Algunas consideraciones de la teoría cuántica y el “factor Psi”

Werner Heisenberg fue uno de los pioneros de la física cuántica que se pronunció con respecto a estos temas así: “Cuando llegamos al nivel atómico, el mundo objetivo del tiempo y el espacio ya no existen, y los símbolos matemáticos de la física teórica sólo se refieren a probabilidades, no a hechos”. El físico Evan Harris Walker (1974), autor de la “Teoría cuántica de Psi” (22), (23) se hace la siguiente pregunta: “¿Podría ser “Psi” una interacción entre procesos mentales y cuánticos externos?”. Esta pregunta nos lleva a la posibilidad de interrelacionar ambos procesos y buscar una explicación a los fenómenos en cuestión y más específica dándoles funciones a las partículas subatómicas, las cuales en su ordenamiento y existencia explicarían diferentes fenómenos Psi.

En 1895 S. Freud publicó la famosa obra “Proyecto de una psicología para neurólogos”, en la cual ofrecía un modelo explicativo psiconeurofisiológico de la memoria, la percepción y la consciencia. En su modelo presentó una tesis básica sobre la concepción cuantitativa en las funciones neuronales, y a la vez cómo el sistema nervioso estaría formado por neuronas separadas a las cuales denominó a unas permeables fi (Φ, φ)y a otras las impermeables con el signo psi ψ; y a las otras neuronas de percepción les puso el signo omega (ω); las neuronas permeables supuestamente no ofrecen resistencia y no retienen (o no pertenecen a la memo­ria) y están destinadas a la percepción y las impermeables sí tienen resistencia y son retenti­vas, y son las portadoras de la memoria (según Freud). El autor escribe: “por consiguiente, desde ahora llamaré al primer sistema neurona fi (Φ, φ) y a la segunda psi (ψ)”; estas últimas serían imprescindibles pues serían las responsables de la memoria y el aprendizaje; a su vez las neuronas ω de percepción serían las responsables de la imagen productora de la consciencia; las fi (Φ, φ) permiten la descarga y las psi (ψ), como ya se anotó antes, serían los responsables de la memoria. Según el autor citado “las neuronas ‘psi’ son imprescindibles y pretendemos abarcas con ellas las características más generales de la memoria y por el grado de facilitación entre las neuronas psi (ψ)”. En la misma obra Freud hace alusión a cómo “la teoría de la memoria y la cualidad de consciencia se excluyen mutuamente en los sistemas “psi” los cuales según Freud “se identificarían con la sustancia gris del cerebro”. Karl Popper en su obra la “Lógica de la investigación científica” (1971), (Popper, 1971) trae una carta de Albert Einstein citada en el pie de página en que al final en el penúltimo párrafo escribe:

“… Puesto que una descripción completa de un estado físico tiene que ser necesa­riamente una descripción unívoca (descontando superficialidades tales como unida­des, elección de las coordenadas, etc.), no puede interpretarse la función ψ como la descripción completa de aquel estado (24) […] Naturalmente, un teórico cuántico ortodoxo dirá que no existe una descripción completa, de modo que tendremos sola­mente la descripción estadística de un agregado de sistemas, y no de un sistema. Pero, primeramente, ha de decirlo (y, en segundo término, no creo que nos contentemos duraderamente con una descripción tan vaga de la Naturaleza) […] Es de advertir que las prognosis (exactas) para el sistema B a que puedo llegar (de acuerdo con la libre elección de la forma de medir (25) A), muy bien pueden estar entre sí como lo están las mediciones de impulso y de posición. Así pues, no se puede eludir fácilmente la concepción de que el sistema B tenga un impulso y una coordenada espacial de­terminados; pues lo que puedo predecir tras haber elegido libremente [esto es, sin interferir con ello], tiene que existir, asimismo, en la realidad”. (26).

Todos estos conceptos y algunos textos aparecen también en las obras. “Cerebro Men­te. El pensamiento cuántico” (Sánchez Medina, G. 2009) y en “El azar determinista. El lazo del destino” (Sánchez Medina, G. 2011).

La memoria sería la que daría soporte al “concepto psi”, porque sin memoria no habría la “función psi” y por lo tanto aparecería siempre un “ahora” y no habría aprendizaje. Actual­mente 2012 siglo XXI pienso que no hay neuronas “psi”, lo que existen son las “funciones” de recordar lo que equivale retener información y su capacidad de reproducirla; además, depende de la cantidad Qn o magnitud omega de Freud; una es la memoria recordar y otra la capacidad de recordar con la consciencia, pero ambas confluyen en una la memoria la cual también se divide en dos la corto y largo plazo. Todo esto nos lleva a pensar en la neuropsi­cofisiología en donde interviene la física y la química ondulatoria, (27).

En 1974 la “Parapsychological Foundation de Nueva York” celebró, en Ginebra Suiza, un congreso bajo el título “Física cuántica y parapsicología”, en el que participaron personajes de renombre y en particular Hans Bender. Allí se concluyó que la función Psi desafía las le­yes mecanicistas de la física clásica, más no de las leyes indeterministas de la teoría cuántica, que no se rigen por la causalidad sino por la probabilidad, y que rompen con la imagen que teníamos del tiempo, el espacio y la masa. “Si se permite a la física cuántica violar las leyes de la naturaleza tal como fueron concebidas por los físicos clásicos, la percepción extrasen­sorial podría reclamar también el mismo derecho”. Así lo escribió Arthur Koestler en la obra “Las raíces del azar”, (Koestler, 1994).

Téngase presente que tanto los “campos psi”, los “sistemas psi”, los “fenómenos psi” pertenecen a lo que ya se ha denominado “factor psi”, lo que equivale unos y otros son los causantes de los productos psíquicos.

Como observamos la “telepatía, precognición, psicokinesis”, han llamado la atención a los físicos teóricos (los ya citados Brian Josephson, Jack Sarffati, Michael Talbot, Fritjof Capra, Hameroff, Penrose, G. Sánchez Medina, Jairo Márquez y otros; estos últimos hacen una relación entre la psiquis y el campo cuántico) concluyendo que “la mecánica cuántica es impredecible”. Aquí pienso cómo el camino de comprensión es el que se utiliza en el sentido común de los hechos, con las teorías conocidas para describir sistemas y resolver problemas de medición. El mismo Eugene Wigner piensa que es necesario buscar las respuestas en la propia consciencia y “es imposible dar una definición exacta de los fenómenos atómicos sin hacer referencia a la consciencia”, (Roldan, 2006). El físico Helmut Schmidt empleando “generadores de sucesos aleatorios” basados en la desintegración radiactiva del estroncio-90, ha permitido detectar una aparente vinculación entre “el fenómeno Psi y el cuántico”. Se conoce a la vez que la idea de la “psicokinesis” actúa solamente en procesos aleatorios. Aquí nos encontramos con la llamada por los físicos “paradoja EPR(28) (Einsten, Podolsky, Rosen) según la cual dos partículas elementales que han estado alguna vez correlaciona­das formando un único sistema aunque sean separadas, mantendrán una conexión no causal y seguirán transfiriendo información en forma instantánea, (Einstein, Podolsky, & Rosen, 1935).

Cuando nos referimos a los “citrones o mindones” del astrónomo Firsoff y del matemático Dobbs, se estaba haciendo una “conexión de las velocidades hiperlumínicas de los taquio­nes”, que podrían traspasar las barreras del tiempo y explicar los fenómenos de precognición. Relacionando otros fenómenos, teorías, hechos nos encontramos con la “mente holográfica”, el universo cuántico y el fenómeno Psi, a la vez que con lo extra témporo espacial en donde operaria la información paranormal y se establecería la cognición entre el campo Psi y el universo atómico cuántico; para ello habría un nivel de realidad, de interconexión y de orden (de la física teórica de David Bohm).

David Bohm, físico experto en la teoría cuántica, colega de Einstein en Princeton, fue un revolucionario con sus postulados, en la mitad del Siglo XX, los cuales plantearon la realidad fenomenológica psíquica con las explicaciones de la naturaleza del mundo cuántico para integrar la consciencia en una unidad de “energía mente y materia”. En el año 1952 planteó la teoría de las “variables ocultas” en torno al fenómeno de la consciencia como una pro­puesta ontológica; más adelante apareció su pensamiento del “orden implicado” (implícito) y “explicado” (explícito) como una unidad conexa con la realidad de los fenómenos físicos, biológicos y psíquicos; de ahí una unidad ontológica o una totalidad implícita y explícita; Bohm planteó el determinismo versus la mecánica clásica con causalidad y casualidad. Así mismo elaboró los conceptos de espacio de fases, y cómo no era necesario “precisar las con­diciones físicas de un sistema para conocer su comportamiento futuro” (Béjar, 2007). Sin embargo se afirmó en la “mecánica estadística” para predecir la evolución de los sistemas y la causalidad de la física cuántica. Sus escritos están conformes a las doctrinas de Bohr y se distanció de alguna manera de las interpretaciones de Copenhague acerca de la “función de onda” de un sistema cuántico; sin embargo, concibiendo el “salto cuántico”, éste último sistema (cuántico) es legítimo describirlo estadísticamente a partir de la función de onda y a partir del salto cuántico.

Por lo tanto el uso estadístico implícito en la cuántica de Bohr, incluye las variables ocul­tas, (29). A la vez, Bohm fue un determinista (relación causa-efecto) quien requería predecir el fenómeno a partir de la función de onda que en la práctica era imposible; más en realidad los resultados estadísticos generan validez para llegar a una totalidad y orden implícito, y así a una construcción y estructura ontológica; el mismo. Bohm se refirió a los fenómenos como estructura con sus órdenes explícitos e implícitos predeterminados por el proceso an­tropomorfo; por lo tanto, la realidad explícita e implícita es la existencia promovidas por las energías, movimientos de las masas que en el hombre tienen su dimensión psíquica; de tal manera Bohm, unió el pensamiento a la consciencia y estas dos a la concepción de mente como un sustrato en donde se construye o elaboran las funciones en los órganos físicos y sistemas psíquicos. Las funciones a su vez se manifiestan en sensopercepciones, representa­ciones conscientes e inconscientes, para llegar al pensamiento consciente y a la consciencia; todo esto significa que pensamos lo que percibimos o lo contrario las percepciones crea las representaciones que van a formar el pensamiento; y, la consciencia sería el producto de las funciones mentales con la proyecciones de la pantalla de la consciencia. Bohm acepta la mente y la energía cósmica, que emerge del orden explícito psicobiofísico en el origen del ser material y psíquico, en su individualidad con la necesidad y capacidad de reacción con los otros colectivo; la capacidad es implícita y explícita y real por que todos nos comunicamos a nivel inconsciente; esa sería una inferencia y deducción que se realiza en este momento, concibiendo todos los postulados de Bohm, el cual a la vez integra el espíritu cósmico en la dinámica causal del orden físico y lo ontológico, el cual repitámoslo una vez más, estaría dado por la totalidad de la materia-energía consciente, la cual tiene un orden en sus escrituras. A todas estas la consciencia sería un fenómeno emergente y el cerebro una estructura material suceptible de generar funciones.

En toda la teoría de Bohm cabe la experiencia intersubjetiva consciente, la experiencia mística como una acción directa de la mente cósmica sobre una mente individual, aún cons­ciente de que no existe una prueba experimental de esa teoría más sí una tentativa teórica explicativa con posibilidades de diálogos entre una y otras disciplinas (Béjar, 2007).

No se entienda que las interpretaciones de los hechos o fenómenos paranormales que se realizan, valiéndose del comportamiento de la física cuántica, sea un reflujo explicativo de lo que no se conoce y porque sirve o es útil para explicar en forma lógica los hechos, lo cual equivaldría a un simple reduccionismo y/o extrapolación de modelos; estos últimos argu­mentos invalidarían el modelo explicativo. Ocurre, como se deja ver en otros textos, que las investigaciones de la física ondulatoria, requieren más pruebas de contrastación y refutación para validar el comportamiento de las partículas elementales en el o los procesos de codifica­ciones, de los “bits cuánticos” en el sistema neuropsíquico. Es factible que en algunos años se puedan probar los postulados de Bohm, Bohr, Evans, Harris, Walker y los ya mencionados en párrafos anterior, en los que se incluyen a un curioso médico psiquiatra psicoanalista, quien se preocupa por estudiar el comportamiento cuántico en el macro y microcosmos antropológico y se atreve a exponer sus inquietudes en estos textos.

Otras consideraciones con respecto al orden

Cuando hablamos de orden lo hacemos a la relación entre dos o más objetos y a la noción de “constancia uniforme”, conforme a una determinada regla, cuya ecuación común se refiere a todos los puntos y es siempre regular, con posibilidad de expresar de un modo general y constante una relación cualquiera. Se puede distinguir tres acciones específicas del orden: se­rial, total y de grado o nivel; la primera “serial”, (o causal) es propio de la “relación de antes y después”, la cual hace referencia al espacio y al tiempo, al movimiento, a la potencia o a la disposición; el orden causal determinante puede estar sin el efecto, pero el efecto no puede estar sin la causa, y una cosa puede adquirir un determinado lugar, puesto que en el tiempo solo ocurre a condición de presuponer en él un estado anterior físico, geométrico, automático, vital o deseado. El orden causal es serial, por comparación de cosas que se colocan una con respecto a la otra o siguen una a la otra; es un “concepto formal de naturaleza” que los mate­máticos ubican en conjuntos ordenados. El segundo el “orden total”, consiste en la disposi­ción recíproca de las partes. Si el orden serial es causal, el orden total es esencialmente final y vital. El tercer tipo de concepto de orden es el de grado o nivel que tiene una jerarquía misma; es simplemente el grado, el plano o el nivel de un orden total.

Dentro de esta concepción filosófica del orden, se ubicaría la teoría de Bohm y así podríamos comprender el orden gigantesco universal u holográfico multidimensional en donde pasado presente y futuro existen simultáneamente y en el que operan las partícu­las cuánticas en el cerebro interno y obviamente en el producto mental produciendo ór­denes naturales, normales metanormales o paranormales, y a la vez órdenes múltiples. Téngase en cuenta que todo orden implica una interrelación y un contacto de lo particular con lo general. A su vez, dentro de esta contextualización, podemos ubicar distintos fenómenos y hechos psíquicos (Psi, Pk) (30) y la comprensión total de la mente. He aquí la relación de niveles, ordenes, interconexiones cuánticas, y aún de modelos de comprensión desde la fí­sica moderna, la biología molecular, los conceptos témporo-espaciales de la física moderna, los campos morfogenéticos (CM) que serían regiones no materiales de influencia que actúan a través del tiempo y el espacio en “procesos resonantes mórficos” y que producen los ya ubicados dentro de esa temática, los fenómenos “psí”, que para algunos son teóricamente imposibles y para otros son probabilísticos, dentro de la interrelación cerebro mente, con las nuevas perspectivas.

A través de los tiempos el concepto de orden ha sido conectado con la témporo espaciali­dad y obviamente con el movimiento, para integrarlo entre un (os) mecanismo (s); así surgió el orden mecánico postulado por Copérnico, Galileo y Newton, al cual le sucedió la teoría de la relatividad de Einstein; sin embargo, la percepción de diferencias y de similitudes nos llevaron a pensar en diferentes agrupaciones y a los conceptos dinámicos que crean unos nue­vos órdenes. En el campo psíquico ocurre algo semejante entre el orden y el desorden

Si pensamos, en todos los sistemas de funcionamiento mental, con sus distintas funciones, podemos entenderlos y analogarlos a los que el hombre mismo ha construido mecánicamente (computadores); de tal forma el computador fue construido por otro “computador humano”, el cual es otro sistema entre tantos que calcula, que asocia, or­dena y que piensa (31). Lo importante es entender como estos sistemas abiertos son “vi­vos”; con esta palabra “vivos”, quiero significar que tienen la capacidad de cambiar en su desarrollo y proceso; es decir, que lo vivo pertenece a un proceso evolutivo e involu­tivo, y en cambio lo mecánico ya está procesado, y hace parte de la estructura en donde se realiza el proceso. Lo mecánico de por sí es estático, con posibilidad de movimiento producido por un factor externo, y está dado para un funcionamiento de posibilidades prefijas y estructuradas en el movimiento preprogramado con límites definidos.

De todo esto podemos ver cómo los sistemas vivos tienen la capacidad de cambiar, de modificar, de evolucionar e involucionar dentro de los límites de la programación, por lo dado en el ser vivo. Los “programas” mentales pueden cambiarse desde adentro, sin ninguna intervención externa y sin programas prefijados o al menos conocidos por la conciencia, y, de esta manera, el “cambio” puede realizarse dentro de “sí mismo”, si se le presta la ayuda facilitando la ordenación. La capacidad de cambiar también puede estar programada en diferentes direcciones, todo lo cual nos lleva a pensar, como ya lo enuncié, en las analogías y diferencias de los sistemas mecánicos y vitales.

El cambio en los sistemas psíquicos, implica un movimiento de posiciones y de procesos psicológicos, lo que significa, que es necesario tocar vívidamente dentro de sí mismo, lo que se hace en el proceso analítico, en la relación transferencia-contratrans­ferencia. De este modo, los sistemas estructurados pueden cambiar y abrir una nueva posibilidad para otro funcionamiento y otro orden; en otras palabras, se liberan los ca­nales, se realizan las conexiones y asociaciones, y las funciones donde son posibles las acciones, lo que significa liberarse del conflicto (cargas, contracargas; afectos, emocio­nes). Esta explicación, nos abre la posibilidad de la comprensión de las funciones nor­males y de las disfunciones y toda la psicopatología o psicopatografía. Darles nombre a los impulsos no modifica ni cambia el impulso, pues este tiene que modificarse cam­biando la relación vincular con el objeto o el fin que tiene con el mismo. Entendamos que un desorden psíquico implica un orden psicopatológico al cual le damos nombre, (o lo nominamos o denominamos) para identificarlo. Lo que ocurre en las terapias es darnos la posibilidad de sacar al paciente de su orden patológico y no dejarlo que aquel se sistematice, y más bien llevarlo a través de estados de desorden a un orden más co­herente con la realidad. Esta es una paradoja, más cuando todos y siempre, estamos sujetos a la función del orden y al desorden y al nuevo orden. He ahí la teoría de la complejidad y caos, y de la física, pero asociado a toda la cosmovisión. Es cuestión de una (s) posición (es) de funcionamiento. El aparato psíquico siempre está en movimien­to continuo y a la vez buscando organizaciones en sus funciones, sistemas, procesos, estructuras, desarrollos y por lo tanto hechos psíquicos. Estos hechos lo estudian el “Nuevo Modelo de Diganósticos Mentales”. (Sánchez Medina, G. 1995).


22 La sigla “Psi” viene de “Psiquis”, la sigla “PK” se refiere a la “Psicokinesis
23 La teoría cuántica “Psi” o “TPsi C” se refiere a la interacción de la teoría cuántica (de partículas) en las funciones y procesos psíquicos. El fenómeno “Psi” y cuántico: explica la relación de Psi y fenómenos normales y paranormales. Aquí se conjugan los fenómenos: “Psi y el cuántico”. El de “campo” “Psi”: es el espacio en donde operan los fenómenos e interacciones. “Función” “Psi”: se refiere dentro de este contexto, a la “percepción extrasensorial” (PE).
24 La negrilla es mía.
25 La negrilla es mía; la hago para subrayar el concepto e indicar, cómo si existe “libre elección de la forma de medir”, ya está sesgada la medición y así el resultado.
26 Nótese cómo aparecen en los textos los siguientes términos: fenómeno psi (ψ), teoría cuántica psi (Tc ψ), campos psi (ψ), neuronas psi (ψ), sistemas psi (ψ). Estos términos han sido utilizados por distintos autores y la sigla psi (ψ) se utiliza para denominar y significar la psiquis; a la vez el sistema de enumeración griega de un valor de 700 que se simboliza con psi; así, psicología y matemáticas también son representados con este signo “psi”, en esta última Schrödinger en su ecuación la utiliza como función de onda.
27 Ver obra “Cerebro Mente. El pensamiento cuántico”, (2009)
28 Paradoja “EPR”: se le denomina paradoja por las siglas de los autores Einstein, Podolsky y Rosen.
29 Niels Henrik David Bohr (1985-1962). Nació en Copenhague Dinamarca, fue un físico que realizó con­tribuciones fundamentales para entendimiento de la estructura atómica y la mecánica cuántica. En 1992 fue premio nobel de física. En 1943 en la Segunda Guerra Mundial escapó a Suecia para evitar arresto por la poli­cía alemana; de Suecia pasó a Londres y de Londres a Estados Unidos apoyó a desarrollar las armas atómicas en el proyecto Manhattan EN los Álamos. El modelo atómico de Bohr 1913 incluyó la teorías de las órbitas cuantificadas la cual consiste en las características en torno al núcleo atómico, a los números de los electrones de cada órbita que aumenta del interior al exterior (por ejemplo, hidrógeno, oxígeno, carbono). En su teoría de la gota líquida explicaba las desintegraciones nucleares y la gran capacidad de fisión del isótopo del Urano 275. En sus debates con Einstein aplicó principios filosóficos, en relación a la física cuántica no compartida completamente por Albert Einstein el cual se acercaba a la mecánica clásica. Se habla de los pares indetermi­nables de Bohr frente a los pares predeterminados de Einstein. Extrapolándose en los distintos criterios.
Bohr determinó la validez e invalidez de las leyes de la relatividad en el mundo subatómico de la física cuántica; Einstein postulaba que el universo material era local y real y nada podría separar la velocidad de la luz; y, además lo real apuntaba a que las cosas existen en una sola forma definida temporo-espacialmente determinada. Bohr por el contrario hablaba del a función de onda de las partículas subatómicas y al estado de superposición de la misma; por ejemplo, dos electrones podrían estar en dos estados opuestos y extre­madamente alejados a la vez, y lo que ocurre con uno en un determinado punto, es experimentado por el otro, al otro extremo del universo. He ahí también el concepto de universos paralelos, las probabilidades, el
acto y el momento de observación; en el mundo subatómico, las cosas pueden ser reales y se presenta en un estado específico en una temporo espacialidad específica; aquí es cuando Einstein pronuncio la frase: “Dios no juega a los dados” y Bohr: “Einstein deja de decirle a Dios que hacer con sus dados”. Sugiero al lector para mayor información revisar el capítulo séptimo física clásica y cuántica de la obra “Cerebro Mente. El pensamiento cuántico”, 2009, en que se traen pormenorizadamente los conceptos de Einstein, Bohr, Bohn Schrödinger y las conceptualizaciones de las partículas cuánticas. Los últimos años Niels Bohr los dedicó, no solamente a la investigación nuclear en CERN, sino al estudio de átomos para la paz y a la prohibición de armas nucleares.
30 Psi: Proceso y fenómeno Psi: se relaciona también con los fenómenos paranormales (Fp) o la percepción paranormal (Pp). Pk: Psicokinesis
31 Este “pensar” está discutido en la obra del autor: “Cerebro-Mente” (El pensamiento Cuántico), Ed. Car­graphics, (Sánchez Medina, G., 2009).

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