Introducción a la obra Ciencia, Mitos y Dioses

*Guillermo Sánchez Medina
* Psiquiatra, psicoanalista. Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina de Colombia. Libro presentado el 12 de mayo de 2005. Comentarios: Académicos Adolfo de Francisco, Juan Mendoza Vega y Sonia Echeverri de Pimiento.
* Correspondencia: [email protected]

… y Dios hizo al hombre a imagen y semejanza…

Este artículo es una breve introducción al libro Ciencia, Mitos y Dioses, el cual emerge después de muchos años de indagaciones en el campo de la clínica psicoanalítica y de numerosas consultas de textos que despertaron en mí diversas inquietudes y curiosidades. Éstas me llevaron a formular preguntas irreverentes y, por ende, a plantear consideraciones que tenían que ver con multitud de ideas y conceptos sobre mitos y dioses. Pude pro fundizar en el fenómeno del mito como un modelo del vínculo primario y sus identificaciones y dilucidar cómo éstas iban transmitiéndose y comunicándose de generación en generación, para luego llegar a una explicación e interpretación del ser en el mundo. Ahora bien, para comprender mejor todos estos dinamismos psíquicos había que estudiar la temática de los fenómenos y hechos psíquicos y su relación con los conceptos de conciencia moral y Dios. Para ello, a su vez, había que plantear los conocidos mecanismos psíquicos que participan en los orígenes de las diferentes ideas y conceptos, entre los cuales nos encontramos con uno fundamental: la inmortalidad.

Esta obra está dirigida principalmente a los filósofos, teólogos, psicoanalistas, antropólogos, psicólogos y estudiantes interesados en una exploración hermenéutica de los hechos psíquicos, creencias y mitos dejados como legado a lo largo de la historia de la humanidad.

Fue así como con dicho rastreo o “radar” fui encontrando información en diferentes textos. Con todo, el más fidedigno de estos es el que proviene del mismo ser humano.

Así es como podremos estudiar las escrituras cuneiformes, los jeroglíficos, los pictogramas y otros lenguajes escritos que han sido traducidos e interpretados a partir de los mismos originales (por ejemplo, la piedra de Roseta y las tablillas cuneiformes sumerias). Todos ellos nos han permitido permitido conocer cómo era el pensamiento humano tres o cuatro mil años antes de Cristo y re cons truir creencias, mitos e ideologías, así como la génesis del concepto de Dios.

Por otra parte, la in vestigación de los mitos con el método psicoanalítico me ha permitido profundizar más en las in numerables incógnitas que guarda nuestro cerebromente, y a esto me referiré también en la obra que ahora ofrezco a la consideración del lector. En 1968, en colaboración con el doctor Ítalo Di Ruggiero, realicé una interpretación del mito de Psique. Muchos psi co analistas de distintas partes del mundo habían hecho ya aportes con relación a otros mitos grecorromanos. Obviamente, el primer psicoanalista en pronunciarse al res pecto fue Freud, que estudió los mitos de Edipo y Narciso. Ahora bien, en aquella época nunca me imaginé que yo mismo llegaría a investigar tantos otros mitos, referidos a los orígenes del ser humano, a la concepción, al conocimiento, al temor a la verdad y a la muerte, al deseo de inmortalidad y al concepto e idea de Dios.

Años más tarde pensé en estos términos y creí conveniente referirme a ellos, a su sentido y significación, para luego plantear la teoría del conocimiento y su relación con el psicoanálisis. De tal forma, llegué a los fenómenos psíquicos y a su relación con las ideas y conceptos sobre Dios, así como a sus orígenes en los mitos y a estos como un ca – mino del conocimiento, con sus correspondientes temores que llevan a la ficción, a la fantasía, al problema de la verdad y la mentira, y a la necesidad de poder en sus diferentes connotaciones.

El propio origen, el de la humanidad, la creación del mundo y la muerte han dado trabajo para poder explicar a los humanos sus inicios. En las primeras culturas, son los mi tos quienes dan la respuesta; estos han sido transmitidos de generación en generación y mucho de ellos han si do escritos. Los mitos explican el mundo a partir de un pasado remoto. A la vez, las religiones primitivas inventan un vínculo entre el hombre y fuerzas superiores a semejanza de los mismos. En ella, los dioses rigen a los hombres para tener un orden. Se conoce en todas las áreas geográficas cómo el sol fue una de las primeras divinidades. Esto lo vemos en diferentes mitologías.

Los psicoanalistas estamos abocados a un hecho especial de la escucha y la interpretación, dentro de un contexto de asociación libre y atención flotante y por esta razón los pensamientos muchas veces aparecen parciales y fragmentados y por ende no inteligibles; de todas formas, un buen lector pensante podrá realizar todos los procesos mentales que llevan a la simplicidad, a lo concreto, a lo evidente y a detectar la esencia y síntesis del pensamiento; es por esto, por lo que me he permitido en algunos de los textos diseñarlos con negrillas para destacar esencias, a tener en cuenta, y así facilitar al lector la captación de los sentidos y significados.

Muchos de los lectores podrán argüir que estos planteamientos pertenecen a justificaciones, lo cual es muy cierto; lo hago para aclarar diversos discursos que aparecen confusos y sugiero tomarlos con la paciencia de estudiante y tener prudencia para recapacitar o reflexionar en ellos. Entiéndase esto también, como una advertencia del autor que intenta traer temas difíciles, complejos y aún incógnitos e irresueltos.

Obviamente esta obra nunca pretende ser catalogada como “best seller” de la narrativa científica y me nos es escrita por un avezado periodista que tiene toda la técnica del “cuento realidad” y tampoco de un genio literario y por lo tanto no es una obra que pueda catalogarse como ideal; sin embargo, sí se ocupa, en parte de los mecanismos de la idealización; es más bien como lo expongo en varias par tes de esta obra, producto de la curiosidad de un estudiante.

Espero que el lector se permita la libre fantasía en ese viaje de exploración al pasado y al presente para luego ubicarse en un posible futuro y en los distintos conceptos que surgen a cada paso en la reflexión histórica del hombre a través del tiempo. Posiblemente ocurra que sólo le quede una vaga curiosidad sobre los hechos psíquicos acontecidos en los milenios citados por el autor en este viaje de incógnitas. Sin embargo, invito al lector a realizar analogías y comparaciones y a permitirse encontrar similitudes entre las ideas y mecanismos que nos llevan a crear y formar conceptos y así creer.

El texto nos lleva a concebir el concepto de Dios y ello a la idea de “inmortalidad” como realidad del “objeto- Dios”; a su vez, este último vendría a ser el “sujeto-objeto”, “el inmortal” y “lo mortal” sería referido sólo al objeto indeterminado (sujeto, obra, acción u hecho), lo que podría ser cualquier cosa trascendente a la cual le damos esa connotación de perenne, es decir permanente. Aquí implica que no desaparece y muere: es ser inmortal. Dentro de este contexto tengamos en cuenta cómo el hombre requiere encontrar un sentido a la existencia y al ser Dios (Todo Uno), lo cual puede hallarla como y con otra dimensión: la trascendente.

Ahora bien, cuando pensamos en la palabra inmortalidad lo hacemos física, psíquica o socialmente. Nuestra mente sólo la concibe en lo espiritual, en un más allá de la conciencia. La inmortalidad la construimos a diario dentro de nosotros mismos, y la llevamos afuera plasmándola en nuestras realizaciones cotidianas. Esa es la esperanza de salvación y redención a la cual el ser humano se aferra para seguir viviendo en vida. Dicha esperanza nos permite confiar en que llegaremos a confundirnos, en el más allá, con el Todo, con lo que entendemos en la idea y el concepto de Dios- Creador. Es así como construimos el puente de nuestra esencia, el puente entre lo físico y lo psíquico, el cual estaría dado por un mismo origen. Sin embargo, para poder entenderlo tenemos que construirlo con la fantasía, con el mito. Las culturas han necesitado siempre personajes y entidades que partan de la realidad para organizar la misma y tipificar funciones y dimensiones. De tal manera, se seleccionan determinados hechos y se construye un modelo u objeto que hace presente el ser: ése es el mito, el cual también tiene una historia, un concepto y una imagen. En el mito hay realidad, pero no se trata de la realidad ordinaria: he ahí su origen, y he ahí también el puente que forma entre la fantasía inconsciente y la realidad para buscar unidades, sentidos comunes, arquetipos, paradigmas y modelos universales. Así también el mito logra dar sentido de trascendencia y finalidad a la vida, y de la misma forma otorga estabilidad, satisfacción y trascendencia y permite que se equilibren los opuestos. De tal manera se encuentra la vida eterna, lo inmortal, según los sentimientos, los deseos y el sentido de la existencia, encontrando explicaciones e interpretaciones a la vida en el “ahora” para prospectar y proyectar un equilibrio en el futuro.

Así pues, existe una brecha entre la realidad y el mito. La primera conlleva trascendencia vital; el segundo, una necesidad de búsqueda de atemporalidades.

La coincidencia se da en el sentimiento de un más allá ante la idea de la muerte, lo que significa un poder. De esto concluimos que, a mayor temor de muerte, mayor poder de trascendencia. De ahí también surgen las ideas y conceptos de dioses y de religiones, en un inconsciente cultural que a través de su historia ha efectuado una selección de imágenes. Todos estos conceptos religiosos tocan profundamente en nuestro inconsciente y en las significaciones y reacciones que se mueven al vaivén de las pulsiones de vida y muerte.

Recordemos cómo los antiguos egipcios y amerindios embalsamaban los cadáveres para preservarlos para la eternidad y excluirlos de los límites del tiempo. Del mismo modo opera la herencia cultural en los diferentes mitos y creencias. Aquí aparecen toda la magia y omnipotencia del pensamiento, la predicción del futuro y el intento de sobreponerse a lo desconocido, como también las investigaciones técnicas y científicas con su objetivo de permitirnos adelantarnos al futuro seleccionando acciones y pensamientos. He ahí también nuestra cultura científica actual, en la cual ya se inicia la construcción de seres antropoides robóticos con implantes de microchips que suplen diferentes funciones. ¿Será que aquí se va a construir otro mito, y que toda esta ciencia y tecnología nos va a llevar a un sentido común en función de lo que creemos y no sabemos y de lo que es organizado por el conocimiento? ¿Será que ese mito va a consistir en el acto de una nueva organización del mundo y aun de una inmortalidad? Tengamos en cuenta que ya existen nuevas concepciones de armonía y de selección de la imagen corporal con las cirugías estéticas, los implantes y aun las cirugías preservadoras de la vida (lasectomías).

Un aspecto que hay que mencionar es que el ser humano posee las funciones de selección, simbolización, ordenación y organización, y que con todo ello construye un paradigma y así también el mito más allá o más acá del logos. Al hacerlo abre una brecha con respecto al mundo ordinario. Tengamos en cuenta que los mitos se originan también por prohibiciones y tabúes, y de ahí su relación con estos.

Es así como encontramos el tabú del incesto y las prohibiciones tabúes referentes al homicidio (especialmente parricidio y matricidio). Ahora bien, estas tendencias prohibidas y reprimidas surgen y se manifiestan en esos derivados suyos que son los mitos y rituales simbólicos, que se convierten en paradigmas. Así pues, encontramos el retorno de lo reprimido en distintos rituales, como por ejemplo la muerte de Cristo en la celebración de la eucaristía, que es una comida totémica en la que el pan simboliza la carne y el vino la sangre de la víctima. Lo que se busca es introyectar estos objetos simbólicos para luego identificarse con ellos. He aquí la gran posibilidad psicodinámica de que el ser humano se identifique con el cuerpo de Cristo, hijo de Dios; logrado este concepto en el Concilio de Nicea Anatolia actual Isnik (325 y 787 d.C.) y confirmado en el Concilio Vaticano II (1962- 1965).


Figura 2. Zeus –Júpiter. Dios Greco Romano

Cabe formularse aquí una pregunta:

¿puede entenderse que la religión y la creencia en Dios sean un mito? La respuesta dependerá de cada lector, puesto que, si bien hay mitos, también hay una realidad y una organización mental en cada ser humano, sea éste brahmán, budista, taoísta, judío, cristiano, islámico o de otra confesión. Sin embargo, la única creencia religiosa que permite el mecanismo de identificación a través de la introyección corporal es la cristiana. (Anotemos aquí además que todas las religiones tienen su trascendencia.)

Al revisar la historia de las religiones y los mitos encontramos diferentes imágenes de dioses. Ellos tienen connotaciones protectoras, benefactoras, punitivas o productoras de terror, y aun asociadas con el poder del mal (pero también del bien).


Figura 3. Venus de Cirene

Así se muestra la posibilidad de la polaridad entre el bien y el mal, una visión visión humana que tiene sus historias culturales. Por ejemplo, los orientales no manejan lo dual, sino la función: el para qué sirven los hechos. Recordemos cómo el dios de la cultura mexicana, Tezcatlipoca, era un dios terrible pero al mismo tiempo benefactor, puesto que tenía el poder del bien y del mal.

Anotemos que las culturas fueron construyéndose de manera semejante a lo que ocurre en la naturaleza: se siembra, existe un periodo de gestación y luego vienen la evolución, el desarrollo y la reproducción para con formar unidades. Así también las civilizaciones se han venido interrelacionando, de manera que cuando estaba floreciendo una, la otra ya iba en su apogeo y la otra estaba en plena decadencia.

No se puede concebir que una cultura surja de un momento a otro, sin influencias de ninguna otra. Obviamente, las victorias y derrotas en las guerras son determinantes específicos que marcan épocas.

Lo mismo ocurre con el descubrimiento y la conquista de pueblos y hechos científicos, sociales o religiosos: todos ellos han sido puntos definitivos en los cambios de las organizaciones sociales. Así mismo, han surgido diferentes escritos sagrados que serán estudiados en las siguientes páginas, como el Antiguo y el Nuevo Testamento, el Corán, el IChing, el Kybalión, el Bhagavad Gita Figura 3. Venus de Cirene y el Libro de las mutaciones, el Libro de D´zyan, el libro de los muertos. Estos y otros textos conllevan indicaciones éticas y morales, así como principios para buscar equilibrios. Sin embargo, no todos estos preceptos son iguales, sino que se aceptan unos más que otros. Por ejemplo, en el I Ching nada está quieto, sino que todo es esperanza. Cuando uno llega a lo peor sólo puede comenzar allí, puesto que nada es estable y todo fluye. Sin embargo, hay principio del mal y del bien, pero uno puede comenzar con uno u otro: he ahí la cultura. Para algunos pensadores hay una relación íntima entre mito y religión, por lo ya mencionado de la función de trascendencia. Sin embargo, no podemos asimilar uno y otra. En efecto, el mito es una forma de organización del pensamiento, mientras que la religión conlleva no sólo la creencia, el concepto y la idea, sino también el ritual (e incluso la ausencia del ritual, la “no liturgia”). En el mito hay imágenes, mientras que en las religiones éstas pueden faltar (o aun estar prohibida la construcción de la imagen porque los pensamientos religiosos son solamente conceptos que no tienen un rostro que represente una identidad)( 1-3).

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