El “ser y no ser” en “Cien Años de Soledad”

En el estudio de “esta dualidad del ser y no ser” fui al texto de Gabriel García Márquez en Cien Años de Soledad y me encontré que el autor lo plantea en los personajes ubicando su identidad en el nombre o en la esencia de lo que se hace mas no entra en la ambivalencia (dualidad) en que “se es y no se es”; por ejemplo “se es Aureliano o no se es Buendía”; “se es liberal o conservador”. En la página 43 escribe. “le preguntaron si era liberal o conser­vador. Aureliano no vaciló:

-Si hay que ser algo, seria liberal -dijo-, porque los conservadores son unos tramposos”. Más adelante “Usted no es liberal ni es nada -le dijo Aureliano sin alterarse-. Usted no es más que un matarife. En ese caso -replicó el doctor con igual calma- devuélveme el frasquito. Ya no te hace falta. Sólo seis meses después supo Aureliano que el doctor lo había desahucia­do como hombre de acción, por ser un sentimental sin porvenir, con un carácter pasivo y una definida vocación solitaria”. Más adelante el personaje va a visitar al doctor Alirio Noguera y éste le da unos frasquitos que no era más que azúcar refinada, y un diploma de la Universidad de Leipzig falsificado por él mismo”; “el falso homeópata se refugió en Macondo”. Más ade­lante cuando Apolinar Moscote va a visitar al médico “para tratarse un dolor que no tenía y al examinarlo dentro del párpado inferior dice: no es ahí… es aquí en donde tengo el dolor”.

Aquí nos estamos enfrentando a la mentira, a la falsedad o falsificación no “era más que azúcar refinada” y se refugia en Macondo.

El “sí” y el “no” como una decisión del destino inevitable (azar) o una determinación

La temática sobre “el sí y el no” desde el punto de vista de la naturaleza, se remonta a la noche de los tiempos; esto implica que desde la creación del universo aparece metafóricamente hablando “el sí y el no”, la luz y la oscuridad, la nada, el algo y el todo. Estos términos y otros más nos llevan definitivamente a la concepción del sí y el no, afirmación o negación, a positivo o negativo en los diferentes campos universales, generales o particulares, de la naturaleza conocida; por ejemplo, de la existencia y no existencia del “ser y no ser”, de la materia y antimateria con su secuencia para llegar a las transformaciones en una u otra y así a la unión y fusión; por ejemplo, de partículas subatómicas, de la composición de los hadro­nes, quarks, antiquarks y gluones, de las características de los fotones que no tienen carga y masa, en cambio los gluones participan en las interacciones nucleares fuertes entre los quarks o los mesones formados por un par de quarks o los bosones responsables de la interacción de partículas las que no constituyen materia, no tienen carga eléctrica ni masa, ni fuerza pero si sienten la fuerza gravitacional y tienen espines enteros, o los leptones como el neutrón, muón y tao que tienen carga negativa o los neutrinios sin carga, o los quarks que tienen carga y color y a la vez tienen su antipartículas; en todas estas características se ve la presencia o ausencia de alguna de las propiedades y al fin y al cabo desde el punto de vista de la física de partículas “la presencia o ausencia”, es decir “el sí y el no”.

Llevado todo esto al universo, podemos conceptualizar que existen infinitud de universos con cifras exponenciales, y al mismo tiempo existen huecos negros lo que implica que hay una presencia para llegar al punto cero, a la nada y luego al todo.

Desde el punto de vista de la naturaleza del ser humano a través de toda la evolución en las primeras especies unicelulares estuvo presente el sí y el no, la atracción y el rechazo, la huida como defensa, a la sobrevivencia, la célula se quedaba quieta o se movía; de igual manera antes ocurrió con los átomos para formar moléculas y éstas con sus potenciales de atracción o rechazo. Esta temática ya está presentada en otros textos de esta obra y en “Cerebro-Mente”, (2009). A todas estas le acompaña “el sí” de adaptación, o “el no” de la desadaptación para subsistir o perecer; he ahí también “el ser o no ser”.

Conocemos cómo en un principio el hambre o la necesidad de vivir en el vegetal y en el animal tuvo que adaptarse y reconocer al mundo externo para luego adaptarse y subsistir. El ser humano en su primera experiencia real de recepción de estímulos no conocida o no reconocida o no había consciencia en la vida fetal (útero materno) en la cual se lograba la ani­dación y el desarrollo, y al mismo tiempo la diferenciación entre el ser (Yo) y el otro No-yo y así sucesivamente, para llegar a nacer (el sí) o perecer en la muerte (el no); más adelante esto se fue conformando en todas las organizaciones neuropsíquicas para integrar los estímulos internos y externos en la aceptación y el rechazo, los sentimientos o sensopercepciones físico químicas de calor frío, presión, luz, sonido, gusto para conformarse el juicio de realidad con la percepción del “sí y el no”, ·el no debe ser o no debes hacer o no debes tener tal o cual cosa (por ejemplo) o lo positivo “eres, puedes, ser, hacer y tener y estar” y en todas las acciones se incluyen deseos, necesidades, sentimientos, afectos o emociones con sus múltiples acciones. En otras palabras el ser, el estar, el hacer y el tener se ponen en función desde el comienzo de la vida; más adelante en el nacimiento con la relación del pecho materno presente o ausente y así “el sí y el no” se relacionan con sus objetos fantaseados o reales.

Es así también como se crea la consciencia moral o el Superyó que prohíbe, manda, au­toriza, permite, culpa, condena, castiga, critica, perdona, restringe y disciplina. A todas estas cada ser humano conforma características especiales en sus patrones de reacción y en sus estructuras psíquicas que le permiten “el sí y el no” y así es capaz el Yo de hacer juicios y exá­menes de realidad y de actuar en su mundo intra y extrapsíquico, en la fantasía y la realidad.

Esto se hace con los fines de conocer y elaborar el pensamiento y de formar sus conceptos y reconocer el mundo externo para establecer, como ya se dijo, un “juicio de la realidad”. Si bien es cierto que esto se realiza de tal forma, también es verdad que en este proceso de formación del Yo en sus primeras relaciones objetales, con su madre-pecho, el niño percibe el “no debes ser”, “no debes hacer” y también el “eres” y el “no eres”, “tienes” y “no tienes”, “estás” y “no estás”. En otras palabras, el ser, el estar y el tener se ponen en función desde el comienzo de la vida y fuera del pecho materno; así como el “sí y el no”.

Existe una casuística clínica que abarca más de cien años en la que se observan los diferentes mecanismos que aparecen en la estructuración del Yo y el Superyó, a la vez que el manejo de los instintos erótico y tanáticos (agresión). Obviamente, el control, la estimulación y el exceso de estimulación, el manejo del “” y el “no”, la disciplina, los medios correctivos, la educación, el manejo de gratificación y frustración, todo el entrenamiento educativo, incluyendo la actitud, las exigencias, los valores, tendencias y capacidades particulares, la forma de enseñar, y la diferenciación del sujeto.

Las diferentes funciones del Superyó, con la construcción y concepción de la idea del “” y el “no” (367), con el rechazo y la aceptación, el bien y el mal, la conciencia moral y la ética, y así también con el concepto de Dios o los sustitutos del mismo.

Es necesario entender cómo en psicoanálisis denominamos como Superyó a la con­ciencia moral, diferenciando esta última no sólo de la conciencia (el ser conscientes de algo), sino también lo que nos ha regido a través de millones de años, desde que el Homo erectus pasó a ser Homo sapiens (pensante) y se iniciaron, lenta y progresivamente, la normatividad territorial (heredada de las especies anteriores), la distribución de los ali­mentos, la cronología biológica de la hembra, la maternidad y la crianza, la necesidad de comer y protegerse del medio ambiente (frío, calor, lluvia, etc.) y, más delante, la selectividad de los grupos primitivos, junto con la aparición de los asentamientos hu­manos que luego permitieron establecer organizaciones sociales y administrativas. Fue así como se construyeron todos estos conceptos y costumbres éticas socioculturales normativas, en los que se manejaban “el sí y el no”, las leyes comunales y los diferentes límites de la relación del hombre con el hombre, y de éste con el concepto y la idea de un ser supremo o Dios368, con el ser humano y con el cuestionamiento introspectivo del ser (en su esencia y el no ser), lo que equivale al “sí y al no” o a lo “positivo y negati­vo”, a “aceptación y el rechazo”.

Existen mecanismos psíquicos que participan en la estructuración de las características enunciadas; entre ellos tenemos la negación, la represión, la identificación proyectiva, la identificación, la idealización, la sublimación, la simbolización para llegar a transformar los impulsos en pensamiento. Los mecanismos psíquicos anteriores como defensas del Yo. De todo esto podemos concluir que el ser está determinado por el sí y el no y tiene la capa­cidad de decisión por uno de ellos, en o con su libre albedrío para subsistir o perecer o adaptarse; es decir, transformar sus posibilidades. Téngase en cuenta que por más conscien­cia y libre albedrío que se tenga hay ciertos límites, puesto que obra la determinación del “sí o el no, el cual también se relaciona o es originado por los estímulos neuronales, los cuales encienden o apagan (on-off) los circuitos para permitir el estímulo o lo contrario frenarlo. Aquí podríamos concluir cómo “el sí y el no” es un principio natural en el cual interviene un acto neuropsíquico que en el ser humano implica una decisión del destino, del azar y del determinismo.


367 Las especies y entre ellas los mamíferos y por ente los humanos pasamos por una etapa de desa­rrollo del juego (Homo ludens), para con ello aprender límites (realidad) de sus propias tendencias; de ahí que la agresión esté presente hasta los límites del “no más”, “hasta aquí pasarás”; he ahí otra manera de aprender la témporo-espacialidad como límite externo y el control interno.
368 “Dentro de este contexto la idea o concepto de Dios surge como un producto de la evolución del hombre pensante (Homo sapiens). Esta es una posición antropológica diferente a la de los filósofos antiguos y poste­riormente a la de los teólogos de occidente en nuestra cultura”. (A. De Francisco, 2010).

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