Conexiones teóricas con los fenómenos mentales

¿Cómo podemos realizar las conexiones de todas estas formulaciones teóricas con los fenómenos mentales? La respuesta reside en que Bohm formula la interconexión de una partícula con otra y así lo entendemos; de tal manera el cerebro mismo es un sistema de interconexión interno y externo dentro de sí mismo con el exterior y el universo entero. Aquí viene lo postulado por Descartes, quien estableció la diferencia entre consciencia y materia que son precisamente lo mismo que Bohm señala entre “el orden implicado (implícito) y el orden explicado (explícito)”, (41). Así también se puede conectar esto con lo postulado por Karl Pribram (de la Universidad de Stanford) sobre el modelo holográfico de la consciencia; dentro de esta concepción, la memoria no aparece localizada en ningún área particular o cé­lula individual del cerebro y sí parece distribuirse en la totalidad del cerebro; aquí personal­mente pienso que este postulado es parcial, porque si bien estas funciones pueden repartirse en todo el cerebro, así están las moléculas y así están los centros de las distintas funciones. A esto Pribram lo relacionó con los daños cerebrales parciales que no impiden a las personas ejecutar funciones controladas por las partes faltantes; así se trata de probar el modelo holo­gráfico; sin embargo, esto no es válido porque conocemos muy bien que el cerebro tiene la función de la plasticidad y de la compensación en pequeñas áreas para sustituir las funciones. El problema “cerebro-mente” sigue en pie y lo que nos permite hacer el puente y la conexión, son la concepción de las funciones de las longitudes de onda de la física cuántica, lo que no significa que debamos apartarnos del campo de la biología molecular y de toda la neurofisio­logía y también de la neuropsicodinámica. No se entiendan todas estas postulaciones como realidades comprobadas o corroboradas sino más bien como probabilidades teóricas que nos dan explicación a múltiples fenómenos por ahora incógnitos que requieren mayores investi­gaciones, pero al mismo tiempo se necesitan plantear estas reflexiones que pueden servir de base para las investigaciones posteriores. Parte de los textos provienen de la obra del autor “Cerebro Mente. El pensamiento cuántico”, (2009).

De una u otra manera, todos los científicos, físicos, químicos proponen la existencia de una nueva clase de campo, de nuevas fuerzas, de nuevas dimensiones, más allá de lo simple clásico u ortodoxo y sí de algo complejo pero que pertenece a los campos psico-físico, quími­co y eléctrico; de ahí todo el modelo morfogenético (morfogénesis, viene de la palabra griega “marfe” forma y de génesis nacimiento).

Múltiples preguntas surgen en todos estos textos, por ejemplo, ¿cómo la molécula del agua (H2O) se forma? ¿“conociendo”, reconociendo o uniéndose por la acción de la atrac­ción de cargas en las órbitas de electrones del oxígeno incluyéndose el electrón del hidróge­no? (contando con que los electrones tienen carga negativa y atraen a la carga positiva que se encuentran en los protones del núcleo); o la pregunta: ¿cómo una célula cardiaca conoce o lee en el ADN la información para llegar a su sitio? Este problema es de la morfogénesis y está ya planteado en textos del año 2009 (42). De la misma manera, está la regulación o capa­cidad para regular su propio diseño, el futuro y dentro de este concepto el equilibrio y el orden intracelular y extracelular que debe haber.

Finalmente téngase en cuenta los conceptos sobre las relaciones de la morfogénesis con la generación para reemplazar o restaurar partes dañadas y así tener la conservación de la totalidad o por lo contrario llegar a la apoptosis y a la necrosis, por daños irreversibles o simplemente a la terminación del ciclo vital, por carencia de telómeros y telomerasa del cromosoma 14. Todas estas características pertenecen a los campos morfogenéticos (CM) de la naturaleza, los cuales corresponden a cantidades matemáticas y sus resonancias mórficas que afectan hábitos y conductas o fenómenos y hechos los cuales en la biología, pueden inter­pretarse como reacciones de las organizaciones y órdenes genéticos. Conocemos hoy en día cómo estas organizaciones y órdenes se establecen también en la resonancia del aprendizaje y de la misma manera podría interpretarse a nivel cosmológico. Este último aspecto no puede ser generalizado pero tampoco ignorado. En nuestro sistema terrestre cada cuerpo y cada especie han tenido su espacio, campo y resonancia (M). He aquí la “hipótesis de la causación formativa”.

¿Qué relación o similitud teórica tendría este concepto de “orden implicado” y la “teoría del campo M” de Sheldrake? La respuesta de Bohm fue: “la principal diferencia reside en que el orden implicado es más general. No existe una teoría morfogenética, pero puede ser­vir de marco para una explicación de ella”. Aquí otra pregunta: ¿qué determina la forma? La respuesta puede partir de que se debe al control del “campo M” o del orden implicado; sin embargo, estos dos conceptos no lo explican todo, más cuando los mismos no tienen su explicación causal explícita; conocemos sí cómo la repetición de formas parece facilitar la reproducción de las mismas; sin embargo, puede que las condiciones externas determinen la nueva forma y la reproducción o réplica y repetición formal. Estas teorías de los “campos y resonancias M” podrían darse como explicación, más no son del todo satisfactorias.

Cuando nos referimos a la “consciencia y a los campos y resonancia M”, nos acercamos al problema de la consciencia misma como función mediadora entre el cuerpo físico y sus campos M; lo que sí conocemos es que el cerebro es sintónico dentro de “sí mismo” con sus propios estados anteriores y sus interfunciones; es decir, funciona como un sistema de sin­tonización y sincronización. Esto puede ser otra especulación lógica. Es así como podemos concluir que hay diferentes propuestas que parten de lo físico a lo psíquico y aún metafísico pasando por lo matemático, para concebir el mundo. De tal manera existe la posibilidad de que la física cuántica podría estar dirigiendo una ciencia de la psiquis sin que esto le reste parte a la matemática, a la biología molecular y a toda la neurofisiología. Esperamos que las nuevas tecnologías que se desarrollan en el Siglo XXI, a partir de todas estas teorías, abran caminos para descubrir las incertidumbres en el puente entre cerebro-mente, hecho que por años se estudia y discute.

Así como Alexis Carrel, médico biólogo, investigador francés, premio Nobel de Medicina en 1912, escribiera el libro “La incógnita del hombre” (Carrel, 1943) (43) en el primer cuatrie­nio del Siglo XX, en el año 1955 el que escribe estas líneas publicó “La incógnita del genio” (refiriéndome a A. Einstein); en 1984 se publicó el libro de quien escribe “La incógnita de los sueños”, y hoy en la segunda década del siglo XXI tenemos que referirnos a “La incóg­nita del cerebro”. Miles de años han transcurrido y no se ha podido todavía llegar a una conclusión definitiva sobre la conexión definitiva cerebro-mente. Todos estos textos tienen esa intensión a través del estudio multidisciplinario, de las diversas y complejas funciones cerebrales y mentales psicodinámicas pasando por las neurofisiológicas las cuales se inicia­ron básicamente con los estudios del neurólogo Santiago Ramón y Cajal Junquera, al cual ya nos referimos en la obra “Cerebro-Mente. El pensamiento cuántico”, (2009), para arribar a las funciones y conexiones sinápticas, los neurotransmisores, así como a la interrelación del sistema nervioso central (corteza, tálamo, hipotálamo, sistema límbico, cerebelo, sistema nervioso autónomo, bulbo raquídeo, medula espinal con sus actividades electroquímicas y re­gistros, a la vez con las sustancias neuroreguladoras). El debate cerebro-mente sigue intenso entre neurofisiólogos, neurolingüístas, psicólogos, neurofisiólogos, psicoanalistas, filósofos, por que el producto cerebral mental pertenece a mecanismos muy complejos en que se inte­rrelacionan distintas funciones y capacidades.

De una u otra manera todos llegamos al campo de la consciencia y del inconsciente, de la “consciencia traspersonal” y del “inconsciente colectivo”, de la actividad mental que se inicia en la vida fetal, y, solo conocemos que termina cuando el hombre hace un paro cerebral; sin embargo, nos queda la incógnita del más allá (de lo no conocido) con el funcionamiento de la conexión cuántica, con las partículas elementales, que pueden seguir cierta organización por un tiempo desconocido, aparte de la integración total del Yo corporal, (44). Es así como el hombre ha llegado a pensar en la “consciencia universal” y en el “universo mental”, los cuales nos llevan a paradigmas no muy científicos pero apasionantes; sin embargo, el pro­ceso de conocimiento, la curiosidad y los cuestionamientos enigmáticos y difíciles siguen inquietándonos para determinarlos con el conocimiento certero sin caer en las elaboraciones teóricas reduccionistas. Así se llega a una indeterminación y a una incertidumbre en y con la posibilidad del conocimiento; téngase en cuenta cómo algunos se pronuncian en que nunca será posible conocer los subproductos cerebrales más allá de lo físico conocido, puesto que es inútil ir más allá de lo conocido con suposiciones. Sin embargo, siguen las preguntas que asombran y nos ponen frente a frente (confrontan), ponen el dedo en el punto álgido del: “yo con yo” y “yo con cada uno de los otros” (el universo) ; ahí viene la duda, la confusión, las especulaciones, el supuesto biocomputador, el concepto de ecuación cerebro-mente con todos sus algoritmos y su producto con los fenómenos paranormales con la visión remota o proyec­ción extracorporea, las experiencias cercanas a la muerte, a la consciencia, en las fronteras del espacio y tiempo, a la consciencia social colectiva, a lo traspersonal universal y a las teorías de las interacciones dualistas.

Si bien algunas veces el hombre ha querido renunciar (con la cienciología) a las concep­ciones biológicas evolucionistas, al concepto de desarrollo y de todas las funciones mentales, a la relación mente creatividad y singularidad psíquica; es así como se encuentra con eviden­cias científicas. Conocemos también a través del concepto de evolución, el desarrollo de la consciencia y de la misma biología, así como de la equivalencia e igualdad o alternancia entre materia y energía.

Si volvemos al concepto localizacionista, surge la pregunta y ¿en qué parte del cerebro está la psiquis? Esta pregunta y su respuesta ya explicitada en la obra “Cerebro-Mente”, (2009), se responde que: en ningún lugar específico está la mente, sino mas bien en toda la organización de la “unidad funcional cerebro-mente”; sin embargo, conocemos que existe un “cerebro emocional” que tiene sus bases en el hipocampo, el sistema límbico, hipotálamo, la corteza cerebral y el sistema nervioso autónomo cuyos mecanismos fueron evolucionando a través del tiempo de una especie a otra. Tengamos en cuenta que todas esas áreas y sistemas se interrelacionan. El mismo Freud fue quien introdujo el concepto del mundo inconsciente y lo relacionó con los deseos, los miedos con los sentimientos e instintos o pulsiones que se originan en el Yo corporal y la energía psíquica libidinal. Así mismo Carl Gustav Jung consi­deró el “inconsciente colectivo” con un sustrato psíquico universal el cual tiene sus arquetipos comunes en todas las culturas; aquellos se han manifestado en diferentes épocas a través de las religiones, la mitología, el esoterismo, los sueños y el arte. El mismo Jung escribe: “he elegido la expresión ‘colectivo’ porque este inconsciente no es de naturaleza individual sino general, es decir, que en contraste con la psiquis individual tiene contenidos y modos de comportamiento que son los mismos en todas las partes y en todos los individuos”, (Jung, 2002). Esta aseveración es muy lógica; he aquí también el concepto de unidad en el “todo colectivo”, de la misma manera como nuestro planeta tierra no es el único en el sistemas ga­lácticos de la “vía láctea”, ni el único en los sistemas de nuestras galaxias algo conocidas y así sucesivamente con otras galaxias cercanas o lejanas. Si bien estos conceptos son lógicos y aun pertenecen también al cálculo de probabilidades, hay que probarlo, corroborando los hechos con pruebas irrefutables.


41 “Para Descartes era la distinción entre lo material (res extensa) y lo espiritual o no material, el pen­samiento (res cogitans); etc., a su vez, era igual a la consciencia que le permite afirmar que existe”, (De Francisco, 2012).
42 Ver “Cerebro Mente. El pensamiento cuántico”, (2009).
43 Primera Edición en 1933 “L’home inconnu”. Traducido al inglés “The unknown man” y al español cote­jado con la versión francesa, con el nombre: “La incógnita del hombre”, publicado el 15 de agosto de 1943, edición Diana S.A. México
44 “Aquí se está planteando la ‘incógnita del más allá’: (de lo no conocido)’ si nos colocamos en el terreno de lo material, sin aceptar lo sobrenatural de las religiones, el párrafo en su totalidad tiene sentido, pero esto no es así, si se quiere admitir una realidad inmaterial después de la muerte como lo considera el cristianismo y las postulaciones de hinduistas y budistas sobre la existencia del nirvana que en realidad viene a ser la nada; aquí hay algo paradójico cuando se admiten como existencia la existencia de la nada; la paradoja no existe para esas religiones orientales, pero sí existiría para el cristianismo que obviamente la excluye. Tal vez no sea igual para el islam que admite la existencia de un más allá material, con fuentes azules, huríes, etc. En este caso al dejarse este tema como la incógnita del más allá y su importante frase de lo no conocido, se subraya tu posición agnóstica”. (De. Francisco, 2012)

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