El psicoanálisis y los procesos de cambio y el orden

Por otra parte, los modelos por sí mismos, no son siempre un instrumento de ex­plicación para todos los fenómenos. Más aún, las interpretaciones o explicaciones que puedan provenir de los modelos, no modifican los procesos psicopatológicos. Lo que se modifica es la reorganización de las funciones y dinamismos psíquicos, la cual se establece debido al cambio fijado interiormente por un nuevo orden.

Freud, con el modelo estructural del Yo, introdujo otro instrumento explicativo, y también descubrió un nuevo hecho científico, que le permitió la comprensión clínica, y la reorganización de los datos obtenidos en ella, lo que lo llevó a utilizarlo en el método terapéutico interpretativo, para establecer un nuevo punto de vista mental, una nueva organización, y así permitir un nuevo descubrimiento.

Desde el punto de vista metodológico, las observaciones de los fenómenos de los modelos y conceptos, tienen sus problemas y sus límites; la misma metodología con la epistemología, estudia la ciencia de los modelos y de los métodos.

El primer aspecto a considerar en los cambios clínicos, es la observación del proce­so de desarrollo, y de las nuevas organizaciones; el segundo paso es la planeación y la ordenación de lo observado; el tercero, es el proceso de asimilación de lo encontrado y comprendido, y el cuarto, la apertura y la validación de los cambios observados.

El modelo estructural del Yo freudiano contempla el sentimiento, la sensopercep­ción, el pensamiento, la memoria, las decisiones y el aprendizaje entre otras funciones. El Yo dentro de este modelo obviamente limita, en un abstracto con el Ello (como es­tructura); sin embargo, este límite no es tajante; no hay una línea divisoria exacta, sino una interrelación entre las dos estructuras a través de fenómenos y mecanismos que se interrelacionan. Por ejemplo, cuando un conflicto se manifiesta, tanto los impulsos pro­venientes del Ello (instintos), como los objetos dentro del Yo, están manifestándose en el conflicto, al tiempo que con las fuerzas represoras provenientes del Súper Yo o cons­ciencia moral; de esa manera la interrelación de las estructuras siempre está presente. El Ello por sí solo, como lo anota Freud, no se observa sino por sus derivados.

Haciendo abstracción y síntesis de toda la teoría freudiana, entendamos que Freud, construyó un sistema multimodal, basado en diferentes aspectos o modos de contemplar los fenómenos psicológicos, entendiéndolo en su funcionamiento como sistemas y es­tructuras que se diseñan y se construyen con una arquitectura especial. Esta arquitectura (32) es la del aparato mental, de tal manera, que una estructura o sistema, influye u opera en el otro interrelacionándose en ecosistemas dinámicos y aun con cierta autorregula­ción y organización (33), y por lo tanto con un orden.

Estas regulaciones que hace el aparato psíquico pertenecen a tendencias u “ordena­ciones”; es así como las entidades psicopatológicas pertenecen a “ordenaciones men­tales” las cuales se detectan, describen, entienden y clasifican y a la vez se explican a través de psicodinamismos específicos. Es así como “creamos órdenes”. La misma lógica matemática opera en el cerebro y es otro tipo de ordenación para pensar y para formular nuestros pensamientos en palabras. En la psicolingüística observamos el orden de sujeto, objeto y verbo. En la naturaleza en general y específicamente en la biología y en la física vemos el orden, (el orden atómico y subatómico), el molecular, el celular, el sistémico y el intersistémico y así sucesivamente. De la misma manera encontramos el orden en el átomo. Recordemos las células hexagonales de Bernard, los hexágonos de la concha de caracol o de las tortugas, las ordenaciones en las manchas de la piel simétricas de las cebras. Toda la naturaleza tiene un orden; existe una varie­dad de fenómenos explicados y percibidos en donde hay orden implícito (implicado) producido por la entropía (34); a la vez, observamos el orden generativo que siguen patrones de adición cada vez más pequeños hasta llegar al orden fractal. Recordemos el orden musical y saltemos al orden de las fuerzas gravitacionales, electromagnéticas y nucleares en los que aparecen movimientos que aparentemente son fortuitos pero que tienen un orden determinado y que llega a ser matemático. La teoría matemática del caos propone que el azar no existe y que el caos no es más que un tipo de orden de grado infinito, sin embargo, siempre con la tendencia al orden para encontrar una uni­dad. Todos estos pensamientos están planteados en los capítulos de las obras: “Cerebro Mente. El pensamiento cuántico” (Sánchez Medina, G. 2009, y “El azar determinista. El lazo del destino”, (Sánchez Medina, G. 2011).

En realidad no hay orden espacio temporal fijo continuo porque todo cambia. El físico David Bohm discípulo del novel Niels Bohr propuso que todo lo que ocurre tiene un orden determinado al cual se le denomina “orden implícito o implicado” que “va más allá de las leyes probabilísticas, que rigen el comportamiento cuántico de las partículas, y afecta incluso a las propias leyes que tendrían; así también se halla, un orden de grado infinito (del orden súper implicado)” (Bohm, 1998). Estas ideas ya fue­ron expuestas anteriormente.

Estos conceptos van más allá de las interpretaciones de la teoría cuántica y se de­nominan “interpretación causal de la teoría cuántica” y como lo indica Bohm “no hay cabida para este tipo de órdenes en el marco de las nociones normalmente aceptadas por la física, la química, la biología y otras ciencias. Así, cualquiera podría ser la base de un orden de éste tipo en los procesos naturales sería aprendido por las concepciones actuales como falta total de orden”, (Bohm, 1998).

De otra parte, existen la variedad de fenómenos, explicados, percibidos en los que subyacen un orden implícito, escondido e incluido (explícito o manifiesto); por ejemplo, la entropía, la llamada estabilidad de Bernard. Existe otro orden, “el generativo”, como el de los fractales que aparecen en la naturaleza (como los copos de nieves, en las montañas, en las nubes, en la copa de los árboles, o forma de los continentes). Cuando nos referimos al orden explicado lo hacemos a un fenómeno que puede aparecer en cierta posición y momento y después desaparecer. Esto pertenece al fenómeno u orden implicado o implícito. Las mismas partículas cuánticas podríamos decir que no exis­ten y ser solamente ondas percibidas como partículas; sin embargo, introducimos otra dimensión, otro orden subyacente, el “orden implicado” que nos permite darlo con la ecuación de Schrödinger. En realidad las partículas son estructuras dinámicas que se interrelacionan con el todo (átomo-núcleo) y se desenvuelven y envuelven con una concepción holística. Todo esto está postulado por Bohm y él mismo se refiere a tres órdenes implicados o a tres niveles; ese concepto surge de la filosofía que ya se men­cionó sobre el orden serial, el total y el de niveles o el de grados. ¿Qué sería este orden de niveles? La respuesta surge en la explicación analógica de un juego de ordenador; el ordenador tiene un orden implícito (implicado) que produce imágenes en pantalla (otro orden implícito), y el jugador tiene un orden implicado o implícito que interpreta las instrucciones al ordenador (software), el que vuelve a producir imágenes diferentes.

De todo esto podemos concluir como ya se enunció, que el pensamiento es el pro­ducto de un orden implícito, así como los sentimientos, las percepciones y las con­ductas lo son. De tal manera, la relación cerebro mente tiene un orden no solamente en el primero (cerebro), sino en el segundo (mente) con su producto mental psíquico (35). A su vez, así concebimos la inteligencia como la búsqueda de órdenes, de comprensión y de solución y así también de nuevos órdenes, los cuales pueden producir una crea­ción. Todo esto está entendido por la biología bajo el nombre de “campos mórficos” enunciados por Sheldrake (ya mencionado). Los mismos vedas, hindúes lo concibieron como un orden “maya”, “el tao” como “un equilibrio” (el karma hindú como principio y fin, cualidad esencial del ser y ciencia de Dios, o el Nirvana, o paraíso cielo (36), el cual lo toma en el Siglo XX Fritjof Capra en su libro “El tao (ying yang) de la física”, (Capra, 2000), en el cual se habla de una energía que baja del espacio exterior en que las partículas son creadas y destruidas con un pulso rítmico; y, Kant lo menciona como un “fenómeno”; a su vez J. H Hinton lo enuncia como una “cuarta dimensión”. Es, en suma, el fenómeno explicado o el orden implicado o explícito. Aquí recordemos nuevamente cómo las partículas pueden estar en dos lugares al mismo tiempo y sería el observador quien podría decidir exactamente en cuál de los dos lugares está, o en ambos a la vez (de tal forma entraríamos en el fenómeno sintópico) o de dos cuerpos a la vez en el espacio. Estas conceptualizaciones provenientes de la física cuántica nos llevan a un mundo distinto y diferente, en que para cualquier lector desprevenido puede tener diferentes planos de conocimiento como el de ser irreal, ilusorio, contradictorio, absurdo, ilógico y para otros se entraría en el mundo del “más allá”, o “el espiritual”, o el “filosófico”, o “metapsicológico”, o el “místico o el hetéreo”, o el mágico y así entrar en una dimensión “más allá” de lo comprensible con una explicación en donde se incluye el misterio del todo o del creador o de lo agnóstico.

Desde el punto de vista psicoanalítico o psicodinámico un punto más que deseo traer es con respecto al movimiento, al ritmo, a los ciclos, al orden en la técnica psicoanalítica; por ejemplo, el mismo encuadre o reglas a seguir en el tratamiento tiene un orden témporo espa­cial y de procedimiento (horario, lugar, silla o silla-diván, asociación libre, interpretación, y otras reglas); dentro de estas se encuentran otros órdenes; por ejemplo, el tono que se produce de acuerdo con el movimiento, ritmo, frecuencia y tiempo de la voz con que se emite el soni­do de la palabra, tanto del analizado como del analista.

Las palabras, el discurso independiente de su integración gramatical (que es otro orden), tienen una fonética propia, individual y característica de modos de ser, sentir, decir, según la intencionalidad y afecto o ánimo que exista en el momento (tiempo) en que se habla; cada sujeto tiene un modo y un estilo de hablar, con ritmo, intensidad, aguda, grave o semi-aguda-grave, con su tono. En ellos está implícito y conlleva la energía, la fuerza, el ánimo o emoción en la misma pronunciación y articulación tónica del fonema; el segundo, la forma gramatical del discurso, que puede ser claro, confuso, disgregado, armónico y aun poético o metafórico; uno y otro se unen en las palabras y oraciones; de ahí que nos podamos referir a la sintonía, distonía, atonía, hiper o hipotonía, de las asociaciones del analizado y de las interpretaciones del analista; el primero puede estar hablando en un tono y sintiendo otro o viceversa; lo que esperamos en la técnica psicoanalítica es que el paciente pueda ser sintónico con él mismo, con su “self” e identidad; que su Yo parlante emita los sonidos de acuerdo con la tonalidad emocional interna que vive; por su parte, es necesario que el analista haga lo mismo, no sin ignorar la individualidad o particularidad tónica emocional de cada cual en su identidad.

Es necesario mencionar la existencia de tonos paralelos, similares entre los sujetos (entre analista terapeuta y analizado paciente), porque las modulaciones tienen que ser sintónica o sincrónicas en determinado momento del proceso para que la interpretación se convierta en mutativa; la misma musicoterapia lo plantea con lo que se denomina el Principio de ISO (o sea el arquetipo sonoro infantil con el cual el terapeuta se comunica muy primitivamente con su paciente). Este dato aparece en la obra de Roland Benenzon (Benenzon, 1997).

En psicoanálisis una misma interpretación suele formularse con “diferentes tonos” en dis­tintos momentos de la situación analítica; el tono varía de acuerdo con el momento de la relación “T-C” (37), o de la sola contratransferencia. Una interpretación puede conllevar en el solo “tono” (inflexión de la voz) el sentido y significado de la misma, dándole la direc­ción deseada; es posible que se llegue a lo que denominamos “profundo”’ y así el analizado sentirse “tocado” emocionalmente o “integrado” en sus afectos, pues el analista “tocó” la nota (“vibró”) e hizo vibrar interiormente el “ser” del analizado; de tal manera se hicieron (analista y analizado) sintónicos y sincrónicos, con la posibilidad de mutación o de cambio, asimetría-simetría y movimiento de una posición o sistema a otro; he ahí cierto grado de armonía e integración. Es de sentido común que una misma palabra pueda contener distintas intencionalidades y connotaciones; por ejemplo, cuando decimos: “su mamá”, si acentuamos la última “a”, con una intensidad mayor o menor, o si el acento se hace en las dos “a”, o si es en la “m”, o sólo el acento se realiza en la partícula “su”. La sola pronunciación del sonido de una consonante o vocal por ejemplo “a…” o el fonema, “ma…” corto o prolongado, pueden ser parte o la totalidad de una interpretación, pues es posible que conlleve en ese momento del tiempo analítico de la pareja, un sentido y significado inconscientes. Por esta razón una interpretación puede ser mutativa, connotativa, acusatoria, persecutoria o simplemente infor­mativa, de acuerdo con la fonética que se use. Sin embargo, no siempre la sintonía y sincronía de la pareja (paciente-terapéuta) analítica se pueden dar; todos los momentos no son iguales; aún más, aunque son operativas y necesarias la sintonía y la sincronía, también se requiere no permanecer en ellas, pues se corre el peligro de caer en la misma tonalidad (o podríamos decir, “tocar la misma música, cantar y bailar al son..de ella” sin permitir el cambio); por el contrario, pienso que en el psicoanálisis sí tenemos que pasar desde lo asintónico, distónico a la sintonía y sincronía, pero no quedarnos en ellas sino volvermos atónicos, distónicos y acrónicos o discrónicos de acuerdo con “el momento”, “el tiempo y orden” emocional que se requiere”; de esa manera facilitaremos igualmente la posibilidad de cambio de la perspectiva interna. He ahí el comportamiento del orden para un cambio positivo o negativo; he aquí la semejanza con al reversiónde la perspectiva del psicoanálisis.

De esto se concluye cuán importante es tener en cuenta lo expuesto para la formulación de la misma interpretación, sin caer en el estudio compulsivo fonético de la modulación de la voz para el mismo fin. Todos en un momento u otro no estamos exentos de modular con un orden, de acuerdo con nuestras contrarresistencias o contratransferencias concordantes y complementarias, y así formular las interpretaciones con las consecuencias inherentes a la modulación; lo importante es conocer nuestros movimientos y tiempos (orden) que nos llevan a la modulación de la voz y de las palabras en el discurso de la interpretación.

El terapeuta receptor emisor o transmisor de interpretaciones transforma con estas últimas y con su actitud general receptora y con el tono de su voz los objetos malos proyectados y ubicados dentro de él. La transformación se refiere a cómo el psicoanalista modifica inter­namente esa persecución y la devuelve metabolizada en la forma de hablar, en o con el tono de las palabras; es de esa manera como el analizado puede sentirse unido o reunido con lo interno integrado con las ondas sonoras y “las oscilaciones eléctricas” (Racker de G., 1957) devueltas del terapeuta y sentidas en forma “bella”; de tal manera el objeto bueno se con­sidera bello y el malo, feo; el analizado siente que le devuelven también la posibilidad del sentido- latente del objeto bueno y su relación con las palabras; en tal forma se reconstruye, se repara, se recrea y se crea un nuevo orden psico-emocional; he aquí también como opera el orden implícito y explícito y la comunicacióndual pensamiento-terapeuta; algunos de estos textos aparecen en las obras del autor: “Tiempo, espacio y psicoanálisis” (Sánchez Medina, 1987) y “Técnica y Clínica Psicoanalítica”, (Sánchez Medina, G. 1994).

El terapeuta analista, al interpretar con su tono está comunicando y le devuelve el objeto madre-padre transformado, lo hace con o dentro del sentido latente del analizado; sin embar­go, no hay que caer en la “magia de las palabras” y en solo en la “cura por la armonía” o en el arrullo, en el “encanto mágico” en el que se puede negar el conflicto. El paciente analizado, por lo demás, tendrá que enfrentarse a desencantos o desarmonías y a su, propio dolor, pero con la posibilidad de otra nueva témporo-espacialidad, movimiento y tonalidad, no sin olvi­dar que hay un límite en todos ellos. En todo ese pasar del desorden-orden al cambio participa un azar y un determinismo con la paradoja analítica en la cual el paciente acude para mejorar (cambios) pero se resiste a él, más cuando lleva un orden preestablecido.

Todo lo expuesto anteriormente (como lo temporo-espacial, el tono, lo sincrónico, el or­den, la armonía en general) también opera en las relaciones vinculares de la vida cotidiana desde la primera infancia, y, más adelante, se repetirá de alguna forma en el trato con los de­más. Aquí es importante tener en cuenta que en las acciones de los fenómenos paranormales de la parapsicología no solo opera la fe, la creencia, los prejuicios, la superstición, sino este tipo de intercomunicaciones para conseguir un cambio y un orden diferente, la más de los veces positivo que ponga, como ya se ha explicitado, en armonía, equilibrio en la naturaleza del ser que acude a esos medios. Además los postulados explicaciones de la física ondula­toria deben interrelacionarse o aplicarse a todos los otros fenómenos para psíquicos; de tal manera se pueden entender dese otras perspectiva lejos del pensamiento mágico-omnipotente sobrenatural.


32 La “arquitectura”, según el Diccionario de la Lengua, se define “como el arte o ciencia de construir”; aquí dentro de este contexto se entendería como la construcción psíquica ordenada determinada por la propia naturaleza, la que tiene patrones de organización biológica y psicológica.
33 La autorregulación y auto organización que se da lejos del equilibrio, puede conectarse de alguna mane­ra, con los denominados “medios autónomos” del Yo, base filogenética de los mecanismos de defensa; sin embargo, este ‘termino es más de la teoría de sistemas con sus redes no lineales, lo que determina o puede convertirse en el denominado “bucle de retroalimentación”, ligados al patrón de la red. Estos conceptos provienen de las investigaciones de los últimos 25 años, en el campo de la cibernética, y por lo tanto de la ­energía – mental (físico-química, de la biología molecular, y termodinámica) y por todos los científicos de vanguardia.
34 Tanto lo explícito e implícito pueden coexistir y presentarse al mismo tiempo, lo que ocurre es que los primeros son evidentes y los segundos se requiere develarlos.
35 Así mismo existe el “orden numérico”, natural, biológico y fisiológico, geológico, físico-químico-eléctrico, atómico, gravitacional, electromagnético y cosmológico, en una interrelación dinámica cambiante.
36 Ver cap. X, El cielo, de esta obra.
37 T-C: Transferencia-contratransferencia.

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