Equidad de Género

MEDICINA FAMILIAR
EDUCACIÓN CONTINUADA PARA EL MEDICO GENERAL

CAPITULO 66
LUZ GLORIA SÁNCHEZ
MD., Trabajadora Social Universidad Externado de Colombia Bogotá D.C.

Hombres y las mujeres en las múltiples áreas de la sociedad

Da presencia de los hombres y las mujeres en las múltiples áreas de la sociedad advierte grandes diferencias y desigualdades en cuanto a remuneración, promoción, acceso a salud, educación, empleo.

La mujer no ha participado equitativamente en las decisiones, beneficios y desarrollo de su entorno, lo que ha generado la creación de movimientos y corrientes de pensamiento enmarcados en parámetros que oscilan desde posiciones conservadoras y tímidas, hasta aquellas extremistas y radicales, como las famosas de los sesentas y setentas.

Es este un tema que no pierde vigencia y por el contrario cada vez toma mayor fuerza, en razón del incremento de la participación femenina en las diferentes áreas de la sociedad. En los últimos 25 años se ha investigado el concepto conocido como “Equidad de Género”, el cual reviste importancia por la incidencia en el desarrollo integral y el bienestar físico y emocional de una comunidad.

Definir el concepto de “Equidad de Género”, requiere la revisión de los términos sexo y género.

El término “sexo” determina la diferencia biológica que existe entre un hombre y una mujer.

Se tiene un sexo definido, se es hombre o se es mujer; es una diferencia con la cual se nace y una naturaleza que permite relacionarse, expresarse y trascender integralmente.

El término “género” lo construyen los parámetros socioculturales de cada contexto que interpreta la diferencia biológica entre mujeres y hombres, influenciado por las relaciones de poder hombremujer y la concepción frente a la masculinidad y la feminidad.

(Lea También: Riesgo Psicosocial en la Mujer)

Concepto de Género

Las ciencias sociales se han interesado en el estudio del concepto de “género”, debido a la predeterminación que la sociedad estampa en cada uno de los sexos, definiendo los comportamientos y actitudes de los niños y de las niñas, de las mujeres y de los hombres, acompañado de un sentido de obligatoriedad que dificulta independizarse del modelo construido por determinados intereses y necesidades.

Este modelo tiene su punto de partida en la familia y se fortalece en el ambiente escolar, en las relaciones sociales, en las normas religiosas, a través de los medios de comunicación, es decir, en el desarrollo de la cotidianidad.

Las personas, cualquiera que sea su sexo, están en posibilidad de expresar y desarrollar capacidades, talentos, virtudes propias de su personalidad, objetivos, intereses y necesidades.

La imposición que ejerce lo social, designa en la masculinidad categorías de fuerza, autoridad, valentía, dinamismo y raciocinio entre otras.

A la feminidad se le enmarca en pasividad, conformismo, sumisión, sentimentalismo, debilidad, incapacidad en la construcción de la sociedad. Históricamente la mujer es el eje en la construcción de su entorno y cultura y en el mejoramiento de la calidad de vida de la familia; desafortunadamente se le invisibiliza, existiendo frases como: “La mujer debe ser como la violeta que esparce su aroma, pero no se ve”

Si alguna mujer sale de lo convencional es cuestionada, en tanto que al hombre se le interpreta con términos de audaz, creativo y valiente. Este encasillamiento afecta la individualidad y determina una jerarquía de géneros y una relación de dominio entre lo masculino y lo femenino. La discriminación por motivos de género está ligada a la cotidianidad de todas las mujeres.

Millones de mujeres y niñas son víctimas de maltrato físico, sexual, psicológico, restricción social, leve protección jurídica y mínima participación en el gobierno.

En materia de salud es común hacer caso omiso de las necesidades; según informe de la OPS. se concluye que las mujeres no se consideran contempladas en las políticas sanitarias, ni en los servicios de salud; no obtienen información sobre salud sexual y reproductora, para sí mismas o para formar a sus hijas adolescentes.

La ausencia del enfoque de género en los programas de salud sexual y reproductora, se evidencia en los miles de abortos clandestinos, la actividad sexual temprana, el creciente embarazo adolescente, cesáreas innecesarias, aumento de mortalidad y morbilidad materna y la infinidad de causas que generan enfermedad y muerte en mujeres pobres.

Las estadísticas mundiales revelan que: a) Una de cada tres mujeres ha sido víctima de violencia y en la mayoría de los casos por alguien que la conoce; b) Más de 500.000 mujeres mueren cada año por causas relacionadas con el embarazo y parto. En consecuencia, cada año 1.400 niños y niñas quedan huérfanos de madre; c) Las mujeres son más vulnerables que los hombres al contagio del VIH, debido a su condición social y física.

La violencia es otra manifestación clara de las formas desiguales de poder, que afecta el estado físico, mental, intelectual y productivo de las mujeres. Se registra dentro de las diez primeras causas de atención hospitalaria, convirtiéndose en un problema de salud pública en algunos países.

La mujer violentada sufre de colitis, estrés, úlceras gástricas, ansiedad, jaqueca, depresión y acude cinco veces más al médico que la que no ha sido violentada, situación esta que se convierte en un problema de Salud Pública, lo que representa un costo social que podría utilizarse en otras áreas de asistencia médica.

J. Stuart Mill, economista, afirmó que la mejor forma de conocer el grado de civilización de una nación, es determinar la situación en que viven sus mujeres. Los países que han hecho de la equidad social una política de Estado, han eliminado la pobreza, poseen altos índices de desarrollo humano, menores problemas de gobernabilidad y han logrado una convivencia más armónica.

En América Latina, la participación femenina en la toma de decisiones se ve reducida: aun las condiciones que imponen los organismos financieros internacionales conservan una política de falta de igualdad de oportunidades.

La desigualdad entre hombres y mujeres es sistémica y está generalizada en todo el mundo, genera grandes sufrimientos, abunda en oportunidades perdidas para hombres y mujeres y frena el progreso social y económico.

La reivindicación en beneficio de la igualdad de géneros no es un tema reciente; sucesos determinantes le han marcado historia, como la I Conferencia Mundial sobre La Mujer, realizada en 1975; la suscripción de la ONU frente a todas las formas de discriminación contra la mujer, en 1979 y la reciente Resolución 1325 aprobada por el Consejo de Seguridad en su sesión 4213 celebrada el 31 de octubre de 2000, en la cual se hace una profunda declaración a la vida y derechos de las niñas y las mujeres, velando por las consideraciones de género, involucrando a la mujer en la participación de la construcción de la paz y de la democracia.

Investigadores sociales estudian la masculinidad tradicional y la posibilidad de crisis, midiendo indicios de:
  • Tendencia a reconstruir la masculinidad.
  • Desconstrucción de la masculinidad tradicional sin propuesta de nuevo modelo alternativo.
  • Esfuerzo por proponer una masculinidad nueva y alternativa.

Hombres y mujeres deben prepararse para modificar estereotipos mentales que se reproducen desde siglos atrás, lo que implica redefinir derechos y responsabilidades en todas las áreas de la vida y revisar su pensamiento en términos de género en su contexto, con el fin de aportar en la igualdad de derechos y oportunidades.

También es importante la voluntad política y los recursos financieros, al igual que las alianzas entre gobiernos y organizaciones no gubernamentales, entidades de la sociedad civil, iglesias, organizaciones internacionales; entre países ricos y pobres, hombres y mujeres, que dejaron atrás la competencia o la desigualdad, por el agradable trabajo de equipo donde las huellas de las mujeres se van plasmando a la par de las huellas masculinas.

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