I. Introducción

La temática del “azar” ha sido estudiada mucho antes del siglo XX y vale la pena ahora adentrarnos a ella según sus perspectivas científicas. Pido cierta tolerancia con respecto a al­gunas afirmaciones, las cuales posiblemente no sean todas ciertas con respecto al problema o problemas que están fuera de mi alcance como son los de las matemáticas que me limitan por no ser mi especialidad. Conocemos como el “azar” está presente en todos los seres humanos y en nuestra visión del mundo y es lo que solemos designar en ocasiones como “destino”, “suerte”, “lo fortuito”, “la casualidad”, “lo aleatorio”, “lo coincidente”, “lo eventual” y a lo que no le podemos dar racionalmente explicación y que para algunos es, lo caprichoso de la vida.

Si bien como ya lo anote tengo carencias en mi formación matemática y algunos vacíos filosóficos y fallas mnémicas por esta razón se me plantean muchas dificultades en el abordaje del concepto del azar; sin embargo, para mí es un reto conceptual emprender esta tarea con toda la dedicación de un investigador ávido del conocimiento y que no renuncia al trabajo que implica penetrar en esos campos, aceptando sí que soy un estudioso de esas disciplinas; esta temática es en la que me sumerjo y lo hago acompañado de la incertidumbre sin renunciar a la gratificación que me da el estudio, el cual me lleva al conocer mas no sin negar que siempre el hombre navegó y navega en lo incierto.

Hace algunos años estaba escribiendo el libro Psicoanálisis y la Teoría de la Compleji­dad, publicado en el año 2002, y me encontré con la inquietud de esta temática que tenía en mente muchos años atrás, más exactamente sobre el “determinismo y el azar”; por esta razón me dediqué al estudio de estas ideas y a revisar los textos que se habían publicado así como aquellos que aparecieron posteriormente.

Por esa misma época mi amigo y colega el Académico Adolfo de Francisco Zea me hizo una visita y trajo de regalo el libro “El Azar y la Necesidad(4); la última edición había apa­recido en abril del año 2000. Este libro fue para mí una de las piedras preciosas para aden­trarme más en las temáticas del azar en que aparece cómo la naturaleza, la cual en mi saber y entender, tiene objetividad y se demuestra proyectivamente en los hechos que el hombre des­cubre; en estos aconteceres se manifiestan múltiples fuerzas que a través de los textos iremos nombrando y contextualizado; aquellas fuerzas con sus energías, las configuran fenómenos que surgen regularmente en forma repetitiva; he ahí el concepto de ciclo (sustantivo griego “kiklos” que significa círculo o ciclo); lo que equivale a una serie de fenómenos que siguen un orden determinado, en un periodo después del cual se repiten los mismos en el mismo orden.

Aquí podemos asociar esto con el ciclo solar, lunar y planetario, galáctico e intergaláctico a nivel macroscópico que se pasa de lo circular a lo espiral ascendente causada esta geometría por la relación materia-energía, espacio-movimiento; y, a nivel microscópico los ciclos vita­les que se presentan desde el inicio de la vida hasta el fin de la misma.

Pensemos solamente en algo muy simple, los latidos del corazón con sus ritmos cardiacos, con su frecuencia y sus intensidades; entre cada periodo de intensidad y frecuencias, hay un periodo de intervalo, “una cesura” sin excitabilidad y señalización de la excitabilidad car­diaca, más esta se repite (5). De la misma manera ocurre en los ciclos biológicos (por ejemplo en el de la menstruación de la mujer hasta que llega a la menopausia y la amenorrea); aquí se incluyen los ciclos hormonales, el ciclo respiratorio relacionado con el cardiovascular, el ciclo de vigilia y de sueño (día y noche) que se interrelacionan, así mismo con el de caminar y el de reposo en forma horizontal o sentada. La misma biología molecular se organiza cícli­camente para producir señales y estructuras funcionantes, produciendo estructuras complejas siempre exactas, puesto que se es este elemento, o se es otro; he ahí “el ser y no ser”; por ejemplo, se es adenina, timina, citosina o guanina en sus posiciones exactas o no se es; se tie­nen los enlaces hidrogenados y los fosfatos para constituir el ADN o no se realiza esta estruc­tura bioquímica en forma simétrica o asimétrica; he ahí también la presencia del todo o nada como ocurre con las fibras cardiacas (o se contraen del todo o no lo hacen), (A. De Francisco). De la misma manera ocurren los ciclos psíquicos anímicos e instintivos que funcionan en su interrelación con los biológicos; es así también como aparece el día, el despertar y la noche el dormir, la luz y la oscuridad o entrar después de haber salido como lo expresaran los antiguos egipcios. Todos estos ciclos y otros más pueden probarse por sus registros.

Los mismos cristales, las piedras preciosas sus moléculas son simétricas; recordemos el fenómeno de las llamadas células hexagonales de Bénard en forma de paneles que se auto-organizan a través de millones de moléculas con un patrón geométrico exacto; a medida que el sistemas se aleja del equilibrio y de su temperatura uniforme. Así se llega a un punto crí­tico de estabilidad en el que aparece el “patrón hexagonal” ordenado; lo mismo ocurre con el campo en la mezcla de líquidos (agua y aceite) que se presenta ya no la hexagonalidad, sino la circunferencia, la cual al tomar velocidad en el espacio se convierte supuestamente en espiral. Así como acontece con los átomos, las moléculas y las células también acontece en el cosmos; por ejemplo, el hidrógeno como materia prima emite radiación solamente cuando el electrón toma la posición levógira y cambia su sentido de rotación y se hace dextrógira en un periodo cíclico; esto se produce cada 11 millones de años y se manifiesta por una radio-dimensión en una longitud de onda de 21 centímetros, o sea 1.420 MHz por segundo. Así también sobrevienen los pulsares, las estrellas binarias, en todas las galaxias.

El lector podrá darse cuenta que estamos analogando hechos, aconteceres y lo hacemos gracias al conocimiento científico con los conceptos témporo-espaciales; es por esto por lo que a estas alturas tenemos que contar cómo y con qué medimos distancias o longitudes, y cómo las distancias llegan a ser enormes, y en las expresiones normales se denominan angs­trom (6); un centímetro equivale 10 a la 8 angstrom y luego pasamos a la dimensión años luz. El mismo tiempo a esos niveles cósmicos los convertimos en espacio, el cual de él deducimos el tiempo empleado para recorrerlo y no existe otro medio para determinarlo. Así también denominamos “tiempo y espacio cósmico” que tiene sus diferentes movimientos y ciclos. Sin embargo, dentro de toda esta concepción cíclica témporo espacial llegamos a la infinitud que carece de límites, y todo lo demás aparece indefinido, desconocido sin medida, pero sí con posibilidad de estimar su presencia; de la misma manera llegamos al “concepto de infinito”; en cuanto no sólo a lo témporo-espacial sino a lo causal, pues el ser humano no tolera fácil­mente lo desconocido y necesita una explicación racional para entender todos los orígenes, los cuales la mayoría de las veces los ubicamos en las fuerzas de la materia-energía que son una misma cosa y se comporta de una u otra manera a la vez, como su consecuencia la luz; todas reguladas por esa magnitud cósmica infinita e incomprensible (hasta el presente).

Este concepto de medida ha sido estudiado por filósofos y físicos; fue así como el concepto materia-energía se llevó al de funciones de onda calculada por la ecuación de Schrödinger(7)

A todo ello (el infinito) la humanidad le ha llamado Dios o todos sus nombres (8). En rea­lidad el infinito es algo metafísico conceptual e incógnito para el ser humano; y lo indefinido puede convertirse en algo conceptual abstracto matemático. Este último concepto es muy importante tenerlo en cuenta para el desarrollo de toda esta temática del “azar determinista” y del “destino”.

Los textos consignados en esta obra parten de los sistemas naturales y a la vez cuándo y cuánto se podrán preguntar ¿de dónde vienen ellos?, ¿quién los programa?, ¿qué, cómo o cuál es el fenómeno que lo determina?, ¿por qué y para qué? ¿Tienen ellos un proyecto, meta o fin para realizar una explicación?, ¿pertenecen los programas a fuerzas externas e internas de la naturaleza que no son conocidas todas ellas por el hombre? La respuesta a todos estos interro­gantes puede ser positiva, porque si bien han transcurridos milenios, en preguntarse, todavía desconocemos múltiples respuestas a incógnitas que nos plantea el hombre en el universo. El mismo universo podemos cuestionarlo si es autónomo o es secundario, porque la autonomía se establece en un inicio para ese principio y luego se produce para dar la forma y sentido dentro de todo un desarrollo impuesto por la misma naturaleza. También podemos preguntar­nos no solamente sobre lo común a la simetría y asimetría que rige la naturaleza, sino sobre la tendencia a la igualdad, a lo idéntico, a la integración, a la tendencia a la invariación y a la reproducción invariante y, dentro de toda esta conceptualización aparecería el desarrollo y la evolución de nuestro planeta tierra y la vida dentro de él, y, obviamente, el hombre como es­pecie más evolucionada conocida, la cual presenta una serie de incógnitas sin resolver como es la que le “acompaña en el, o en su destino”.

Aquí se me ocurre pensar que “el hombre puede ser otro eslabón dentro de la cadena de la evolución”, pero que en el fondo tiene una tendencia a una nueva organización, ordenación, simetría, integración para llegar a otra armonía9, en una escala elíptica evolutiva de transfor­mación. Ahí también entraría el secreto de la vida, el imaginar una perfección y un equilibrio. Aún más, si analizamos más profundamente los aconteceres del siglo XX para llegar al siglo XXI, observamos que están ocurriendo cambios tecnológicos con gran rapidez, para buscar y determinar las organizaciones genéticas con la tendencia no solamente a la conservación, reproducción de las estructuras sino de una nueva reordenación que impida malformaciones,

y, aún en el fondo, allí está la tendencia a la conservación de la vida o sea la búsqueda de la inmortalidad, por ejemplo con el estímulo de la telomerasa del gen 14. He ahí el mito meso­potámico después del diluvio y el sueño de Gilgamesh.

Todo esto no excluye una serie de “paradojas” que participan en toda esta curiosidad re­presentada en la ansiedad de la búsqueda de nuevos órdenes y entre ellos podemos incluir el psicosocial, en el cual se busca también una igualdad, la equidad, en derechos, deberes, liber­tades y poderes. Esto también podrá apoyarse siempre y cuando exista la “transformación del Yo con la renuncia al Yo por el nosotros”; es decir, la consciencia social colectiva que signifi­ca el ser, el hacer y el tener, de y por todos como “una necesidad unitaria”; en esta necesidad también se incluye el azar como otra posibilidad de un hecho. ¿Este puede aparecer como una nueva utopía o una condición inexorable del ser humano en su evaluación? La respuesta la dejo abierta para los estudiosos del ser en el mundo de la evaluación.

¿Es el “azar una necesidad” y pertenecen (azar y necesidad) al determinismo? La respues­ta puede variar de acuerdo con las perspectivas a las cuales nos enfrentemos. La necesidad corresponde más a la naturaleza del ser y supone necesariamente un proceso de evolución y desarrollo con un fin, una prioridad, un principio de causación, una temporalidad, que en el ser humano termina en el ser, en su existencia, sin apartarse de todo lo aleatorio del azar y del destino; de ahí que nos referimos a la filo y ontogenia, distinciones radicales entre los seres vivos, para llegar al ser humano.

Sin embargo, preguntémonos: ¿si el azar está determinado entonces podremos referirnos al “azar determinista” con sus teorías devenidas de la práctica? Aquí surgen otras preguntas: ¿el azar es solamente una hipótesis, una teoría especulativa, una concepción explicativa, una teoría físico-psíquica o una teoría psicoeléctrica o cuántica? La respuesta puede ser afirmativa de acuerdo con los parámetros que evaluamos la teoría; sin embargo, en esta obra se tratará de plantear “una hipótesis teórica” para tratar respuestas del tan “difícil tema del destino enla­zándolo éste último al determinismo causal que proviene de la naturaleza cosmológica”.

Para ser simplista, por ejemplo, se intenta estudiar la capacidad intuitiva global del ser hu­mano dentro de todo el aparato mental que funciona de acuerdo con los diferentes determinis­mos psico-biológicos dentro de los cuales se encuentra la física y la química cuántica, además de todas las funciones psicodinámicas bien analizadas por el psicoanálisis, por la psicología clásica cognitiva y conductual, además por la filosofía; en todas estas disciplinas operan con sus métodos específicos; lo que intento también aquí es utilizar todos estos hallazgos y cono­cimientos para entender más y mejor al hombre (ser vivo); me valgo de estas ciencias antes mencionadas y que comprenden las actuales neurociencias para traspasar barreras que están teñidas de pesimismo, subjetivismo, pensamiento mágico omnipotente, pseudo-cientifismo, ignorancia, arrogancia, desconocimiento, porque todavía no hay pruebas reales que validen los hechos de observación y los frustrados experimentos, especialmente en el campo de lo paranormal.


4 Ensayos sobre la filosofía natural de la biología moderna, escrito por Jacques Monod
5 “Se repite porque está autorregulada por el mecanismo de excitabilidad propia de las fibras nerviosas del miocardio, esa “cesura” es un descanso que no produce actividad, como de la excitación de las fibras y es más prolongada que la excitabilidad misma. Se descansa más (reposo) de lo que se trabaja” (Comentario de A. De Francisco, 2010). Estos pensamientos como otros que aparecen a pie de página surgieron del Acadé­mico Adolfo De Francisco que me hizo en su acuciosa y profunda lectura.
6 Medida utilizada en microscopía equivalente a 10 millonésimas partes de 1 mm.
7 Realmente podemos afirmar que W. Schrödinger fue quien postuló la mecánica ondulatoria que pertenece a la cuántica como una teoría para explicar la estructura atómica. Los postulados de Schrödinger articulan los de De Broglie y los de Planck y Heisenberg y los valores del modelo atómico de Böhr La función de onda la cual se explicará más adelante y referida a las ondas descritas por De Broglie (1892-1987) (Premio Nóbel francés por su descubrimiento en la naturaleza ondulatoria de los electrones), debe satisfacer una función, la cual determina una solución a las funciones de onda y a los niveles de energía del sistema. Las funciones de onda permiten el cálculo de todas las características medibles del sistema. La forma general de la ecuación de onda se realiza para ondas que viajan a lo largo de un eje. Las ondas de De Broglie están ligadas a la energía total que permanece constante. La frecuencia de onda de De Broglie se asocia también a la partícula que permanece constante.
La ecuación de onda de Schrödinger es aquella igualdad (que contiene una o más incógnitas) e implica un cálculo matemático diferencial (las variables pueden involucionar funciones desconocidas y algunas deri­vadas ordinarias o parciales; por ejemplo, que dependen de una curva [en forma ordinaria] o parciales que dependen de variables), que depende de una o más variables. La ecuación se refiere a mediciones (operacio­nes) de ondas estacionarias de diferente energía; por ejemplo, el movimiento de una cuerda de guitarra nos ayuda a comprender el concepto de “onda estacionaria”; la cuerda de guitarra vibra pero no se desplaza; por eso es estacionaria. Se llama “nodo” a un punto que no se mueve. En las longitudes de la cuerda hay puntos extremos que están fijos y hay puntos en donde la onda no se mueve y está en un punto fijo intermedio. Para poder resolver la ecuación de onda de Schrödinger se requiere de herramientas de cálculo complejos. Aunque la ecuación no tiene en sí significado físico, el valor de la función de onda al cuadrado, representa la distribución de probabilidad de encontrar al electrón en cierta región del espacio, también denominado densidad electrónica. La ecuación de Schrödinger inició una nueva era para la física y la química y abrió un nuevo campo: el de la mecánica cuántica también conocida como mecánica ondulatoria, (Mecánica cuántica y orbitales atómicos. https://www1.ceit.es/Asignaturas/quimica/Curso0/MC+orbitales.htm).
Por su parte, cuando nos referimos “al cuadrado de la función de onda” 2Ψ, lo hacemos a la probabilidad de encontrar al electrón en una región determinada (principio de Heisenberg); aquí aparece el modelo orbital (según el espacio en la que hay una máxima probabilidad de encontrar al electrón).
Las funciones de onda y las energías correspondientes pertenecen a los sistemas que podemos resolver a través de la ecuación de Schrödinger; a su vez la energía potencial puede variar con la posición de las partículas; el proceso de las funciones de onda debemos contemplarlo en las diferentes regiones en que se presenta para lo cual tenemos que acudir a las ecuaciones matemáticas para su determinación. En realidad, “la tarea de resolver la ecuación de Schrödinger puede ser muy difícil, dependiendo de la forma de la función de energía potencial. Como se ha indicado, la ecuación de Schrödinger ha sido en extremo útil al explicar el comportamiento de los sistemas atómicos y nucleares, en tanto que la física clásica ha fracasado al intentarlo. Además, cuando la mecánica ondulatoria se aplica a objetos macroscópicos, los resultados concuerdan con la física clásica, como requiere el principio de correspondencia”, (Serway RA., (1992). Física, Tomo II, Cuarta Edición, Editorial Mc Graw Hill, Capítulo 41, Mecánica Cuántica, ps. 1196-1214, México. La negrilla es mía.), (G. Sánchez Medina y J. Márquez Díaz, 2009, pág. 485-486).
8 El concepto de “infinito” se llevó a la de identificación con la “entidad” infinita e incomprensible de Di­vinidad Creadora o Dios. Para los griegos y luego para los judeo-cristianos ha sido útil esta concepción; sin embargo, para el físico matemático Steve Hawking, es inútil e innecesario para la ciencia.
9 “Armonía cuya suma de sus partes es superior a las “partes” tomadas aisladamente; eso ocurre también en las partes individuales de un ente y el valor superior de su interacción con el ser humano total”, (Comentario de A. De Francisco, 2010).
10 Prezioso, F., “Teoría del Destino”, Libro electrónico, Editorial Anillo Egon, 2003.

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