El Hombre como Posibilidad y Libertad

Podríamos decir que el hombre es una posibilidad. Al mismo tiempo, tiene la posibilidad de liberarse, defenderse y sobreponerse. Es así como construye con su conciencia sus propias posibilidades. El hombre tiene el potencial de cambiar y de realizar la creatividad, mientras que el animal carece de esas capacidades. El hombre además puede prever y prevenir, el animal ensaya y prueba. El ser humano tiene la libertad para “encontrarse a sí mismo”, y de igual forma se libera ampliando sus límites, sus fronteras, que tiene que ver con la naturaleza, la cultura y la historia. Esto sería el “humanismo” ético como el de A. Schaweitzer (1962) y el de Jackes Maritain (1972). El último citado perteneció a la escuela del personalismo cris­tiano con Gabriel Marcel (1947), Emanuel Mounier (1971). Esta escuela parte de la doctrina teológica que afirma a Dios como causa creadora del mundo, concepción que no era nueva, sino todo lo contrario; aquí nos enfrentamos con la significación de la persona y el sentido de la misma la cual es factible conducirnos, de alguna forma, al personalismo.

Con respecto al personalismo éste no es más que un espiritualismo monadológico, ético y político, que fue adaptado después de la segunda Guerra Mundial por E. Mounier, posible­mente como una salida de esperanza. He aquí nuevamente la esperanza que requiere el hom­bre para no sucumbir ante la crueldad de la misma muerte; de ahí el espiritualismo que renace de tiempo en tiempo según la época que se enfrente con una consciencia de los datos de la investigación filosófica o científica. Sugiero al lector que se deje llevar en el tiempo y que piense que el espiritualismo no surgió a finales del siglo XIX o XX sino estaba presente en Sócrates y Platón, así como en los Evangelios, en Descartes y Bergson. El espiritualismo es aliado natural de todas las cosas nuevas e incluye el sentimiento religioso, al arte verdadero, a la música y a la poesía y rechaza la demagogia, la tiranía, el cinismo, la astucia, el ateísmo. Espiritualismo y humanismo pueden ir unidos de la mano como la libertad, el alma, la vida, la moralidad y la religión; así tampoco se niega la realidad y la ciencia del conocimiento, sino más bien es un encuentro de consciencia a través de la historia.

Uno de los caminos de la espiritualidad es aquel que parte de los órganos de los sentidos, en su nivel más alto, más fino, más armónico, más sublime y equilibrado. Es así como el ser humano más específicamente su Yo y su consciencia, traspasa los límites de ésta y entra en un nuevo espacio; ese espacio entre el consciente y el inconsciente lo llamamos “intermedio o pre consciente”, en donde el hombre halla armonías, formas, nuevos lenguajes de comuni­cación, le encuentra sentido al silencio, a la soledad; la comunicación se realiza sin egoísmo, sin voluntad. En ese espacio se entra en una nueva dimensión, en donde el Yo y el no Yo están presentes pero difundidos en una atemporo-espacialidad. Es allí en donde nos encontramos en el campo de lo estético que se puede conjugar con lo ético.

Así es como funcionan los artistas (músicos, poetas, literatos, dramaturgos, escultores, pintores, cantantes y otros), al igual que los meditadores trascendentales en que la mente se pone en blanco, surgen estados especiales de consciencia y sentimientos sublimes (como el misticismo). También se puede incluir los estados nirvánicos, la iluminación, la oración, la re­citación (36), la contemplación. Todo esto nos lleva a comprender otro nivel del conocimiento que produce el “insight”, un comprender interno profundo, un nuevo conocer, un redescubri­miento y reconocimiento en el que se muestra y demuestra, se revela y devela una relación. Ese estado hace parte de la “Anagnórisis” de Aristóteles; o de la “Epifánesis” de Platón (vi­sión nueva); o de la “Iluminación” de San Agustín; o de la “Revelación” de la religión; o de la “trascendentalización” de Kant o del “pensamiento intuitivo” de este ya llamado “proceso intermedio terciario mental”. En todas ellas como ya se enunció anteriormente, existe una comunicación con la naturaleza y con el cosmos, he ahí lo sublime también de la espirituali­dad, (Sánchez Medina, G. 2003).

Nadie puede desconocer lo que produce la armonía, la belleza de una partitura de Bach o la sensopercepción desde la piel al espíritu con los cantos gregorianos y así sucesivamente no sólo en sonidos, sino en forma y colores, en el ritmo de la poesía y de la prosa poética como en Pessoe. A todo esto se puede agregar que el hombre si bien tiene en su configuración una armonía biológica, no es perfecto y no está acabado: siempre hay algo que descubrir, mejorar física, psíquica y socialmente, más cuando pertenece a un universo en evolución.

El lector en estos momentos podrá concluir que creencia, convicción, consciencia y ética tienen un proceso de conocimiento y una razón puesto que ellos conllevan un análisis del más superficial al más profundo con la física cuántica; de todas maneras, nos abocamos nueva­mente a los conceptos de materia y energía, a la vez que con las del espíritu. Razón y espíritu no pueden ponerse a competir, más cuando el último (el espíritu) no tiene razón o como dice el dicho popular “la mente tiene razones que el corazón no comprende” (Blaise Pascal). Los mismos sentimientos tienen sus propios significados y forcejeos intelectuales que pertenecen a racionalizaciones, algunas veces antagónicas con la razón. Lo que se trata es de no enfrentar ideas opuestas que puedan existir entre la filosofía, las creencias religiosas y mitológicas. Así razón y espíritu podrán ubicarse en una continua interrelación explicativa y necesaria en el ritmo de la naturaleza.

Entendamos cómo el racionalismo puede terminar alineado con el progreso, la riqueza, el saber y el poder; por su parte, la espiritualidad es más de necesidad y de deseo que tiende a la satisfacción y a la armonía. En todo este lenguaje, no podemos olvidarnos que las razones también tienen su historia, así como el espíritu que se encadena con una serie de asociaciones de ideas y razones étnicas e históricas en la que se incluyen los valores. De tal manera, si ra­zón y espíritu marchan sincrónicamente, las personas van a poder entenderse mejor, ser, hacer y tener una comunidad o institución cultural más acorde con la convivencia de la humanidad. Es aquí cuando nos abocamos a la universalización del saber, de la cultura, y de la tolerancia crítica con límites, sin llegar a la autodestrucción. Lo que se busca con esta posición es tam­bién una crítica constante, una renuncia a la omnisapiencia, un replanteamiento o supresión de los dogmas y los postulados que se aceptan sin razón.

Con esta posición no se entienda que se disloque la vida espiritual en los interiores del co­razón o en los límites exteriores de deidades trascendentes, pues las mismas confirman la fe.

Una cultura espiritual globalizada pensando en todos con la consciencia colectiva nos permi­tirá una mejor convivencia racional. He aquí una nueva espiritualidad y un nuevo humanismo o un renacimiento del mismo, para cambiar el curso de nuestras civilizaciones entendiendo que han pasado milenios. Para esto nos toca mirar atrás, luego adelante, saber escuchar y dia­logar con el otro en la profundidad del tiempo, sin poner a luchar la razón y el espíritu.

Así pues, el hombre actual (que es a la vez producto y productor de sí mismo) puede crear su espacio, su mundo, su lenguaje, su pensamiento y el conocimiento de sí mismo en el mundo que lo rodea, con conciencia ética y moral. Así mismo son limitadas su libertad, su ética y su moral. Es a través del conocimiento como el hombre puede traspasar los lími­tes y fronteras de su espacio para crear formas, modos y técnicas para adaptarse, subsistir, desarrollarse y crecer. Todo esto, repitámoslo una vez más, con ética y moral. De lo dicho podemos concluir, en suma, cuán importante es que a través de la educación se construyan y desarrollen en el sujeto, desde que es niño, la conciencia moral y la ética, con conocimiento de sí mismo y de su libertad. De todas maneras el lector se encontrará a través de los tex­tos nuevamente con el término creencia e implícitamente con la fe que debe acompañarnos para darnos seguridad; aún más, pienso que el ser en su esencia y existencia necesita creer en algo para sentirse seguro y así cuestionarse. De todas maneras, el lector se encontrará a través de los textos nuevamente con el término creencia e implícitamente con la fe que debe acompañarnos para darnos seguridad; pienso que el ser en su esencia y existencia necesita creer en algo, pero creer permitiéndose sí seguir cuestionando; más aún, las dudas siempre estarán presentes en el ser humano, y a la vez, hacen parte de la libertad de cada cual, pues se tiene la libertad para dudar y preguntarse más de una vez de los hechos y de aquellos que no se conocen. Es de anotar aquí como los pensamientos no siempre están de acuerdo con las creencias puesto que no se piensa todo lo que se cree o viceversa no se cree todo lo que se piensa aquí nuevamente nos encontramos con la complejidad humana o del ser; propongo contemplarla a partir de lo sencillo: “sí mismo o mismidad”, la cual se origina a partir de los genes y cromosomas que se ordenan para formar el ADN y establecer la esencia y existencia del ser humano en un momento y lugar dados.

El misticismo

Este término se refiere a la cualidad de lo místico; sin embargo, la mística es la parte de la teología que estudia la vida espiritual, la comunicación con Dios o su contemplación intui­tiva y así mismo a las relaciones de la inteligencia humana con Dios. Lo místico se aplica al misterio o a una razón oculta dedicada a la contemplación de Dios y a las aptitudes que las personas adoptan en la vida afectada o exagerada por una creencia religiosa. De tal manera espiritualismo y misticismo son diferentes, (37).

Adviértase que tanto el espiritualismo, el misticismo como el espiritismo tienen un co­mún denominador que es la “creencia en el espíritu” y obviamente en la vida del mismo y su relación con la divinidad y Dios, al cual se desea llegar mediante una comunicación con diferentes procedimientos para unirse y formar una unidad; ésta tendencia también pertenece a las necesidades y deseos omnipotentes de refugiarse en un todo y confundirse en él, y hacer parte de él, y así, encontrar una paz. La paz religiosa no es solamente creer sino tener fe en la comunicación directa del hombre con Dios; esta paz implica una cierta plenitud sin dudas, y, entregado el Yo, el ideal del Yo, el “self” o si mismo, a ese ente ser Supremo que le da Todo; en ese “dar Todo” se incluye la seguridad, la completud, la esperanza de que el ser, la esen­cia y existencia los cuales no acaban en la nada; he ahí el concepto de salvación y la idea de que existe una vida espiritual eterna; he aquí también la esencia o el mundo del misticismo por muchos aceptado.

Múltiples son los escritos que sobre el misticismo se han producido a través de la historia y aún de cómo el hombre llega a un éxtasis (estado pre-consciente, hipnagógico) a través de una previa meditación para recogerse en sí mismo, contemplar y realizar esa comunicación antes mencionada. Para algunos como San Buenaventura, aquí participa el pensamiento en diferentes grados; el primero, estaría el orden objetivo; el segundo la aprensión que hace el alma humana; el tercero, el entendimiento la voluntad y la memoria; el cuarto a las virtudes teológicas; el quinto, no solo la contemplación de Dios sino la entrega del ser; el sexto, la participación del bien en su máxima potencia. De una u otra manera, entiéndase todo esto no solo como una comunión sino una fusión con Dios, de donde Todo proviene y confluye; he ahí también el concepto de la esperanza de la salvación ya mencionada atrás. Estos textos deberán ser revisados por los teólogos avezados; personalmente sólo intento hacer preguntas, despejar incógnitas y dejar libre al pensador de sus creencias y en general en la necesidad íntima o no del sentimiento, creencia, fe y concepción de y en Dios.

Por su parte la filosofía contemporánea que partió con Bergson, hace énfasis en el amor místico, o sea la identificación con el amor de Dios, y todo está compuesto por una esencia más metafísica el cual en el fondo yace el concepto y el sentimiento de Dios. Cuando parti­cipa la creencia en la persona también se ponen en acción las diferentes funciones psíquicas, inteligencia, memoria, sensopercepción y de todos los órganos sensoriales; de la conceptua­lización, ideación y toda esas multiplicidad de funciones del aparato mental (véase los cuatro ejes del aparato mental y de pensar integrador, lingüístico, discursivo y conceptual; el sistema preconsciente, consciente e inconsciente) (38). A la vez que el sistema consciente, precons­ciente e inconsciente.

Entiéndase que muchos fenómenos que aparecen en esta obra como parapsicológicos participan en sus creencias los prejuicios con sus deformaciones, así como sensopercepciones que pueden llevar a ilusiones, a deformación de la realidad con ilusiones y aún con alucina­ciones y obviamente con falta de apropiadas interpretaciones; sin embargo, esto no significa que uno mismo, así como el artista y el científico imbuido en sus conocimientos intuitivos no traspase la frontera de la consciencia al inconsciente y pre consciente en las alucinaciones que hacen parte de la elaboración onírica de la pantalla del sueño, (39).

Dentro de esa franja o esa frontera hay que dilucidar muy concienzuda y pormenoriza­damente los hechos psíquicos que aparecen en las religiones, en el místico, en los santos, en las revelaciones, en los llamados profetas y todos aquellos que se consideran o son llamados iluminados o elegidos de Dios y que nos sitúan en el campo de lo misterioso, sobrenatural y en los fenómenos denominados parapsicólogos o paranormales. De ahí la importancia de la metodología científica para estudiar esos hechos que pertenecen al ser, la esencia y existencia de la vida.


36 El Corán significa en árabe la recitación; el Islam, sumisión.
37 “Los estados místicos son actualmente estudiados por las neurociencias por las más avanzadas tecnolo­gías radiológicas; no son solo espirituales; tienen expresión neurológica bien documentadas. Los estudian hoy en conventos de monjes y monjas del Canadá” (Mc Gill, University). (De Francisco, 2012).
38 Véase las obras de Sánchez Medina, G. “El arte de enseñar y aprender”, 1986; “Técnica y Clinica Psicoa­nalítica”, 1994; “Modelos Psicoanalíticos. Arquitectura y Dinámica del Aparato Mental”, 2002; “Cerebro Mente. El Pensamiento Cuántico”, 2009).
39 “El estudio neuropsicológico moderno, con estudios de emisión de positrones, con estudios químicos radiológicos en el curso de diversos fenómenos parapsicológicos (Mc Gill) permitirá avanzar en su conoci­miento y comprensión. Hay que esperar”, (De Francisco, 2012).

DÉJANOS TU COMENTARIO

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!