Evolución del pensamiento científico

DR. GUILLERMO SÁNCHEZ MEDINA

Esta temática está desarrollada anteriormente y en forma más amplia en el libro “Cerebro Mente. El pensamiento cuántico” (Sánchez Medina, 2009), cap. II en donde planteo la evolu­ción y desarrollo de la filosofía, de la ciencia y del pensamiento científico, con varios postula­dos sobre la teoría de las ciencias, la lógica matemática, la paradoja del infinito, los conceptos kantianos de Hegel, Altuser, Marx, Poincaré, el pragmatismo de Charles Sanders Pierce y J. Dewey, a su vez la participación de los fenomenólogos y existencialistas, para llegar al cír­culo de Viena a Bachelar, De Saussure, Michel Foucault, Popper, Adorno, Marcuse, Choms­ky, Freud, hasta arribar al monismo, dualismo, naturalismo, materialismo, funcionalismo, vitalismo y al psicoanálisis de Freud, y, finalmente entrar a la física cuántica u ondulatoria, proveniente del Siglo XX estudiada y más desarrollada en el Siglo XXI. La obra trata de in­tegrar conocimientos de distintas disciplinas, de lo físico a lo psíquico, de la materia-energía a lo mental y social, a través de los estudios de las neurociencias y el psicoanálisis en espe­cial el funcionamiento inconsciente, con sus múltiples y distintas funciones, sin quedarnos en la localización de una o varias funciones; más, sí, se trata de profundizar en los sistemas nervioso central, autónomo y el psíquico a través de las funciones de onda y las ordenacio­nes bioquímicas (biología molecular y programas genéticos, los neurotransmisores con sus potenciales), dentro de los microtúbulos, con sus distintas señalizaciones e interrelaciones a través de la historia de la humanidad, para arribar al funcionamiento neurocerebral y psí­quico desde la sensopercepción hasta las diferentes funciones; por ejemplo el de la atención, imaginación, la sensopercepción, la memoria, inteligencia, intuición, razón, la consciencia, la teoría de los enlaces, los mecanismos psíquicos, los sueños, la realidad interna y externa, el aprendizaje, los modos de pensar, los campos electromagnéticos, las ondas o registros ce­rebrales, la estimulación eléctrica y los registros neuropsíquicos en red, y llegar al concepto de mente, al conocimiento, al aparato mental y de pensar, a la ya denominada consciencia, la comunicación y el lenguaje y la conducta.

En la obra se trae el concepto de pensamiento cuántico el cual corresponde a las funciones de las partículas subatómicas y la interrelación de funciones de onda que se supone son las responsable de realizar integrados y engramas que producen representaciones sensoriales las cuales hacen parte de las funciones del pensar; a su vez, los “bits cuánticos”, nos permiten inferir cómo ellos son los generadores de las codificaciones, las señalizaciones y representa­ciones que llevan al pensamiento, a la palabra, a la consciencia e inconsciente y al porqué y cómo se origina. La teoría cuántica de la consciencia no goza de unanimidad en la comunidad científica y es más bien minoritaria pues todavía no hay pruebas de refutación, contrastación y/o certeza y evidencia. La interpretación clásica de la consciencia se describe como una fun­ción más, pero no llega a explicar tampoco sus enigmas, los cuales siguen en investigación a través de diferentes modelos y en distintas áreas de nuestro planeta. En la obra ya citada lo que se trata es hacer un puente conceptual científico entre cuerpo y mente a través de la interrelación de distintas disciplinas y en especial de las psiconeurociencias, la biología y la física ondulatoria y electromagnética.

De una u otra manera, filósofos y científicos lo conducen al principio de causalidad y de casualidad o del azar impredecible a través de distintos pensamientos actuales y antiguos sin descartar las teorías de la probabilidad, el método estadístico, el concepto de multideterminis­mo, a la vez que el rompimiento de paradigmas que nos permitan ir más allá de lo conocido hasta ahora.

El pensamiento científico del Siglo XXI es más de multicausalidad (11). Actualmente nos encontramos con los conceptos del premio Nobel del año 2000 Eric Kandel y sus colabo­radores y antecesores en el estudio de las neurociencias; las cuales siguen el camino de la investigación.

La evolución tuvo lugar también en la aparición y desarrollo del pensamiento, así como en la expresión verbal y gráfica del mismo, todo lo cual surgió progresivamente desde el homo erectus al sapiens y luego en la horda primitiva, especialmente debido a las potentes fuerzas de los instintos libidinales y tanáticos, los cuales se relacionan con la herencia (el código genético), la biología, la educación, la cultura y obviamente la historia.

Es importante tener en cuenta la dificultad de rastrear en forma más fidedigna el proceso evolutivo del pensamiento. Por eso Cassirer llamó al pensamiento primitivo pensamiento mitopoético y subrayó su imposibilidad de actuar analíticamente y a su necesidad de com­prender seres y cosas como unidades. Otros llamaron a este fenómeno “pensamiento mági­co”, lo que conlleva el “problema de la distinción entre religión, magia y ciencia”.

“El problema de la concepción del espacio en las culturas primitivas fue deficientemente planteado por Ernst Cassirer, quien llamó la atención sobre la imposibilidad de los primiti­vos de comprender el espacio de una forma abstracta, sistemática. Pero de ahí parece querer deducir la concreción de la representación del espacio en las culturas primitivas, lo que da lugar a un considerable malentendido (Cassirer, 1983: 76-79). La confusión proviene de no distinguir lo que son conceptos instrumentales abstractos para la medida y observación del tiempo y del espacio, y las categorías estéticas que se expresan en las obras de la literatura oral y escrita. Los primitivos carecen de conceptos instrumentales abstractos para definir el espacio-tiempo, pero utilizan categorías estéticas abstractas para expresar el espacio-tiem­po” (Beltrán Almería, 1983), (Cassirer, 1983), (La negrilla es mía), (Freud, 1921), (Sánchez Medina, G., 2002).

El problema de la mecánica cuántica radica en que no la conocemos bien pues está íntimamente determinada y relacionada con las continuas investigaciones y descubri­miento de las partículas, algunas conocidas con sus propiedades y otras desconocidas; de ahí que la presencia del “azar irreductible” se refiere al problema de la medición ya planteado (12); por ejemplo, en el caso de los electrones medidos y la posición de estos; sin embargo, hasta ahora no es posible medir con precisión la aleatoriedad, o digamos obtener el azar medible en el comportamiento del electrón; más bien es factible obtener la función de onda pues ella puede ser perfectamente determinada; es decir, al chocar los electrones contra una pantalla es cuando podemos determinar ese azar, porque toda la función de onda desaparece y el electrón se manifiesta ya como partícula y no como onda; en otras palabras, es como si la función de onda del electrón se concentrara repentinamente en un punto escogido al azar. A esta súbita concentración se le denomina colapso de la función de onda”, (13).

El sistema consciente e inconsciente, el azar, el determinismo y la física de partícu­las

Los conceptos que se refieren a la mente y al pensamiento, a sus procesos, mecanismos y sistemas funcionales que ocurren en el cerebro tienen el fin de adentrarnos al otro espacio (micro espacio) en el cual operan las partículas subatómicas las que tienen que ver con las funciones cerebrales y obviamente las mentales o psíquicas, y personalmente incluye aquí los fenómenos paranormales de la parapsicología; de ahí otra manera de conceptualizar la mente y es aquella que nos lleva a comprenderla como el conjunto de funciones cerebrales y no como una cosa inerte o algo sobrenatural que incluye el concepto del Todo Poderoso Dios; sin embargo, las funciones a que nos referimos son la consciencia y el inconsciente, el pensamiento, la memoria, la atención, la imaginación, los sentimientos, el pensamiento com­plejo y el mágico, el aprendizaje, los mecanismos psíquicos de defensa y también los sueños. Aquí debemos anotar que en todo este funcionamiento interviene la energía psíquica o mental que en psicoanálisis se denomina libido. En los mecanismos cerebrales se producen organi­zaciones moleculares a nivel de la química cuántica con sus señalizaciones e interfunciones que van a dar finalmente programas de ordenamiento los cuales emerge una decisión del ser humano para actuar con ideas, pensamientos y luego con acciones y movimientos voluntarios y aun entrar a la franja de lo involuntario de los sistemas “preconsciente e inconsciente”.

Al referirnos al “inconsciente(14) tengamos en cuenta que los diccionarios de la lengua española, lo definen por lo contrario, es decir, por “lo no consciente” o lo no llevado a la consciencia. Freud en su obra “El Inconsciente”, (1915), (Freud, 1915) lo utilizó como un “sustantivo” y también como un “adjetivo”. El inconsciente para Freud es el “representante de las pulsiones” lo que equivaldría a un límite entre lo somático y psíquico; a la vez, lo definió como derivado de un “sistema mental opuesto al de la consciencia” y como una “instancia mental”; de tal manera, le dio una “tópica” (de espacio o lugar psíquico dinámico) ubicando en este sistema todos los contenidos reprimidos, dolorosos traumáticos, negados al acceso del sistema preconsciente y consciente por la acción de la represión (primaria y secundaria). Sus características pueden referirse a los contenidos que son representantes de las pulsiones (energías psíquicas) y que son regidos por mecanismos específicos irracionales, especialmente por la condensación y el desplazamiento. Estas pulsiones buscan retornar a la consciencia y a la acción (retorno de lo reprimido), más sólo pueden encontrar acceso al “sistema preconsciente-consciente”, después de haber sido sometidas a las deformaciones de la censura o lo que llamó Freud “Superyó o consciencia moral”. Estas pulsiones conllevan deseos infantiles que son experiencias con fijaciones en el inconsciente con “una sucesión de inscripciones” de signos (codificaciones) los cuales conocemos hoy día como señalizaciones cuánticas, (15).

Por lo tanto, el inconsciente “como sustantivo es un sistema” y “como adjetivo es lo que califica el sentido estricto del contenido inconsciente del citado sistema”. Freud en su segunda postulación del inconsciente ubicó al “sistema inconsciente” en una estructura a la que denominó “Ello” (segunda tópica) y que lo diferencia de las otras instancias como ser el “Yo y el Superyó, (Ibíd.),

En estos textos se encuentra la confluencia de las neurociencias con la física y la psico­logía y su comportamiento para observar el o los fenómenos como determinantes o aleatorios (del azar) y hasta cierto punto, como es en el cerebro (SNC) en el cual se organizan para con­formar determinismos psíquicos del pensamiento, emociones o afectos y de la conducta; así se llega a la toma de decisiones simples y complejas en las cuales participa el inconsciente y el consciente, el azar enlazándose éste con el destino, y a la vez que con el determinismo psicofísico que conlleva también la necesidad, el azar determinista, el pensamiento mági­co y su opuesto el científico, tema que ya se ha desarrollado en anteriores capítulos.

Recuérdese cómo la física de partículas u ondulatoria según el pensamiento actual sería la que a través de los “bits cuánticos”, es la responsable de las codificaciones neuronales que construyen la sensopercepción, las representaciones, el pensamiento, las fantasías conscien­tes e inconscientes, los afectos o emociones entre otras funciones neuropsíquicas. Por lo tanto nos enfrentamos a cómo la mente (psiquis) es una organización bioeléctrica con potencia­les de energía y frecuencias, las cuales todavía no se han demostrado exactamente y sólo conocemos parte de sus derivados. Sin embargo, ya existen tecnologías que por medio de micro chips se manejan con el pensamiento computadores, pantallas de TV, robots, miembros artificiales (manos) a miles de kilómetros de distancia vía satelital. El sujeto con el implante de microchip envía la señal potencializada y el artefacto (mano artificial) reproduce el movimiento. Estamos no sólo en las fronteras sino en las puertas del enlace de la biología electrónica con la electrónica cuerpo-mente-artificial.

No puedo ni quiero reprimir cómo sesenta (60) años atrás, mi imaginación llegaba a plan­tear que el pensamiento era en parte una construcción (organización) de ondas no descubier­tas que operaban según en ese tiempo se pensaba; aquello ocurría semejante a las ondas de radio. Soy consciente que era sólo una fantasía (de ciencia ficción) cercana a lo que la ciencia y tecnología actual nos brindan en forma que nos asombra y maravilla. Así mismo pensaba con respecto a la telepatía; sin embargo siempre me encontré con el rechazo y la argumenta­ción psicológica, además del comentario pragmático: “demuéstrelo porque todo eso es cien­cia ficción”, y, yo en mi ignorancia me quedaba en silencio.

El tiempo ha pasado la ciencia ha avanzado, así como la tecnología, ahora se conoce la veloci­dad de la luz en el vacío, así como los conceptos de la física moderna que incluyen las radiaciones electromagnéticas y obviamente en donde operan las leyes tales como la ecuación de Maxwell (16). Aquí viene otro concepto sobre la dilatación del tiempo, de la relatividad especial, la cons­tante del tiempo observado y percibido, la velocidad del pensamiento, la radiación electro­magnética que opera como una partícula que también tiene una acción de refracción (refrac­tario) con absorción continua y emisión de fotones que componen la luz; sin embargo, existe una pregunta: “existe una velocidad más rápida que la luz como la planteada por la existencia de los denominados taquiones? ¿A qué velocidad nos referimos? ¿a la llamada velocidad agrupada o a la frontal? La primera es la que corresponde a los rayos laser que viajan a distan­cias muy cortas a través de átomos, y la frontal es igual al cuadrado de la velocidad de la luz en un espacio con materiales. Concebida así la velocidad de la luz, podríamos suponer que la energía del pensamiento (T), (K) o (P) (17) es diferente a la energía de la luz “C”. ¿Será que el transporte de T, K o P se realiza por partículas que no conocemos?, o ¿será que las conocidas (algunas de las cuánticas son las que viajan a velocidades superiores a la luz?, o ¿será que el pensamiento no viaja sino en el cerebro?, y ¿lo que suponemos que viaja y se traslada es en la imaginación, la cual ubica en milisegundos la imagen a donde se desea? Téngase en cuenta que no hay técnicas para conseguir transferir información más rápida que C., pues depende de la velocidad frontal. Es necesario incluir aquí el concepto de los túneles cuánticos por donde viaja la velocidad, fase de ondas evanescentes, las que pueden exceder a “C”. Dentro de este concepto están los efectos cuánticos los cuales pueden ser retransmitidos a velocidad mayores a “C” con acciones a distancia (18); es aquí cuando nos encontramos con el pro­blema de las velocidades de los elementos de la mecánica cuántica y el concepto de estados cuánticos de dos partículas, las cuales pueden ser enlazadas, de tal forma que una partícula arregle el estado de otra (partícula). Con esta ideación entramos a la “superposición de estados cuánticos”; por lo tanto “si las partículas son separadas y una de ellas es observada para determinar su estado cuántico, entonces el estado cuántico de la segunda partícula es determinado automáticamente”, (Mackay & Oldford, 2000), (19)


11 Véase obra citada G. Sánchez Medina, “Psicoanálisis y la teoría de la Complejidad”, 2002.
12 Ver “Cerebro-Mente” (El Pensamiento Cuántico) capítulo VII, (Sánchez Medina, G., 2009).
13 Op. cit., Sánchez Medina, G., 2009, pág. 433 y sig.
14 Los textos pertenecen al libro “Cerebro-Mente”. El Pensamiento Cuántico, 2009.
15 El Azar Determinista” (Sánchez Medina, 2011), p. 119-120
16 La ecuación de Maxwell se refiere a la velocidad “C” de la radiación electromagnética que no depende de la velocidad del objeto que emite la radiación; y, por lo tanto la luz emitida viajará a la misma velocidad que la luz proveniente de una fuente estacionaria a pesar que el color, la frecuencia, la energía y el momento de la luz cambiarán (esto es lo que se conoce como el efecto Doppler). Una persona viajando a una velocidad cercana a C (velocidad de la luz constante) se encontrará que los colores de la luz al frente se tornan azules y atrás se tornan rojos, lo que equivale a que al acercarse aparece el azul y al alejarse el rojo. (Ver: “Cerebro-Mente. El pensamiento cuántico”, pgs. 18, 211-212, 351, 371, 455, 463, 570, (Sánchez Medina, 2009).
17 La sigla K por Knowledge, o T por Though (en inglés) o P por Pensamiento.
18 La negrilla es mía.
19 Tomado “Azar Determinista” (2011), p.237-38

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