Carcinoma Oral Trasplantable para Bioensayos Farmacológicos

“Caracterización Toxicológica de un Modelo de Carcinoma Oral Trasplantable para Bioensayos Farmacológicos”

Dr. ÁNGEL BERNAL BALÁEZ, M.S., Ph.D.

Estomatólogo. Universidad de La Habana. CUBA. Magister en Histología
Ph.D Patología Bucal. Profesor Asociado de la Facultad de Odontología.
Universidad Nacional de Colombia.

Palabras clave: bioensayo ; farmacología experimental ; trasplante tumoral

Resumen

La necesidad elevar la información científica del gremio odontológico, con un espectro amplio, que les proporcione una visión cada vez más amplia de la especialidad y de su entorno es, entre otros, el objetivo y motivación principal del presente artículo. El lector podrá documentarse, de primera mano, sobre la complejidad del trabajo toxicopatológico exigido en los estudios preclínicos para la introducción en la práctica médica de los nuevos medicamentos, adquiriendo así, una sólida preparación vs. el empirismo y las corrientes anticientíficas relacionadas con las pruebas indiscriminadas de medicamentos sin la debida evaluación.

La búsqueda de nuevas sustancias oncoespecíficas o coadyuvantes en la terapia antineoplásica , requiere de una incansable tarea destinada al perfeccionamiento de los sistemas de tamisajes y bioensayos farmacológicos. Uno de los puntos clave y posiblemente vulnerables en los mencionados sistemas de evaluación lo constituye la etapa denominada Definición de Espectro Antitumoral. Este complicado análisis exige de tumores trasplantables bien caracterizados con un estricto seguimiento del proceso Inducción-Trasplante. De la diversidad de tumores debidamente estudiados incorporados a esta etapa de trabajo, serán más precisos los resultados acerca de las potencialidades de los productos evaluados. Uno de los problemas actuales radica en la escasez de neoplasias de revestimiento destinadas a estos fines.

Atendiendo a las anteriores reflexiones se presenta la caracterización biológica de un carcinoma oral quimioinducido dentro de un modelo experimental trasplantable y reproducible según las necesidades científicas así lo requieran. Además de la sistematización del manejo de siembras a nuevos receptores, se le realizaron diversas pruebas tales como Latencia, Supervivencia, Respuesta a la Quimioterapia, Radiosensibilidad, Respuesta a la administración del EGF-h-recombinante.

Se concluye planteándose el tumor trasplantable, denominado CETA, como una neoplasia biológicamente adecuada para su empleo en Bioensayos Oncofarmacológicos, recomendándose la necesidad de continuar la búsqueda de similares tumores en modelos bien caracterizados para el enriquecimiento y solidez de la Farmacología Experimental y de la responsabilidad científica que esta asume.

Una de las páginas más interesantes en la historia de la medicina es la lucha contra el cáncer, que por su singular y heterodoxa conducta biológica, figura entre las más complejas líneas del trabajo científico de nuestros días.

Numerosos intentos fueron realizados por diferentes científicos en el siglo XVIII, tratando de trasplantar tumores humanos en animales. Las limitaciones científico-técnicas de la época, impidieron la interpretación adecuada de aquellos primeros pasos de la oncología experimental y con ello que muchos investigadores encaminaran sus trabajos por caminos erróneos.

Los grandes avances logrados con la aplicación de los principios de Virchow sobre la patología celular, fueron las bases del conocimiento estructural de las neoplasias malignas (1). Es en 1876 que el científico M.A. Novinsky, realiza los primeros trasplantes sucesivos de tumores malignos, considerándose a este investigador el pionero de las investigaciones experimentales sobre el cáncer (2), a pesar de que en el desarrollo histórico se ha pretendido adjudicarle este reconocimiento a Arthur Nathan Hanau (1888) quien realizó, más tarde, inoculaciones intraescrotales en ratas a partir de un tumor de vulva por 2 generaciones (3).

No fue hasta finales del siglo XIX, que la experimentación oncológica transitó desde el período pre-aséptico hasta el período aséptico. Sin embargo, el promisorio advenimiento de la época Pasteuriana basada en los conocimientos sobre la transmición de algunas enfermedades infecciosas condujo a no pocos científicos, a equívocas interpretaciones acerca del cáncer como entidad contagiosa.

En el presente siglo se inicia una nueva etapa, cobrando particular interés la implantación de tumores, así como los estudios de inducción tumoral, empleando sustancias químicas como agentes carcinogénicos.

Durante las primeras dos décadas se desarrollaron importantes avances científicos trascendentales para el ulterior desrrolo de la oncología. Por una parte, debe citarse el perfeccionamiento de los métodos de trasplantes, la profundización en los estudios hísticos sobre la contínua multiplicación de células cancerosas en condiciones favorables y el comienzo de la quimioterapia antineoplásica como ciencia, siendo Paul Ehrlich su promotor, quien empleó este método en sus pruebas experimentales (4).

Paralelamente a estos resultados, Yamagiwa e Ichikawa en 1915, aplicando repetidamente alquitrán en la oreja de conejos, establecieron el primer modelo de carcinogénesis en el que se materializaba una vieja observación causa-efecto realizada por Sir Percival Pott, quien reportó el cáncer de escroto en desollinadores de chimeneas en 1774. Años más tarde, se demostró que los responsables de estas neoplasias desarrolladas en diferentes condiciones y etapas, eran principalmente los hidrocarburos policíclicos aromáticos contenidos en el alquitrán (5).

Estos acontecimientos resultaron el umbral de una época de estudios sobre la participación de elementos químicos en la cancerogénesis. Posteriormente a estos hechos, la información científica recoge un verdadero éxodo de publicaciones encaminadas a desentrañar los mecanismos etiopatogénicos del cáncer y su posible relación con factores influenciales a través de estudios clínicos e histomorfológicos.

La presencia de los hidrocarburos policíclicos aromáticos en la combustión de tabacos y cigarros y las abrumadoras evidencias de su influencia en el surgimiento de neoplasias malignas (6-10), justifica la gran preocupación de las diferentes Organizaciones Sanitarias Internacionales, considerando que muchos autores refieren una relación causal con la tercera parte de los tumores del hombre (11).

Una de las regiones anatómicas más afectadas por el hábito de fumar es la cavidad bucal, en la que se presentan lesiones malignas y premalignas relacionadas con el tabaquismo por diferentes autores como Bánoczy y Csiba (12), Orr (13), Santana (14) y Suen y cols (15).

La mayoría de los investigadores han centrado su atención en sujetos que padecen algún tipo clínico de lesión, en las características estructurales o en sus rasgos epidemiológicos, destacándose las llevadas a cabo por Bánoczy (16), Geer (17), Roed-Petersen (18), Silverman (19), Sundstrom (20), entre otros, siendo los fenómenos menos estudiados los derivados del funcionamiento de la supericie mucosa y, en particular, se han investigado poco las variaciones en los ritmos de exfoliación celular y los patrones de queratinización como posibles indicadores de los eventos por los que transita la cinética migratoria celular previos a la identificación citológica del daño genético y a la aparición de alteraciones clínicas demostrables.

Motivados por esta razón durante la década pasada trabajamos en el establecimiento de un sistema de conteo celular, cuyo modelo matemático sirvió de base para diversos estudios en poblaciones de riesgo clínicamente sanas para establecer valores predictivos hacia su salud. Los referidos resultados han sido publicados en diferentes revistas especializadas (21-24).

Entre los reportes experimentales se recogen numerosos trabajos realizados con diferentes hidrocarburos policíclicos aromáticos aplicados tópicamente en la mucosa bucal (25-28). Sin embargo, el efecto de la mezcla de los elementos carcinogénicos contenidos en el humo del tabaco a los cuales se expone realmente el fumador ha sido paradógicamente poco estudiado. Esto se refleja en la escacez de investigaciones dirigidas a establecer las características estructurales en el curso evolutivo de lesiones provocadas por esa amalgama de compuestos, que ofrecerían datos más concretos de los acontecimientos biológicos de la mucosa expuesta al humo de cigarrillos y tabacos.

En América Latina se han realizado, hasta el momento, escasos estudios sobre inducción de carcinomas en la mucosa bucal y, en Colombia no tenemos antecedentes sobre líneas de investigaciones en este sentido, lo que hace que la literatura nacional no cuente con información al respecto.

Estas limitaciones explican la poca utilización de carcinomas bucales, etiológica y biológicamente, adecuados para su empleo en la experimentación oncológica, al no contarse con los mismos para su mantenimiento “in vivo” a través de trasplantes seriados.

Teniendo en cuenta estas consideraciones y las recomendaciones formuladas por Convenciones Sanitarias Internacionales (29), es que hemos desarrollado algunos métodos científicos apropiados para el desarrollo de la oncología experimental, específicamente en el campo de la carcinogénesis química y el trasplante de tumores con vistas al trabajo de la Quimioterapia Experimental y Sistemas de Tamizaje de nuevas Drogas Antitumorales, para contribuir de este modo al Programa Regional de la OMS para la prevención y control de lesiones no transmisibles (30) atendiendo a hechos que constituyen realidades concretas como las siguientes:

1) El cáncer bucal y, por lo tanto, la búsqueda de soluciones terapeúticas, requiere de una importante atención, pues según las cifras de incidencia reportadas por la División de Epidemiología del Instituto Nacional de Cancerología (1994), al analizar los códigos 140-148, el cáncer bucal ocupa el sexto lugar con un 5.5 (31).

2) Las pruebas “in vivo” efectuadas con tumores trasplantables en los Sistemas de Tamizaje para la Definición del Espectro Antitumoral de nuevas drogas requieren de modelos más específicos desde el punto de vista histogenético, principalmente carcinomas espinocelulares quimioinducidos, debidamente caracterizados a través de un adecuado panel de pruebas biológicas que garanticen su utilidad en la experimentación oncológica, no sólo para tratamientos quimioterapeuticos sino también para la evaluación de otros sistemas terapéuticos.Las líneas celulares actuales son extraordinariamente anaplásicas y en varias de ellas su nivel de indiferenciación es tal que cuesta trabajo identificar morfológicamente si su estirpe es epitelial o mesodérmica.

3) Lamentablemente el Problema Cáncer, nos va a acompañar por muchos años, pues el perfeccionamiento de los sistemas de salud, implican un incremento de la esperanza de vida del individuo quien, al vivir más, tiene un riesgo mayor de padecer estas enfermedades ya que las mismas afectan principalmente a poblaciones por encima de la quinta década de vida (32-34). Por otra parte, la contaminación ambiental, que hasta el momento ha crecido a pasos más agigantados que las medidas protectoras del medio, corrobora esta triste realidad, exponiendo al hombre a una gran cantidad de elementos perjudiciales que lo conducen a alteraciones irreversibles después de largos períodos de exposición a los mismos.

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