Ley de Say, 3 Parte

Inversion macroeconomia

La igualdad de Say, por otra parte, tampoco implica por sí sola que tenga que haber pleno empleo. Lo único que nos dice es que si la demanda agregada es mayor o menor que la oferta agregada existe un mecanismo corrector que hace que esta desigualdad se transforme en igualdad. Y los mecanismos de ajuste son dos. En primer lugar, los precios y, en segundo lugar, los tipos de interés. Existe un mecanismo de coordinación entre los mercados de bienes por un lado y los mercados de dinero y crédito por otro. Pero no nos dice nada sobre la coordinación eventual de estos mercados con el de trabajo.

4. De la ley de Say al equilibrio general

Los argumentos de Mill sobre la ley de Say no quedaron consolidados del todo hasta bastantes años después.86 Hacia los años treinta del siglo XIX, el pensamiento económico había logrado decantar las dos vías de conexión entre el sector real y el sector financiero con bastante precisión. La obra de Wicksell permitió finalmente integrar ambos mecanismos y pudo demostrarse que la flexibilidad de precios y tipos de interés aseguraba el equilibrio automático en el mercado de bienes y servicios; al mismo tiempo que aseguraba la igualdad entre oferta y demanda de créditos y el equilibrio entre la oferta de saldos monetarios y la demanda correspondiente.

Pero quedaba aún por demostrar que era posible un equilibrio simultáneo de los mercados de factores (pleno empleo de los recursos) y de los otros tres mercados básicos: bienes y servicios, crédito y dinero.

Hasta la época de Keynes se admitió, prácticamente como un supuesto, que la competitividad de los mercados de factores bastaba para garantizar la utilización plena de los mismos. De este modo la producción de pleno empleo podía considerarse como un dato a medio plazo. Implícitamente se estaba suponiendo la separabilidad de los mercados de factores. Y más concretamente del único factor variable relevante en estos modelos agregados: el de trabajo. 87 Esto implicaba que se podía determinar un nivel de empleo que junto con el stock de capital determinaba la oferta agregada de bienes y servicios.88

Por otra parte, si las variaciones de los precios de los bienes y servicios y las variaciones del tipo de interés garantizaban el equilibrio entre oferta y demanda agregadas, el resultado final era claro: el nivel de producción de pleno empleo podía considerarse como un dato determinado por la tecnología, el stock de capital y las condiciones del mercado de trabajo. La demanda agregada podía considerarse como una variable que se adapta pasivamente a la oferta.

Desde luego, si nos salimos de esta clase de modelos macroeconómicos tan agregados y tan simplificados, las cosas no son tan sencillas. Cuando los mercados de factores no son separables y hay multitud de productos no es verdad que la demanda se adapte pasivamente a la oferta. Los gustos de los consumidores también cuentan en la asignación de recursos. A pesar de todo, si se trata de una economía competitiva, es de esperar que exista un equilibrio general que englobe todos los mercados y que por tanto incluya el mercado de trabajo.

Volviendo a la ley de Say, podemos concluir que no explica el pleno empleo de los recursos en ninguna de sus dos versiones. En su versión más primitiva (identidad de Say) introduce restricciones innecesarias en el comportamiento de los agentes económicos y no logra explicar el pleno empleo de los recursos. Y en su versión moderna (igualdad de Say) sólo nos dice que el mercado de bienes y servicios tiende a equilibrarse juntamente con los mercados de crédito y de dinero. En realidad la ley de Say no predice ninguna regularidad observable. Tan solo puede decirse que la ley de Say expresa la confianza en que un sistema de precios libres va a ser siempre capaz de coordinar todos los mercados y lograr el equilibrio simultáneo de todos ellos. Y si todos los mercados están en equilibrio, eso quiere decir que el mercado de trabajo también lo está: todo el que quiere trabajar (a los precios vigentes) está empleado y no hay desempleo.

A pesar de todo, la polémica que tuvo lugar a lo largo del siglo XIX en torno a ley de Say ha desempeñado un papel importante en la historia del pensamiento económico. De hecho podemos considerar que fue uno de los primeros intentos de aproximación al problema del equilibrio general de la economía, aunque a un nivel muy intuitivo y desde una perspectiva excesivamente agregada.


  • 86 La ley de Say sigue siendo un tema de debate. Tal vez siga siendo siempre debatible lo que Jean Baptiste Say, James Mill, David Ricardo y muchos otros realmente quisieron decir. Una idea de esta diversidad de opiniones puede obtenerse leyendo el artículo de W. J. Baumol “Say´s (at least) Eight Laws, or what Say and James Mill May Have Really Meant” Economica, mayo 1977, pp. 145-61. Un libro que presenta un análisis histórico minucioso de la ley de Say y que incluye opiniones tanto de partidarios como de detractores es el de Steven Kates (1998), Say´s Law and the Keynesian Revolution, Cheltenham (Reino Unido): Edward Elgar Publishing Limited. También puede consultarse al respecto otro libro de Thomas Sowell además del ya citado: Classical Economics Reconsidered, Princeton University Press, Princeton, Nueva Jersey, 1994 (reedición del original publicado en 1977).
  • 87 Esto significa que tanto la demanda como la oferta de trabajo dependen únicamente del salario real y no se ven afectados por los tipos de interés ni por el valor de los activos
  • 88 Es decir, dado el nivel de empleo determinado en el mercado de trabajo (nivel de pleno empleo), la oferta agregada (producción de pleno empleo) se determina a través de la función de producción.

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