El Poder y su Relación con Dios

En textos anteriores nos hemos referido a las fuerzas del poder del hombre vuelto dios o viceversa el dios vuelto hombre. Los poderes pueden ser físicos, materiales, psíquicos, men­tales, espirituales, morales, económicos, violentos, el poder de aceptación hasta el desprecio o desde producir la vida hasta la muerte o poderes para producir equilibrios u órdenes a di­ferentes niveles. Existe un temor a ejercer o no el poder, la libertad, los derechos y deberes; estos cuatro polos de funcionamiento pertenecientes también a la naturaleza e integran todo un conjunto biopsicosocial; de ahí que se consigne cómo el derecho a la libertad conlleva un deber para poder usufructuarlo; los deberes por su parte, tienen su interrelación con los derechos; estos ejes funcionan con sus dinámicas, las cuales podríamos analogarlos con las universales. A través de la historia hemos podido comprobar la necesidad del poder para po­seer objetos externos (tierra, alimentos, enseres, o afectos, familia, mujer e hijos, amigos), y más allá todas las maravillas arquitectónicas a diferentes niveles, desde las religiosas hasta las industriales. Las necesidades han cambiado a través de los años y los impulsos despertados aparecen como: rebeldía, competencia, envidia, voracidad, celos, lujuria, codicia, avaricia,

pereza y soberbia. La mayoría de las veces nos encontramos con el poder en los conceptos y creencias, con los cuales se construye las convicciones y verdades. A su vez, aparecen multi­causalidades y determinismo en la aparición del poder. Al mismo tiempo, el poder puede ser de la mayoría o de las minorías que controlan el poder conceptual ya expresado. En física, como ya se ha mencionado, existen tres fuerzas poderosas más importantes del universo conocido: la gravitacional con sus fuerzas centrífugas y centrípetas, la electromagnética en sus diferentes campos y la nuclear débil y fuerte; todas ellas participaron en la creación de nuestro sistema solar y con la materia y energía conocida o desconocida (negra) el universo, para llegar a toda una cohesión y a los conceptos de finitud, muerte e infinitud inmortalidad; para conseguir esta última el hombre se vale del poder de lo natural y sobrenatural y con ello también lo irracional construido con racionalismos, (23).

Así es como nos acercamos a los conceptos de Dios de Abraham, Moisés, Jesús, Confu­cio, Lao Tsé, Mahoma y Buda, el poder de lo infinito, el gran poder, a lo sobrenatural, al poder de la ciencia y tecnología que dentro de estos textos nos llevan al orden y al equilibrio que deben acompañarnos en la naturaleza, mas aceptando el desorden, la confusión y el caos por donde debemos tramitar.

El misterio

El término misterio del latín “mystérium” y del griego “misterion”, se refiere a la cosa secreta no conocida por el hombre por su cualidad de reserva, y por lo tanto es un enigma e indescifrable que puede dársele la connotación de insondable, profunda, cabalística, crip­tica, enigmática, incomprensible, oculta y aún mística. En la religión cristiana es el dogma inasequible a la razón y al cual hay que creer con fe. Una cosa es el misterio teológico, otra el misterio mítico o el incógnito de la naturaleza. Ocurre sí que el término misterio ha tenido una connotación popular de lo que no se conoce, es incógnito, es un enigma.

Los misterios existen, o son para el hombre, mas no para la naturaleza; sin embargo, el ser humano, como ya se anotó en otra parte, tiene el impulso (epistemológico) a conocer, a descubrir los misterios y teje una trama para descifrar los enigmas y descubrirlos haciéndo­se preguntas. La experiencia de descubrimiento en la vida no se olvida más cuando lo que develan es algo prohibido o guardado como secreto, (24). Aquí es importante anotar que hay verdaderos y falsos y/o nuevos secretos; todos los cuales se manejan y utilizan para la  satisfacción (placer) o protección propia; de todas maneras, existen secretos como misterios del ser humano que todavía no se ha podido descifras como son los pertenecientes a toda la fuerza.-materia y antifuerza-antimateria que existen en el universo, así como a los fenómenos que en esta obra se trae como parapsicológico. Otro camino a descubrir actualmente son los misterios de la historia de la humanidad; por ejemplo, el origen de la especie humana con el hallazgo del llamado el “eslabón perdido”, y con él, el origen de las lenguas, la música, o los continentes de la Atlántida que todavía están en cuestionamiento arqueológico con el razo­namiento científico, (25). Algunos se han hecho la pregunta del misterio de la supuesta “vida íntima” de Dios, sin considerar que el concepto de Dios es toda la vida y la no vida y está en todo el universo; y, la vida es otra manifestación de la naturaleza conocida.

La diferencia entre misterio e incógnita puede ser clara. Los misterios no religiosos en realidad son simples incógnitas y para algunos ciertas incógnitas pueden entrar en la cate­goría de misterio porque no se descifra; por ejemplo, cómo se origina la vida a través de la formación de moléculas para construir el caldo pro-biótico y así la cadena de ARN y ADN. Entre otro de los misterios está la pregunta: ¿cuáles son las incógnitas o los secretos que guardan la gran pirámide de Guisa o las moles de piedra en Stongen u otras construcciones que actualmente algunos se le achacan a extraterrestres?, y ¿cuál ha sido la utilidad de guardar esto sepultado a la consciencia? Dejando pasar el tiempo con múltiples teorías formuladas y así también realizando excavaciones que nos da la esperanza de encontrar lo desconocido; debemos aceptar que son varios los misterios de la historia de la humanidad, los cuales en ocasiones se trata de descifrar y aún de dar explicaciones relacionando los hechos incógnitos con la idea de la presencia de los extraterrestres; esto puede ser solo una especulación u otra posibilidad interpretativa a la incógnita y misterio del hombre en la tierra.

Con respecto al concepto de misterio, éste apareció miles de años atrás; realmente su origen se pierde en la noche de los tiempos con la aparición del Homo sapiens; sin embargo, ya los mesopotámicos se referían a él y lo conectaban con el conocimiento que asistía a los dioses, y con la inmortalidad; así fue como buscaron la planta misteriosa que daba la inmor­talidad y que no se conocía, ni se podía explicar; en el mito de Gilgamesh se observa esta figura. El término se asocia con el rodear, envolver, penetrar o con el hecho o circunstancia de no poder ser conocida (s) la naturaleza y objeto de ciertos fenómenos. A través de los tiempos este concepto fue reservado para textos y fenómenos oscuros y aún a rituales que conlleva­ban enigmas, incógnitas, interrogaciones de fenómenos crípticos ya enigmáticos, incompren­sibles, indescifrables, ocultos que tenían connotación de sagrados y aún de cabalísticos con visos o con sello de lo secreto. Por lo tanto se supone que quien conoce el secreto o el misterio es poseedor del poder y este se localiza en el “conocimiento” o “verdad”.

En la antigüedad aparecieron los escritores herméticos con verdades reveladas por fuerzas sobrenaturales que deberían mantenerse en secreto; más adelante se pasó a la concepción de lo incomprensible o lo de significado oscuro o escondido y al sentido de la verdad en la fe indemostrable, en un sentido determinado; el problema insoluble cuya solución se atribuía a lo religioso y era conectado con el misterio que fuera dominio de la (s) relación (es).

De lo anterior explicitado podemos concluir que la dificultad o imposibilidad de conocer un fenómeno se le denomina misterio. Actualmente en el Siglo XXI todavía existen “fenó­menos incógnitos” a los que no le podemos dar explicación científica; más todo lo incógnito no se le puede achacar la imposibilidad de conocimiento, puesto que para eso está la ciencia, para descubrir e interrelacionar un hecho con otro. En este escrito se trata de penetrar cada vez más en los diferentes hechos en que participa la mente o psiquis entendiéndola como un sistema producto de funciones del Sistema Nervioso Central, Periférico y Autónomo. En rea­lidad este camino de la vida mental es la que nos ha llevado a fenómenos inexplicables pero que existen y hacen parte de la vida cotidiana.

Otro concepto que podría incluirse dentro de este texto es el místico y el cual se refiere a la contemplación (acción de contemplar con consideración, maravilla o asombro), a la relación y comunicación directa entre el hombre y Dios, a las cosas divinas o a lo que está inspirado por Dios y al que se dedica por completo a él y se envuelve en el misterio o en una razón oculta del espíritu. Durante milenios se ha debatido el problema del conocimiento (omnisa­piencia) y este termina en que es el Todo, el depositario y el originario del mismo. Cuando decimos que un ser humano es místico, nos referimos a esa virtud del hombre de volver a su “sí mismo”, como a los demás y unirse (supuestamente) con el Ser Supremo en un acto de éxtasis y en donde se deifica el hombre en la comunión con Dios.

Todos estos conceptos fueron fraguándose a través de la historia desde los egipcios y mesopotámicos hasta los griegos y judíos; así se llegó a un camino místico hacia el Todo Po­deroso en el cual se realizan especulaciones filosóficas y teológicas, obviamente en el campo religioso y en donde la fe es fundamental para este tipo de relación, comunicación e identifi­cación con Dios. Obviamente el hombre le ha dado diferentes grados a la relación con Dios y así a los poderes naturales de la mente; en el primer grado pertenecería al pensamiento (cogi­tatio), en el segundo la meditación (meditatio), en el tercero la memoria (psiquis-mente), el entendimiento y la voluntad y en el cuarto todos los poderes del alma; el quinto grado sería la máxima potencia del ser que terminaría en el sexto grado que es el bien. Más allá de estos grados estaría el éxtasis como la deificación del hombre en su unión con Dios. Si bien todo esto se postula, el filósofo existencialista y religioso Kierkegaard refiriéndose al místico escri­bió “cómo es el que se elige así mismo en su aislamiento completo, en otras palabras la auto concentración”, autor reflexión, autoconciencia diferenciada y la relación con el Todo Dios Universo. En todo este concepto predomina es el espíritu o el alma y para otros la mente.

En ocasiones existe el sujeto que guarda sus acciones impulsivas (erótico-agresivas) como secretos debido a que siente y piensa que es algo prohibido y culposo, y por lo tanto con la consecuencia de la retaliación; por eso puede ocurrir que se lleven los secretos hasta la muerte, pues no se deben revelar por el riesgo a exponerse al castigo (incluye el rechazo colectivo); es por esto que el sujeto se aísla dentro de sí mismo para proteger su propia verdad, su fragilidad, en el “self” (“sí mismo”). En algunas ocasiones ocurre que el médico, en primera instancia, diagnostica en forma acertada; sin embargo, en otras el galeno puede interpretar y conectar los síntomas con otros casos semejantes para así llegar a conclusiones ciertas o desacertadas por el subjetivismo que ensombrece la objetividad y por ende la conclusión es errónea.

El secreto

En estos últimos textos me he referido “al secreto”. El término secreto viene del latín “secretum” que significa separado, apartado, alejado, solitario, escondido u oculto. En el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española aparece “el secreto” como: “lo que cuidadosamente se tiene reservado u oculto (escondido) en reserva y sigilo; era el despacho de las causas de fe en las cuales entendía secretamente el tribunal de la inquisición”; en su quinta acepción se refiere a que “es el conocimiento que exclusivamente alguno posee de la virtud de las propiedades de una cosa o de un procedimiento útil en medicina o en otras ciencias, arte u oficio”. Existen diferentes clases de secretos (de Estado, naturaleza, sexuales, profesionales, familiar, económico y aún científicos individuales y colectivos).

El secreto tiene su espacio y todos tenemos espacios de secretos con ilusiones y desilusio­nes, más también con una aprehensión de la realidad, con la esperanza de cambiarla o trans­formarla. Desde cierto punto de vista psicodinámico entiéndase que el secreto es un mecanis­mo de defensa vital para el psiquismo del niño que construye sus pensamientos secretos por que guarda y separa las verdades, lo mismo de su saber y conocimiento poniéndolo aparte en forma encerrada (secreta). Aquí el nombre o término de “secreto” también proviene del adjetivo “secretus” que es el participio pasado del verbo “secerno” que significa separar, po­ner aparte (“secerno”: de “se” así, y de “es”, y “cerno” “cerner”), separar con cedazo, cernir, separar o tamizar lo útil de lo inútil o peligroso, es así como aparece el término “discernir”; he ahí como opera la consciencia moral o superyó que es el que tamiza, separa y guarda el secreto.

Nótese aquí que la palabra “discernires la distinción de lo verdadero de lo falso y así se juzga; y, en esta operación también opera la idea o representación de “secreción” porque se enlaza el cerner con “secerno de secreción y excreción”, para guardar lo bueno y sacar lo malo que en el leguaje del Yo corporal es la secreción de las materias, nasales, bronquiales, sudorales, fecales, renales y la excreción de semen para fecundar ayudado por las excresio­nes vaginales que lubrican a favor del coito. Se excreta o se rechaza lo malo o las sustancias tóxicas o inútiles y se filtra o separa lo bueno de lo malo (como ya se expresó), lo mismo que la madre realiza en el útero materno en la placenta, (26).

Por su parte el secreto puede conllevar lo bueno y lo malo; sin embargo, aquel, el secreto nos atrae y participa toda la ley de atracción y la necesidad de conocer lo que no se sabe; en esa atracción y descubrimiento se quiere obtener placer, felicidad, salud, bienestar, adquirir algo que no se tiene. Los seres humanos pesamos con deseos positivos o negativos de acuerdo también a las fuerzas de atracción internas o externas; sin embargo, hay que reflexionar con qué clase de deseo operamos si es para algo positivo o negativo, y por otra parte es por el bien de uno o del otro.

Parecería que existe la necesidad de tener “secretos” como reductos de escape o refugio de la propia intimidad prohibida que es su bastón de dominio, y, por lo tanto, el secreto tiene sus ventajas. Existen secretos compartidos, en los pequeños o grandes sociedades, las cuales utilizan este hecho del secreto para afianzar su poder en la minoría que lo controla y le sirve de fuerza cohesiva. Por lo expuesto, el secreto puede ser catalogado como negro o blanco en donde está prohibido entrar; además, existen personas que guardan secretos y solidarizan con ellos volviéndose cómplices de lo negado u oculto. Cuando se conoce el secreto se descu­bre el pensamiento mágico, y sobreviene la fragilidad humana con sus recuerdos, creencias, pensamientos y sueños; es decir, se cae el velo y queda la realidad, y, obviamente ya no hay intimidad y secreto.

El secreto (s) y el (os) misterio (s), pueden idealizarse (n) y así convertirse en atractores fijos u oscilatorios, periódicos convirtiéndose en ídolos o íconos que actúan o funcionan para controlar al ser en sus decisiones, y por lo tanto, mermándole la propia libertad. Aquí podemos incluir la relación genital del coito, el cual pertenece a la intimidad e integridad de la unión y fusión de la pareja, (en lo que el psicoanálisis denomina escena primaria como un secreto y misterio).

Por su parte el secreto conlleva algún sentimiento de culpa y temor que limita nuestra acción. Existe también el anti secreto que es la necesidad de comunicar y exponer todo con una supuesta libertad a diferentes niveles, entre ellos los medios de comunicación. Téngase en cuenta que para muchos las pérdidas de los escritos en Alejandría u otras en otros lugares, dejó sepultada la historia de la posibilidad de descubrir misterios y secretos.

El hombre se ha encargado no solamente de descubrir su propia historia escrita sino de confundirla, camuflarla y dudar por ejemplo de los orígenes de William Shakespeare, de Cris­tóbal Colón, del mismo Moisés y de tantos otros personajes de la historia, (Sagan, 1997). El misterio y el secreto siempre estarán presentes porque nunca sabremos de todo, más cuando de todas maneras aparecen incógnitas a cada paso; el no aceptar esto implica entrar en la om­nisapiencia y omnipotencia. Recuérdese aquí como Einstein pensaba que “la experiencia más bella que tenemos los hombres es el misterio” y Sócrates afirmaba que: “el mayor de todos los misterios es el hombre”, (27).


23 “La filosofía concretamente la ética se va encargando de regular y definir sus campos de acción. No se puede dejar tan solo en el concepto de ‘poder’ el surgimiento de la idea de Dios. Desde luego que es uno de los aspectos de su génesis, pero por otra parte se complementa con las ideas de los fundadores y defensores de las religiones. El poder nunca fue la base de la predicación de Jesús, como sí lo fue la predicación de Mahoma. Jesús centró su doctrina en el amor a Dios y al prójimo; es decir la caridad, antes que la justicia que predicaba Sócrates en los diálogos platónicos. Buda centró su pensamiento en la renuncia al egoísmo y al desapego de lo material, y Confucio, que no fundó ninguna religión, a la convivencia civilizada de los hombres. El poder viene después cuando se establecen las organizaciones eclesiales de cada movimiento religioso y la armazón de todo se centra en tres aspectos: las creencias respectivas, los rituales y una forma de ética. Así ocurre en la mayor parte de las religiones. En mi opinión el poder no es lo fundamental”, (De Francisco, 2012).
24 “Lo prohibido aparece siempre con los mitos y da origen a la culpabilidad del hombre al intentar desha­cerlo y al castigo por su acción indebida”, (De Francisco, 2012).
25 “El misterio, singular o plural, en la religión cristiana es tan antiguo como la eternidad, no es un enigma destinado a ser descubierto; es imposible de entender porque atañe a la naturaleza misma de la divinidad. Al cristiano le es imposible entender el misterio de la trinidad, por ejemplo. Por otra parte, jamás podrá ser despejado. Al cristiano ‘de a pie’ con fe de carbonero el misterio de la concepción quedará sin resolverse, en tanto que ‘la misteriosa virginidad’ de María se acepta por muchos, sin temor al pecado, como una metáfora. Otro misterio, como el que subyace al pecado original se descubre históricamente como una construcción histórica de los padres de la iglesia. Y los ‘grandes misterios de Cristo’ como la encarnación y la resurrec­ción se aceptan como son, misteriosos e indescifrables, aunque hoy se interpretan de manera distinta a como se les tuvo en un pasado cercano. Además el misterio teológico, será siempre misterio; el misterio corriente, no religioso, es suceptible de aclararse” (De Francisco, 2012).
26 El semen no es una secreción sino una excreción de líquido prostático portador de los espermatozoides..
27 Uno de los grandes y maravillosos misterios es el de la vida: la elección y/o selección del espermazoide fecundante, la separación y conjugación de los ADN.

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