Un Acercamiento Psicoanalítico al Destino, Instintos, Determinismo, Azar, Libertad e Interpretación

Desde el punto de vista psicoanalítico conocemos cómo Freud pretendió darle una “ex­plicación causal e interpretación” a los síntomas físicos somáticos y psíquicos, a los sueños, a los actos fallidos, a los chistes (552) (553), a los actos, que él caracterizó de “psicopatoló­gicos de la vida cotidiana”, con la presencia de las fantasías inconscientes como operantes de causalidad. Todos aquellos mencionados serían otra forma de organización psicofísica, con representaciones mentales concretas o proyectadas simbólicamente que expresan todo el lenguaje explicativo del “proceso causa-efecto”, con las razones inconscientes y la tendencia a una organización equilibrante, aún patológica, neurótica, psicótica, psicopática o psicoso­mática.

Freud, cuando interpretaba, hacía una explicación causal científica y otras veces se acer­caba más a una tendencia hermenéutica de construcción para “darle sentido”. He ahí la in­terpretación como una hipótesis y como una proposición científica que se puede refutar o no pero que posibilita “organizar una nueva forma de pensamiento” (Etchegoyen, H., 1986, citado por Uribe R.M., 2004) (554), (555). El tema de la interpretación en relación al conoci­miento, el saber y el conocer, los sistemas de interacción, la lógica, la capacidad y función del interpretar , y en parte la psicolingüística en general y la técnica del proceso analítico en especial, están desarrolladas ampliamente en la obra Técnica y Clínica Psicoanalítica (1994)(556). Aquí sólo se trae la idea de cómo la evocación, la explicación, la interpretación y el entendimiento nos llevan finalmente “al conocimiento” y “al saber y hacer consciente lo inconscientecon la posibilidad de enlazar uno con otro. Téngase en cuenta que “saberno es igual o equivalente a “conocer” y a “ser consciente”. Una cosa es lo que se tiene en men­te, lo que se quiere decir, lo que es igual y es así, lo que tiene sentido y significado, o lo que parece de tal o cual forma, o parece que es sí, o es posible, o cuándo se dice, parece la duda o la certeza, o si se encuentra en una conjunción y aclaración de lo que se es, o lo que sí es así o no, por dentro de uno mismo; es el encuentro con la verdad del “sí mismo” (“self”).

Determinismo y responsabilidad” es el título del trabajo del Médico psicoanalista Eu­genio Matijasevic557. El autor muy acertadamente trae ciertos problemas relacionados con el determinismo como son la libertad, el libre albedrío, el cual a la vez tiene que ver con la voluntad, la decisión, y el concepto de responsabilidad desde el punto de vista de la realidad y de la filosofía. Para el autor citado el determinismo “era para los griegos el destino de la na­turaleza” y para los romanos el “ado”, y para los cristianos era la “omnipotencia monoteísta” del Dios hebreo ser de toda la causalidad. Cita Matijasevic a Ferrater Mora en su definición: “El determinismo sostiene que todo lo que ha habido, hay y habrá, y todo lo que ha suce­dido, sucede y sucederá, está de antemano fijado, condicionado y establecido, no pudiendo haber ni suceder más que lo que está de antemano fijado, condicionado y establecido”. En esta concepción “lo que acontece debe suceder y todo está encadenado causalmente”; luego llega a la filosofía de Baruch de Espinosa: “No hay en el alma ninguna voluntad absoluta o libre, sino que el alma es determinada a querer esto o aquello por una causa, que también es determinada por otra, y esta a su vez por otra, y así hasta el infinito”. Aquí la ilusión de ser libres y del libre albedrío, más cuando ignoramos todo lo que nos determina o nos ata y todo lo inconsciente que afecta nuestras voliciones y decisiones; es así como el autor trae la pre­gunta de Descartes: “¿cómo se que no estoy siendo engañado por un genio maligno?” y “… dudo (luego) es posible que un genio maligno me engañe y que todo cuando veo o siento no sean más que ilusiones, pero aunque dudo o precisamente por que dudo no puedo dudar que dudo”; de ahí “pienso por lo tanto existo”; a esto agrego pienso luego existo, siento luego vivo, vivo luego actúo. He aquí esta triangularidad del pensar, sentir y actuar, y la unidad del existir y vivir contra la dualidad vida-muerte.

En estos textos anteriores observamos cómo no es fácil desatarnos de las “cadenas del destino” del propio ser y de su existencia que está determinado por materia, energía y sus diferentes funciones físicas y psíquicas; más adelante viene el destino del hombre, la explica­ción, la prevención y la interpretación de sus orígenes y del universo en un todo al cual el ser humano le dio el nombre de Dios, porque necesita de esa explicación debido al no conocer otra. Así nos enfrentamos al principio y al fin del hombre y del universo; ese es su destino y desde el punto de vista psicoanalítico el destino y la providencia son la misma cosa. Freud en “Más allá del principio del placer”, (1921), y en “El Yo y el Ello” (1923) se pronuncia en el sentido de cómo los instintos son los que vigilan los destinos de los organismos elementales que sobreviven al individuo total, proporcionándoles un refugio seguro mientras se encuen­tran indefensos contra los estímulos del mundo externo, facilitando su encuentro con otras células germinales y constituyen el grupo de los instintos sexuales; además de los sexuales todos los instintos intentan restablecer un estado previo. El destino es inexorable y, se me ocurre aquí exponer cómo el destino en el hombre construido a través del ADN constituye lo que llamamos el destino de la genética y de ahí la constitución, la etnia; más queda una pre­gunta y ¿qué determina la ubicación témporo espacial de la aparición del hombre en la historia de la humanidad y en la historia personal individual de cada uno? Entonces ¿es el hombre producto del azar, la necesidad, del destino o ya está determinado, o son todas a la vez? Las respuestas todavía no están claras; sin embargo, Freud en la obra “Un Recuerdo Infantil de Leonardo Da Vinci” (1910), escribe: “las frases en las que depositó la sabiduría de los últimos años de su vida respiran la resignación del hombre que se somete a la ‘Aνγκη’ y las leyes de la naturaleza, y no espera de la bondad y la gracia divinas atenuación divina”. En el “Problema Económico del Masoquismo” (1924) sustituye la “moira” (destino de los griegos) por la pareja divina razón y necesidad. “En el malestar en la cultura” (1929) achaca el destino a la instancia parental, es decir, a todo el encuentro genético.

Sigmund Freud en toda su obra no fue taxativo con respecto al “libre albedrío”. Obsérvese en la obra de Freud la existencia de cierta ambigüedad o imprecisión con respecto al “deter­minismo o indeterminismo”; sin embargo, basó su técnica en la posibilidad de la libre aso­ciación como regla fundamental del psicoanálisis, no sin aceptar todos los mecanismos que impiden la libertad psíquica y en especial el de la represión, pero que de una u otra manera, la mente se vale con “el retorno de lo reprimido” en juegos, actuaciones, sueños, actos fallidos, omisiones, etc. De una u otra manera, destino, determinismo y libertad, se conectan uno con otro y llegamos a como el libre albedrío y la libertad llegan a ser una ilusión. Freud en su obra “Psicopatología de la vida cotidiana” (1910). (“Determinismo, Fe causal, Supers­tición. Consideraciones”) escribe: “Conocido es que un gran número de personas alega, en contra de la afirmación de un absoluto determinismo psíquico, su intenso sentimiento de convicción de la existencia de una voluntad libre. Esta convicción sentimental no es incom­patible con la creencia en el determinismo”. Pienso y me atrevo a afirmar como lo expongo en otras partes de la obra que… el destino no pertenece a la libertad como autodetermina­ción y como autocausalidad. El concepto de libertad es como una posibilidad o elección limitada y condicionada y aún cambiante. Sin embargo, existen libertades trascendentes, sui géneris, inherentes al ser humano, por ejemplo, la libertad de vivir, la cual depende del otro… La libertad es una necesidad … El libre albedrío incluye la libertad para decidir … El hombre se hace libre no solamente cuando conoce sino cuando puede decidir dentro de sí mismo en su interior y determinar qué hago, por qué hago, y para qué hago determinada acción …y … lo logra cuando conoce y es consciente de ello.

… El destino se interrelaciona con el libre albedrío, pero no son lo mismo; el primero pertenece a un determinismo causal y a lo que se denomina devenir cósmico, que está fuera de la voluntad e incluye todos los potenciales y códigos genéticos que el hombre debe acep­tar y reconocer como parte de su propia naturaleza. El destino puede pertenecer al azar de­terminista, y, a la vez la naturaleza, está sometida a leyes, muchas todavía sin descubrir.

De otra parte, una es la elección librepor convicción y otra la del determinismo. He ahí la paradoja, el sentimiento de libertad determinado por una creencia, una ideología y un afecto. En realidad no hay tal libertad completa por que todo está determinado por las mismas leyes de la naturaleza y por lo tanto el azar es también una ilusión cuando se trata del hombre. ¿Acaso no somos producto y/o originados por el azar? Tengamos en cuenta nuevamente que un solo espermatozoide entre millones penetra el óvulo, el cual a la vez se encuentra en al posición espacial, especial para ser fecundado y este (el óvulo) se desprende al “azar deterministico” debido a los diferentes mecanismos hormonales y ciclos a que está sujeto la ovulación. He aquí también el “azar determinista” y somos la consecuencia de él y así será nuestra vida. Volvamos a preguntarnos ¿existe algún determinismo específico que marque o señale nuestra existencia entre millones de posibilidades? La respuesta es que nues­tro ser proviene de ese maravilloso hecho del azar determinista que sigue el encuentro de dos unidades (óvulo-espermazoide) para formar el conjunto o la unidad: nuestro ser.


552 S. Freud: “Las bromas y su relación con el inconsciente (1905)
553 G. Sánchez Medina, “Duelo, Música y Poesía”, (en prensa, 2011).
554 Uribe R.M., “Determinismo, explicación e interpretación en psicoanálisis”, Revista de la Sociedad Co­lombiana de Psicoanálisis, vol. 29, No. 4, 2004, página 489.
555 Etchegoyen, RH., (1986), Los fundamentos de la técnica psicoanalítica. Amorrortu editores, Buenos Ai­res.
556 Página 116-478
557 Matijasevic E., “Determinismo y responsabilidad”, 2004, Revista de la Sociedad Colombiana de Psicoa­nálisis, Bogotá, Col. Vol. 29 No. 4, pp 511-562, 2004.

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