El Azar Determinista, Prologo al Libro

“El Azar Determinista. El Lazo del Destino”

DR. GUILLERMO SÁNCHEZ MEDINA
Por Adolfo De Francisco Zea

Miembro de las Academias de la Lengua, Historia y Medicina1

“Recuerda que aun siendo mortal por na­turaleza y habiendo obtenido en suerte un tiempo limitado de vida, gracias a la cien­cia de la naturaleza te elevaste a lo infinito y eterno y contemplaste ‘lo que es, lo que será y lo que fue’”.

Epicuro

(fragmento de una carta a Metrodoro)

En el Discurso de Orden que tuve ocasión de pronunciar en la Sesión Solemne de la Academia Nacional de Medicina del 26 de mayo de 2011 con motivo de la promoción del académico Guillermo Sánchez Medina a la dignidad de Miembro Honorario de la Corpo­ración, me pareció apropiado dar comienzo a mis palabras haciendo mención de uno de los recuerdos infantiles más precoces del ilustre académico: un pequeño accidente que le ocurrió al resbalar cuando corría velozmente por una calle inclinada. Señalé que lo interesante del recuerdo era el hecho de que al día siguiente Guillermo se sintió impelido a regresar al lugar del accidente a preguntarse por las causas del insuceso. Anoté, finalmente, que ese episodio aparentemente trivial revela un rasgo de personalidad del académico que vale la pena se­ñalar: el hábito de preguntarse acerca de por qué ocurren las cosas en la vida cotidiana, y después preguntarse simplemente por qué ocurren las cosas.

En la temprana edad en que le aconteció el percance, Sánchez Medina no podía estar al tanto del precepto de Martín Heidegger que dice así: “La pregunta es la forma suprema del saber”.

Con ese precepto, el filósofo quería señalar la importancia de cuestionarse siempre como etapa previa al conocimiento del ser y de las cosas. En su libro “El Ser y el Tiempo”, precisa un poco más el sentido de su máxima diciendo: “Todo preguntar es un buscar y todo buscar tiene su dirección previa que le viene de lo buscado”, lo que sugiere que en los cues­tionamientos que nos formulamos hay algún grado de determinismo en el proceso mismo del cuestionamiento; no se pregunta en vano ni se pregunta mirando hacia el vacío. El hábito de preguntarse sobre los sucesos que ocurren de improviso sin causa alguna aparente, fue adquirido por Guillermo gracias precisamente al azar determinista del pequeño accidente de su infancia, y es un hábito que aparece desde entonces y se muestra una y otra vez en buena parte de sus escritos.

En su vida de intelectual consagrado, el doctor Sánchez Medina inquiere, indaga y se formula incesantes preguntas sobre los temas que son objeto de su estudio, preguntas que algunas veces responde con palabras, y otras, las menos, con silencios siguiendo el sabio consejo del filósofo Ludwig Wittgenstein de callar cuando se presiente o se intuye que no hay nada nuevo o valioso que decir.

Saber cuestionarse y saber responderse con palabras, o con silencios cuando lo más indicado es callar, son actitudes filosóficas que marcan su estilo de vida. A través de los años, el estilo peculiar de Guillermo de llevar su existencia le permite revelarse hoy como prototipo y modelo de la sentencia de Epicuro que he colocado como acápite en este prólogo: “Recuerda que aun siendo mortal por naturaleza y habiendo obtenido en suerte (o por azar determinista) un tiempo limitado de vida, gracias a la ciencia de la naturaleza te elevaste a lo infinito y eterno y contemplaste ¨lo que es, lo que será y lo que fue.”

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El título de la obra: “El Azar determinista.

El lazo del destino” contiene tres palabras claves: azar, determinismo y destino, sobre cuyo significado se han ocupado las mentes cu­riosas de todos los tiempos, que se formulan a menudo preguntas del siguiente tenor: existe el azar?, los hechos que acontecen son producto exclusivo del azar?, obedecen acaso al determinismo que establecen las leyes causa-efecto de la naturaleza?, existe un destino inexorable para todos los seres humanos como pensó Calvino y parecen sugerirlo algunas de las confesiones religiosas de oriente?

Palabras que hoy forman parte del lenguaje corriente de nuestros días como azar, deter­minismo, indeterminismo, incertidumbre causalidad, casualidad, necesidad, destino, suerte, átomo, materia, energía y otras relacionadas con lo casual, lo fortuito y lo aleatorio son expresiones empleadas con sentido y significación análogos en estos y otros tiempos. A su alrededor, y gracias a su frecuente empleo, se tejen hipótesis y desarrollan teorías que pre­tenden explicar el universo y los sistemas de su funcionamiento y entender el Hombre, su historia y sus vicisitudes.

Hace dos mil quinientos años, por ejemplo, los filósofos presocráticos entendieron los átomos como partes infinitamente pequeñas de la materia; aquellas que no podían subdi­vidirse más, e imaginaron e intentaron explicar sus propiedades más notables.

Todo cuanto constituye el universo, postularon, está formado por átomos que chocan entre sí y se despla­zan a velocidades tan increíbles, que en los cuerpos compuestos a veces parecen alcanzar los límites de la velocidad del propio pensamiento. Recuérdese que en esos tiempos se des­conocía la magnitud de la velocidad de la luz, y en consecuencia no se la empleaba todavía como punto de referencia o sistema de medición. La velocidad del pensamiento para aque­llos filósofos era una forma ingeniosa de referirse a la que los átomos podían alcanzar al desplazarse libremente en el espacio.

Demócrito de Abdera fue el primer pensador de occidente en concebir el átomo como realidad física sin alcanzar a vislumbrar su prodigiosa estructura físico-química, o imaginar las funciones de onda que hoy nos permiten entender algo de su funcionamiento. Sus teo­rías científicas parecían tan extrañas a sus contemporáneos como era extraña su manera habitual de comportarse. Cuentan las crónicas que en ocasiones se le tuvo por loco y que inclusive Hipócrates, el Padre de la medicina fue llamado una vez a examinarlo. Hipócrates inició el diálogo con el sabio filósofo interrogándolo sobre las doctrinas que enseñaba. Al terminar la visita de dos horas pudo afirmar con certidumbre a los familiares y amigos del filósofo que nunca antes en su larga experiencia había encontrado una mente tan lúcida como la de Demócrito.

Demócrito pensaba que en el vacío y en razón de su peso los átomos ascienden o descien­den siguiendo líneas direccionales paralelas, que por ser paralelas no se encuentran jamás. Algo distinto parecía ocurrir en el interior de los cuerpos compuestos, en donde la dirección del movimiento de los átomos cambiaba de acuerdo a las colisiones que la determinaban y modificaban.

Para Epicuro, la teoría de los movimientos ascendentes o descendentes del átomo si­guiendo líneas paralelas no era satisfactoria porque de acuerdo a ella los átomos nunca podrían chocar, mezclarse unos con otros y producir la infinitud de cuerpos compuestos que forman el cosmos.

Epicuro postuló en su lugar una hipótesis alternativa según la cual esas pequeñas unidades de materia podían desviarse del sendero imaginado por Demócrito gra­cias a la existencia de un movimiento atómico adicional y diferente al que dio el nombre de “clinamen”. El clinamen les permitía desviarse de su curso primitivo, colisionar y mezclarse entre sí formando cuerpos más pesados. El clinamen se producía “al azar”, sin causa al­guna que lo determinara, impelido por algún determinismo o quizás como mero producto del indeterminismo. La teoría del clinamen, expuesta por Epicuro en alguno de sus escritos llegado en buena hora hasta nosotros, puede considerarse en mi opinión como antecedente legítimo y distante de la teoría del “Azar determinista” de Guillermo.

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En varias obras del doctor Sánchez Medina se encuentran elementos que anticipan su interesante hipótesis, que en el último de sus libros nos presenta acertadamente como una nueva propuesta intelectual.

En “Psicoanálisis y la teoría de la complejidad”, por ejemplo, hace valiosas consideraciones sobre el azar, el determinismo y el indeterminismo, consi­deraciones que amplía en sus detalles con mayor finura en “El Azar determinista”. En su obra “Cerebro-mente. El pensamiento cuántico”, revisa los mecanismos del funcionamiento cerebral implicados en la producción de hechos físicos comprobables del cerebro y los de las representaciones exclusivamente mentales que se relacionan con ellos. Debe resaltarse el hecho de que los estudiosos del “Problema mente-cuerpo” no han logrado despejar todavía la incógnita de si las representaciones mentales existen realmente por sí mismas, y si pueden tener existencia independiente del cerebro físico.

“Psicoanálisis y la teoría de la complejidad” es una obra impactante, sin duda alguna, en donde busca establecer analogías entre el psicoanálisis y los postulados de la teoría del caos y las ciencias de la complejidad que estudian los seres vivos desde la perspectiva de su dinámica de estructuras complejas disipativas no lineales de equilibrio inestable. A partir de esa teoría, Guillermo investiga las relaciones entre los fenómenos biológicos orgánicos y el psiquismo. En ella encuentra orden y patrones de organización en donde antes sólo se encontraba el azar y lo impredecible, es decir, lo caótico. El concepto de azar que se esboza en el libro, se desarrolla magistralmente en “El Azar determinista” que viene a ser en cierta forma su continuación. Las doctrinas que expone pasan de un libro al otro siguiendo hilos conductores bien definidos.

Es oportuno señalar que en el prólogo de “Psicoanálisis y la teoría de la complejidad”, el doctor José Félix Patiño destaca la manera como Sánchez Medina ubica el psicoanálisis desde la perspectiva del pensamiento complejo.

El pensamiento complejo solo se comprende cuando se toman en consideración las condiciones de interacción de los sistemas entre sí, y la observación del sistema en estudio desde dentro y desde fuera. En el método psicoanalítico, por ejemplo, es claro que el analista es el observador externo, y que el analizado observa desde fuera los fenómenos al mismo tiempo que se autoobserva desde su interior.

En razón a lo expuesto y como necesario complemento, Sánchez Medina muestra con intención docente que los sistemas biológicos, psicológicos y psicodinámicos, sociales y cul­turales, simbólicos y concretos que se expresan en distintos lenguajes, que se comunican, se informan, se describen, se analizan y se reconocen, se colocan por así decirlo en la pantalla de la conciencia para establecer allí una relación entre el mundo interior y el mundo externo en el que dejan huellas que dan testimonio de su existencia y permanencia en él.

En relación al tema, Patiño Restrepo destaca como información valiosa estas palabras del autor: “El mismo funcionamiento psíquico pertenece a un sistema complejo no lineal con tendencia al desorden y al caos en sus partes, en sus asociaciones libres y en su atención flo­tante. Se llega más adelante a un orden semejante al de la interpretación transferencial para formar un conjunto, finalmente, que no ofrece certeza o certidumbre sino solo probabilida­des”. Es ahí donde debe estudiarse el inconsciente en sus funciones diferentes y vicisitudes impredecibles.

No es extraño deducir que para el doctor Sánchez Medina las relaciones entre la teoría del caos y complejidad, el psicoanálisis y el azar determinista son incuestionables y pueden constituirse en materia de estudios posteriores más detenidos sobre ese interesante proble­ma.

En otro escrito de publicación reciente, titulado: “Dinámica no lineal y complejidad en medicina” (2011), Patiño Restrepo considera legítimo y pertinente el interés del doctor Sán­chez Medina en demostrar “puntos fijos” en los síntomas psíquicos, que a la manera de los atractores de la teoría del caos y complejidad sirven como sitios puntuales de organización y ordenamiento de los campos del pensamiento. En relación al tema, Sánchez Medina considera que el caos es y forma parte del fenómeno de la naturaleza en donde opera el inconsciente y el consciente ejerce su acción en el proceso psicoanalítico; hace por tanto énfasis en que “siempre hay algo que actúa como atractor fijo o periódico, como un paso de referencia que permite salir de las posiciones caóticas ambiguas o ambivalentes.”

Las relaciones de fondo entre los conceptos del determinismo y el azar que se exponen en “Psicoanálisis y la teoría de la complejidad” y “Cerebro Mente. El pensamiento cuántico”, son estrechas y se entrelazan bien para luego transmitirse de manera continua y sin tropie­zos al “Azar determinista”. En esas tres obras se integra la arquitectura intelectual de la novedosa propuesta. Es de interés anotar que en un libro suyo de 1987, titulado “Tiempo, espacio y psicoanálisis”, Sánchez Medina hace las primeras alusiones al tema, aunque es ciertamente en las tres obras mencionadas antes en donde está expuesto con solidez y rigor su pensamiento sobre las interrelaciones de la mecánica cuántica, las leyes del caos y com­plejidad, las postulaciones del psicoanálisis y los conceptos del azar y el determinismo. En esas relaciones está sustentada firmemente la propuesta del ilustre académico.

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En la parte inicial del libro que comento, Sánchez Medina trae a colación diferen­tes definiciones del azar y analiza con crítica acertada las opiniones de diversos pensadores sobre el tema.

Revisa las ideas de algunos filósofos de la antigüedad que se ocuparon del asunto y destaca de manera especial el pensamiento de intelectuales de la Ilustración y épo­cas posteriores como Kant que negó la existencia del azar y Henri Bergson que la convirtió en uno de los pilares de su filosofía.

El azar, escribe Sánchez Medina, es “una cualidad presente en distintos fenómenos en los que no se observa el principio de causalidad con un orden o supuesta finalidad. El azar se refiere a aquellos hechos sin principio de causa aparente”.

En un interesante texto tomado de su libro “On Aggression” (1967), dice textualmente Konrad Lorenz: “Por las leyes que gobiernan la evolución de todo ser viviente, ésta tiene una tendencia general hacia etapas evolutivas superiores, pero en todos sus detalles la evo­lución está determinada por el llamado azar, es decir, por innumerables cadenas colaterales de causación que en principio nunca pueden ser totalmente comprendidas. En ese sentido, es por azar que a partir de ancestros primitivos se originaron en Australia los eucaliptus y canguros, y en Europa y en Asia las encinas y el hombre. Las nuevas formas evolutivas de vida son logros cuyos caracteres no pueden predecirse a partir de los de sus ancestros; es decir, en la gran mayoría de los casos son algo más evolucionado que las formas anteriores de vida…..”

En estos planteamientos del célebre naturalista, la evolución se revela como un proceso determinista en su dirección evolutiva ascendente, que está gobernado por el azar en cada paso de cada una de sus etapas sucesivas. Le faltó a Konrad Lorenz acuñar la expresión “Azar determinista” para sintetizar con ella en sólo dos palabras el prodigioso mecanismo del proceso evolutivo.

Encuentro de máximo interés el rol incuestionable que otorga Konrad Lorenz al determi­nismo en la evolución ascendente de la especie Homo sapiens, y coincido con él, desde luego, en la importancia operativa que confiere al azar en los cambios aleatorios que se producen con las mutaciones.

En relación a los textos anteriores, Sánchez Medina se refiere al papel que desempeña la ignorancia en ciertas situaciones especiales con el siguiente comentario: si es un científico el que desconoce la causa de un fenómeno, es posible que lo vincule exclusivamente con el azar; mas si se trata por ventura de “un sujeto común y corriente”, es posible que acuda a “la irracionalidad”, “la creencia” o el “principio de causalidad” que conocemos con el nombre de “el Señor”, “el Creador” o “la divina Providencia” para dar cuenta del fenó­meno.

Para Sánchez Medina, el sentido y significado del determinismo debe ser buscado en los conceptos de causalidad, condición y necesidad. Explica que en la misma forma en que existe el determinismo, existe también el indeterminismo y quizás el predeterminismo enunciado por Kant en el que se postula la acción humana como el encuentro determinante en tiempo y espacio que antecede a la acción. “El determinismo, de acuerdo a la definición filosófica de su doctrina, tendría su base en el entendimiento de que todo acontecimiento, inclusive el pensamiento como función propia del psiquismo, está determinado causalmente en la cade­na causa-efecto-consecuencia”.

Analiza cuidadosamente diferentes clases de determinismo: el absoluto y el restringido, el débil y el fuerte, el geográfico, el histórico, el físico-químico, el tecnológico y el biológico que programa los comportamientos de los seres vivos a partir de estructuras genéticas que marcan la conducta para la supervivencia.

Agrega el determinismo educacional o ambiental del aprendizaje y el conductista, condicionado también por la genética. Subraya el concep­to de determinismo psíquico planteado por Sigmund Freud en relación al psicoanálisis, en donde los fenómenos psíquicos tienen principios de causalidad para la libre elección de las decisiones humanas, determinismo que no es tan libre por la existencia de conflictos como el Edipo que predeterminan el pensamiento, los afectos y la conducta.

Una idea que no debe olvidarse es que al referirnos al determinismo lo hacemos con respecto a la dependencia e independencia de los fenómenos. El determinismo no debe con­fundirse con el fatalismo, con el destino y menos aún con el azar. El determinismo se refiere a la condicionalidad mutua en todos los fenómenos. Insiste el autor en la importancia de diferenciar la determinación y la necesidad, la dependencia y la interdependencia, la condi­ción y el condicionamiento, además de los principios de causalidad y complejidad. Todo esto conduce a pensar lo siguiente: “Si tiene lugar este hecho, ocurrirá aquel otro”, sin que ello signifique abolir el principio de causalidad.

Sánchez Medina estudia con detenimiento el concepto de indeterminismo y el “Principio de Incertidumbre” de Werner Heisenberg, lo predecible y por ende el cálculo de probabili­dades, y la computación en sus relaciones con el azar y el determinismo para entrar luego en consideraciones acerca de otros aspectos de la misma temática relacionados con la física cuántica y la teoría del caos y complejidad.

En el capítulo que versa sobre la necesidad y su relación con el azar y el determinismo, define la necesidad, -tema al que acude con frecuencia a lo largo de la obra-, como “aquel impulso irresistible que hace que las causas obren infaliblemente en cierto sentido”.

Esto explica que no se pueda prescindir de esa fuerza que determina la acción o que hace forzosa la actuación más allá de la voluntad. La necesidad, dice abiertamente, es una condición sin la cual no es posible vivir. Su pensamiento antropológico coincide en sus aspectos esencia­les con el de Jacques Monod en su clásica obra “El azar y la necesidad”. Con sus ideas personales, Sánchez Medina contribuye a complementar el pensamiento de diversos autores comprometidos en escudriñar y estudiar esta temática.

Para Sánchez Medina, el significado de los vocablos azar y necesidad podría parecer contradictorio puesto que la necesidad, a diferencia del azar, pertenece al terreno de lo determinista. El azar se refiere a los hechos sin principios de causa aparente, surge como explicación cuando no se encuentra la causa determinante de un fenómeno y se utiliza para significar o explicar algo que ocurre y que nos es desconocido o ignoramos. Si parece no existir una causa, estamos enfrentados al azar; y viceversa, de existir una causa, estamos enfrentados al determinismo. Este libro intenta mostrar la relación entre uno y otro.

Cuando se plantea, por ejemplo, la incógnita del origen del universo, los vocablos azar, determinismo y necesidad, a los que es preciso acudir sin otra alternativa, producen ocasio­nalmente en el doctor Sánchez Medina interrogantes que, al estilo de Wittgenstein, estima prudente dejar sin respuesta definida al buen cuidado del pensamiento libre, las reflexiones y el escrutinio del lector. Uno de ellos podría ser el siguiente: “¿Existe acaso la necesidad de que siempre esté presente el azar?”

Las inquietudes y cuestionamientos de Sánchez Medina le imponen la obligación de to­mar en consideración las necesidades de los seres humanos para quienes existe indefectible­mente la necesidad del conocimiento.

Al pasar al terreno de la historia, que se caracteriza por la aparición de múltiples hechos, determinados unos y otros no, sostiene que gracias a las estadísticas complejas de que disponemos en la actualidad es posible predecir con cierta probabilidad acontecimientos que pueden ejercer su acción en el acontecer del mundo. El acontecer humano, por el contrario, no es predecible porque el pensamiento “se pierde en la urdimbre de las causas y efectos entre lo determinístico progresivo racional y lo espontáneo irracional que acompaña el libre albedrío”.

Una curiosa e interesante fantasía sobre la hipotética ausencia del azar y la incertidum­bre, le conduce a pensar y a decir con cautela que el azar puede ser “otra necesidad humana del destino y el determinismo del cosmos”.

En capítulos posteriores de esta espléndida obra, el autor se refiere desde un punto de vista conceptual a la Vida y sus equilibrios dinámicos. Está de acuerdo con Prigogine que afirma que en las estructuras disipativas aparecen puntos críticos o bifurcaciones en donde la evolución futura del sistema deja de ser única y depende de una perturbación ínfima, y por ende, incierta y donde sólo una perturbación ínfima puede convertirse en realidad. Ocurre esto por obra del azar?, se pregunta, o por acción de la “chispa del azar”, según la expresión de un biólogo francés?

Para el autor, el concepto de “chispa del azar” no es fácil de aceptar. Si se le denomina así, podría tomársele como el momento crítico que produce el paso de lo estable a lo inesta­ble; o de lo inorgánico a lo orgánico-biológico, diría yo; el paso se presenta como un cambio de un estado de la materia a otro de un cierto nivel de mayor complejidad, de acuerdo a la de­finición de Vida del filósofo y científico Jorge Wagensberg.

Podría llamársele también “otra bifurcación o dirección”, propuesta que tiene desde luego connotación de incertidumbre. Y en acotación marginal, menciona unas palabras de Luis Zea Uribe pronunciadas en 1925, que tienen relación cercana con el tema: “Morir es lo natural, decía Zea Uribe, vivir es el milagro”. En lenguaje de la ciencia, “morir” sirve para indicar la estabilidad de la materia, en tanto que “vivir” para señalar su inestabilidad.

El “azar determinista” es un punto posible de partida o de probabilidad de cambio de connotación obviamente determinística. El Azar determinista, que une el azar y el determi­nismo en la propuesta del doctor Sánchez Medina, es para Prigogine un concepto válido también para la termodinámica moderna. En torno a estas ideas, que tienen que ver con los comienzos de la aparición de la Vida en el universo, o por lo menos en nuestro planeta, surgen interrogantes que a mi modo de ver rozan el campo de lo religioso porque plantean situaciones de aquellas que en las expresiones del lenguaje científico se llaman cambios de paradigmas y en el lenguaje de los teólogos modernos se denominan procesos de disconti­nuidad de las apreciaciones religiosas dentro de la continuidad de la religión. En el fondo, son visiones diferentes, ambas respetables, que permiten abordar desde distintas vertientes los insondables problemas de la Vida.

La lectura cuidadosa de esta obra, me permite sostener con certidumbre que las múltiples preguntas que ineludiblemente surgen en campos de estudio que pertenecen por igual a las ciencias, la filosofía y las disciplinas del espíritu, se presentan y son analizados con inte­ligencia por el autor del libro con respeto absoluto por las posiciones científicas o religiosas de sus lectores pero con independencia total de las mismas.

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Buena parte de “El Azar determinista.

El lazo del destino”, está dedicada a los trabajos de investigación del doctor Sánchez Medina en temas relacionados con la aplicación de su teoría científica en dos campos del intelecto en los que se desenvuelve con propiedad y ele­gancia espiritual: el psicoanálisis aplicado y la literatura.

Sánchez Medina encuentra la presencia del azar determinista en los eventos de la vida cotidiana de las gentes y escribe sobre ellos; es un aspecto interesante de la obra en el cual no voy a detenerme. Y dedica especialmente su atención con la amplitud debida a registrar textos de la literatura universal en donde encuentra claros ejemplos de la realidad de su hi­pótesis. Para ilustrar su pensamiento, analiza las producciones literarias de cuatro grandes escritores: Miguel de Cervantes, Gabriel García Márquez, Thornton Wilder y Mario Vargas Llosa.

Me permito hacer en la parte final de este prólogo, breves comentarios a la novela “El puente de San Luis Rey” (1926), del escritor norteamericano Thornton Wilder, y a “La ten­tación de lo imposible” (2004), del novelista peruano Mario Vargas Llosa, a la luz de los comentarios del doctor Sánchez Medina y de mis propias impresiones.

Thornton Wilder, grande escritor norteamericano de comienzos del siglo XX, ganó el premio Pulitzer de la novela en 1928 con su obra “El puente de San Luis Rey”, escrita dos años antes en 1926. La acción del drama se desenvuelve en el siglo XVIII en la ciudad de Lima, capital del “país de los Virreyes”, corona del Imperio español de la América del Sur, cuyo mandatario, el viejo Virrey don Manuel de Amat, era bien conocido por sus devaneos amorosos con una actriz de teatro popular, Micaela Villegas, “la Perrichole”, beldad nativa sobre quien don Ricardo Palma nos ha dejado algunas de sus mejores crónicas.

Wilder escribió sobre cinco personajes desconocidos entre sí, con vidas transcurridas en ambientes y en condiciones diferentes en la ciudad de Lima.

Por razones inexplicables, el azar los llevó a encontrarse el 20 de julio de 1714 en un antiguo y destartalado puente de fibras vegetales construido por los incas antiguos, situado sobre una profunda garganta de las montañas de los Andes en la vía que conduce de Cuzco a Lima. Los cinco personajes habían llegado allí por razones personales de cada uno sin relación alguna con las de los de­más. En un determinado momento cruzan el puente al mismo tiempo; éste cede al peso de los viajantes y al destrozarse arrastra consigo al abismo a los personajes que el azar congregó en un momento dado en el lugar menos indicado.

Un fraile franciscano de nombre Junípero, personaje de la novela, intenta averiguar la explicación posible del hilo desconocido que enlaza la tragedia de esas cinco personas justo al momento de pasar el puente, y sindica como responsables, sin inclinarse por ninguno, al destino, el azar y la voluntad divina. Al preguntarse por las razones para morir que podrían tener en común estos personajes, concluye que fue el desamor posiblemente el común deno­minador en todos ellos, que al combinarse con el azar desató la tragedia.

Wilder llega más allá en el análisis al comienzo del libro, al hablar de “una serie de coin­cidencias tan extraordinaria, que casi se llega a sospechar en ellas una intención”. De allí el título “Acaso un accidente” que da al primer capítulo de la novela, y “Acaso una intención” con que titula el último. La prologuista de la edición en español, María Martínez Sierra, se pregunta “si las cosas, incluso los accidentes que hacen víctimas al parecer inocentes, acae­cen en este bajo mundo por accidente o están previstas y ordenadas “ab aeternum” por la divina Voluntad.”

Mario Vargas Llosa dictó una serie de conferencias en la Universidad de Oxford en el verano del año 2004 sobre “Los Miserables”, obra maestra de Víctor Hugo, y publicó su estudio como novela con el título de “La tentación de lo imposible.”

Al referirse a la “negra nube del destino” que cobija a muchos de los protagonistas de la gran obra del escritor fran­cés, Vargas Llosa plantea sin mayores explicaciones la existencia de una “Ley del Azar”, un sino cómplice, por el cual “las cosas ocurren siempre del modo que más conviene a la acción….., con total prescindencia de la voluntad del ser humano…… que no elige la vida, la padece o la goza de acuerdo a un libreto que no ha escrito y no le queda más remedio que interpretar fielmente.”

Más adelante, colocándose en el terreno de la ficción literaria, afirma: “Por abundantes que sean las casualidades en el mundo del lector, este sabe positivamente que el azar no ac­túa en la realidad real con tanta oportunidad y precisión. La coincidencia es una de las ma­neras primordiales como se organiza la vida en la realidad ficticia, la forma preferida por el destino para manifestarse. Más aún que en los incontables ejemplos aislados que se podrían dar de la ley del azar, ésta aparece como el elemento clave del núcleo mismo de la novela.”

Víctor Hugo, al escribir en “Los Miserables” sobre la batalla de Waterloo y las circuns­tancias que hicieron que Napoleón perdiera la batalla, desde su sólida posición de espiritua­lista convencido que frecuentaba las sesiones de grupos espiritistas que buscaban comuni­carse con el más allá, se refiere al destino aciago del Emperador en la forma siguiente: “La providencia sólo necesitó un poco de lluvia, y una nube cruzando el cielo fuera de estación bastó para el desmoronamiento de un mundo.”

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Los comentarios y las postulaciones del doctor Sánchez Medina en esta parte de su libro son acertadas y sintéticas exposiciones acerca del hallazgo o el descubrimiento de procesos de azar determinista en las grandes producciones literarias. En ellos se encuentran análisis detallados de las circunstancias que rodearon las lecturas que en distintas oportunidades el autor ha hecho de esas obras.

Si bien el psicoanálisis y la literatura tienen en el hombre un encuentro común, el método de que se valen las dos disciplinas es diferente. La intuición es un mecanismo del psiquismo que interviene de manera importante en el descubrimiento de las calidades positivas o nega­tivas de los seres humanos y contribuye indirectamente a resaltar los valores esenciales de la sociedad. La intuición utiliza el instrumento del azar determinista y el conocimiento del inconsciente para develar los rasgos psicológicos y caracterológicos de los personajes de las obras literarias, que de alguna manera están vinculados con la vida y las características de los autores mismos que indefectiblemente se proyectan en sus textos.

El destino del hombre, afirma el doctor Sánchez Medina no está en el tiempo y el espacio mismos; es más bien la manera de vivir que tiene cada cual en su témporo-espacialidad. La conciencia de la témporo-espacialidad le permite buscar una realización que impida que las fuerzas destructivas conduzcan a la muerte del pensamiento y conviertan al Hombre en el títere idiota que asiste a su entierro.

Sánchez Medina se toma el tiempo necesario para escudriñar en la mente de cada uno de los protagonistas de la novela de Thornton Wilder para descubrir en ellos el principio de causalidad que tenían para morir, y piensa que la muerte les sobrevino motivada por el azar determinista.

A propósito del libro de Mario Vargas Llosa, estudia las ideas del novelista con las cuales coincide no pocas veces, pero señala sin embargo que lo que para el novelista es la ley del azar, es más bien “un supuesto teórico que sigue la ley del orden y el desorden, el consciente y el inconsciente, la tendencia a la unidad, la verdad y la mentira, el bien y el mal, la miseria y la fortuna, las coincidencias, el destino proyectado hacia el bien y hacia el mal, el determi­nismo simplista, el dilema entre el azar y la necesidad y, a la vez, la responsabilidad sobre el destino individual y colectivo.”

Al investigar las grandes obras literarias, Sánchez Medina se encuentra con que los au­tores plantearon firmemente la vida y la muerte, la tragedia, la vivencia del miedo o de la angustia, la esperanza y la desesperanza, el dolor y el placer, la verdad y la falsedad o la mentira, y al terminar su libro se formula la siguiente pregunta: ¿Todas estas considera­ciones surgen por casualidad o coincidencia, y están determinadas?, o provienen algunas del azar?

En la página final de esta espléndida obra, dice el doctor Sánchez Medina: “Pasarán siglos o milenios y sólo el que vive en su conciencia plena sabrá aprovechar los minutos o segundos de este maravilloso viaje, que es la vida, por el bello planeta azul que rueda a gran velocidad surcando un universo incógnito e imposible de conocer. Tal como reza el título de la obra, pienso que estamos enfrentados al azar determinista y al lazo del incierto destino.”

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1Miembro Honorario de la Academia Nacional de Medicina.

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