Dios y la naturaleza

El Monseñor Jósef Zycinski arzobispo de Lublin, Gran canciller del a Universidad de Lublin Polonia, publicó en Scripta Theologica, No. 30, 1998 un trabajo sobre: “Las leyes de la naturaleza y la inmanencia de Dios”. El autor de este texto lo inicia con el problema de la “intervención de Dios en la naturaleza” y hace referencia a la “acción divina”, a la “compren­sión de Dios y a la actividad del mismo” y cita a William Armstrong sobre los procesos físicos del micro mundo, y cómo Armstrong escribe: “tal vez Dios diseño el universo para obrar de acuerdo a leyes de probabilidad para reservarse un espacio en que actúa como agente inmediato”; así también trae a John Polkinghorne físico teólogo de la Universidad de Clark con respecto al concepto de “huecos epistémicos”, “extrínsecos a la naturaleza” los cuales aparecen como meros remiendos a la “ignorancia científica de la época”. Zycinski concibe acertadamente cómo “no se puede concebir la naturaleza como un sistema físicamente ce­rrado”; y, los científicos para él “no permiten referirse a ningún factor extra natural para explicar los procesos naturales”. De una u otra manera, el argumento conlleva progresiva­mente a la necesidad de incluir al concepto de Dios; y si aceptamos al ente Dios como agente de la creación, nos lleva a pensar en un hecho o principio de causa o efecto que es llevado “al marco del conocimiento de las ciencias naturales”, (7).

El autor Zycinski trae dos premisas una sobre cómo “la propia existencia de las leyes de la naturaleza” conllevan un orden que de otro modo sería un desorden sin ley. Esta aseveración no es válida, puesto que el desorden hace parte del orden y éstos dos tienen sus leyes que pertenecen a ese proceso ya conocido por la ciencia. El segundo lugar se refiere a la evolución del cosmos y más adelante trae varios autores para reafirmar la necesidad de la presencia de Dios para la explicación de todos los fenómenos de la naturaleza y según él, “solo unos pocos se detienen a considerar algunos de los numerosos problemas implícitos”. Aquí podemos traer la idea de cómo no se necesita de Dios para comprender la existencia de la evolución, la presencia de la materia, energía=(mc2), la luz, el cosmos, la naturaleza, los fenómenos y sus leyes. Las dos visiones, una basada en Dios y otra en el conocimiento nos la da la propia naturaleza, sin intervención de la creencia, prejuicio y concepto de Dios. Es aquí en donde me separo de los teólogos creyentes y me sitúo en la posición agnóstica, epistemológica en que se parte de la ignorancia e inconsciente, para llegar al conocimiento consciente y a la comprensión que se construye en el ser en su esencia y existencia; al hacerlo, me dejo llevar por los modelos que la naturaleza humana ha desarrollado con la intuición, la inferencia, la inducción y deducción, todas las cuales han aparecido en la evolución del pensamiento del ser humano y del cosmos, lo cual significa cambio y transformación. Pienso también que cuando traemos el concepto de Dios es porque no podemos explicar un hecho de la naturaleza y no aceptamos el azar “per-sé” o el “azar determinista” científico, lo cual implica comprobación. Galileo sostuvo en sus diálogos, según lo trae Zycinski, como “por razones metodológicas, todo factor teológico debería ser excluido de las investigaciones astronómicas”; aquí creo que esto ocurre porque de lo contrario caeríamos en el prejuicio que todo se explica por Dios y en Dios.

Para el autor ya citado el modelo de Hawking sobre la creación cuántica a partir de la nada, conlleva una teoría de lo empírico con el ateísmo, que para todos los teólogos es in­aceptable. Cuando el autor trae a Hawking sobre “las no fronteras” en que se intenta hacer un razonamiento lógico y metodológico sin Dios, sino que “la propia frontera hace el papel de un principio”. A mi manera de ver, siempre hay límites fronteras para el hombre, lo que ocurre es que no las vemos (sensopercibimos) o negamos para justificar todo con el concepto de “divinidad” y así se debe utilizar como una frontera que se traspasa con la creencia teoló­gica, (8).

Lo que sí ocurre es como las masas “per-sé”, tienen sus límites (fronteras) gravitatorios que dependen también del espacio infinito; a la vez, en aquel infinito se concibe un espacio abierto sin fronteras; todo significa comprender y traspasar la frontera del no conocimiento por más conocimiento que pensamos exista; la misma dimensión temporo espacial y atem­poro espacial, lo positivo y negativo al tiempo, nos hace comprender la participación, una unidad, un orden dentro de un Todo. Téngase muy en cuenta que a todo ese conocimiento le podemos dar el nombre de Dios.

Zycinski trae la idea del principio de Okham en que “no hay objetos extragalácticos, por­que todos los fenómenos astronómicos observados se pueden explicar más económicamente con referencia a los objetos de nuestra galaxia”. Esta búsqueda de la simplicidad desembocó en un modelo cosmológico falso; por lo tanto, el principio de Okham tiene un valor relativo, así lo afirma el autor, además se pregunta Zycinski “¿puede este mismo principio justificar la ausencia de Dios en la interpretación filosófica de la naturaleza?… ¿y hacer inútil cualquier alusión a Dios el creador? Mi respuesta es negativa porque las nociones básicas de las leyes de la física y de la naturaleza permanecen difusas mientras no nos refiramos a Dios como el sustento último del orden físico”. Esa es su afirmación para justificar la creencia en Dios y no es cierto que la naturaleza permanezca difusa sino en el proceso evolutivo. Además el orden no es igual a Dios sino son unos principios cósmicos, (9). Aquí podríamos preguntar­nos: ¿entonces qué o quién creó u originó todo ese principio? La respuesta están en las leyes universales, cósmicas en que todo tiene principio y fin, finito e infinito en forma continua; todo cambia, se transforma, evoluciona, vive, muere, existe y deja de existir para llegar a la nada en una dimensión nueva finita e infinita en un todo y una nada, en el ser y no ser. En todo esto participa el orden y el desorden en diferentes estados, etapas o posiciones. Además las leyes universales, las de la naturaleza complejas se llevan a la comprensión lógica científica que nos den explicaciones y comprensiones, respuestas. A su vez, la proposición de la idea de Dios como fuerza, agente, ente, inmanencia, ley, orden dentro del desorden o lo contrario para llegar a un caos y salir de él, el logos o principio cósmico, las proposiciones de la creación

del universo, todos los presupuestos, en donde no nos podemos responder a las preguntas y nos lleva fácilmente a un solo camino, a una sola respuesta: Dios es el principio y el fin, es el Todo; es así al menos como lo nominamos o denominamos por esa necesidad natural,(10).

Ya hemos hecho alusión en esta obra a todos los modelos cósmicos y ontológicos, a las diferentes teorías científicas físico-químicas matemáticas, a las realidades cambiantes con sus verdades correspondientes o sus ignorancias o sus no respuestas; de una u otra manera, aparecen el sentimiento subjetivo del modelo ontológico en donde se incluye a Dios como respuesta para dar seguridad. (“Esa necesidad ontológica de los seres humanos”, De Fran­cisco, 2012).

Téngase en cuenta que toda época tiene sus modelos explicativos y a medida que se van descubrimiento principios de causalidad, hechos, elementos, cada vez se va cambiando los postulados, nuestra comprensión con interpretaciones y explicaciones y así se modifican unos postulados cambiándose por otros; más aún, cuando aceptamos el proceso evolutivo de la ciencia y nuestras limitaciones por el desconocimiento de la validez y de distintos hechos; existen crisis de la cual necesitamos salir con otras pruebas, otros, hechos, otras validaciones, otros conocimientos.

Cuando el sujeto expresa de que siente la presencia de Dios, es algo subjetivo más es váli­do para el ser humano; porque es su propia naturaleza en la cual opera todas las ordenaciones de las partículas subatómicas con sus participaciones, programas, sentidos y significaciones, y a la vez en que ellas incluyen sus sentimientos o la llamada subjetividad que se conecta con sus creencias, sus pensamientos, sus ideologías; y con el pensamiento mágico, además, cuan­do esto participa en un pensador o un filósofo y aún científicos; el concepto de Dios aparece como una consideración que establece una relación e interpretación del conocimiento cien­tífico; por ejemplo, comparar a las “partículas como seres contingentes” y así se relacionan con el origen de las mismas o “el absoluto”. Así también se fundamenta en una justificación de la “presencia de Dios inmanente”.

El autor Zycinski se vale de otros argumentos, silogismos, deducciones, conocimientos antropológicos, filosóficos, históricos, ontológicos, para demostrar la presencia creadora en el universo de Dios en la historia del cosmos. Sin embargo, trae a Heisenberg, en el principio de incertidumbre explicando cómo ahí está Dios escondido. Defiende su modelo como que no es una forma “pandeterminista, reduccionista, ni lógica, ni ontológica” porque todo está establecido por Dios y afirma: “desde el punto de vista de la teología, uno no puede imaginar la predicción del futuro del cosmos y de la evolución humana sobre la base de que conoce las ‘condiciones fronterizas’ del universo en evolución…”, aquí se considera “el sistema que sólo Dios concibe y por tanto puede contener información que trasciende la mente humana”. El marco de referencia sobre la persona física es relativo a la “realidad de la gracia” y “la oración cambia el estatus de la persona; este cambio no debe necesariamente referirse a propiedades físicas”. “Puede estar en relación con estados mentales con motivos espirituales y crea una nueva posibilidad para la acción de la gracia en nuestra vida”, (Zycinski, 1998). “El concepto de la gracia es puramente cristiano y no existe o se acepta en otras religiones” (De Francisco, 2012).

Desde el punto epistemológico el autor menciona, cómo existe un sistema lógico, alude al teorema de Gödel en el cual un problema no se puede resolver empleando sus propios siste­mas coherentes de algoritmo; además, no está de acuerdo con la filosofía reduccionista en que se reducen a pocos principios básicos y cita a Roger Penrose en el problema de la consciencia humana, “como un ejemplo de problemas que son programados por una especie de computa­dora programada” por “el mejor programador del medio”, Dios. Esto parecería que se ajusta más a un dogma. El autor ya mencionado, trae cómo los fenómenos psíquicos no pueden reducirse a un sustrato físico biológico y cómo el universo no es una gran simetría; además, no acepta que el universo sea un “hardware y software” y afirma que cuestiones psicológicas surgen “cuando consideramos a Dios de manera puramente racional”. Termina el autor con el drama de Cristo en la cruz “no pudiéndose explicar los hechos del Gólgota con la lógica común”; y, cómo “Dios es cualquier forma de orden”; aquí nos podemos preguntar ¿será que el Todo es el orden y desorden, finito e infinito; finito cuando cambia e infinito por la eterna fuerza-energía convertida en masa que se repite eternamente? Dejo a los lectores la reflexión sobre estas últimas conceptualizaciones planteadas por Gödel, R. Penrose, Zycinski y las que pueden inferir en las proposiciones o consideraciones que a través de la obra expongo.


7 “Es difícil de explicar el universo sólo con los conceptos religiosos, o la religión, solo con las ideas científi­cas puesto que existe incompatibilidades y son campos completamente distintos. Tal vez sería entender mejor estas dos posiciones si se tuviera una idea concreta y única sobre qué se quiere decir con ‘la existencia de Dios’. Para Sócrates, sería la justicia, que no tiene que ver con la creación del universo; y otros razonamien­tos por el estilo. Pienso que hay que desprenderse de la idea de Dios como un ‘hacedor’ de la naturaleza o del universo, y dejarlo más bien en esa posición de ‘justicia’; por ejemplo que quiso darle Sócrates y otros pensadores de ese tiempo. No ha y que anteponer el concepto de Dios al de ciencia como si fueran antagóni­cos; más bien aceptar ambos con mejores definiciones de su propia naturaleza”, (De Francisco, 2012).
8 “La teoría cuántica admite el comienzo del universo a partir de una singularidad sin tiempo ni espacio; la teología de los antiguos hebreos señalan lo mismo con la frase de Jehová: ‘hágase la luz y la luz fue hecha’. ¿De dónde? De la nada de esa singularidad de que habla la ciencia cuántica con Stephen Hawking”, (A. De Francisco, 2012). Todavía en el Siglo XXI, año 2014 no conocemos esa singularidades cuánticas; sin embar­go, se supone que el bosón de Higgs o bosón de Dios conlleva esa capacidad de la creación del universo o es una parte que interviene el universo para producirse el o los big bang. Recuérdese que la luz está hecha por fotones (ver capítulo XIV: La luz, el color y la psiquis).
9 “Sin embargo, para algunos, Dios podría ser exactamente ese ‘orden’”, (De Francisco, 2012)
10 “En las interpretaciones filosóficas sobre la presencia o ausencia de Dios, el último elemento (la ausencia) no puede sostenerse; del mismo modo que los científicos cuánticos no aceptarían de los filósofos que se les obligara a negar la existencia de las partículas subatómicas, incluyendo el Bosón de Higgs, (tan mencio­nado ahora). Ni los unos ni los otros logran acertadamente excluir de la discusión aquello que es la base de sus postulaciones: Dios para los religiosos y la ciencia de lo más elemental para los científicos. Se está hablando en dos planos diferentes que no se unen nunca; se pueden, eso sí observar cada cual, de distancias respetuosas” (De. Francisco, 2012).

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