Preocupante situación sanitaria

¡Alerta naranja!

Cundinamarca, Santander, Valle y Antioquia, con severos problemas respiratorios por causas aún desconocidas. Hay fallas en la bioseguridad y dificultades en el diagnóstico. ¿Se necesitan medidas cuarentenarias?

avicultores9002-14El semáforo sanitario de la industria avícola está en alerta naranja, con peligro de que cambie a roja. La noticia, inquietante de por sí, preocupa aun más si se tiene en cuenta que no se sabe a ciencia cierta cuál es la causa de los problemas respiratorios, con altas mortalidades, que se vienen observando en planteles de pollos de engorde y ponedoras comerciales y, en menor grado, en granjas de reproductoras, justamente donde la avicultura tiene el mayor desarrollo: Cundinamarca, Santander, Valle y Antioquia. El Instituto Colombiano Agropecuario, ICA, dice que es bajo el número de animales afectados, si se compara con la población avícola nacional (ver entrevista).

La situación, que comenzó a hacerse evidente desde octubre del 2001, se ha agudizado en los últimos meses, al punto de que ha obligado a la creación de comités de emergencia en las respectivas seccionales de Fenavi, en la búsqueda de una pronta solución. Igualmente, organizaciones científicas han tomado cartas en el asunto, como la Academia Santandereana de Patología Aviar, Aspa, que citó hace unas semanas, con carácter de urgencia, a su Junta Directiva y a técnicos de la región a una mesa redonda para examinar la problemática y formular recomendaciones (ver recuadro).

avicultores9002-14bEl complejo cuadro sanitario se puede resumir de la siguiente manera: en pollo, cuyas edades están entre los veintitrés y los veintiocho días, se observan alta mortalidad, lesiones en el aparato respiratorio superior, complicaciones bacterianas, seroconversiones a Bronquitis infecciosa y Newcastle. En ponedoras, de cuatro a seis semanas, se presentan signos de Traqueítis, seroconversión a Newcastle y Bronquitis infecciosa y complicaciones con Pasterella. Y en reproductoras hay enfermedad respiratoria controlable.

No obstante que las manifestaciones del problema son claras, técnicos y empresarios están desconcertados, pues no saben qué hacer por no conocer el origen del mismo. “Los laboratorios no nos han podido dar un claro indicio de que estamos frente a un caso de Newcastle, Bronquitis infecciosa o Gumboro, aparentemente porque en las serologías no se está expresando el problema”, explica un empresario del centro del país, quien pidió que le guardáramos el anonimato, para quien resulta muy extraño que estén fallando los planes vacunales en todas las empresas, sin importar el biológico que usen ni las líneas genéticas de reproductoras con las cuales trabajen (se supone que estas aves tienen unos anticuerpos que son trasmitidos a los pollitos). “¿Nos hallamos frente a un factor inumosupresor que está desencadenando toda esta situación?”, se pregunta.

Ante tan extraña realidad, surge la inquietud de si los orígenes de esta situación sanitaria no habría que buscarlos en el campo de la bioseguridad, en el que se presentan serias falencias que deben preocupar al país avícola. En efecto, lo primero que aparece en esta materia es un aumento en la población de pollos, sin que a su turno se haya visto un incremento en el área destinada a su producción. Si bien lo que todo avicultor busca es aumentar al máximo la densidad de animales por metro cuadrado, esto debe ir acompañado de una debida adecuación del galpón en criadoras, bebederos, comederos, ventilación, iluminación y aislamiento térmico, lo que parece que no se está haciendo. La sobrecarga de los galpones en ese subsector es fácil de deducir si se considera que la industria sigue creciendo (7.5% en el primer semestre del año), pero no porque las empresas hubieran construido más de estas instalaciones, ni porque se hubieran creado nuevas compañías.

Según cifras del Fonav, durante el primer trimestre del año en curso, en Cundinamarca se encasetaron 30.4 millones de pollitos, frente a 21.4 millones de igual periodo del 2001. Para los demás departamentos comprometidos en la delicada situación sanitaria, el comportamiento de los encasetamientos es como sigue: Santander, 21.4 millones, contra 15.5 millones; Antioquia, 9.7 millones contra 9.1 millones, y Valle, 14.8 millones contra 15 millones.

Pero no solamente las granjas de pollo se ven hoy con una mayor ocupación de aves, sino que muchos empresarios están pasando por alto otra regla de oro de la bioseguridad: el descanso sanitario de los galpones, que se ha reducido a menos de diez o doce días, lo que quiere decir que, en el caso del pollo, están acortando los ciclos a 40-48 días (cuando lo normal son 60). El pollo, pues, está saliendo más joven pero entre lote y lote no se está dejando el descanso recomendado.

El inadecuado manejo de la gallinaza y la pollinaza es otro de los factores que puede estar contribuyendo a la debilidad sanitaria en las mencionadas regiones colombianas, lo cual se complica con el transporte departamental e interdepartamental de dichos subproductos, fuente segura de diseminación de virus patógenos cuando se hace en estado fresco. La preocupación crece ante la cada vez más frecuente venta de gallinaza sin procesar, en pequeños negocios, como viveros, que se instalan a orillas de las carreteras.

Este cuadro se complica aun más si se sabe que ha prosperado la reutilización de las camas durante tres a cinco ciclos consecutivos, propiciándose así la creación de un peligroso caldo de cultivo de entidades patológicas. ¿Un afán por conseguir economías? Si bien esto no es descartable en algunos casos, nuestra fuente tiene dos razones que explican esta práctica: primero, hay una escasez de viruta, con el consecuente mayor precio de este material, que hoy es de $300 mil el viaje (con la cascarilla de arroz ocurre algo parecido), y segundo, por momentos no hay a quién venderle la gallinaza o pollinaza que, en el caso de las que se producen en Cundinamarca son absorbidas mayormente por los cultivadores de cebolla de Aquitania (Boyacá), donde al parecer ha habido fuertes restricciones a su uso por el daño ambiental que se le está causando al lago de Tota.

Otros consultados consideran que el verano reinante en muchas zonas agrícolas del país, así como las recientes inundaciones ocurridas en municipios del norte de la Sabana de Bogotá, pueden estar influyendo en una menor demanda de gallinaza.

Un recurso utilizado por algunos productores de pollo para reducir el riesgo de contaminación por estiércoles, consiste en que, terminado el ciclo, en los galpones se hacen pilas con la cama, que se humedecen y se cubren con un plástico durante tres días, al cabo de los cuales esta alcanza una temperatura de 60 a 70 grados centígrados, lo que la mejora sanitariamente, por la destrucción de agentes patógenos, sin que esto sea una compostación propiamente.

En la lista de fallas contra la bioseguridad también figura el preocupante aumento del comercio de las mortalidades, una práctica que debe ser erradicada de la industria, pues constituye una verdadera insensatez por el riesgo sanitario que ello implica. Aquí podría decirse que es tanto lo que está en juego, que el avicultor no debería dudar un solo instante en recurrir a la compostación de la mortalidad, por ser un método económico, sencillo, efectivo en la eliminación del riesgo sanitario y demandado para la fertilización y la alimentación de bovinos. (Ver Avicultores Nos. 78 y 83, y Producción de compost en la industria avícola, No. 11 de la serie Cuadernos Avícolas de Fenavi-Fonav).

avicultores9002-15bLA COMPOSTACIÓN DE LA MORTALIDAD, REGLA DE ORO DE LA BIOSEGURIDAD.

avicultores9002-15ICA, UNIVERSIDADES Y AVÍCOLAS DEBERÍAN CONFORMAR UNA RED DE LABORATORIOS DE DIAGNÓSTICO.

La diversidad de edades en una misma granja figura, igualmente, entre las razones que explican la delicada situación por la que están atravesando hoy, desde el punto de vista sanitario, las industrias del pollo y el huevo.

Otra fuente de riesgo lo constituye el hecho de que algunas empresas de incubación tienen rotación de huevos de dieciséis y dieciocho días, cuando no deberían sobrepasar las cuarenta y ocho horas. A esta práctica se le está atribuyendo la presencia de pollito de mala calidad en el mercado, lo que se manifiesta, básicamente, en altas mortalidades entre la primera y segunda semanas de edad.

Para rematar, se escuchan denuncias en el sentido de que algunas avícolas están utilizando de manera inadecuadas cepas contra Gumboro.

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Lo primero que deberían hacer los técnicos del ICA es ir a donde se están presentando los problemas sanitarios.

La otra cara del problema tiene que ver con las falencias que se vienen presentando en el diagnóstico de las patologías, debido a que de los diez laboratorios que pueden existir en el país, sólo el del Instituto Colombiano Agropecuario, ICA, está en capacidad de realizar aislamientos y caracterizaciones moleculares. Los demás, pertenecientes a empresas avícolas, no sobrepasan los análisis serológicos y bacteriológicos, que, aunque valiosos, no permiten resultados concluyentes. Frente a esto, en algunos círculos avícolas se viene planteando la recomendación de que no sea solamente el ICA el prestatario de dichos servicios, sino que terceros (universidades y particulares, incluidas empresas avícolas) puedan entrar al mercado del diagnóstico. Con ello, no sólo el país avícola quedaría mejor cubierto, sino que se aprovecharía el recurso humano existente en distintas partes del país. Esto daría lugar a la creación de una interesante red de laboratorios, bajo la tutela y control del ICA, como responsable que es de la sanidad pecuaria nacional.

“No es posible, como ha sido mi caso, que uno mande aves o sueros al ICA para el diagnóstico, y que los resultados se tarden treinta y hasta cuarenta y cinco días, cuando las pruebas HI no toman más de veinticuatro horas, y las de Elisa tardan menos de cuatro días”, dijo nuestra fuente. Con esta apreciación coincide Marco Augusto Gutiérrez, de Savicol, quien asegura que “la avicultura está huérfana de diagnósticos”.

En justicia, en la otra cara de la moneda están las fallas de las empresas avícolas, que contribuyen a agravar el estado de cosas. En el caso concreto del Newcastle, por ejemplo, es evidente que no hay reportes ante el ICA y que son pocos los sueros que son enviados a este instituto.

De todas formas, el avicultor que nos pidió reserva sobre su hombre considera que la labor del ICA, como ente encargado de la seguridad sanitaria del sector pecuario, debe ir más allá del diagnóstico, para ejercer una función policiva que obligue a los empresarios renuentes a participar, sin excepción, en el control y la prevención de enfermedades. Pero para ello, lo primero que deberían hacer los técnicos de este organismo es ir a donde se haya reportado un foco o se esté presentando cualquier problema sanitario, para establecer la verdadera situación y proceder a tomar las medidas correctivas. “La realidad actual es tan delicada, que habría que cuarentenar al país”, dijo.

La delicada situación sanitaria que se vive en las más importantes zonas avícolas del país plantea, entonces, cuatro grandes preocupaciones: 1) Que un sector de productores aún no tiene lo suficientemente elaborado el concepto de bioseguridad, hecho que los lleva a insistir en prácticas perniciosas como la venta de mortalidades y la inadecuada disposición de la gallinaza, en lo que constituye, primero, un contrasentido con las enormes inversiones que ellos mismos han hecho en instalaciones, tecnología y la construcción de un mercado, y segundo, un atentado contra la industria en su conjunto. 2) Que las nuevas disposiciones ambientales relacionadas con la compostación de los estiércoles avícolas, próximas a entrar en vigencia, van a obligar a la creación de empresas especializadas en este tipo de trabajos, con centros de acopio distribuidos por toda la geografía avícola, para atender a aquellas compañías avícolas que por una u otra razón no puedan o no estén interesadas en realizar dicho proceso. 3) Se necesita con urgencia salvar las diferencias entre ICA y los empresarios, para constituir un bloque común que permita la preservación de la estabilidad sanitaria de la industria. 4) Valdría la pena examinar la conveniencia de concretar un plan de ordenamiento territorial avícola en aquellos lugares donde la concentración de granjas (de reproductoras, ponedoras y pollos) hace aun más difícil conseguir el blindaje sanitario que necesita una industria tan desarrollada y tan importante para la economía nacional como la nuestra.

Sobre el tapete están, igualmente, la constitución de dos entes o instancias estrechamente relacionados: el Consejo Nacional de Sanidad Aviar, encargado de examinar la situación del país en este campo, para formular acciones y políticas, y el Fondo de Indemnización Sanitaria, para compensar económicamente a los productores ante la necesidad de llegar al extremo de aplicar el fusil sanitario.

Pero el ambiente avícola no sólo está cargado por lo que viene ocurriendo en el territorio nacional, sino por las malas noticias que llegan de otras partes del mundo. Nos referimos, básicamente, a los estragos que en distintos puntos de Estados Unidos viene causando la Influenza aviar, enfermedad que igualmente fue detectada en mayo pasado a 10 mil kilómetros más abajo, en Chile, desde donde traemos huevo fértil. (ver pág. 30).Y aunque no resultaron ciertos los recientes rumores sobre la presencia de esta devastadora patología en granjas de la ecuatoriana Pronaca, los empresarios colombianos no han recobrado la tranquilidad desde entonces, pues constataron lo cerca que pudieron estar de una tragedia. La ominosa presencia de la Influenza en el continente americano debe ser leída como que ningún país está blindado contra un virus de esta naturaleza y, menos, si encuentra rendijas por donde meterse, como consecuencia de fallas en la bioseguridad.

Que quede en la conciencia de todos la siguiente frase lapidaria del presidente ejecutivo de Fenavi, Diego Miguel Sierra Botero: “La sanidad no es un factor de competencia, sino de sobrevivencia colectiva”.

La situación en santander

Extracto de la circular que la Academia Santandereana de Patología Aviar, Aspa, les hizo llegar a sus afiliados, en torno a la situación sanitaria que se viene presentando en esa sección del país.

• Todas las empresas reportan altos títulos de Bronquitis, con valores entre 9 mil y 14 mil por Elisa, confirmando un reto de campo alto para esta y el Newcastle, lo que coincide con los aislamientos de esta última realizados por el ICA en Santander.

• Ante la incertidumbre planteada acerca de los problemas respiratorios causados por Influenza aviar, se confirmó la negatividad por parte del ICA, a través de la prueba de AGP (inmunodifusión en agar), a numerosos sueros de diferentes explotaciones del país y de Santander; de igual forma, se han realizado pruebas diagnósticas con Directigen A, por parte de algunas empresas de la región, las cuales fueron negativas.

• Es clara la carencia de medidas de bioseguridad en las explotaciones de pollo de engorde y ponedora comercial.

• Carecemos de medios diagnósticos efectivos, diferentes a la prueba de Elisa, que nos permitan mirar nuevos panoramas y nos enruten a la solución efectiva del problema sanitario.

• Se necesita liderar, a través de Aspa, Fenavi e ICA, estudios que correlacionen tamaño de bolsa, bazo y timo en explotaciones de pollo y ponedoras comerciales.

• Es recomendable hacer estudios que permitan una mayor claridad en cuanto a Anemia Infecciosa-Gumboro, como agentes inmunosupresores.
• Se debe iniciar una campaña agresiva de vacunación contra Newcastle en aves de traspatio.

• Es preciso reglamentar el manejo y disposición final de los desechos y subproductos de la industria avícola.

• Se debe hacer presión, a través del Ministerio de Agricultura, en torno a la reglamentación sanitaria; implementar un programa diferente y acondicionado con el Decreto 1840 de 1996, a manera de propuesta práctica y aplicable.

• Hay que agilizar la gestión de Fenavi-Fonav para implementar el programa para la identificación y diagnóstico de Bronquitis infecciosa.

• Se recomienda solicitar al ICA, a través de Fenavi, el uso de la vacuna contra la Bronquitis, cepa Connecticut, la cual fue retirada del mercado, aunque existe la aprobación del ICA.

Recomendaciones

A continuación, se recogen algunas de las recomendaciones de tipo técnico que las distintas seccionales de Fenavi han formulado para encarar la difícil situación sanitaria por la que atraviesa la industria avícola de Santander, Antioquia, Valle y la Zona Central:

• Implementar políticas sanitarias y comités de bioseguridad y seguimiento epidemiológico por parte de entidades gubernamentales y privadas, entre ellas Aspa y Fenavi.

• Recurrir a métodos de vacunación más seguros, como la aspersión o las vías nasal u ocular. Es fundamental que la vacunación sea supervisada por el técnico a cargo de la granja.

• Reforzar los programas antimicoplásmicos con dosis terapéuticas durante el periodo en el que se aplican vacunas vivas.

• Hacer serologías de control de los programas vacunales a todos y cada uno de los lotes que llegan a la planta de beneficio. En pollo, se deben sangrar veinte aves a la edad de sacrificio, para evaluar Newcastle, Bronquitis infecciosa, Gumboro e Influenza aviar. En ponedoras, se recomienda sangrar quince aves por lote, en las siguientes edades: 18, 30, 50 y 79 semanas, para evaluar Newcastle, Bronquitis e Influenza.

• Efectuar hematocritos para Anemia infecciosa (a proceso) y chequeo de evolución de órganos inmunes primarios a la necropsia durante todo el ciclo de vida (bolsa de Fabricio y timo), para descartar procesos inmunosupresores.

• El periodo de desocupación efectiva de la granja debe contarse desde el día en que se termina de desinfectar, y finaliza cuando ingresa el primer material de cama. Se debe procurar que la desocupación efectiva sea lo más prolongada posible.

• Extremar otras medidas de bioseguridad como: control al acceso de personas y vehículos a las granjas, manejo de la mortalidad y la gallinaza, evitar que los trabajadores salgan de la granja con la dotación (botas y overoles), prohibir la reutilización de bolsas de alimentos y bandejas de huevos, lavar y desinfectar los huacales en los que se transportan las aves, evitar la presencia de aves silvestres en los galpones.

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