La “negación” como una defensa

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Este es uno de los principales mecanismos de defensa ya mencionados, que utiliza el ser humano para aliviarse del dolor o del displacer. Se puede negar a diferentes niveles desde el más leve hasta el más severo. La negación puede ser útil en ciertos momentos, pero en otros no solamente no se debe realizar sino que es peligroso.

El mecanismo de negación es muy primario, y está íntimamente relacionado con la re­presión, y consiste en que el sujeto rechaza el deseo, la idea, el objeto, el impulso o los sen­timientos para no sentir que existe o que es verdad lo que acontece interiormente; así no se admite ni reconoce la existencia dentro de sí mismo; es decir, se aplica el “no” a lo que se presenta, se demanda o se necesita; la negación es la primera mentira que el hombre se hace a sí mismo. De este modo, la necesidad o deseo, el impulso o el objeto relacionado con aquel, es rechazado, así como la percepción o representación del mismo.

Este mecanismo se encuentra especialmente en las histerias y en las manías, y en otras patologías se combinan con otros mecanismos; por ejemplo, en las neurosis obsesivas en las que se rechaza, y se presenta una formación reactiva también se niega, y lo mismo ocurre en las neurosis fóbicas en donde el objeto fóbico es negado, reprimido y rechazado, así como el deseo; también puede ocurrir que se puedan negar el odio y la hostilidad, y aparecer solamente el amor a través de una sobreprotección o viceversa.

Los pacientes hablan de: “yo no he pensado”, “yo no siento”, o “no deseo”, “yo no creo” o inicialmente en su discurso se presenta el “Yo-No”. Este mecanismo de la negación fue estudiado y develado por Freud en 1925, y él dio la explicación metapsicológica muy precisa, en la que desarrolla tres afirmaciones: “Una como medio de adquirir conocimiento o reprimirlo; la segunda como una consecuencia de la represión para que lo reprimido no llegue a la consciencia, y de esta forma hay una especie de aceptación intelectual de lo reprimirlo pero persiste la represión; y la tercera, por último, en la que mediante el símbolo de la negación, el pensamiento se libera de las limitaciones de la represión” (Laplanche, J. y Pontalis, J.B., 1971).

Obviamente, la negación tiene su connotación no solamente lingüística significativa consciente sino inconsciente.

Cuando es imposible revivir una situación penosa del exterior, el displacer de origen interno produce la negación por la misma frustración y por los mismos impulsos instintivos; sin el mecanismo de la negación, el sujeto no podría soportar las amenazas del mundo interno y del externo. La negación se expresa en palabras, actos e impulsos corporales, por ejemplo en la bulimia y en la anorexia así como en la melancolía o en la manía, en que se niega lo perdido o la vivencia del objeto, porque se escapa a su control y requiere retenerlo negando su aparición. En la negación se trata también de calmar la angustia, el abandono o la pérdida como también la culpa por las fantasías destructivas que se despiertan; de esta manera, se atribuye a algo diferente; se niega una cosa o cualidad o un hecho o una cosa y/o una relación vincular para defenderse. Es obvio que la negación se pone en íntima relación con los sistemas conscientes e inconscientes y con las estructuras Ello, Yo y Súper Yo; por ejemplo, una persona con una relación vincular de años puede negar la pérdida cuando ya se ha vinculado o se ha decidido por otra con la que se relaciona vitalmente y genitalmente; de todas maneras, tarde o temprano se enfrenta a la realidad, a la pérdida y a los retornos de lo reprimido; esto es muy evidente en los alcohólicos, drogadictos y dependientes.

También se observa la negación como defensa contra la angustia depresiva y paranoide. La negación puede tener dos valencias, una ubicada en la relación con el objeto y otra en la función que hace el objeto. Por ejemplo, el obeso niega la compulsión a comer, al mismo tiempo que ha perdido o destruido el objeto, y así se pretende mantener un contacto directo y continuo con el sustituto; de tal manera que la lógica se presenta así; “no es verdad que mi amor por tal persona haya desaparecido; yo no lo destruí; la prueba es que en cualquier momento puedo recurrir a él” (alcohol-adicción).

Otros mecanismos acompañan a la negación como por ejemplo la identificación proyectiva se utiliza también en el diálogo, en el sistema de comunicaciones interpersonales, el cual está muy relacionado con la identificación, la idealización, el narcisismo, la sublimación, la proyección, la represión.

La negación se ha podido observar en “el mito de la prohibición del conocimiento” que está plasmado en la caída de Adán y Eva ya descrito.


369 Freud, S., (1925). “La Negación”, London. Standard Edition, T. XIX.

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