Vacunas para la Tosferina

Vacunas para la Tosferina

La tosferina es una enfermedad infecto-contagiosa muy difundida en el mundo, que tiene una incidencia anual de varios millones de casos, de los que fallecen varios miles, básicamente niños pequeños. Este número de pacientes se observa mas que todo en países subdesarrollados, particularmente en áreas donde los programas de vacunación no existen o son deficientes; desde que la inmunización se hizo rutinaria en los Estados Unidos los casos no sobrepasan 1000 por año. La enfermedad comienza como una infección leve de las vías respiratorias superiores: inicialmente los síntomas son similares a los del resfriado común, incluyendo estornudos, moqueadera, fiebre baja y tos leve. En el plazo de dos semanas, la tos se vuelve más grave y la caracterizan episodios de tos rápida seguidas de un chillido agudo (whoop); es posible que haya secreción mucosa clara y espesa. Estos episodios pueden repetirse durante uno a dos meses y son más frecuentes durante la noche. El período de incubación es de cinco a diez días, aunque puede ser hasta de veintiún días. Una persona puede contagiar la tos ferina a partir de la aparición de los síntomas, hasta tres semanas después del inicio de la tos, pero si se le da tratamiento antibiótico (Vg. Eritromicina), el periodo se acorta a cinco días.

Para erradicar la enfermedad, causada por la bacteria Bordetella pertussis que se encuentra en boca, garganta y nariz de personas infectadas, se han utilizado vacunas de célula entera, muy efectivas pero con efectos colaterales comunes. Dichas vacunas generalmente se han asociado a la clásica triple vacuna DTP (Difteria-Tétano-Pertussis), pero en algunos países como Gran Bretaña, Suecia y Japón, su uso declinó en los 70 por falta de satisfacción con la vacuna, lo que hizo resurgir la tos ferina. Aunque no se ha demostrado relación causa-efecto, la vacuna de célula entera ha sido vinculada a muerte súbita en lactantes. La triple vacuna del DPT debe aplicarse a los dos, cuatro, seis y entre los quince y los dieciocho meses. De la pertussis acelular se debe aplicar un refuerzo entre los cuatro y los seis años de edad.

Hace un tiempo, el Servicio Seccional del Cauca (Colombia) notificó la ocurrencia de un brote de tos ferina en López de Micay, zona rural poblada por indígenas Waunana que causó diez defunciones en niños menores de un año. La cobertura de vacunación en esa zona era muy baja.

Los antígenos pertussis son de cuatro clases: la toxina, la hemaglutinina filamentosa, la pertactina y los antígenos fimbriales. la infección real estimula la producción de anticuerpos contra todos estos antígenos. La vacuna de célula entera es eficaz en un 85%.

Buscando reducir la frecuencia y severidad de los efectos colaterales, se han investigado 13 vacunas altamente purificadas o acelulares. Finalmente se realizaron 7 estudios, dos de los cuales fueron hechos en Suecia e Italia, patrocinados por el Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas, lo que tuvieron el diseño metodológico más riguroso. Se incluyeron vacunas multivalentes (con 4 antígenos), trivalentes y bivalentes y se compararon con la vacuna de célula entera.

La multivalente y la trivalente fueron eficaces en un 85% y la bivalente fue solo 59%. El aumento de protección se debió a la pertactina mas no a las proteínas fimbriales. Los restantes 5 estudios tuvieron diseños y esquemas de vacunación variados, lo cual complica las comparaciones. Pero unas cosas quedan claras: las vacunas acelulares son tan buenas o mejores que las de célula entera, al tiempo que resultaron más seguras, pues los efectos colaterales fueron menos y más suaves.

Aunque son clásicos los ataques paroxísticos de tos en lactantes, precedidos de un catarro prodrómico asociados a una linfocitosis absoluta y a un cultivo positivo para Bordetella, se cree que muchos de los casos que ocurren no se diagnostican. Cerca de la mitad de los casos ocurren en menores de un año de edad donde también hay alto riesgo de complicaciones como neumonía, convulsiones, encefalopatía con hematoma subdural, otitis media, hernia, prolapso rectal y neumotórax. Aunque la enfermedad en niños grandes y adultos es leve cuando ocurre, estos últimos pueden ser un importante reservorio para niños. Después de los 6 años no se requiere vacunación de refuerzo.

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