mismo se observa en el mito de Tiresias, el cual ve desnuda a Hera (Juno) o contempla la cópula (genital-edípica) de las serpientes. El castigo fue la ceguera, y su compensación la profecía.

A su vez en el mito de Caín y Abel, aparece cómo las ofrendas de Caín “… no hizo caso”; y el Señor le dijo “¿no es cierto que si obrares bien serás recompensado?, pero, si mal, el castigo del pecado estará siempre presente…”. Cuando el señor pregunta a Caín “… ¿en dónde está tu hermano Abel?” responde: “no lo sé”; luego, al ser descubierto Caín, el Señor le dice refiriéndose a su labranza: “no te daré sus frutos errante y fugitivo vivirás sobre la tierra”. El señor le deja vivo y Caín se va no solamente con su envidia y rivalidad sino con los dolorosos sentimientos de no ser aceptado y sí rechazado, he ahí también el castigo.

Desde un punto de vista general, podemos observar que en estos mitos se ve la construcción del Superyó con censuras, prohibiciones y castigos como consecuentes a la falta de aceptación y transgresión de lo mandato. Aquí una pregunta ¿será que el principio del placer, del conocimiento y de querer comer del fruto prohibido produce una fuerza incontenible que origina la transgresión y la decisión de sí comer, si conocer, no aceptar el mandato o la prohibición? La respuesta es afirmativa, los instintos o impulsos no tienen conciencia de las prohibiciones y de la realidad que los avasallan; sin embargo el hombre se adapta, construye el principio de realidad para poder sobrevivir. Esta temática se correlaciona con las expuestas en otra parte de estos textos.

Aquí deviene otra pregunta: ¿acaso opera siempre el libre albedrío, la libertad para deci­dir, “el sí o el no” para adoptar una decisión o es el destino de los instintos que gobiernan la libertad del hombre? La respuesta la dejo para ser reflexionada y asociada al “ser y no ser”.

Prohibición del conocimiento de la verdad. Así pues, podemos nuevamente hacer hincapié en cuán peligroso es transgredir la prohibición del conocimiento de la verdad de los adultos (edípica y genital). El “saber” implicaría la posesión del poder: “anteriormente todo sería lícito, no habría diferencia entre el bien y el mal, todo sería igual”. De tal manera, en la prohibición “no comerás del fruto de este árbol” está no sólo la negación, sino también la diferenciación de algo, la distinción y selectividad del objeto. La negación comporta la prohibición del vínculo y su relación, lo que equivale también a que en la relación vincular está el conocimiento de la verdad y su posible consecuencia: la muerte. §


311 Los textos anteriores como los que enseguida aparecen fueron sacados de la obra ya citada del autor: “Ciencia, Mitos y Dioses”, (2004).
312 La negrilla es mía.
313 Según los estudiosos (A. De Francisco) “eran dos los árboles: El árbol del bien y del mal y del conocimiento. Sin embargo, podría ser solamente uno, el del conocimiento que lleva al bien y al mal”. En el concepto anterior “el primero (bien y mal) tiene que ver con la consciencia moral que permite distinguir entre lo bueno (ético) y lo malo (rechazable). El segundo el del conocimiento, nada tendría que ver con la moral. Comer de él, apropiárselo es entrar dentro del término de lo prohibido, pues sólo corresponde a Dios. Ese mito está relacionado con el de Prometeo que roba el conocimiento a los dioses para dárselo al hombre y por tal motivo es considerado el castigo eterno, por haber transgredido el orden de los dioses”, (De Francisco, A., 2001). Por su parte en arameo podría confundirse la traducción el singular con el plural (árbol-árboles).
314 Actualmente por el año 2004 existen pueblos nómadas en América del Sur, Colombia, los Nukak Makú, que viven desnudos y tienen su vida genital sin problemas de consciencia y pudor por su desnudez.
315 La idea de Paraíso Terrenal fue muy importante a comienzos del Siglo XVI, Colón intentó buscarlo en América y en cierta forma creyó haberlo vislumbrado. Esta idea se conjuga con el mito del oro o el Dorado y la fuente de la eterna juventud buscada por Ponce León en Florida (USA).
316 Género de plantas de la familia de las compuestas, con receptáculo bajoso, flores femeninas sin corola o atrofiada y anteras, a veces libres. Comprende quince especies, la mayoría americanas y otras mediterráneas. La “ambrosía” viene del griego inmortal o divino que se asocia al manjar o bebida delicada nueve veces más dulce que la miel y daba la juventud y la inmortalidad. Actualmente (2011) conocemos la planta asterácea denominada “Stevia rebaudiona Bertoni” con el producto endulzante denominado “steviosido” compuesto de “glucosa y rebaudiosida”; ésta última, oriunda de América del Sur (Paraguay) y el mediterráneo, la cual es 250 a 300 veces más endulzante que la sacarosa, por lo tanto decenas de veces con más calorías que la misma azúcar.

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