El Azar Determinista, Prologo al Libro

“El Azar Determinista. El Lazo del Destino”


Por Adolfo De Francisco Zea

Miembro de las Academias de la Lengua, Historia y Medicina1

“Recuerda que aun siendo mortal por na­turaleza y habiendo obtenido en suerte un tiempo limitado de vida, gracias a la cien­cia de la naturaleza te elevaste a lo infinito y eterno y contemplaste ‘lo que es, lo que será y lo que fue’”.

Epicuro

(fragmento de una carta a Metrodoro)

En el Discurso de Orden que tuve ocasión de pronunciar en la Sesión Solemne de la Academia Nacional de Medicina del 26 de mayo de 2011 con motivo de la promoción del académico Guillermo Sánchez Medina a la dignidad de Miembro Honorario de la Corpo­ración, me pareció apropiado dar comienzo a mis palabras haciendo mención de uno de los recuerdos infantiles más precoces del ilustre académico: un pequeño accidente que le ocurrió al resbalar cuando corría velozmente por una calle inclinada. Señalé que lo interesante del recuerdo era el hecho de que al día siguiente Guillermo se sintió impelido a regresar al lugar del accidente a preguntarse por las causas del insuceso. Anoté, finalmente, que ese episodio aparentemente trivial revela un rasgo de personalidad del académico que vale la pena se­ñalar: el hábito de preguntarse acerca de por qué ocurren las cosas en la vida cotidiana, y después preguntarse simplemente por qué ocurren las cosas.

En la temprana edad en que le aconteció el percance, Sánchez Medina no podía estar al tanto del precepto de Martín Heidegger que dice así: “La pregunta es la forma suprema del saber”. Con ese precepto, el filósofo quería señalar la importancia de cuestionarse siempre como etapa previa al conocimiento del ser y de las cosas. En su libro “El Ser y el Tiempo”, precisa un poco más el sentido de su máxima diciendo: “Todo preguntar es un buscar y todo buscar tiene su dirección previa que le viene de lo buscado”, lo que sugiere que en los cues­tionamientos que nos formulamos hay algún grado de determinismo en el proceso mismo del cuestionamiento; no se pregunta en vano ni se pregunta mirando hacia el vacío. El hábito de preguntarse sobre los sucesos que ocurren de improviso sin causa alguna aparente, fue adquirido por Guillermo gracias precisamente al azar determinista del pequeño accidente de su infancia, y es un hábito que aparece desde entonces y se muestra una y otra vez en buena parte de sus escritos.

En su vida de intelectual consagrado, el doctor Sánchez Medina inquiere, indaga y se formula incesantes preguntas sobre los temas que son objeto de su estudio, preguntas que algunas veces responde con palabras, y otras, las menos, con silencios siguiendo el sabio consejo del filósofo Ludwig Wittgenstein de callar cuando se presiente o se intuye que no hay nada nuevo o valioso que decir. Saber cuestionarse y saber responderse con palabras, o con silencios cuando lo más indicado es callar, son actitudes filosóficas que marcan su estilo de vida. A través de los años, el estilo peculiar de Guillermo de llevar su existencia le permite revelarse hoy como prototipo y modelo de la sentencia de Epicuro que he colocado como acápite en este prólogo: “Recuerda que aun siendo mortal por naturaleza y habiendo obtenido en suerte (o por azar determinista) un tiempo limitado de vida, gracias a la ciencia de la naturaleza te elevaste a lo infinito y eterno y contemplaste ¨lo que es, lo que será y lo que fue.”

* * * * * * *

El título de la obra: “El Azar determinista. El lazo del destino” contiene tres palabras claves: azar, determinismo y destino, sobre cuyo significado se han ocupado las mentes cu­riosas de todos los tiempos, que se formulan a menudo preguntas del siguiente tenor: existe el azar?, los hechos que acontecen son producto exclusivo del azar?, obedecen acaso al determinismo que establecen las leyes causa-efecto de la naturaleza?, existe un destino inexorable para todos los seres humanos como pensó Calvino y parecen sugerirlo algunas de las confesiones religiosas de oriente?

Palabras que hoy forman parte del lenguaje corriente de nuestros días como azar, deter­minismo, indeterminismo, incertidumbre causalidad, casualidad, necesidad, destino, suerte, átomo, materia, energía y otras relacionadas con lo casual, lo fortuito y lo aleatorio son expresiones empleadas con sentido y significación análogos en estos y otros tiempos. A su alrededor, y gracias a su frecuente empleo, se tejen hipótesis y desarrollan teorías que pre­tenden explicar el universo y los sistemas de su funcionamiento y entender el Hombre, su historia y sus vicisitudes.

Hace dos mil quinientos años, por ejemplo, los filósofos presocráticos entendieron los átomos como partes infinitamente pequeñas de la materia; aquellas que no podían subdi­vidirse más, e imaginaron e intentaron explicar sus propiedades más notables. Todo cuanto constituye el universo, postularon, está formado por átomos que chocan entre sí y se despla­zan a velocidades tan increíbles, que en los cuerpos compuestos a veces parecen alcanzar los límites de la velocidad del propio pensamiento. Recuérdese que en esos tiempos se des­conocía la magnitud de la velocidad de la luz, y en consecuencia no se la empleaba todavía como punto de referencia o sistema de medición. La velocidad del pensamiento para aque­llos filósofos era una forma ingeniosa de referirse a la que los átomos podían alcanzar al desplazarse libremente en el espacio.

Demócrito de Abdera fue el primer pensador de occidente en concebir el átomo como realidad física sin alcanzar a vislumbrar su prodigiosa estructura físico-química, o imaginar las funciones de onda que hoy nos permiten entender algo de su funcionamiento. Sus teo­rías científicas parecían tan extrañas a sus contemporáneos como era extraña su manera habitual de comportarse. Cuentan las crónicas que en ocasiones se le tuvo por loco y que inclusive Hipócrates, el Padre de la medicina fue llamado una vez a examinarlo. Hipócrates inició el diálogo con el sabio filósofo interrogándolo sobre las doctrinas que enseñaba. Al terminar la visita de dos horas pudo afirmar con certidumbre a los familiares y amigos del filósofo que nunca antes en su larga experiencia había encontrado una mente tan lúcida como la de Demócrito.

Demócrito pensaba que en el vacío y en razón de su peso los átomos ascienden o descien­den siguiendo líneas direccionales paralelas, que por ser paralelas no se encuentran jamás. Algo distinto parecía ocurrir en el interior de los cuerpos compuestos, en donde la dirección del movimiento de los átomos cambiaba de acuerdo a las colisiones que la determinaban y modificaban.

Para Epicuro, la teoría de los movimientos ascendentes o descendentes del átomo si­guiendo líneas paralelas no era satisfactoria porque de acuerdo a ella los átomos nunca podrían chocar, mezclarse unos con otros y producir la infinitud de cuerpos compuestos que forman el cosmos. Epicuro postuló en su lugar una hipótesis alternativa según la cual esas pequeñas unidades de materia podían desviarse del sendero imaginado por Demócrito gra­cias a la existencia de un movimiento atómico adicional y diferente al que dio el nombre de “clinamen”. El clinamen les permitía desviarse de su curso primitivo, colisionar y mezclarse entre sí formando cuerpos más pesados. El clinamen se producía “al azar”, sin causa al­guna que lo determinara, impelido por algún determinismo o quizás como mero producto del indeterminismo. La teoría del clinamen, expuesta por Epicuro en alguno de sus escritos llegado en buena hora hasta nosotros, puede considerarse en mi opinión como antecedente legítimo y distante de la teoría del “Azar determinista” de Guillermo.

* * * * * * *

En varias obras del doctor Sánchez Medina se encuentran elementos que anticipan su interesante hipótesis, que en el último de sus libros nos presenta acertadamente como una nueva propuesta intelectual. En “Psicoanálisis y la teoría de la complejidad”, por ejemplo, hace valiosas consideraciones sobre el azar, el determinismo y el indeterminismo, consi­deraciones que amplía en sus detalles con mayor finura en “El Azar determinista”. En su obra “Cerebro-mente. El pensamiento cuántico”, revisa los mecanismos del funcionamiento cerebral implicados en la producción de hechos físicos comprobables del cerebro y los de las representaciones exclusivamente mentales que se relacionan con ellos. Debe resaltarse el hecho de que los estudiosos del “Problema mente-cuerpo” no han logrado despejar todavía la incógnita de si las representaciones mentales existen realmente por sí mismas, y si pueden tener existencia independiente del cerebro físico.

“Psicoanálisis y la teoría de la complejidad” es una obra impactante, sin duda alguna, en donde busca establecer analogías entre el psicoanálisis y los postulados de la teoría del caos y las ciencias de la complejidad que estudian los seres vivos desde la perspectiva de su dinámica de estructuras complejas disipativas no lineales de equilibrio inestable. A partir de esa teoría, Guillermo investiga las relaciones entre los fenómenos biológicos orgánicos y el psiquismo. En ella encuentra orden y patrones de organización en donde antes sólo se encontraba el azar y lo impredecible, es decir, lo caótico. El concepto de azar que se esboza en el libro, se desarrolla magistralmente en “El Azar determinista” que viene a ser en cierta forma su continuación. Las doctrinas que expone pasan de un libro al otro siguiendo hilos conductores bien definidos.

Es oportuno señalar que en el prólogo de “Psicoanálisis y la teoría de la complejidad”, el doctor José Félix Patiño destaca la manera como Sánchez Medina ubica el psicoanálisis desde la perspectiva del pensamiento complejo. El pensamiento complejo solo se comprende cuando se toman en consideración las condiciones de interacción de los sistemas entre sí, y la observación del sistema en estudio desde dentro y desde fuera. En el método psicoanalítico, por ejemplo, es claro que el analista es el observador externo, y que el analizado observa desde fuera los fenómenos al mismo tiempo que se autoobserva desde su interior.

En razón a lo expuesto y como necesario complemento, Sánchez Medina muestra con intención docente que los sistemas biológicos, psicológicos y psicodinámicos, sociales y cul­turales, simbólicos y concretos que se expresan en distintos lenguajes, que se comunican, se informan, se describen, se analizan y se reconocen, se colocan por así decirlo en la pantalla de la conciencia para establecer allí una relación entre el mundo interior y el mundo externo en el que dejan huellas que dan testimonio de su existencia y permanencia en él.

En relación al tema, Patiño Restrepo destaca como información valiosa estas palabras del autor: “El mismo funcionamiento psíquico pertenece a un sistema complejo no lineal con tendencia al desorden y al caos en sus partes, en sus asociaciones libres y en su atención flo­tante. Se llega más adelante a un orden semejante al de la interpretación transferencial para formar un conjunto, finalmente, que no ofrece certeza o certidumbre sino solo probabilida­des”. Es ahí donde debe estudiarse el inconsciente en sus funciones diferentes y vicisitudes impredecibles.

DÉJANOS TU COMENTARIO

DÉJANOS TU COMENTARIO

Please enter your comment!