Riesgo Psicosocial en la Mujer

MEDICINA FAMILIAR
EDUCACIÓN CONTINUADA PARA EL MEDICO GENERAL

CAPITULO 67
ÁLVARO NIETO QUEVEDO
MD., Psicólogo de la Universidad de los Andes. Investigador, Consultor de empresas e instituciones educativas y de salud, Conferencista y catedrático a nivel de postgrado, Bogotá, D. C.

Introducción

En épocas anteriores, la mujer sólo tenía que preocuparse por conseguir marido y dedicarse al cuidado de su hogar y de sus hijos.

En la actualidad, la mujer ya no es un “ciudadano de segunda”: estudia, trabaja, participa en la vida pública, tiene una intensa vida social e incursiona en todos los campos de la actividad humana que por siglos estuvieron reservados al hombre.

Se siente orgullosa de que reconozcan en ella méritos que van mucho más allá de los de esposa, madre y ama de casa. Y, sin embargo, no ha dejado de ser estas tres cosas y al mismo tiempo se esfuerza por hacer una carrera brillante y tener éxito en su trabajo.

La mujer ha pagado muy caro su incorporación al mundo laboral, ya que lo que ha ganado es una doble jornada laboral, dentro y fuera de casa. ¿Y cuál ha sido el resultado? Una generación de súper-mujeres trabajadoras, amas de casa, madres, esposas y amantes, lindas e inteligentes.

Pero, conseguir cumplir con todos estos roles es casi imposible, y la mayoría se queda en el intento. ¿El resultado?, ¿Super mujeres?, ¿”Mujeres maravilla”? o ¿”Mujeres estresadas”?.

Este artículo trata de describir el estrés femenino, con fines más de diagnóstico que de tratamiento, pretendiendo destacar su importancia e incidencia actual y la sensibilización por parte de la comunidad médica y profesionales de la salud.

El estrés en la mujer de hoy

Muchos psicólogos consideran al estrés femenino como “el costo psicológico del progreso”, otros consideran que “la plaga universal o epidemia del milenio también tocó a la mujer”, y algunos sexistas se refieren a él, burlonamente, como “el pago que la mujer está haciendo por su liberación”. El estrés está acabando hoy en día con la salud general, la paz, tranquilidad y calidad de vida de las mujeres.

El intenso ritmo de trabajo, la competitividad y la velocidad a la que se vive en las grandes ciudades generan una enorme presión. Aunque los roles tradicionales del hombre y la mujer han cambiado, y tanto los hombres como las mujeres ejercen actividades de “padre-madre” indistintamente, la mayoría de las mujeres siguen reclamando su rol tradicional de ama de casa, que no quiere cederlo y que por lo general justifica su condición de mujer.

Desgraciadamente, las mujeres se están convirtiendo en el segmento o grupo social más castigado por el estrés debido a sus múltiples roles y a su doble condición de trabajadoras y amas de casa.

El grado de tensión en que vive la mujer, para tratar de hacer malabarismos con todas sus responsabilidades y obligaciones, resulta bastante alto en términos de costo-beneficio, pues al paso del tiempo, el estrés le causará muchas de sus enfermedades físicas y mentales.

Sin embargo, la mayoría de las mujeres no renuncia a las muchas ventajas que le ofrece la vida moderna, porque cree que es un precio que puede controlar y reducir. El problema es que la mujer no acude a la ayuda psicológica para aprender a controlar y reducir su estrés.

Diferencias de genero y estrés

Según el Dr. G. Witkin, en su libro: “El estrés de la mujer”, es posible que los hombres y las mujeres fueran creados iguales, pero desde luego no somos idénticos, sobre todo en lo referente al estrés: “Las mujeres sobreviven mejor que los hombres al estrés del nacimiento.

No sólo es más baja la mortalidad infantil femenina que la masculina, sino que además las mujeres suelen vivir más años.

Además, las mujeres envejecen con más gracia. Suelen conservar durante más tiempo el uso de las piernas y de las manos, tienen menos canas, menos pérdida de visión y audición, menos pérdida de memoria y mantienen una mayor afluencia de sangre al cerebro”.

También son capaces de afrontar el estrés de un modo más lógico y verbal que los chicos.

Dado que las mujeres tienen una mayor proporción de grasa con respecto al músculo que los hombres, tienen una mejor protección contra el frío, flotan mejor en el agua y liberan más lentamente la energía.

Esto ayuda a las mujeres a resistir los períodos largos de estrés, ya que el estrés tiende a contraer los vasos sanguíneos superficiales que dan calor a las manos y a los pies; el estrés tiende a aumentar la sudoración, cosa que enfría el cuerpo; y el estrés tiende a reducir el apetito, lo cual hace necesario tener una fuente alternativa de energía”.

También muestran una diferencia de género en el control de la agresividad. A partir de los dieciocho meses de edad, las niñas parecen adquirir mayor control sobre las rabietas que los niños.

Esta es otra razón por la que cabe esperar que las mujeres desarrollen mejores estrategias verbales para afrontar el estrés que los hombres, menos capaces de controlarse.

Las mujeres que padecen estrés durante largo tiempo están expuestas a un doble peligro: por una parte, corren el riesgo de mostrar todos los síntomas habituales del estrés y por otra parte, corren el riesgo de sufrir otros trastornos, atribuibles al estrés, tales como la infertilidad, la tensión premenstrual y la neurosis de ansiedad”.

Procesos fisiológicos diferenciales de la mujer

Según la psicóloga G. M. Umbert: “Las mujeres han sido dotadas por la naturaleza de tres complejos procesos fisiológicos que no tienen equivalente en el cuerpo del hombre: “la menstruación, el embarazo y la menopausia”. Todos estos cambios pueden ser causa y el marco general de una serie de problemas derivados del estrés.

(Lea También: Estresores Específicos de la Mujer, Factores de Riesgo )

Tensión premenstrual

Recientemente se han iniciado investigaciones para documentar algo que las mujeres han sabido desde siempre: “que la tensión premenstrual es una realidad”. Sus síntomas pueden ser:

Síntomas de Tensión

Ansiedad; dolores de cabeza; nerviosismo; disminución del deseo sexual; fatiga; depresión; cambios de humor; dolor de riñones; dolor de abdominal; agresividad; reacciones alérgicas; trastornos digestivos; retención de líquidos e hinchazón.

Es probable que los desencadenantes de dichos síntomas estén en el propio cuerpo de la mujer puesto que el ciclo menstrual es sumamente complejo y representan la puesta en marcha de todo el sistema reproductor. Si a ello sumamos los síntomas de estrés, los de tensión premenstrual se agravarán.

Y si además la mujer se encuentra en su entorno con una actitud de escepticismo respecto a su problema de tensión premenstrual y con una falta de comprensión, el estrés empeorará.

El embarazo y riesgo de parto prematuro

Embarazo significa cambio y cualquier cambio genera estrés que es causa de muchos síntomas femeninos. Durante el embarazo cambian muchas cosas en la vida de la mujer. Los cambios más evidentes son los que se producen en su cuerpo y quizás en la observación de la imagen corporal y de su propio atractivo.

Por lo general, lo que se espera de la maternidad está demasiado alejado de la realidad; los problemas y desengaños a que esto puede dar lugar constituyen otro elemento del estrés de la mujer.

La prematernidad es un período psíquico, no un período de tiempo. Puede empezar antes de la concepción, durante el embarazo o incluso cuando ya ha comenzado el parto. Aparece la tensión, que extrae energía de la alegría de la espera y agrava los síntomas del estrés femenino durante el postparto.

Sea como sea, llega un momento en que la maternidad se asocia con el temor. La depresión del postparto suele remitir cuando la nueva madre vuelve a su casa y a su entorno habitual, cuando ve que puede controlar la situación, y cuando descubre que la química de su organismo se va reajustando.

Según estudios recientes, los niveles elevados de estrés pueden aumentar el riesgo de parto prematuro, de que el bebé nazca con un peso demasiado bajo y, posiblemente, de un aborto espontáneo.

En un estudio de 1995 realizado por Laura Fenster, médica del Department of Health Services de California, conjuntamente con otros investigadores, se descubrió que en la mayoría de las mujeres embarazadas no había relación entre el estrés propio del trabajo y un aumento en el riesgo de aborto espontáneo.

Ver Más sobre el Fascículo 9, La Mujer

Sin embargo, el riesgo de aborto espontáneo se duplicó o triplicó en el caso de ciertas mujeres que acusaron elevados niveles de estrés en el trabajo.

Entre ellas se encontraban las mayores de 32 años, las primerizas y las fumadoras.

Los investigadores están tratando de descubrir cómo el estrés contribuye a producir estos resultados.

Parece probable que el estrés pueda incrementar los niveles de un grupo de hormonas capaces de restringir el flujo de sangre hacia la placenta, impidiendo así que el feto reciba los nutrientes y el oxígeno que necesita para su desarrollo y crecimiento óptimo.

Estas mismas hormonas también cumplen un papel importante en el inicio del parto. Por lo tanto, el incremento de los niveles de estas hormonas puede aumentar el riesgo de un parto prematuro.

El estrés también puede causar efectos negativos de forma indirecta al afectar el comportamiento de la mujer embarazada. Por ejemplo, las mujeres que experimentan niveles elevados de estrés pueden abandonar sus buenos hábitos de salud.

Pueden dejar de comer adecuadamente o pueden reaccionar al estrés mediante actividades tales como fumar, beber alcohol o utilizar drogas ilegales, todo lo cual se relaciona con el nacimiento de bebés de peso bajo. El uso de alcohol y de ciertas drogas ilícitas también incrementa el riesgo de defectos de nacimiento.

McCubbin y otros investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Kentucky, midieron la presión arterial de mujeres embarazadas después de realizar un ejercicio aritmético difícil y estresante. Antes de comenzar el ejercicio, todas las mujeres registraron niveles normales de presión arterial.

Este estudio demostró que las mujeres con mayores incrementos de la presión sanguínea diastólica, tenían más probabilidades de parto prematuro y de que sus bebés fueran más pequeños de lo normal.

Los investigadores suponen que el aumento de los niveles de hormonas asociadas con el estrés pueden afectar tanto a la presión arterial de la madre como al crecimiento y desarrollo de su feto.

Si bien este estudio es preliminar, podría conducir a un nuevo método de identificación de un grupo de mujeres que se encuentran en riesgo de tener un parto prematuro o un bebé de peso bajo.

La menopausia

La menopausia representa un hito en el camino del envejecimiento. La perspectiva del envejecimiento es deprimente para la mujer, la pérdida de la fertilidad vuelve a la mujer irritable y además, cuando una mujer se vuelve mayor disminuye su deseo sexual.

Pero muchas mujeres no experimentan la menopausia como un síntoma de envejecimiento, de pérdida de deseo sexual o de pérdida de fertilidad; para muchas no es deprimente sino todo lo contrario, es vivida como una liberación puesto que ya no corren peligro de quedar embarazadas y pueden disfrutar con plenitud de su sexualidad.

Con la menopausia viene un ritual de paso a un período de elecciones individuales, de cambios decididos por la propia mujer, libre ya de tensiones premenstruales y de depresiones del postparto, libre de ansiedades prematernales y lleno de relajación postmaternal.

Según la psicóloga G M . Umbert: “La depresión y el estrés no son exclusivos de los cambios corporales tales como la menstruación, el embarazo y la menopausia.

Muchas veces, estos estados de ánimo coinciden con cambios corporales sólo porque todos ellos se presentan en la misma época de la vida y no porque los estados de ánimo hayan sido causados por los cambios físicos”.

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