Margalida Castro Celebra 40 Años de Vida Artística

“Mi patrimonio es el Cariño de los Colombianos”

Contundente, divertida, sorprendente y única, así se muestra Margalida Castro, una actriz devota que no conforme con su calidad actoral, confiesa que «estoy pegada a la pantufla de San José».

La versatilidad de Margalida Castro le permite ser bruja, mujer de clase alta, anciana desaliñada, fantasma, tía rígida o abuela alcahueta, y sus personajes siempre trascienden, como el de la encopetada en Gallito Ramírez, la bruja de La mujer doble, la tía Chavela en Paquita Gallego, la malvada tía Eraclia de Rauzán, o la madre bondadosa de Padres e hijos, personaje que hacía rato no aparecía. «Hacía un año y medio que no me llamaban, pero toda la gente que ve la serie sabe que Sofía es la mamá de Ana María. Además es un personaje que amo, es como una terapia, muy relajante».

¿A qué se debe su éxito como actriz?
A que amo lo que hago. Ya tengo mi propio sello. Llevo 40 años de actuación y a cada personaje lo veo diferente. A todos los amo igual, son como una obra musical, porque esta es una profesión como cualquier otra, como la de un cirujano, y hay que tener mucha responsabilidad.

¿Quién o qué la motiva a seguir en su profesión?
Fuera de mi público, siempre recuerdo un piropo de David Stivel, el mejor que me han dado en la vida y que es un motivo grande para seguir en esto: «Vos me alucinás, porque hagás lo que hagás, comedia o drama, en el acento en que lo hagas, me convencés». Entonces, complementando la primera pregunta, ahí radica mi éxito, porque mis papeles son convincentes, la gente me cree. La credibilidad es la base del actor, que el público sienta tus lagrimas y llore contigo.

¿Alguna vez la han dejado de llamar para actuar?
Nunca, siempre he tenido trabajo y se debe a mis constantes oraciones, porque vivo agarrada a la pantufla de San José, mi patrono experimental del cielo.

¿Cuál es su personaje de más recordación?
Definitivamente la tía Chavela es de lo mejor que he hecho. Fue una representación extraordinaria, es el premio Oscar a toda una vida. ¿Y en teatro? Sorprendidas, una comedia musical que barrió en taquilla, fue un exitazo con el teatro Nacional La Castellana.

¿Usted puede decir que ha trabajado con todo el mundo?
Sí, he trabajado con todos los directores y compañeros. Ya me convertí como en una tía para ellos, son mi familia. Soy una persona que me doy donde llego; traigo alegría; soy como una campanita y siento que es recíproco.

¿A qué atribuye que Rauzán no tenga éxito?
Esta es una gran novela. El equipo humano es excelente, el escenario, el vestuario, el juego de luces, todo es maravilloso. Es una lástima lo del rating, pero desde un principio sabíamos que era para la venta al exterior.

¿Qué es lo mejor y lo peor que le ha pasado como profesional durante estos 40 años?
¿Lo mejor? Formar parte de la familia colombiana, sentir que soy integrante de cada hogar, desde Riohacha hasta Leticia, desde Buenaventura hasta Cúcuta. Mi patrimonio hoy en día es el cariño de los colombianos a quienes le he podido regalar mi arte. Y lo único que considero malo, es el anonimato cuando voy a otros países, porque siempre he estado acostumbrada a que me consienta mi público.

¿Cómo es un día de Margalida?
Soy una mujer que odia dormir. Es un tiempo maravilloso para perderlo. Duermo el cinco por ciento de lo normal: dos o tres horas diarias. Cuando no estoy en grabación, leo o escribo mi próximo libro, o salgo a caminar; me encanta comer fruta mientras camino, y, eso sí, trato de ir todos los días a la iglesia, y si no, hago mi oración diaria, porque soy católica, apostólica y romana. También cuando puedo, hablo por teléfono con mis hijas.

¿Hay algo que trasnoche a Margalida?
Sí, vivo trastornada con mis nietas Julia María, hija de Gina, y Catalina Paz, hija de Carla. La última vez que las vi quedé matada. Una de ellas resultó ser una niña superior, está en cursos especiales, es una niña inteligente. La otra es más calmadita, como cualquier niña. Ya hasta sueño con que las dos sean músicas clásicas.

¿Se siente realizada como mamá?
Completamente. Mis hijas, además de respetarme y quererme, son profesionales en todo sentido. Primero como madres: se dedican en cuerpo y alma a las pequeñas. Segundo, dieron con unos esposos que son los hijos varones que nunca tuve, son perfectos, acertivos, tranquilos, fieles, dedicados. Con decirte que hasta cocinan. Y como profesionales no se diga: la última vez que estuve en Chile fui a ver a Gina a un concierto.

¡No lo podía creer! Lloré del orgullo. Y Carla, mi otra hija, que es periodista, hace poco fue premiada cuando trabajaba en Radio Colocolo y fue elegida entre las 16 mejores periodistas en Chile. Es la primera vez que premian a una periodista extranjera. Con todo esto, ¿qué más le puedo pedir a la vida?

¿Entonces es completamente feliz?
Definitivamente. Después de todos los problemas que tuve, hoy soy verdaderamente feliz. Yo tengo una frase de batalla, que es el salmo 126: «Los que sembraron con lágrimas, cosechan entre cantares». Y eso recibo todos los días.

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