De lo cosmológico a lo ontológico

Para entender esta conceptualización podríamos utilizar nuevamente los conceptos de la física cuántica u ondulatoria con los cuales podemos ubicar la ubicación de las codificaciones de la información del inconsciente colectivo y aún realizando otra elucubración conectando el inconsciente colectivo presente temporo espacialmente con el presente en otras dimensiones (universos paralelos) y los conceptos de la teoría de las cuerdas y la temporo espacialidad a través de los gusanos cósmicos.

A través de todos estos textos de la física nos encontramos con los cuatro principios bási­cos (fuerzas): gravitatoria, electromagnética, nucleares fuerte y débil y con ellas los concep­tos de tiempo-espacio, longitud, volumen, masas, temperatura, energía, potencial, frecuencia, movimiento que han estado presentes en toda la eternidad; con ellos se construyeron los mo­delos cosmológicos y ontológicos para comprender los orígenes de la materia y antimateria, de la física de partículas, de la teoría de la gran unificación, del universo inflacionario, del o los big bang (s), los agujeros negros, y de gusano, todas las radiaciones, las relaciones entre la edad del universo y la constante de Hobble, la desviación estándar, los elementos básicos, la constante cosmológica de Einstein, el imperfecto conocimiento de cómo combinar la relativi­dad general con la teoría cuántica, las ideas sobre cuerdas cósmicas, los universos paralelos, el grado de oscuridad que tiene la materia, el universo primitivo, los conceptos de Newton a Einstein y de Einstein a la actualidad, la reacción de cuerpo negro, los diferentes campos.

Todos estos conceptos tienen la connotación de movimiento cosmológico y ontológico y en este último el movimiento psíquico con todas sus conformaciones y funciones, que esta­blecen un orden y un desorden y viceversa. Cada uno de estos conceptos puede desarrollarse uno a uno, más el lector podrá consultarlos en las diferentes obras en especial el de la física y también el de la psicología profunda o psicoanálisis y obviamente en la psicología cognitiva y conductual.

El neurofisiólogo Karl Pribram y el bioquímico Ruper Sheldrake sugirieron por los años 70 que el cerebro opera semejante a una unidad holográfica cuyas funciones son de una mul­tiplicidad de funciones que como ya se menciona en otra parte, se ordenan. Es así como surge una nueva ciencia cuya causación es interfuncional e inherente a toda la estructura de la na­turaleza. El físico David Bonh a este respecto se pronuncia, como se cita en otra parte, con lo que él llama “el orden implicado” (implícito) en los campos morfogenéticos que actúan más allá de los conceptos de espacio-tiempo conocidos comúnmente, (Bonh, 1998). El bioquímico ya mencionado Sheldrake postula la teoría de cómo los recuerdos no necesariamente están al­macenados en el interior del cerebro sino que ocurre por una “resonancia mórfica de estados anteriores”. Es así como Pribam, Sheldrake, Freud, Jung, Bonh, confluyen en el “concepto de fenómenos fronterizos de la mente” que los catalogamos como “paranormales”. Para Pri­ban la percepción extrasensorial, la telepatía, la visión remota, y la psicoquinesis, pertenecen a otra dimensión que no podemos entender con nuestra manera corriente de la concepción lógica conocida; de ahí que Sheldrake aparece con la “hipótesis de la causación formativa”, como un puente entre la ciencia y los fenómenos parapsicológicos entre los cuales él incluye la “retrocognición, la sincronicidad (45), la clarividencia”, fenómenos que han sido ubicados dentro de pseudocientíficos y especulaciones obviamente no certeras y menos verificables, lejos de la ciencia, (Pribram & Martín Ramirez, 1980), (Sheldrake, 1990).

Aquí surgen otras preguntas: ¿existe en realidad y con evidencia las facultades llamadas extrasensoriales? ¿Existe la energía psíquica que ejerce una acción sobre la materia?, ¿En realidad podemos aceptar que existe la llamada ciencia de la parapsicología? La respuesta podemos iniciarla con los planteamientos de William Crookes (Premio Nobel de física) y Charles Richet (Premio Nobel de medicina) quienes se pronuncian sobre cómo esos fenóme­nos tienen un origen psíquico. El filósofo Frederic Myers postuló en 1895 la hipótesis del “Yo subliminal”; es decir un nivel psíquico distinto. De todo esto surgió el fenómeno psi” el cual fue tomado por el biólogo matemático Joseph Rhine para ser un estudio estadístico y medir las capacidades psíquicas y apareció el término percepción extrasensorial (ESP) y la psico­kinesis (PK); así surgió la parapsicología la cual ha ido avanzando en el conocimiento de las facultades latentes produciendo así fenómenos paranormales. Unos y otros finalmente llegan a lo concreto que es el cerebro y específicamente al lóbulo temporal. En 1985 este último autor intentó hallar una respuesta física todavía no aprobada y es de cómo el oxígeno de las neuronas talámicas del cerebro desencadena los fenómenos paranormales. Stanley Krippner en 1978, se pronunció en el sentido de que no haría falta que se recurriera a modelos explica­torios basados en campos energéticos para explicar los fenómenos paranormales ESP y PK. Hasta la actualidad 2014 no hay ningún modelo probatorio para explicar la comunicación telepática de la comunicación extrasensorial, de las premoniciones y solo nos queda pensar en lo que se postula en las obras que denomino “Cerebro Mente. El pensamiento cuántico”, (Sánchez Medina, G. et. al., 2009) y “El azar determinista. El lazo del destino”, (Sánchez Medina, G., 2011) y en Persinger & Krippner, 1989. Lo que significa que tiene una explica­ción de todos esos fenómenos a través de la física cuántica.

Aquí podemos llegar a la pregunta de si ¿no estaremos en el campo de la racionalización explicativa para así entrar a la justificación y generalización ubicando lo incógnito en el conocimiento parcial e investigativo de la física cuántica? De tal manera, se cierra y reduce el cuestionamiento científico; los críticos y estudiosos podrán colaborar para salir de este círculo posiblemente reduccionista, como ocurre con el manejo conceptual de Dios y/o de las partículas elementales denominadas Boson de Higgs o de Dios

A estas alturas me pregunto si ¿la consciencia es una unión de multiplicidad de funcio­nes? y ¿puede aquella localizarse en un tiempo y en un espacio? Las respuestas devienen ambiguas más cuando utilizamos los conceptos de témporo espacialidad; al hacerlo estamos dándole a la consciencia un espacio y a la vez unas cualidades dentro de aquel como si la consciencia fuera un objeto tridimensional; de la misma manera ocurren con el tiempo y así con la témporo espacialidad. Si rompemos estos conceptos témporo-espaciales y concebimos a la consciencia dentro de niveles distintos en que los límites no son externos sino internos; es decir, el límite de la consciencia sería la capacidad que tiene aquella de imaginar y repre­sentar, etc.; y, otra sería la capacidad de la imaginación y representación al proyectarse en el exterior y viajar hasta el infinito, más allá de la velocidad de la luz; por ejemplo, si en este momento percibimos con un telescopio la constelación de Andrómeda, lo hacemos instantá­neamente en microsegundos y de alguna manera estamos trasladándonos imaginariamente a esos espacios siderales; es así como podríamos “viajar” virtualmente con la capacidad mental del cerebro imaginativo.

Otro aspecto sería el estado de consciencia y la capacidad de la misma para imaginar o no con sus límites; por ejemplo, hay días en que somos más imaginativos, creativos, más rápidos en nuestras asociaciones, en la lectura, en la comprensión, etc., y lo que se llama más lúcidos (es decir, vemos o pensamos más en todo sentido); aquí estamos refiriéndonos a estados de consciencia. Dentro de este contexto estaría la capacidad de comunicación de una persona con otra a distancia corta o muy lejana; es así como llegamos a la “psicología llamada tras­personal(46), con sus movimientos específicos. Es así como cruzamos distintos umbrales de diferentes campos de la consciencia, de la persona, de los espacios o dimensiones. “Acaso esos fenómenos, escasos, existen sin duda alguna, sin conocer cuáles son los mecanismos íntimos que los producen”, (De Francisco, 2012)

Cuando en líneas anteriores nos referíamos a la física cuántica lo hacemos también a las partículas llamadas elementales y al principio de indeterminación. Es así como el premio Nobel de física Brian Josephson aplicó las leyes cuánticas a la explicación de los fenómenos Psi (Garrido, 2013). Aquí podemos dejar atrás lo que se llama la ciencia pura y dura, y el mundo mecanicista y reduccionista; y, aún más, podemos entrar a una visión orgánica, ho­lística, unitaria, multidimensional del hombre en el cosmos; ese sujeto obviamente no sería el único en aquel (cosmos) sino uno más que siente, percibe, piensa, actúa, experimenta y va más allá con capacidad de estados elevados de la conciencia, a ese ser lo llamamos hombre. A este respecto el físico teórico Fritjof Capra se pronunció cuestionando las limitaciones que tiene el hombre cuando se sujeta solamente a lo conocido tecnológicamente.

De una u otra manera, nos encontramos con el mundo imaginario, con la imagen de re­sultados múltiples entre ellas la Psi (ψ) la cual es equivalente al sistema Freudiano Cc., Pcc., Inc. (47). Así abrimos la ventana a ese mundo inconsciente con posibilidad de volverlo preconsciente y consciente. Lo importante a tener en cuenta es no confundir imaginación con fantasía o lo contrario salirse de lo que conocemos en la psicología cognitiva y el psicoanálisis y así entrar a lo esotérico haciendo elucubraciones sobre las vibraciones y ca­pacidades de la energía fotónica lumínica con la divinidad creadora ubicando esta en aquella; a la vez tampoco caer imaginativamente en las “revelaciones extraterrestres” como ficción o en que esos estados especiales de consciencia son parte de la energía universal que se consigue a través de la meditación proveniente del Yoga, o pensar en que solo el “fenómeno Psi” es consecuencia de un control yoico de la consciencia para dominar la ley de atracción y repulsión, y más bien ser reflexivo, sin ese conflicto entre fuerzas y dejarse ir regresivamente para quedar en un equilibrio zen (sin conflicto, sin lucha).

El psicólogo Kenneth Ring quien escribiera la obra “El proyecto omega” (Ring, 1992) plantea la importancia de “acelerar la transformación psicofísica” para “lograr traspasar el umbral de la consciencia ordinaria y acceder a las dimensiones traspersonales”; John Wahey le ha dado a esto el nombre de “homonoecticos”.

Resumen

Resumiendo, el “factor Psi” (Garrido, 2013) supone una energía psíquica (la cual com­prende las ideas de telergia, bioplasma, potencialidad Psi, fuerza metaetera, psicotrónica, el llamado “fluido mesmérico” que no es otra que funciones de onda, (48), radiaciones rígidas, rayos n, partículas elementales o partículas y variables ocultas no conocidas y otros nombres, no todos válidos por ser pseudo-científicos o por carecer de conceptualizaciones lógicas y no pertenecientes a la ciencia, que serían los responsables del fenómeno Psi y el Pk (psicoqui­nesis), descartando que la energía sea electromagnética y responsable de la parapsicología oficial.

Lo que sí es cierto es que todavía no hay hechos probados científicamente en forma me­surable divisible. Sin embargo, aquí vale la pena mencionar cómo los “neutrinios” se suponía que existían pero no eran comprobados, más sí deducidos; al mismo tiempo el astrónomo A. Firsoff se refirió a que existe una especie de “partícula psíquica” (49) semejante a los neu­rotrinios a las que bautizó con el nombre de “mindones”; a la vez el psicólogo Cyril Buró le dio el nombre de “psicones” y el matemático A. Dobbs los llamó “psidones” o “citrones”. Personalmente pienso que se le podría dar el nombre “psidones(50) (ésta, por los dones o capacidades psíquicas). Fue así como se relacionaron los fenómenos paranormales “psi, pk y sq” con la mecánica cuántica, campo teórico predilecto actual en la parapsicología científica. Lo que no hay duda es que el epicentro de la fenomenología paranormal está centrado en la mente y obviamente en su relación con las funciones cerebrales; por ejemplo, cuando el ce­rebro emite frecuencias de tipo “alfa” es probable que manifieste ciertas “facultades Psi” por lo que “el estado alfa” nos indica esa actividad bioeléctrica con bioretroalimentaciones. Esto es estudiado por los neuropsicocientíficos.

Es necesario mencionar en este momento que el “factor Psi” es una cualidad o capacidad natural del hombre; el mismo Sigmund Freud se refirió a que esa capacidad presente en el hombre primitivo fue la precursora del lenguaje hablado produciéndose la telepatía. En esta­dos especiales de regresión en los que las percepciones sensoriales funcionan en forma muy subliminal, (Freud, 1895). La antropóloga Margaret Mead se refirió a que existían actualmen­te “tribus primitivas que utilizan sistemas de comunicación extrasensorial con capacidades psicológicas”, (Mead, 1967). El profesor de física Henry Margenau de la universidad de Yale (Margenau, 1969) afirma que “existen muchos fenómenos que se sitúan en la frontera… de la ciencia actual. Fenómenos que aún no comprendemos y que aparecen en la oscuridad, pero que, sin duda pasaran a formar parte del campo estudiado en la ciencia en el futuro”. Todos estos son fenómenos, con energías y fuerzas ocultas o no conocidas son las que deberán se­guir investigándose científicamente para validar los principios de causalidad.


45 En el capítulo X se ha hecho referencia a la telepatía, a la telequinesis y a otros fenómenos que aparecen misteriosos o al menos desconocidos, en los cuales se incluye, los métodos adivinatorios o premonitorios, el I Ching, el Tarot, la lectura de huesos calcinados o huesos de tortuga, lo adividinado, leído o interpretado y otros más que Jung estudió y le dio el nombre del término de sincronicidad, o lo que equivale a la singular ocurrencia de dos o más acontecimientos de igual o similar significación, sin conexión posible ocurren o se presentan; en estos casos el sujeto percibe, experimenta en forma consciente el significado común entre un hecho del mundo interno y uno más del mundo subjetivo incluyendo el atemporo-espacial, que no se puede relacionar como ley de causa efecto o de acción y reacción. Un ejemplo sería una ocurrencia momentánea, una relación, una imagen un recuerdo, un encuentro de personas, objetos, ideas, nombres llamado casual. En estos casos nos encontramos con lo aparentemente acausal por que se ignora la comprensión del fenómeno que comprende todo lo cosmológico y lo que lleva al aparato mental o a la mente a ser percibido. En estos textos tenemos que incluir el concepto de globalidad cosmológica y/o cosmovisión trascendente de los gran­des interrogantes del ser humano, los cuales aparecen en mundos paralelos o se traslucen como si estuvieran en otro medio que a veces se pueden percibir y otras no, y que dependen de la profundidad y capacidad con que se les pueda detectar. Por ejemplo, un objeto sumergido en el agua puede ser detectado por el ojo según la profundidad pero por aparatos electrónicos el objeto es detectado a grandes profundidades. Lo que sí te­nemos que hacer hincapié es que el sincronismo opera en ciertos individuos y no puede ser demostrado una causa que condicione; por ejemplo, la premonición. Esta concepción nos lleva a pensar en las capacidades intuitivas, en la clarividencia, en la adivinación, en el sentir, lo sobrenatural y misterioso que ha acom­pañado al hombre a través de milenios y que en el mundo occidental se ubicó en el pensamiento racional, analítico, inquisitivo, clasificatorio, de separación y división con el objeto de conocer “esa realidad” y no el pensamiento oriental integrativo, sintetizador, global, trascendente, unificador de un orden ilógico acausal sin conexiones evidentes posibles, sino perteneciente a lo subjetivo, y, que de lo lineal pasa a lo complejo no lineal, atemporoespacial con un trasfondo de otra dimensión y nueva comprensión. La ciencia occidental emplea la comprensión y el establecimiento de bases con leyes físico-química y biológica con “causa y efec­to” que nos llevan a las leyes y a respuestas concretas con evidencias. Por su parte, ese “otro mundo de la sincronía” no pertenece a lo racional, y las explicaciones científicas son solo proposiciones de sistemas de­terminados que llevan a áreas del conocimiento con construcciones abstractas e hipótesis y modelos distintos a lo racional. Son en otras palabras “meta modelos o meta demarcaciones reales” de otras dimensiones; en síntesis, la sincronicidad sería un puente tendido entre el saber absoluto y la realidad externa creándose una nueva dimensión. Recuérdese aquí el pensamiento de Lao Tsé: “Sin salir por la puerta se puede conocer el mundo. Sin mirar por la ventana se puede conocer el camino del cielo. Cuanto más lejos se va, tanto menos se aprende. Por eso el sabio sabe sin desplazarse. Entiende sin ver. Realiza sin hacer”. (https://www.alcione.cl/nuevo/index.php?object_id=248. Editorial Alcione Santiago de Chile).
46 El vocablo “transpersonal” fue utilizado por el psicólogo Abraham Maslow (1969) e indica que “va más allá de los límites de la consciencia”. Así estaremos en el mundo de las fantasías inconscientes y en el inconsciente colectivo, sintonizándonos individual y colectivamente, recibiendo y/o transmitiendo mensajes o informaciones más allá de lo simplemente determinado por la tecnología actual. En este momento puede hacerse un puente entre este fenómeno y aquellos que se producen con sustancias alucinógenas con técnicas de meditación, privación sensorial, danzas rítmicas, respiración holotrópica, yoga, hata yoga, sujetos con lesiones temporales o simplemente mediun o personas místicas o lo que se denomina visionarios religiosos o éxtasis místico, nirvánico de los budistas, o el satori del zen, o el samadi en el Yoga. De todas maneras, los resultados y experiencias son semejantes para alcanzar lo que se llama la “consciencia cósmica” (Bucke, 2007); de tal manera, es como se obtiene un conocimiento profundo de la realidad y una visión holística del universo, experimentando el sujeto un despertar en su intelecto en otras dimensiones con percepciones ex­trasensoriales y aún con capacidades sugestivas y de sanación o con sentimientos de amor profundo que des­piertan destellos de respeto abismal y una reverencia en la consciencia del otro llamándolo así superdotados, elegidos, iluminados, santos, maestros, divinidades, hombre celestial, hijos de Brama, shaman y medium. La obra “Tratado sobre fuego cósmico”, de Alix Bailey (Bailey, 1995), se habla de todo esto y su analogía del macro y microcosmos entre los sistemas planetarios el hombre y el átomo; sin embargo, escribe la autora: “… la analogía nunca es exacta en detalle, sino que ofrece ciertas correspondencias amplias y fundamenta­les”, y más adelante escribe: “… el átomo físico contiene en su periferia 14 mil átomos independientes; sin embargo estos millones se manifiestan como uno” así se introduce fantásticamente con esa elucubración a la física cuántica del Siglo XXI
47 Cc: consciente; Pcc: preconsciente; Inc.: inconsciente
48 “En mi artículo sobre la ‘Historia del espiritismo’ señalo la evolución de los fluidos de Mesmer para llegar a los de Puysegur y otras explicaciones de los espiritistas. Nada serio hay en estos planteamientos”, (De Francisco, 2012).
49 “Estos son supuestos posibles explicativos sin bases explicativas”, (De Francisco, 2012).
50 Psi de psiquis y don de donar o don, conceder, hacer, cualidad buena poseída por alguien; en esa cualidad o función estaría la habilidad o capacidad de recibir o transmitir una información psíquicamente.

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