La Paradoja Vitamínica

La Paradoja Vitamínica

Nueva York. Durante años se ha venido creyendo –así no haga parte de la medicina basada en la evidencia- que las megadosis de multivitaminas anti-oxidantes son convenientes para la longevidad y buena salud. ¿Quién piensa esto? Pues los mismos médicos y los pacientes en general. Porque hay estudios a favor del efecto anti-oxidante –en la prevención de ciertos tipos de cáncer y de la aterosclerosis- que le han dado argumentos científicos muy vendedores a la poderosa industria fabricante de los multi-vitamínicos; esta–a juzgar por lo que uno ve en los supermercados- mueve billones de dólares. No dudamos de los efectos negativos de la oxidación de las LDL como generadores de aterogénesis o del detrimento causado por estos procesos oxidativos sobre los ADN. Pero algunos resultados recientes han sido adversos a esta creencia que podríamos llamar popular. En los últimos días se mencionó por ejemplo el estudio de Meihui Pan, Arthur Cederbaum, Edward Fisher y colaboradores del Hospital Monte Sinaí (Journal of Clinical Investigation) que sugiere que las vitaminas anti-oxidantes pueden elevar –así sea en forma modesta- los lípidos sanguíneos. El estudio es de tipo bioquímico realizado en ratas y analiza la proteólisis intra-hepática, que es un determinante mayor de la secreción al plasma de las lipoproteínas que contienen Apo-B; esta proteólisis pre-secretoria (posterior a lo acaecido en el retículo endoplásmico) es estimulada por los ácidos grasos poli-insaturados omega-3, lo cual reduce la secreción de partículas VLDL (o transportadoras de triglicéridos) por parte del hepatocito. La estimulación de esta proteólisis es promovida por situaciones pro-oxidantes que aumentan el hidro-peróxido lípido hepático y es suprimida por anti-oxidantes y por ácidos grasos libres que no pueden sufrir peroxidación lipídica. Así que una reducción –en ciertos aspectos buena- del estrés oxidativo, puede resultar en un aumento de los lípidos plasmáticos como un indeseado efecto colateral.

Un estudio aleatorizado realizado en Cambridge (Reino Unido) sobre 20.532 adultos con enfermedad vascular o diabetes pre-existentes, mostró que la suplementación diaria de 600 mg de vitamina E, de 250 mg de vitamina C y de 20 mg de ß-caroteno -controlada con placebo- produjo aumentos significativos aunque pequeños del los triglicéridos (11%), ApoB (5%) y de colesterol LDL (3%), además de una pequeña reducción en el colesterol HDL o bueno. Otro estudio –mucho más pequeño que el anterior- no modificó los lípidos en general pero redujo la fracción HDL2, que redujo los beneficios sobre la enfermedad coronaria al combinar los anti-oxidantes con simvastatina más niacina. Barry Halliwell comenta desde el Lancet que en este campo nutricional se han obtenido éxitos pero también se han registrado espectaculares fallas. Si bien es cierto que en las personas que comen una dieta rica en frutas y verduras se observa una reducción en la aparición de cáncer junto con un aumento en la concentración plasmática de ß-caroteno, la administración suplementaria de este no sólo no ha tenido efecto anti-cáncer sino que lo promueve en fumadores. Los radicales libres –disminuídos por el consumo de frutas y verduras- impide el daño al ADN en los humanos (lo que explica el efecto anti-carcinógeno) pero cuando las vitaminas anti-oxidantes se dan en forma de suplementos, no se reduce el daño al ADN. El estudio CHAOS mostró un efecto protector de la vitamina E contra la enfermedad cardio-vascular (aunque no en la mortalidad por esta causa) pero el italiano GISSI no lo demostró. El consumo bajo de vitamina C –y también sus megadosis- aumenta el daño del ADN por parte de los radicales libres. La administración de vitamina E en megadosis sí redujo el riesgo cardio-vascular en pacientes con hemodiálisis pero en el estudio de valoración de la prevención de desenlaces cardiacos, esta vitamina no mostró beneficios en los pacientes de alto riesgo cardio-vascular. En junio de 2003, el grupo americano de trabajo de servicios preventivos concluyó que la evidencia es insuficiente para aconsejar a favor o en contra del uso de suplementos a base de vitaminas A, C o E, multivitaminas con ácido fólico, combinaciones anti-oxidantes para la prevención del cáncer o de la enfermedad cardio-vascular, y aconsejó no usar –o evitar- los betacarotenos pues no generan beneficios, pero sí hacen daño a los grandes fumadores que los toman.

En realidad faltan grandes estudios aleatorizados que comprueben que el efecto benéfico de frutas y verduras –en el que por lo demás creemos- no sea sólo el resultado de estilos más saludables de vida en general y no de la ingesta suplementaria de determinadas vitaminas en particular. Deepak Vivekananthan, Marc Penn y colaboradores de la Cleveland Clinic mostraron -en un meta-análisis de siete estudios con vitamina E y en ocho de ß caroteno, mencionado en un número anterior de Tensiómetro Virtual- que en el primer caso no se demostraron efectos saludables y en el segundo, más bien hubo un ligero aumento en la mortalidad por todas las causas. En lo de las vitaminas estamos en una situación parecida a la de la terapia hormonal: la evidencia inicial con estudios más bien pequeños ha sido opacada –y hasta derribada- con los grandes estudios controlados, por lo que las autoridades sanitarias no aconsejan el consumo rutinario de megadosis vitamínicas, aunque tampoco lo prohíben. Lo que comprueba que en medicina no hay nada blanco y negro, y que no está dicha la última palabra.

Referencias

J. Clin. Invest. 113:1277-1287 (2004).
Lancet 2000; 355: 1179­80
Lancet 2003; 361: 2017-23
Lancet 2002; 360: 23-33
U.S. Preventive Services Task Force Ratings. https://www.ahrq.gov/clinic/3rduspstf/ratings.htm

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