El orden de la naturaleza y las imágenes armónicas

Campos morfogenéticos

¿Qué produce la armonía que se establece en la naturaleza? La simple respuesta podría iniciarse con la comprensión de los sistemas complejos y caóticos y el principio de orden y desorden, ya planteados. El japonés Masaru Emoto graduado en “medicina alternativa” reali­zó estudios sobre el “holismo del agua”, es decir cómo se forman distintas clases de cristales dependiendo de palabras, sonidos, imágenes o sentimientos a las que se expone. Este profe­sional trató de demostrar cómo el efecto de estas vibraciones modifica la estructura molecular especialmente en la del agua.

El experimento consistió en que colocó agua entre dos altavoces que emitían sonidos y después de algún tiempo congeló el agua y fotografío los cristales que se formaron; los soni­dos fueron de la música de Bach y los comparó con sonidos de “heavy me­tal”; más adelante hizo lo mismo pero sin parlantes sino con pensamientos hacia una botella con agua estancada y sucia, y, pidió a los participantes del experimento que se concentraran en un mismo pensamiento “ahora el agua es pura”; otro experimento fue inves­tigar el agua después de un terremoto y luego someterla a acciones positivas armónicas o con palabras que sugerían algo sublime o lo contrario palabras negativas, destructoras o de odio; el resultado fue que la molécula del agua traía imágenes en el cristal muy distintas, las positivas eran más armónicas y las negativas desarmónicas (inarmónica). Emoto ha tenido grandes críticas por no aplicar suficientes controles a sus experimentos, a la vez de no compartir detalles con la comunidad científica y diseñar sus experimentos sin contemplar el error humano. Emoto prefiere la creatividad de los fotógrafos al rigor experimental y no se considera científico; los fotógrafos son instruidos para obtener fotografías placenteras. Esto se concluye que no hay evidencia de esos cambios a través de las ondas sonoras o del pensamiento y palabras positivas. Sin embargo, es mejor dejar las puertas abiertas a investi­gaciones exhaustivas con modelos y técnicas de experimentación más fidedignas que puedan llegar a demostrar este planteamiento que tiene una raíz de credibilidad en la propia armonía de la naturaleza. Personalmente, además de lo expuesto, pienso que las armonías externas (estímulos) tocan los desórdenes o desarmonías internas a distintos niveles (respuestas) y producen reacciones que pueden llevarnos a cambios o reordenaciones psico-emocionales internos. En la obra “Duelo, música y poesía” (en preparación) se tratará más específicamente este tema, haciendo alusión a las notas del pentagrama (vibraciones) que resuenan en nuestro aparato neuropsíquico para producir estados mentales distintos y entre ellos los armónicos. Recuérdese aquí cómo la música gregoriana nos lleva a lo espiritual, la marcial a los estados de alerta, la de Beethoven y de Wagner y otros a lo heroico y la popular está de acuerdo con cada cultura y sus órdenes correspondientes.

Cristales del agua
Figura 91 Cristales del agua. Emoto prefiere la creatividad de los fotógrafos al rigor experimental y no se considera cien­tífico; los fotógrafos son instruidos para obtener fotografías placenteras. Esto se concluye que no hay evidencia de esos cambios a través de las ondas sonoras o del pensamiento y palabras positivas. Ref: tomado de https://www.muscaria.com/agua_cur.htm

Desde la filosofía de la historia y desde ella misma, así como en las teorías científicas, en la física, la química hasta la psicodinamia, la biología están presentes el orden; y. entendamos que en él está implícita la mecánica cuántica; sin embargo, todavía no existe una teoría capaz de explicar los efectos cuánticos específicos y como operan psíquicamente; por ejem­plo: cómo, dónde y cuáles son las moléculas y átomos en qué lugares del átomo o molécula se codifican las señales cuánticas para producir las funciones de la fantasía o el pensamiento o sentimientos, deseos y necesidades específicos (no se incluya aquí las áreas del cerebro emo­cional, más sí las funciones específicas que supuestamente están programadas en circuitos cerebrales; además no conocemos las funciones específicas de los movimientos cuánticos, y cuáles son los que intervienen en una u otra forma, incluyendo aquí el almacenamiento de información, el transporte y la integración de la misma. Aceptemos cómo en general que esta es una de las fronteras científicas a traspasar para llegar al conocimiento de ese infinito mundo cuántico que opera aquí ahora y a la vez operó en el pasado; no sabemos tampoco que residuos quedan en nuestro conocimiento que sean útiles para conocer la realidad. Aquí podemos incluir todo lo espiritual y lo que se denomina el más allá.

El científico Alain Aspect en 1982 confirmó la teoría cuántica con dos posibilidades: “la realidad objetiva no existe y no tiene sentido que hablemos de cosas u objetos dotados de existencia real alguna por encima y más allá de la mente de un observador o bien es posi­ble comunicarse con el futuro y con el pasado a una velocidad superior a la luz”, (Alastair, 1986). Esta comunicación en que se puede romper la barrera de la velocidad de la luz, y nos introduce al concepto ya expuesto anteriormente sobre los taquiones y otros vocablos que se refieren a la función Psi y la física o comportamiento de las partículas cuánticas.

Volviendo a David Bohm, el físico inglés, “sostuvo que las operaciones del mundo atómi­co solo tienen sentido si suponemos la existencia de otras dimensiones más complejas, más allá de las que no son propias”, (Bejar, 2007). Así llegamos a como existen fenómenos no comprendidos aún que se le han dado diferentes explicaciones. Las mismas leyes de la física nos sitúan en dos escuelas de pensamiento, las que nos conducen al cálculo estadístico y las que conllevan a las cuatro fuerzas físicas (gravitacional, electromagnética, nuclear fuer­te y débil que también conllevan el orden), que son reales pero que todavía no nos dan todas las explicaciones de todos los fenómenos especialmente de los psíquicos. La física cuántica, tan de moda en esta época, está más bien fuera del conocimiento estadístico más no puede apartarse del conocimiento de las ecuaciones algebraicas, surgiendo preguntas y hechos di­fíciles de interpretar; por ejemplo, la capacidad de las partículas subatómicas para existir, en más de un lugar al mismo tiempo, como el fotón que tiene la probabilidad que incida en un sitio u otro, sin embargo, necesita del observador que la perciba y la conozca. Es así como la conciencia podría ser no solamente humana, sino cósmica que equivaldría a la armonía orga­nizada por el orden de la sensopercepción del (os) aparato (s) que permitan integrar estímulos o señales. Esto último equivale a que él o los universos podrían tener sus organizaciones (en el orden cósmico) con funciones integrativas de y para la información que por ahora, para el común de las personas, sólo es una fantasía, una idea de ciencia ficción y por lo tanto, no existe y por lo tanto no se conoce.

Volviendo a la física, los físicos llaman al “átomo inestable positronio” a aquel que “con­siste en un solo electrón combinado con un positrón (antipartícula del electrón), el cual tiene una inestabilidad, y los dos positronio y electrón se aniquilan recíprocamente, y el átomo se desintegran en dos fotones que viajan en direcciones opuestas. Lo característico es que la desintegración aparece cuando se los mira, porque se comprueban que los dos fotones po­seen idénticos ángulos de polarización; la polarización a su vez, es la orientación espacial que sigue una onda luminosa al alejarse de su fuente” (Alastair, 1986); he ahí una realidad perceptiva de acuerdo con el ángulo de polarización.

Aquí surge un problema; si la “incertidumbre del quantum no permite determinar la pola­rización de un fotón, ésta puede ser establecida midiendo la polarización del otro fotón; por lo tanto se puede obtener simultáneamente los datos de un solo fotón y el principio de incer­tidumbre de Heisenberg quedaría violado”, (Alastair, 1986). Bohr hace una réplica diciendo que el error cometido por Einsten, Podolsky, Rosen (EPR) era “suponer que los sistemas existen objetivamente y que es válido hablar de la colaboración de cualquier fotón determi­nado como existe antes de su medición”; Bohr sostuvo que “en el nivel cuántico la realidad es intrínsecamente borrosa y un ángulo de colaboración preciso para un fotón determinado no existe hasta que ha entrado un observador humano”, (Alastair, 1986). La incertidumbre del quantum se conserva porque no hay manera de saber en qué forma la ejecución de la medi­ción con un fotón ha perturbado el conjunto del sistema. Efectuar una medición distinta en el segundo fotón, puede aportar dos fragmentos de información, pero puede no ser válido para el mismo fotón. Por lo tanto Bohr tenía razón, si “la realidad subatómica era irreductible… ca­recería de sentido hablar de la existencia de un ángulo de polarización específica”. “Supon­gamos que un átomo de positronio se ha desintegrado y, en vez de efectuar inmediatamente una medición, se permite que un fotón viaje hasta el extremo de la galaxia mientras el otro fotón viaja hasta el otro extremo; en ambos extremos se han preparado laboratorios, y cuan­do uno de los fotones llega a la estación receptora, se efectúa una medición, y se establece que el segundo fotón tiene un ángulo de polarización idéntico; equivaldría a significar que el primer fotón comunicó instantáneamente el ángulo a su fotón gemelo o viceversa”, (Alastair, 1986). He aquí también el fenómeno denominado “salto cuántico”; cuando una (s) partícula (s) se desplaza (n) de manera instantánea. ¿Estaremos aquí ante el fenómeno del azar? La respuesta puede ser afirmativa; a la vez esto lo podemos relacionar con el pensamiento y/o la imaginación, cuando instantáneamente en nuestra mente nos trasladamos a años luz. Cual­quiera diría que es solo un fenómeno de nuestra imaginación y pensamiento; obviamente esto es cierto, porque nuestro yo corporal concreto sólo se mueve para pensar e imaginar, pero el macro-cuerpo está estático en relación a puntos de referencia específicos; porque tengamos en cuenta que el cuerpo (yo corporal) en el estado de posición de reposo siempre se está mo­viendo externamente de acuerdo a las rotaciones de la tierra alrededor del sol, alrededor de su propio eje, en el balanceo y a través de toda la galaxia y la galaxia a su vez en el espacio sideral macroscópico y en el micro universo atómico de partículas o de materia-energía-luz.

A pesar de que esta realidad ocurre, pensemos cómo desde una estación transmisora de televisión se ponen en acción las imágenes que no son otra cosa que ondas transmitidas a través de estaciones intermedias; por ejemplo, vía satélite, y ellas son recibidas, (captadas) y transformadas en imágenes tri o bidimensionales, holográficamente; tanto transmisor como receptor están en capacidad de funcionar de acuerdo con sus mecanismos transfiriendo la imagen (visual-acústica) a miles de kilómetros en segundos; esto ocurre gracias a la tecno­logía del Siglo XX; ahora (en el siglo XXI), faltan tecnologías que lo hagan utilizando los aparatos mentales, buscando técnicamente programas por ahora desconocidos. ¿Esto será una ilusión como lo fueron otros aparatos de la realidad? o ¿será lo mismo que ocurrió más de 6.000 años atrás cuando el color violeta no era captado por el hombre (por los receptores) porque no estaba adaptado para percibir ese color? La respuesta la dará los propios hechos de la historia. Lo real y actual es que sí tenemos una historia de hechos o fenómenos psíquicos, los cuales pueden prevalecer; sin embargo, no tenemos estadísticas y menos diseños de los campos cuánticos psíquicos en los cuales se pone en acción la “función psi”.

Sin embargo, la comunicación instantánea supondría la posibilidad real de enviar señales al futuro y al pasado, lo cual implicaría toda suerte de paradojas en la naturaleza. Einstein concluyó que, en consecuencia, “la teoría cuántica es incompatible con toda idea razonable de la realidad, y, por lo tanto es incompleta”; (Alastair, 1986); sin embargo nuevas investiga­ciones podrán confirmar la cuasi instantaneidad por la velocidad de las partículas cuánticas.

El físico americano de Princeton, David Bohm aceptaba las conclusiones de Bohr sobre el “nivel cuántico indeterminado” y envió a Einstein sus postulados contradiciendo los de Bohr y haciendo objeciones de la paradoja EPR, teoría que no podía explicarse. Einstein invitó a Bohm a un diálogo y terminaron con la hipótesis sobre las “variables ocultas” que expli­carían las misteriosas conexiones entre las partículas subatómicas, así como los nexos entre los dos fotones emitidos al desintegrarse el átomo del positronio (38). Téngame en cuenta que Bohm “nunca se propuso establecer un principio de certeza para el mundo cuántico” y asu­mió que las variables ocultas, si en verdad existen, lo hacen a un nivel más allá de la realidad que se manifiesta en la incertidumbre cuántica y en las correlaciones entre partículas las cua­les, para él, deberían ser partícipes de un proceso de transmisión de señales más rápido que la luz, más allá del quantum, (39). A este orden Bohm le denominó “orden explicado (explícito), o implicado (implícito)” ya mencionados en otra parte.

Uno de los ejemplos a toda esta postulación es el que describe el ejemplo del pez en una pecera y dos cámaras receptoras de la imagen para ser proyectada en la televisión, pero que no captan al pez, porque el enfoque no les permite ese acercamiento; entonces se podría decir que “no existe el pez por qué no se ve”; o “simplemente no se ve”; sin embargo, el observador común y corriente lo está detectando y las imágenes de la pantalla de la televisión son real­mente proyecciones bidimensionales de una realidad tridimensional; de igual manera, ocurre con los fotones y el experimento EPR (40). A todo esto Bohm se pronuncia cómo nuestro propio mundo tridimensional, es por lo tanto, la proyección de una realidad multidimensio­nal aún más elaborada y con una resolución. El mismo autor sugiere que la naturaleza del quantum puede explicar también otros enigmas; por ejemplo, en el “experimento de la doble ranura, cuando un fotón parece pasar por las dos ranuras al mismo tiempo, esto confunde nuestra comprensión del mundo basada en el sentido común, porque insistimos en pensar que el fotón posee una sola localización en el espacio y en el tiempo”, (Béjar, 2007); sin embargo, “si Bohm está en lo cierto, esto no es lo que sucede puesto que en ciertas circunstancias, la proyección tridimensional del fotón puede dar la impresión de que posee una localización específica; pero en realidad el fotón es la proyección de una realidad única y más altamente dimensional, no se encuentra rígidamente confinado a las reglas de nuestro universo tridi­mensional”, (Béjar, 2007).

De esto podemos concluir una conexión entre el observador y lo observado que está im­plícito en las formulaciones cuánticas; además, muchas observaciones son meras ilusiones de orden implícito, implicado y explicado. Así las partículas cuánticas serían proyecciones de una realidad más profunda, y, si la teoría de Bohm es correcta, significaría que todo en el universo está interconectado y como él mismo lo dice: “todo interpreta todo”.


38 El positronio (Ps) es un sistema cuasiestable formado por un electrón y su antipartícula, el positrón, unidos formando un átomo exótico. La órbita de ambas partículas y los niveles energéticos son similares al del áto­mo de hidrógeno (formado por un protón y un electrón). Pero debido a la diferente masa reducida del sistema, las frecuencias asociadas a las líneas espectrales son menos de la mitad que en el hidrógeno. “El positronio se desintegra con una probabilidad igual a la de la superposición de las funciones de onda. Este fenómeno se denomina aniquilación […] La aniquilación del positronio puede tener lugar a través de un proceso de emisión de dos fotones” (Ferrer Soria, 2003)
39 “Hace muy poco se aceptaban dos postulados sin ponerlos en duda: A) nada puede superar a la velocidad de la Luz, Einstein; B) El principio de incertidumbre en donde se originan de la probabilidad es real y es un hecho concreto, y por otra parte se postuló la existencia de la función Psi y se ponen en duda los otros principios A y B antes mencionados; uno se pregunta: si A puede aceptarse la idea opuesta a la de Einstein sobre la velocidad de la luz y aceptarse que ciertas condiciones pueden dar origen a esa ‘nueva verdad’ y B el principio de Heisenberg puede ser violado en ciertas condiciones. Estén esas dos condiciones demos­tradas (científicamente son más bien elucubraciones sin fundamentos); y, además: la función Psi es una especulación o es una realidad”, (De Francisco, 2012).
40 EPR: Einstein, Podosky, Rosen

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