Síntesis Histórica de la Medicina en Colombia

Síntesis Histórica de la Medicina

Alfredo Jácome Roca, MD

Cuando hace cinco siglos arribaron los primeros conquistadores a nuestro continente, encontraron que el manejo de las enfermedades que padecían los aborígenes estaba a cargo de los chamanes, médicos sacerdotes que combinaban el uso de hierbas medicinales y materiales orgánicos con diversos conjuros que pedían a los dioses la curación del paciente. En Europa la medicina seguía todavía los postulados galénicos, aunque comenzaba la época de cirujanos como Ambrosio Paré o de médicos y anatomistas como Vesalio, que le darían un toque más moderno y científico al ejercicio. Los nosocomios y hospitales se habían popularizado en los medios militares romanos, y también entre los árabes.

El primer hospital en nuestro territorio se levantó en Santa María la Antigua del Darién, ciudad fundada por Vasco Núñez de Balboa; el yerno de este -Pedrarias Dávila- a su vez fundó el nosocomio, bajo la protección de Santiago Apóstol (1513), el que contó con cincuenta camas, con el aparejo que suelen tener las camas de esta ciudad de Sevilla, según reza la Cédula Real. Ejercieron allí Pedro Álvarez Chanca (quien vino como físico en el segundo viaje de Colón), Rodrigo de Barreda y el maestre y cirujano Alonso de Santiago. Sobra contar que las enfermedades, animales feroces, venenosos y el clima tropical, ardiente, húmedo y tremendamente insalubre, arrinconaron a estos primeros conquistadores, por lo que once años después el hospital se trasladó a Panamá, donde –después de decapitar a Balboa- tomó el mando Pedrarias. Del istmo saldría luego la expedición de Francisco Pizarro, quien conquistaría el Perú.

Otros hospitales establecidos por los peninsulares fueron:

  • San Sebastián, en Kalamarí o Cartagena de Indias (1537). El bachiller portugués Juan Méndez Nieto, autor de los Discursos Medicinales, fungió de médico allí, al igual que el físico Pedro López de León, autor de un libro sobre cirugía y traumatología. En siglos posteriores se abrirían los hospitales de San Juan de Dios, San Carlos, del Espíritu Santo y la leprosería de San Lázaro. Doña María Barros Cabeza de Vaca hizo un hospital para mujeres a mediados del siglo XVII. Varios médicos ejercieron en la ciudad en el siglo XVIII, entre ellos Juan Gastelbondo.
  • Casa de Salud de García de Lerma (1528), Santa Marta, con seis camas.
  • Hospital San Pedro, en Santafé (1564), fundado por el obispo Juan de los Barrios, bajo la presidencia de Venero de Leyva. Este hospital –que inicialmente contó con sólo diecisiete camas- cambiaría luego de sitio y se transformaría en 1742 en el Hospital San Juan de Dios, siguiendo el modelo del Hospital de los Reyes de Navarra; este edificio fue construido por el Prior de la Orden de los Hermanos Hospitalarios del mismo nombre, a quienes se les había hecho entrega de la casa de salud en 1635. Con Jiménez de Quesada llegó el bachiller Antonio Díaz, quien ejerció como médico, pero sin título. El primer graduado fue Álvaro de Auñón y Cañizares (siglo XVI). En 1763 se abrió la primera botica, de los padres dominicos.
  • Hospital Real de Popayán (1713), manejado por los betlemitas. En 1789 llegó el doctor Pepe Iragorri, de origen vizcaíno.
  • Hospital San Juan de Dios, fundado en Santiago de Cali por el médico Leonardo Sudrot de la Garda en 1753, que luego fue manejado también por la orden hospitalaria.
  • Hospital de Cúcuta, de los hermanos hospitalarios de San Juan de Dios, inició labores en 1801, con el legado de don Antonio Fernández de Novoa.
  • Hospicio Hospital del Sagrado Nombre de Jesús, fundado en 1802 por Pedro Martínez de Pinillos en Mompox, que tenía como objetivo servir (más adelante) de universitario para la facultad reunida físico-médica.
  • En Medellín practicaron en el siglo XVIII Juan Cano, Pedro de Euse y Henri y Manuel Beato.
  • Los hospitales en la colonia eran además conventos de los hermanos hospitalarios, y había también reales hospitales manejados por otras órdenes.

Las primeras universidades iniciaron labores en Santafé y en algunas de ellas –como parte de la cultura- se enseñó medicina:

1580. Santo Tomás de Aquino

1622. Universidad Javeriana y Colegio de San Bartolomé. Allí dictó lecciones de medicina el protomédico Rodrigo Enríquez de Andrade.

1653. Colegio del Rosario, al que desde su fundación se le creó el curso de Prima Medicina, pero no se logró contar con profesores idóneos. En 1733, Francisco de Fontes dio una lección inaugural de medicina, pero no tuvo éxito en su continuación, pues la profesión tenía un prestigio muy modesto. Igual le sucedió después a Vicente Román Cancino. A comienzos del siglo XIX iniciaría por fin unas lecciones de medicina a cargo de Mutis y de Isla.
1694. Universidad Agustiniana.

Las epidemias más comunes fueron las de la viruela (que diezmó a los indios) y la peste negra, el cólera y la disentería; como endemias, la sífilis, la lepra, el tifo exantemático o tabardillo, la tuberculosis, el pián y el carate y la fiebre amarilla selvática -proveniente del África- que posteriormente tuvo ciclos urbanos, además del tetanus neonatorum; se informaron también epidemias limitadas de escorbuto y de beri-beri, enfermedades desaparecidas en el tercer milenio. Una anécdota curiosa fue el de la repentina locura que afectó en Chocontá a cuarenta soldados del Adelantado Jiménez de Quesada, pues fueron intoxicados con borrachero (o burundanga) por las indias, en venganza por ser violentadas por los españoles.

Protomédicos fueron Rodrigo Enríquez de Andrade, Antonio Cepeda Santacruz y Jorge Villalobos. Para el siglo XVIII vinieron médicos europeos –particularmente franceses- a establecerse en Santafé, Medellín, Cartagena y Cali. En 1797 había en Santa Fe tres médicos con licencia: José Celestino Mutis, que dio lecciones de medicina en el Rosario y fue el director de la Expedición Botánica; el sacerdote santafereño Miguel de Isla (de la orden hospitalaria), quien ejerció en la ciudad como médico del ejército; y el doctor Honorato Vila. En Bucaramanga trabajó Eloy Valenzuela (1756-1834), cura y médico herbolario.

El más prestigioso de estos fue el sabio Mutis, quien fuera botánico, médico, astrónomo y clérigo, a más de educador. Escribió un tratado sobre las quinas, describió numerosas plantas autóctonas y en 1783 –con la ayuda del Arzobispo-Virrey- inició la famosa Expedición, cuyos admirables resultados fueron plasmados en La Flora de Bogotá o de la Nueva Granada. A la llegada del Pacificador, libros, herbolarios y dibujos de las plantas fueron enviados como botín de guerra al Jardín Botánico de Madrid.

En 1802 se dio la primera clase de anatomía en el Hospital San Juan de Dios, bajo la égida de Mutis, quien inició formalmente la educación médica en el Rosario, para 1805. Continuaron esta obra su discípulo el padre Miguel de Isla, y luego Vicente Gil de Tejada; este último era un convencido realista, por lo que más adelante prefirió exiliarse en lugar de trabajar bajo el nuevo gobierno criollo, al despuntar la independencia.

Los primeros médicos formados por estos maestros fueron, entre otros:

  • José Fernández Madrid (quien fuera presidente durante la Patria Boba)
  • José Félix Merizalde, quien hizo con los médicos Cheyne, Quevedo y Uribe la autopsia de Santander, fue fundador de una cátedra de medicina en el colegio de San Bartolomé. Criticó las teorías de Broussais –de la era posnapoleónica- que se apoyaba en teorías de irritación y excitación.
  • José Joaquín García
  • Francisco y Manuel Quijano
  • Pedro Lasso de la Vega
  • Juan María Pardo
  • Benito Osorio
  • Miguel Ibáñez
  • Juan Gualberto Gutiérrez, egresado del Rosario que estuvo presente en la Batalla de Boyacá y fue también médico de Nariño.
  • De aquellos tiempos se recuerda también al francés Alejandro Próspero Reverend, quien fuera el médico que atendió a Bolívar en San Pedro Alejandrino durante sus días finales.

Sirvieron a la patria estos colegas como médicos militares en los días sangrientos de la independencia y enseñaron en la facultad de medicina de la Universidad Central, fundada por Santander en 1826. Los foros y actividades científicas habían comenzado ya en la época del Terror –cuando eran sacrificados los patriotas- con una sociedad fundada por el Virrey Sámano. Antes de la creación de la Central, vino una misión francesa –asesorada por Humboldt- que intentaría crear un museo de historia natural y de manera anexa, una escuela de minería. El personaje más importante de dicha misión fue el químico Boussingault, quien terminó haciendo importantes estudios sobre el coto en Colombia. La Ilustración y mezclas de sensualismo, empirismo, teoría del conocimiento, utilitarismo, positivismo y –en medicina- la patología y fisiología de Broussais y Brown, fueron las enseñanzas que se propalaron en esta Universidad Central, que años más tarde se fue diluyendo con la ley de libertad de enseñanza y la libertad para el ejercicio de la profesiones, pues –excepto para la farmacia- no se requerían título de estudios.

Antonio Vargas Reyes (1816-1873) fue exponente destacado de los primeros días republicanos y participó como médico en algunas guerras y levantamientos civiles.

Vargas Reyes estudió medicina en la Universidad Central y luego repitió los estudios en París. Asimiló la clínica francesa en profundidad y a su regreso fue líder de los médicos locales, creó en 1852 La Lanceta (de la cual aparecieron seis números) y en 1864, la Gaceta Médica de Colombia, que duró tres años. En ella se divulgaron trabajos sobre la patología nacional, de salud pública y de interés gremial, se reprodujeron trabajos de médicos franceses. Para acabar con el vacío creado por la ley de libertad de enseñanza de 1850, lideró un movimiento que logró la creación de la Escuela Privada de Medicina en 1864. Cuando en 1867 se fundó la Universidad Nacional de los Estados Unidos de Colombia –con Escuela de Medicina incluida- su primer decano fue Vargas Reyes, quien se considera el padre de la cirugía en Colombia; su primer plan de estudios médicos serviría de modelo para las demás universidades y llevaba la huella de la clínica francesa.

En cuanto a la educación médica local, podemos ver que en las universidades y colegios fundados por los españoles se dieron en forma esporádica y con escasa continuidad, lecciones de medicina, además de las más importantes de jurisprudencia. Como hemos visto, los escasos médicos titulados venían de Europa –España y Francia- y la primera escuela médica en forma sería la del Rosario –iniciada por Mutis- que luego cerraría para dar paso a la de la Universidad Central, que fundó Santander. La Universidad del Cauca –claustro del que más presidentes colombianos han egresado- fue fundada en 1827. Fue especialmente conocida por su facultad de derecho, pero su facultad de medicina sólo se abriría en 1950. Al declinar la Universidad Central –por la supresión de títulos por una ley expedida en 1850- surgiría la de la Universidad Nacional (en 1867), la más antigua de las actuales escuelas de medicina. Posteriormente se fundaría en 1871 la Universidad de Antioquia, institución pública de educación superior comprometida desde ese entonces con la formación del recurso humano de salud, con criterios de excelencia académica, de ética y de responsabilidad social. En Cartagena el Colegio del Estado, simiente republicana de la Universidad de Cartagena surgió del convento de los Agustinos Descalzos, que conservó la denominación de claustro, como evocación de aquellos gloriosos Agustinos que ya habían dado fama a Salamanca con la vida y obra de Fray Luis de León. La universidad de la Ciudad Heroica –que había pasado por penurias fiscales- creció y se consolidó durante la rectoría de Rafael Núñez.

Algunos cirujanos de la llamada época preaséptica (con elevadas mortalidades, particularmente en la cirugía abdominal) han sido mencionados en otros párrafos, pero queremos añadir a León Vargas (cirugía de cataratas), Pablo García Aguilera (colecistostomía), Ricardo Cheyne (talla peritoneal), Andrés Pardo (trepanación), y estos dos últimos, el primer diagnóstico de diabetes azucarada. José Ignacio Quevedo Amaya fue un bogotano que practicó la primera cesárea en paciente vivo de que se tenga noticia (pues posiblemente se realizaran cesáreas posmortem); se hizo en Medellín en 1844, con supervivencia de la madre y el feto (ver fotografía). Este cirujano realizó también la primera resección subperióstica de tibia y fue uno de los fundadores de la Academia de Medicina de Antioquia. En 1886, Nicolás Osorio introdujo las jeringuillas; por esa misma época, Liborio Zerda hace estudios sobre la coca y el opio. En 1885 Lázaro Restrepo en Medellín introduce el óxido nitroso, por esa misma época José W. Uribe y Juan David Herrera practican las primeras transfusiones, se hace varias tesis sobre el cloroformo, los narcóticos y el trabajo de Francisco Bayòn sobre El Curare, que publicó en 1873. En 1890 se practica una ovariectomía con éter en la casa de Salvador Camacho Roldán; el cirujano es Juan Evangelista Manrique y el anestesiòlogo fue un norteamericano de apellido Hicks. El médico e historiador Jaime Herrera Pontón cita dos tesis de grado de finales del XIX, de Teodoro Castrillòn y de José Joaquín Azula, que hablan de la anestesia en las alturas y de la contraindicación del cloroformo en la altiplanicie.

Al finalizar el siglo XIX –que fue por demás sangriento por el desencadenamiento de las guerras civiles y en especial la de Los Mil Días entre conservadores y liberales- se fundaría la Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales (1873) y luego la Academia Nacional de Medicina en 1891. Publicó este grupo durante más de medio siglo la Revista Médica, al tiempo que penetraban lentamente en Colombia doctrinas fisiopatológicas (la enfermedad como alteración funcional, previa a la lesión anatómica) y etiopatológicas (la enfermedad como estado producido por un agente externo vivo, químico o físico); las dos mentalidades médicas -que en conjunto forman la medicina de laboratorio- encontraron eco entre nosotros (con un gran desfase en cuanto a la introducción de estos conocimientos en la práctica médica) en la segunda mitad del siglo XIX. Estos hechos se convertirían en hitos de la medicina colombiana y en la fundación de la nombrada Sociedad participarían Manuel Plata Azuero –autor de un libro de terapéutica y de diversas intervenciones quirúrgicas, como la resección del maxilar superior- Abraham Aparicio, Nicolás Osorio, Leoncio Barreto, Evaristo García (primera esplenectomía), Liborio Zerda y Abraham Aparicio. En una segunda reunión participarían otros médicos como Proto Gómez, Bernardino Medina, Pío Rengifo (quien al igual que Evaristo García y Pablo García, era oriundo de Cali) y Rafael Rocha Castilla, entre otros. Nuevas patologías que se empezaron a diagnosticar en Colombia fueron el tétanos, la difteria, la peste y la malaria, la bartonelosis y el Chagas, las fiebres petequiales, nubias, nuches y la parálisis infantil. En 1881 se posesiona como académico don Pedro María Ibáñez, quien ingresó con el trabajo pionero titulado Memorias para la Historia de la Medicina en Santafé de Bogotá. En 1884 el Smithsonian Institute de la capital federal americana, solicitó los nombres de los colombianos más ilustres en los campos de la medicina y de las ciencias naturales: en la lista se incluyeron algunos médicos arriba mencionados, además de José María Buendía, Juan de Dios Carrasquilla, Carlos Michelsen, Nicolás Osorio, Wenceslao Sandino Groot, Antonio Vargas Vega y los antioqueños Andrés Posada Arango y Manuel Uribe Angel. Y a propósito de la medicina paisa, con los Ensayos Científicos del primero, y los aportes como historiador y costumbrista del segundo, tiene otros importantes representantes en Juan B. Montoya y Flórez –autor de una obra sobre la Lepra en Colombia y de ensayos sobre el paludismo y la electrología médica- además de Luis Zea Uribe, Luis López de Mesa, Emilio Robledo (medicina tropical), Roberto Restrepo (cancerología), César Uribe Piedrahita (parasitólogo, conocedor e industrial de la terapéutica con medicamentos, educador), Jaime Mejía, Alfonso Castro, José Tomás Henao … y muchos otros científicos y médicos que contribuyeron al éxito internacional que tiene la medicina antioqueña en nuestros días.

Por la Ley 30 de 1886 se crearon juntas de higiene en la capital de la república y en sus ciudades principales y se recupera el profesionalismo legal perdido en 1850. El modelo higienista caracteriza este periodo, que pasa por Ley 33 de 1913 que crea el Consejo Superior de Sanidad, la Junta Central Higiene (1914), la Dirección Nacional de Higiene y la creación del Ministerio de Higiene, en las épocas de Jorge Bejarano y Pedro Eliseo Cruz (1946); estos organismos dependen de los más disímiles ministerios, adscribiéndoseles de acuerdo a la época y a la importancia política y comercial Cuando por fin –por cincuenta y seis años- se logra tener un Ministerio de Salud independiente, una nueva reforma de tinte neoliberal lo integra en un nuevo que se denomina de Protección Social. La Junta Central de Higiene se ocuparía de las enfermedades epidémicas, de saneamiento ambiental y, en particular, de lo relacionado con el control de los puertos dentro de las orientaciones de las Convenciones Sanitarias Internacionales y de las presiones del mercado internacional.

Pablo García Medina –quien fuera presidente de la Academia y orientador durante tres décadas de la salud pública- habló del método experimental de Claude Bernard, en el que señalaba las limitaciones de la medicina anatomo-clínica de observación, y el impacto social de las enfermedades infecciosas. También José María Lombana Barreneche difundía las concepciones fisiopatológicas desde el Hospital San Juan de Dios de Bogotá, en polémica con los ortodoxos clínicos que eran partidarios de la visión anatomoclínica. Claude Vericel había iniciado en Bogotá la enseñanza de la veterinaria y la bacteriología, y tuvo como aventajados discípulos a Federico Lleras Acosta y Jorge Lleras Parra. El primer acueducto de Bogotá se inaugura en 1886. En 1893 se lleva a cabo el primer congreso médico nacional, bajo la presidencia de Nicolás Osorio; los ochenta y seis trabajos presentados se dividen en varios temas: Higiene y Demografía, Patología, Materia Médica y Terapéutica, Cirugía, Ginecología, Medicina Legal, Ciencias Físicas y Naturales.

Las comunidades religiosas han participado activamente en el manejo de hospitales públicos y clínicas colombianas. En primer lugar está la Orden de los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios –que se encargaron de varios hospitales durante la colonia y posteriormente (actualmente es muy conocido el Hospital San Rafael de Bogotá), las Hermanas de la Presentación y los padres Camilos de la Buena Muerte (Campito de San José, Hospital San Vicente de Medellín, Clínica Palermo de Bogotá), los jesuitas (Hospital San Ignacio), aunque la influencia de estas órdenes se ha ido diluyendo, merced a las recientes reformas en el campo de la salud, como aquella que determinó la Ley 100. El concepto asistencialista de caridad ha cambiado con el derecho a la salud, pero también con la privatización del sistema, que pasó al sector asegurador, con pérdida de la autonomía y del profesionalismo médico.

En 1883, las Hermanas de la Presentación de Tours fundaron un refugio para religiosas ancianas o enfermas y para mujeres con trastornos mentales. La edificación destinada –el Campito de San José- quedaba en las estribaciones del cerro de Guadalupe en Bogotá, detrás de la Iglesia de las Aguas (famosa por ser el sitio de ejecución de la heroína Policarpa Salavarrieta, y actualmente por ser vecina a la Universidad de los Andes y al colonial barrio de La Candelaria). El ambiente campestre –muy conveniente para la recuperación física y espiritual- fue seguido luego por otras casas de salud, la de María Auxiliadora y –en 1904- por la de Marly. Después de un tiempo, el Campito se dotó de un quirófano donde operaron los futuros fundadores de la Sociedad de Cirugía de Bogotá, y donde Isaac Rodríguez se conoció como El Cloroformista.

El siglo XX comienza –con clara influencia francesa en la medicina colombiana- con otros personajes e instituciones. Bogotá y Medellín –aunque pequeñas, pues la primera contaba con cien mil habitantes hacia el año 1900, y la capital antioqueña unos cincuenta mil- eran las principales ciudades del país en el momento. Con una sociedad eminentemente rural (sólo el 10% era urbano), Cali tomaba impulso e igual lo hacía Barranquilla, ciudad que se benefició enormemente de la inmigración europea y libanesa. Las ciudades históricas como Popayán, Ocaña, Mompox, Santa Marta e incluso la misma Cartagena, no pudieron conservar su sitial de honor en la economía e intelectualidad del país. Pasaron a un tercer plano, pues en segundo lugar apareció Bucaramanga en Santander y Manizales en el eje cafetero, y luego Pereira. Así que los principales centros médicos estuvieron en estas ciudades, por orden de importancia.

La cirugía mejoró notablemente con la antisepsia con soluciones fenicadas y la aparición de la anestesia. Entre 1903 y 1945 son pioneros de la cirugía Pompilio Martínez, Juan N. Corpas, en Bogotá, Juan Bautista Montoya y Flórez, Juvenal Gil, en Medellín y Manuel Obregón, en Cartagena. La primera colecistectomía la hizo Julio Z. Torres en Bogotá en 1905 y posteriormente Pompilio Martínez en 1915. En 1902 se fundó la Sociedad de Cirugía de Bogotá por parte de Nicolás Buendía, Guillermo Gómez, Juan Evangelista Manrique, José María Montoya, Diego Sánchez, Zoilo Cuellar Durán, Hipólito Machado, Eliseo Montaña, Isaac Rodríguez y Julio Z. Torres, con la idea de fundar el Hospital de San José –que se ubicaría en un lote en la Plaza de Maderas (hoy, de España)- con énfasis en la cirugía, de cuya construcción se encargó el arquitecto Pietro Cantini, quien había participado en la construcción del Capitolio Nacional y del Teatro Colón.

A comienzos del siglo XX la familia Esguerra compró una casa quinta en Chapinero donde el médico Carlos Esguerra proyectó hacer una casa de salud que atendiera pensionados, es decir, pacientes particulares. Con la colaboración de Rafael Ucrós Durán, Miguel Rueda Acosta y Luis Felipe Calderón inició algunas labores de atención ambulatoria, en un sector de la casa de su hermano Guillermo. Las Casas de Salud y Sanatorios –futura Clínica de Marly- sería fundada por estos y otros eminentes médicos de la capital. En 1928 se constituyó la Sociedad Clínica de Marly y a ella se vinculan nuevos nombres distinguidos como Jorge E. Cavelier (quien fundó y dirigió por años el Hospital de la Samaritana y la Cruz Roja, entre otras múltiples ejecutorias como la de ser el primero en aplicar inyecciones de insulina en nuestro país), Alfonso y Gonzalo Esguerra Gómez, Juan N. Corpas, Roberto Franco, Calixto Torres, José del Carmen Acosta, Federico Lleras Acosta y otros más. Muchas décadas más tarde la familia Esguerra participa también –con ejecutorias y con un lote- en la construcción de la Fundación Santafé de Bogotá. El Instituto Nacional de Radium abrió sus puertas en 1934 –aunque había sido proyectado y creado años antes, gracias a la visita del Profesor Claudio Regaud (del Instituto de Radium de París) y cuyo principal impulsor y director fue José Vicente Huertas (fundador también de la Clínica Palermo de Bogotá, alma de la fundación San Carlos y asesor de doña Lorencita de Santos en la fundación de su Hospital Infantil); Alfonso Esguerra Gómez –pionero de la radiología y de la radium terapia- es uno de los precursores e importadores de las agujas de radium. Sobra decir que la mayoría de estos personajes fueron también los directivos y miembros de la histórica Academia Nacional de Medicina.

En 1930 se importa el primer aparato de anestesia marca Heidbrink, que se instala en Marly. Diez años más tarde ejercen anestesia en Bogotá Juan Marín Osorio, Juan F. Martínez y Juan J. Salamanca. La primera escuela de anestesia la funda en 1947 el primero de ellos, en el Hospital San José de Bogotá.

Roberto Franco en 1905, quien viene de adelantar estudios en la Universidad de París y en el Instituto Pasteur (con pasantías en Túnez y en Londres), impulsó la creación de un laboratorio en el Hospital San Juan de Dios de Bogotá y la creación de la Clínica de Enfermedades Tropicales. El profesor Franco logró reconocimiento internacional por su descubrimiento del ciclo urbano de la fiebre amarilla selvática. En el mismo Hospital de la Hortúa se funda una clínica ginecológica a cargo de Rafael Ucrós Durán, aunque previamente se había iniciado allí mismo la especialidad por Miguel Rueda Acosta.

Por estos años se producen diversos hechos que van a permitir una mejor acción de los organismos responsables de la salud. En 1926 se adquiere el Laboratorio Samper y Martínez para el servicio de la higiene pública, y en ese mismo año se construye el Palacio de Higiene. En 1927 se crea, por la Ley 11, la Escuela de Farmacia, como dependencia de la Facultad de Medicina de Bogotá. En 1930 se funda la Escuela Nacional de Enfermeras, con la participación de dos enfermeras norteamericanas y la dirección de Dr. José María Montoya; posteriormente llegaría al país la licenciada Inés Durana Samper. En los primeros años de la década de los treinta, se refuerza la estructura institucional de la salud; viene una comisión francesa conformada por los profesores Latarjet, Tavernier y Durand, que da recomendaciones en salud al rector de la Universidad Nacional. En 1939 -con la reforma de la Facultad de Medicina de Jorge E. Cavelier- se intenta superar la crisis de la salud, lo que se logrará con la Misión Médica Norteamericana en 1948 que cambia las concepciones prevalentes al modelo americano: educación en la higiene personal y pública, saneamiento ambiental, control de las enfermedades prevenibles, organización de los servicios médicos y de enfermería para el diagnóstico temprano y tratamiento preventivo del individuo. Se ha creado la Organización Mundial de la Salud y enseguida la OPS.

Para esta época cobra importancia en Colombia la Fundación Rockefeller, que participa inicialmente en una campaña contra la uncinariasis. En 1936 se reforma la Constitución de 1886 y se empieza a hablar abiertamente de asistencia pública. La salud es entonces un deber del Estado, pero ya en el tercer milenio la concepción economicista lo considera un negocio del sector asegurador. El presidente López Pumarejo en su primer mandato se asesora de la Academia Nacional de Medicina para su acción en estos campos. Este organismo consultivo recomienda la creación de un ministerio especializado, e identifica la problemática de salud: lepra, tuberculosis, protección materno-infantil, enfermedades venéreas, tropicales e higiene rural. epidemiología y profilaxis, asistencia social y organización hospitalaria, cáncer, alcoholismo y toxicomanías, enseñanza de la higiene y bromatología. Años más tarde –en la posguerra- se concretan otros tópicos: nutrición, paludismo, rickettsiasis, bartonelosis y saneamiento de puertos. Durante el gobierno de Ospina Pérez, la Ley 90 de 1946 concreta lo relacionado con el seguro social al crear el Instituto Colombiano de Seguros Sociales (ICSS), adscrito al Ministerio de Trabajo, que cubrirá los riesgos de enfermedades no profesionales y maternidad, invalidez, vejez y muerte, accidentes de trabajo y enfermedades profesionales. Medio siglo más tarde –otra ley, la 100- redistribuye las funciones estatales en materia de salud y pensiones, y traslada buena parte de la problemática al sector asegurador. En estos tiempos se destacan como cirujanos en Bogotá Pedro Eliseo Cruz, Hernando Anzola Cubides, Santiago Triana Cortés, Alfonso Bonilla Naar, César Augusto Pantoja y José Antonio Jácome Valderrama (estos dos últimos, directores del Instituto Nacional de Radium, ahora de Cancerología) para mencionar sólo algunos.

La educación médica se lleva a cabo en la Nacional –con el Hospital de la Hortúa- y en la Universidad de Antioquia, con el Hospital San Vicente de Paul, fundado en 1913. En el año anterior un grupo de filántropos antioqueños gestaron la idea de construir un hospital, pues sólo existía en Medellín el Hospital San Juan de Dios, pero sus condiciones eran lamentables. Don Alejandro Echavarría Isaza decidió liderar este proyecto con todo su empeño; así lo comunicó a sus hijos a principios de 1913, estando su esposa gravemente enferma: “…he resuelto fundar un hospital, pero un hospital grande, muy grande, que tenga siempre la capacidad suficiente para albergar a todo hijo de Antioquia y del resto del país que necesite de sus servicios”. Aunque la Bella Villa sólo contaba con sesenta mil habitantes, con su espíritu emprendedor logró el apoyo de la Iglesia, de los industriales, de la intelectualidad y estuvo también respaldado por el conocimiento médico que desde 1871 había alcanzado la Escuela de Medicina de la Universidad de Antioquia. En Bogotá, la familia Barberi fundó el ya centenario Hospital Pediátrico de La Misericordia, que con otras instituciones como el Lorencita y el Instituto Materno-Infantil, se encargarán de la salud de los pequeños pacientes.

La medicina de los Estados Unidos se había renovado a partir de Flexner en 1910. En 1950 el decano en Antioquia propone una reforma basada en las recomendaciones de la Misión Unitaria Humphreys y en el modelo propuesto por la Asociación Médica Americana. Sobre la base del histórico claustro del Colegio de San Bartolomé, la Universidad Javeriana – fundada en 1622- reinició labores en 1930, y para 1942 la Facultad de Medicina se abrió en medio de dificultades, por decisión del Padre Félix Restrepo y con la ayuda de algunos profesores disidentes de la Universidad Nacional; también se puso la primera piedra para la construcción del Hospital San Ignacio; Popayán y Cali comenzaron en 1950; Manizales en 1952 (adscrita a la Universidad Popular, luego de Caldas). El currículo se hace –en las nuevas y en las antiguas- de acuerdo a las recomendaciones norteamericanas que en expresan las ideas flexnerianas. La más importante de las fundadas fue la de la Universidad del Valle en Cali, que desde un comienzo contó con la asesoría técnica y el apoyo financiero de la Fundación Rockefeller, teniendo como hospital universitario el Departamental Evaristo García. Su primer decano es el experto en educación médica Gabriel Velásquez Palau.

En el Primer Seminario Nacional de Educación Médica realizado en Cali en 1955 participaron los siete decanos de las facultades existentes, además de la OPS, la Rockefeller y la Universidad de Tulane (que tres años más tarde formaría el programa Tulane- Colombia, actual CIDEIM, y que sería especialmente fuerte en enfermedades tropicales). Las fortalezas de la Escuela del Valle estuvieron en la transformación de programas, con un incremento en la enseñanza de las Básicas, abandono de textos y memorización de lecciones, un nuevo vínculo instructor-alumno, creación de la conciencia de la educación continuada, uso del método científico, organización en departamentos y división de estos en secciones; esta escuela presentaba además un Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública en el cual se estudiaban los elementos socioeconómicos y culturales de la enfermedad. El grupo de decanos asistente decidió crear ASCOFAME, la Asociación Colombiana de Facultades de Medicina. En 1963 aparece la facultad del Colegio Mayor del Rosario, en asocio con la Sociedad de Cirugía y el Hospital San José.

Las diversas especialidades –y subespecialidades- se consolidaron con los diversos programas de residencia establecidos en hospitales universitarios o afiliados, y por el ingreso de novedosas tecnologías diagnósticas y terapéuticas; existen sociedades científicas y congresos para todas las temáticas, y el entrenamientos en centros del exterior ha sido abundante, aunque en muchos casos ha contribuido a la diáspora médica, pues la situación laboral para el profesional de la salud se ha visto comprometida por la proliferación de facultades de medicina –cuyo número es superior a cincuenta- y por el sistema asegurador de las EPS, que ha reducido notoriamente la autonomía, nivel de ingresos y profesionalismo de los médicos. En cuanto a tecnologías, el país está muy adelantado en trasplantes, reproducción asistida, informática y telemedicina, diagnóstico imagenológico y de laboratorio, investigación en genética y sus aplicaciones clínicas, técnicas endoscópicas y laparoscópicas. El fuerte de las investigaciones indexadas sigue siendo en medicina tropical, y la inversión del estado y de la empresa privada en investigación en ciencias continúa siendo baja.

Referencias

Miranda Canal N. La modernización de la medicina en Colombia. Revista Credencial Historia, Edición 29, Mayo de 1992.
Quevedo E. La ciencia y la medicina positivista. En “Historia de Colombia”, volumen seis, Pp. 1399-1411. 1987, Editorial Salvat, Bogotá.
Quevedo E, Hernández M, Miranda N, Mariño C, Cárdenas H y Wiesner C. La Salud en Colombia, análisis socio-histórico. Revista Salud Colombia, 2001; Nos.54 y 55.
Serpa-Flórez F. Bosquejo de la Historia de la Medicina Colombiana. 1999. Editado por la Universidad Manuel Beltrán, Bogotá.
Otero Ruiz E. Cronología Histórica de la Academia Nacional de Medicina. Medicina 1991; Números 24 y 25.
De Francisco Zea A. El Hospital San Juan de Dios de Bogotá. Medicina 1999; 21 (1): 36-41.
Serpa Flórez F. Homenaje a la medicina francesa. Medicina 1996; No.42, Pp.51-57.
Kerdel F. La diáspora médica. Medicina 1999; 21: 1-4.
Jácome-Roca A. La revista Medicina en ciento veintinueve años de historia. Medicina 2002; 24: 197-200
Herrera Pontón J. La medicina en la época precolombina, los psicoestimulantes y los venenos de flechas, precursores de la anestesia. Medicina 2002; 24: 205-223.
Serpa Flórez F. Centenario del Profesor Jorge Cavelier (1895-1978). Medicina 1995; No. 41, Pp 2-3.
Sotomayor HA. Epidemias de escorbuto y beri beri en la historia de Colombia. Medicina 1993; No.33, Pp. 34-36
Otero Ruiz E. El Instituto Nacional de Cancerología
Sotomayor: El medicamento en Colombia. Bogotá, 2000. Schering Plough,
Jácome Roca A. Historia de los Medicamentos.2002. Editorial Kimpres, Bogotá.
Jácome Roca A. Diabetes en Colombia. 2004. Editorial Kimpres, Bogotá..
Sánchez Torres F- Historia de la Gineco-Obstetricia en Colombia.
Cadena D, Cáceres H. Sociedad de Cirugía de Bogotá, Itinerario Histórico desde el 22 de julio de 1902. 1988. Editorial Impreandes Presencia.
Otero Ruiz E. Setenta años del cáncer en Colombia, historia del Instituto Nacional de Cancerología, 1934-1999. Bogotá, 2000, Editora Géminis.
Cavelier Gaviria J. Clínica de Marly, cien años de historia, 1903-2003. Bogotá, Impresiones Rigel, 2004.

loading...

DÉJANOS TU COMENTARIO

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!