El Poder del Conocimiento

IV (Lo Sobrenatural y Lo Misterioso)

“La conciencia del conocimiento es el mejor don de la existencia.

Introducción

En primer lugar me referiré a lo que consideramos o denominamos poder, a su definición, así como al poder del conocimiento en general, a las clases y funciones de los mismos, sus necesidades, la relación con la naturaleza, el poder del orden de la naturaleza física, psíquica, espiritual, el poder de la fe, creencia, religión y el poder de Dios. Se hará alusión al poder del conocimiento científico, igualmente al poder de lo sobrenatural mágico, omnipotente y su influencia en la colectividad; se hará mención al autoritarismo irracional construido con racionalismos, al concepto de Dios y la vida, al misterio, al secreto, al pensamiento positivo y negativo en el secreto, a lo oculto, al psicoanálisis en el análisis de los secretos conscientes e inconscientes deshaciendo falsas creencias basadas en necesidades, deseos y temores.

El poder

La palabra poder no solamente es un sustantivo sino un verbo. El término poder significa la facultad, fuerza o potencia de mandar o ejecutar algo a diferentes niveles. Es hacer o la fuerza de “ser capaz de”. En inglés el término “power” (potencia); en alemán es “macht” cuya raíz etimológica es “machen” (hacer); en mandarín es “neng”, (ser capaz de) o “nengli” (poder, fuerza de ser capaz de).

El poder se puede clasificar en el físico, el psíquico y el sociológico; éste último el poder sociológico, se manifiesta en las instancias del Estado, como el poder ejecutivo, legislativo y judicial en las democracias. El poder político puede ser absoluto o constituyente (el elaborado por la Constitución). Dentro de esta clasificación se comprende el poder público; el cuarto poder es aquél que lo ejerce los medios de comunicación; actualmente el quinto poder el del “internet”, el de las redes sociales y toda la informática. A la vez, dentro del poder sociológico se encuentra el poder “fáctico” que se ejerce fuera de los causes formales y entre ellos están los derivados en los poderes de los partidos políticos, las iglesias, el ejército, la banca, el po­der económico, el poder del mercadeo en el cual se incluye el poder de la publicidad, el poder militar, el poder de las relaciones internacionales e ideológicas y aún se encuentra el poder de la corrupción, de las fuerzas delincuenciales y entre ellos está el poder de la narcoeconomía. También se hace alusión al poder de la virtud, de la voluntad, de la violencia y destrucción, así como al de la creatividad y construcción, el del bien y el mal, de la guerra y la paz, de la ética y la estética, de la pedagogía (enseñanza-aprendizaje), de la verdad y realidad, de la cons­ciencia y aún el de la ignorancia que afecta tanto a la humanidad; y, de la misma manera nos referimos al poder de la personalidad, del carácter, de las lenguas, de la escritura, de la orato­ria y retórica, de la escritura, de la inteligencia, comprensión, análisis, síntesis, condensación, de la vitalidad, de la sexualidad, de la capacidad de socializar, negociar, interrelacionar, de liderazgo, y así sucesivamente de actitudes y características humanas como es el poder del pensamiento y del pensamiento mágico, la imaginación, el de la fantasía consciente e in­consciente impulsada por necesidades, deseos, instintos y sus vicisitudes, (1).

Téngase en cuenta que el poder puede ser absoluto y permanente o temporal; existen además los poderes universales, el poder adquisitivo, de las relaciones sociales, industriales, científicas y/o de sus instituciones correspondientes. Dentro del poder psíquico está también el poder espiritual, el de la fe, las creencias, el de la religión que incluye el poder de Dios. A estas clasificaciones se debe agregar “el poder del conocimiento en general y el científico” demostrado en la práctica; a la vez, el poder de la naturaleza específica o general, el de las sociedades en sus distintas posiciones socio-económicas y políticas; en todos ellos está el po­der del orden, el poder de las lenguas y de la comunicación, lo que implica una interrelación social. Además se debe sumar a estos poderes el poder del positivismo y del negativismo, el del “” y del “no”, de lo conocido y de lo desconocido; en estos participa el subjetivismo y objetivismo o lo irracional, emocional e ilógico, o lo racional, lo cual significa que el poder puede ser comandado por lo emocional y también por la ignorancia y/o lo lógico, o lo opuesto lógico y objetivo.

Michel Foucault se refiere al poder disciplinario, al poder pastoral, además del bio poder, del poder popular y del marxismo (con sus postulados). Cuando se hizo referencia al poder físico debe incluirse el químico eléctrico y en él, el poder de la energía. También existen los súper poderes como una fantasía mágica omnipotente, lo cual es explotada en el cine, la pantalla grande y chica son otros poderes que inundan al pueblo. A todas estas clasificaciones se les puede sumar el poder de la inteligencia (abstracta, práctica, social) y el poder de la creatividad.

El filósofo francés Foucault arriba mencionado, se refiere también “al poder del conoci­miento” que está asociado a los sistemas de creencia que contienen una autoridad y que en la medicina occidental hacen parte de todo este sistema, el cual a la vez se combina con las creencias religiosas; unas y otras pueden ser correctas o incorrectas, normales o desviadas, verdaderas o falsas, aceptadas por la comunidad o no. En esta constelación de poderes debe considerarse la función o el hecho, los sistemas y los instrumentos prácticos que operan en las sociedades modernas con resistencias o no. “El poder no es una institución, ni una estructu­ra; tampoco es una cierta fuerza con la que estemos dotados; es el nombre que le damos a una situación estratégica compleja en una sociedad determinada” (Foucault, 2005). El mis­mo autor escribe: “el poder no es algo que se adquiera o comparta, algo que se conserve o se deje escapar; el poder se ejerce a partir de innumerables puntos y en el juego de relaciones móviles y no igualitarias” (Deleuze, 1987).

Los psicólogos sociales John French y Bertram Raven en 1959, propusieron las siguientes categorías de poder social: el poder legitimado del individuo y del grupo; el poder de referen­cia, que se refiere a la “capacidad de persuadir o influir a otro basado en carismas, habilida­des personales y sujetos sometidos”; también se habla del poder del experto que depende de las habilidades o pericias; y, así mismo aparece el poder de recompensa material para manejar con el beneficio de información o de trabajo o de cohesión basado en la capacidad de imponer castigos. Para ellos todas las formas de poder generan resentimiento y resistencia, (French & Raven,1959)

Los conceptos del poder tienen sus teorías provenientes de la observación del mundo ex­terno y del mundo interno. El gran poder externo es el cosmológico y el interno el ontológico; en unos y otros aparece el orden y el desorden de la naturaleza la cual está constituida por materia-energía, con todas sus consecuencias para llegar a la vida en general y al ser humano en especial; he aquí el poder antropológico del individuo y de la colectividad en sus caracte­rísticas psicosociales, económicas y del Estado. Existen distintas publicaciones con respecto a las diferentes teorías del poder, y, a las que más se le hacen alusión es, a las teorías del Esta­do con sus distintos poderes. Aquí no olvidemos que el hombre evolucionó y transfirió el gran poder de la naturaleza y divino al hombre faraón, rey. (“Le Roi, c’est la loi” y “L’État c’est moi” “El Estado soy yo”). Sin embargo, el poder cosmológico del universo quedó ubicado en el Creador Dios Todo Poderoso.

En la evolución social aparecieron los grandes poderes en cabeza de emperadores, mo­narcas, que luego fue compartido con sus colaboradores y descendientes eligiéndose grupos de poder y al mismo tiempo compartiendo los poderes espirituales del “conocimiento” de las religiones con sus medios, sus secretos, sus diferentes rituales, además que de ellos se emanaron distintas instituciones (religiosas, jurídicas, estatales). Aquí no podemos descartar cómo lentamente el poder del conocimiento se fue fraguando con la relación de la “prueba” o “ensayo-error”; “falla y vuelve a probar”; es decir, “ensayo y error”, en lo que implica la experiencia, para organizar procesos y funciones, relacionarse y conocer, encontrando se­mejanzas; he ahí implícito el nivel empírico práctico no sin antes pasar por el pensamiento mítico de las creencias para ser un conocimiento más concreto; el tiempo transcurrió y fue la experiencia que llevó a concebir el conocimiento científico y luego el conocimiento abs­tracto validando los hechos, las formas y la crítica de ambos para obtener un conocimiento objetivo.

De una u otra manera en todo este proceso el poder del conocimiento, participó y par­ticipa el subjetivismo para llegar a una explicación de la realidad observada e investigada y así tener una consciencia del mundo. No hay que confundir la relación entre sujeto y objeto con la que existe entre el cuerpo y su capacidad vital; la unidad cuerpo-mente es una realidad biopsíquica, la cual si la deshacemos no solamente es entrar o negar la naturaleza sino a no­sotros mismos en nuestro conocimiento. Aquí hay que diferenciar entre el saber, el conocer y el interpretar para luego decidir; el saber pertenece más a la memoria, el conocer a la cons­ciencia y el interpretar a la interrelación de un hecho con otro. En el saber propiamente dicho estaría la información consciente y en el conocer se incluiría además la comprensión, y en la interpretación existiría una traducción con significaciones y sentidos. Aquí viene una pregun­ta: ¿cómo y por qué elige la consciencia en determinado momento un elemento mental y no otro para volverlo consciente? Esto hay que estudiarlo dentro del contexto temporo espacial en que se encuentra el sujeto, así como el de una o varias relaciones con su sentido histórico cultural; para que una imagen o el recuerdo de un hecho pasen a la consciencia o se represen­ten en ella, antes ha tenido que suceder una serie de fenómenos y mecanismos que permiten esa ocurrencia representativa. En todo esto está implícito el proceso del conocimiento para luego comunicarlos con o sin emociones.

La propuesta que se hace en esta obra es la de darse libertad para cuestionar los hechos aparecidos en mitos, creencias, misterios, fenómenos paranormales; por ejemplo la supersti­ción y tantos otros hechos que van a ser descritos en el capítulo X. El estudio de dichos fenó­menos con el método fenomenológico es otra tentativa de vencer el relativismo escéptico del psicologismo, sociologismo y el historicismo; además, aquí se trata de dar un avance ayudado de otras ciencias como la física ondulatoria. Recuerdo aquí lo planteado por Husserl, citado por Asti Vera: “el investigador se siente obligado a formular explicaciones, abandona lo dado para elaborar teorías que constituyen una tentativa de interpretar los hechos”. A la vez A. De Francisco Zea, (2001) escribe: “la medicina basada en la evidencia cuando se le anali­za desprevenidamente, muestra sus falacias. En ella, no se plantean hipótesis sino se afirman supuestas verdades en el marco de las probabilidades existentes. Hay ejemplos similares en la medicina de la Edad Media heredadas de los griegos (‘los humores’)”.

Por lo expuesto aquí, el conocimiento y el poder científico no son absolutos como lo pudo ser el conocimiento y el poder del Estado en toda su historia (teorías de Platón y Aristóteles, Polibio en la República Romana, John Locke en la revolución inglesa del Siglo XVII, Jean-Jacques Rousseau en Francia, sin descartar el poder napoleónico y en el Siglo XIX, el poder de los Habsburgo en Europa y Alexander Hamilton en Estados Unidos). Así se llegó en el Siglo XX a lo que se ha denominado el imperio del capitalismo norteamericano que no tiene nada que ver con la historia del imperio turco, mongol, ruso e Inca, más sí con la necesidad y deseo de controlar, tener fuerza y capacidad de dominio. Sin embargo, subsisten imperios como el británico con su monarquía y parlamento con el Primer Ministro, (2).

El cuarto poder de los medios de comunicación (la prensa, la radio, televisión, internet y las redes sociales) y quinto poder la economía del Estado, pueden de alguna manera in­fluir en el poder del conocimiento a distintos niveles (sociales, económicos, de comunicación y aún en los científicos). El sexto poder el “fáctico” o de hecho, es el control de la ideología, la sociedad y la economía, que lo maneja la banca, los intereses plutárquicos, las centrales sindicales, el mercantilismo o capitalismo de Estado, las distintas instituciones (religiosas y militares), el poder de la delincuencia organizada, el narcotráfico y la corrupción a distintos niveles, las institucionales, las individuales y colectivas referenciadas en otra parte de este texto, la cual ameritaría un ítem especial pues se asocian al poder de la autoridad y el asocia­do al dinero, (3). Dentro de todos estos poderes de una u otra manera, ya se ha mencionado implícitamente el poder de la masa, del pueblo y con él, el de la creencia que en ocasiones se vuelve universal ayudada actualmente más por los medios de comunicación.

No he hecho mención a cómo se derivaron y desarrollaron los poderes religiosos que tu­vieron sus grandes líderes en el imperio romano y bizantino de Constantino hasta llegar inclu­sive a la teocracia para arribar al poder papal en la religión católica pasando por el poder de la guerra santa de las Cruzadas. En todo este discurso entiéndase que existe un conocimiento ya sea religioso, espiritual o económico e histórico; recuérdese aquí cómo ya en el Siglo XXI todavía no se ha renunciado al poder del oro como un mito.

De todas maneras existe actualmente dentro de este poder el “poder científico” (en el campo médico) manejado por la economía de la industria médica y farmacéutica y por los grandes capitales que manejan investigaciones en Universidades que pueden sufragar los distintos estudios, de lo cual se deriva la aparición de Premios Nobel, no sin surgir de tiempo en tiempo preguntas envidiosas irónicas de grandes profesores; por ejemplo, en la Universi­dad de Berlín se ridiculizaba la aseveración de Einstein de cómo “un grano de carbón podía contener más energía que toda la caballería militar prusiana”, esta fue comprobada por la bomba Hiroshima con un saldo de 60 mil muertos y 100 mil heridos, en minutos. Aquí vale la pena traer el pensamiento de Russell, (1912): “quien quiera llegar a ser filósofo debe aprender a no asustarse ante los absurdos”. De todas maneras los problemas entre científicos existen y existirán porque el conocimiento puede conllevar el conflicto, que es humano. Lo que sí es importante es ser honestos en las investigaciones científicas, reconocer que no se ha llegado a lo nuevo, ni el resultado es lo esperado, mas no caer en falsificaciones o conductas sospechosas y desprestigios impulsados por la envidia que no reconoce el poder de la verdad. En realidad, el conocimiento, la verdad y la ciencia es propiedad de todos y debe estar al al­cance de quienes la necesiten para poder, con el conocimiento de la verdad, tener seguridad sin quedarse relegado en creencias, prejuicios pseudo científicos o no científicos y sí tener más certeza en los logros posibles que se realizan con creatividad y originalidad, dentro de la naturaleza del ser humano. Aquí se está prohijando la importancia de la ciencia para la socie­dad y realzando el poder científico del conocimiento.

El conocimiento a su vez, debe obtenerse con todos los derechos que la sociedad tiene para su adquisición más con una disciplina, la cual también no debe estar exenta de poder. Aquí interviene el poder jurídico legal que dictamina lo que se debe enseñar, programar, proyectar a diferentes niveles de la sociedad, sin negar el poder de la autoridad con control.

En estos textos no se ha mencionado el poder de la sexualidad que a veces avasalla al ser humano, y más actualmente en este Siglo XXI en donde se abrieron las compuertas a las orientaciones sexuales (LGTBI), a las relaciones matrimoniales provenientes de vínculos amorosos sin considerar sexo, ni familia (padre, madre, hijos). Téngase en cuenta que esta­mos ante una sociedad cambiante y cambiada, diferente a las de siglos pasados; sin embargo, no debemos renunciar a proteger al hombre con el conocimiento, el cual debe adquirirse con la experiencia propia y toda la histórica ajena, sino con las investigaciones que cada día avan­zan en forma vertiginosa.

En síntesis el poder psíquico, es decir el que se origina con las capacidades mentales, la cual pueden inducir la fe, la creencia y el conocimiento real, empírico, científico, histórico, intuitivo, estructural y reflexivo; todos estos tienen la potestad de relacionarse consciente o inconscientemente con los fenómenos de evolución, integración del sí mismo y del mundo externo macro y microcosmos, y/o con el llamado “sobrenatural” que es oculto y no conoci­do. En muchas ocasiones las emociones son las que conducen el pensamiento convirtiéndolo en subjetivo y teñidos de magia y así deformando la realidad objetiva.

El poder es factible de ubicarse en el pensamiento y por lo tanto en la mente y depende de sus diferentes funciones a las cuales se les da la connotación de ser la resposable de tal o cual hecho o producto del deseo y la necesidad, asociadas a las funciones psíquicas, a las cuales se les impregna de omnipotencia para moversen positivamente uno o varios sistemas provocando reacciones conductuales intra y extracorporea en beneficio del orden natural, de tal manera en forma positiva de la naturaleza humana; es aquí cuando la creencia o la fe toma predominio, y es cuando se califica la reaccióin positiva como la “salvación” por un milagro; es así tmabién como se puede llegar a intelectualizar la vida cotidiana convirtiéndola en un continua psicologización con la interpretación de los hechos, sin tener en cuenta múltiples participaciones de los diferentes sistemas que participan en el mantenimiento de la vida; en suma es así como se llega a la omnipotencia psíquica.

Téngase aquí en cuenta que el poder científico conlleva el de la naturaleza biológica y la del conocimiento de distintas disciplinas, entre ellas las físico-químico-matemáticas y las neuro-psicoanalíticas. De todo esto se desprende que estamos desmitificando, develando y tratando de desmontar la participación del pensamiento mágico omnipotente en todo el conocimiento.


1 Así mismo el poder se puede ubicar en lo racional (lógico) o lo irracional (ilógico), en los conceptos asocia­dos al tiempo y al espacio, a la paz, a la libertad, a la verdad y la justicia, la bondad, la belleza o armonía o el poder en el mito, en el ídolo, en los sueños, en las ilusiones surgidas en el pueblo o en el dictador o caudillo, en la democracia (participativa o representativa) o en la teocracia, en el electorado, en los prejuicios domi­nantes, en las creencias, en la fe, en los afectos, en el teatro, o con los principios físicos del color, calor, frío, congelación, en el trabajo, en la ubicación geográfica de un país de acuerdo a sus recursos naturales, en lo nuevo, en el cambio de los hechos, en el predominio del “nosotros” o para explicarnos mejor, en la sociedad y así sucesivamente se puede posicionar el poder en la virtud (poder espiritual), o la vileza en los vicios.
2 Todavía subsisten monarquías parlamentarias en Europa (España, Bélgica, Inglaterra, Dinamarca, Norue­ga, etc.).
3 Sugiero al lector la lectura de los textos pertinentes a esta temática.

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