Amiga Luchadora

tumor en el seno

Ximena Alvarez, una periodista que comenzó sus primeras actividades como colaboradora en la Oficina de Prensa de la Universidad Javeriana al lado del Padre Jorge Uribe. Terminó sus estudios de Comunicación Social en la Universidad de la Sabana y se había casado muy joven también con un periodista.

Pero su matrimonio solo duró unos pocos años. Nació su hijo Camilo y ya su vida tenía más sentido porque sabía que tenía que luchar por sacar a ese nuevo ser adelante. Así que ya divorciada decidió seguir la vida sola y dedicada a su profesión. (Mira también: Una mezcla de sentimientos)

Aún recuerdo que compartimos juntas la oficina de prensa de la Universidad Javeriana, porque apenas estábamos aprendiendo lo que era trabajar como asesoras de prensa.

Pero por cosas del destino ambas terminamos trabajando en el Instituto Nacional de Cancerología al lado del Doctor Juan Manuel Zea, hoy fallecido también de cáncer.

Ximena se dedicó con especial esmero al desarrollo de campañas contra el tabaquismo o el cáncer del cuello uterino. Yo al lado del Dr. Zea hacía lo mío trabajando con los medios de comunicación y redactando el boletín interno de la institución.

Pasaron varios años y un día ambas pensamos que estábamos allí y no nos habíamos hecho un chequeo de prevención del cáncer. (Te puede interesar también: Quiero estar cerca de mi hermana)

Fue entonces cuando yo me sometí a una revisión ginecológica y Ximena a una mamografía. Así apareció su primer tumor y mi primera dolencia ginecológica. Lo mío se solucionó de inmediato porque era benigno. Lo de Ximena fue más complicado. Un tumor en el seno que fue tratado de inmediato con una cirugía radical.

Ambas no podíamos creerlo que estábamos trabajando en el Instituto de Cancerología y estando tan cerca de los médicos no nos habíamos hecho nunca un chequeo.

Vino la quimioterapia para el tumor en el seno y Ximena perdió su cabello. Los vómitos y mareos eran permanentes con la aplicación de estos medicamentos. Pero su fortaleza era muy grande porque su hijo crecía y ya estaba en bachillerato. Esa era su mayor preocupación.

Así que Ximena luchó contra el cáncer desde el mismo momento en que le fue diagnosticado y siguió todas las indicaciones del doctor Joaquín Caicedo.

Esto era una historia increíble. Por cosas del destino habíamos llegado a trabajar en el lugar en donde podían orientar a Ximena sobre la enfermedad. (Lee también: La Soledad es más terrible)

Siguió con sus dolencias, tratamientos, disimulaba su pérdida del cabello, pero nunca desfallecía porque sabía que en casa la esperaba su hijo que para ella era su mayor tesoro.

Ya recuperada de la enfermedad, Ximena decidió cambiar de trabajo. Muy entendible porque su reciente enfermedad y su cercanía con las pacientes la habían afectado en su vida. Ella quería seguir luchando por su hijo.

Así que siguió su rumbo trabajando en el Ministerio del Interior en la Oficina de Prensa. Pero allí la sorprendió una metástasis que le afectó su pierna derecha. El cáncer le había jugado otra mala pasada.

Ella siguió trabajando hasta el final sin dejar de luchar contra la enfermedad. Había comprado su primer apartamento y su carro con sus ahorros y ya tenía un patrimonio para dejarle a su hijo que estaba terminando el bachillerato.

Pasaron quizá cuatro o cinco años y nos reencontramos para recordar viejos tiempos de colegas. Su pelo se había caído, pero su peluca parecía su pelo real. Así que la usaba de manera permanente.

Recuerdo que en un cumpleaños era ella quien me daba valor y ánimo por mi divorcio reciente y porque ya había vivido el vacío y la soledad que se siente cuando el esposo se va del hogar.

Al poco tiempo sufre una recaída y comienzan a aparecer más metástasis que van invadiendo su cuerpo. Pero ella sigue delante y no descansa de trabajar. Hacía caso omiso de las incapacidades porque le encantaba su trabajo en una de las Oficinas de Prensa más importantes del país.

Se ganó el cariño de sus compañeras como lo hizo en el Instituto de Cancerología. Y siguió trabajando hasta que su enfermedad ya no se lo permitía. Su cuerpo estaba totalmente invadido por el cáncer. Entonces ya no podía valerse por si misma y decidió buscar refugio en la casa de sus padres, quienes la acogieron como ocurrió cuando era una bebé y llegó a alegrar su hogar en su fecha de nacimiento.

Ella dejo una huella imborrable en el Ministerio del Interior, tanto que hoy a uno de los pisos se le bautizó con su nombre. Allí permanece una placa que todos decidieron colocar como un homenaje a una mujer luchadora que dio lo mejor de si como profesional hasta su muerte.

Sus últimos días fueron muy traumáticos. Los dolores eran cada vez más fuertes. Ya los médicos del Instituto de Cancerología la habían desahuciado y no había nada que hacer. Sin embargo ella seguía luchando en su interior porque su mayor preocupación como la de todas las pacientes era su hijo Camilo.

Y él ya era un hombre hecho y derecho que estaba estudiando su carrera de Psicología. Seguramente quería entender el dolor de estas enfermedades terminales como la que vivió su madre.

Estuve al lado de Ximena en sus últimos días. Recordamos aquellos viejos tiempos cuando pasamos de las instalaciones de la Universidad Javeriana a los corredores fríos y oscuros del Instituto Nacional de Cancerología. Su carrera profesional le había permitido organizar su vida, desarrollarse profesionalmente y ya había tenido una familia. Ahora su única preocupación era el futuro de su hijo.

Y murió con dolores que no tenían ningún tratamiento porque hasta el cerebro se le había invadido. Pero muy lúcida y consciente de haber vivido plenamente su vida y haber disfrutado de lo que Dios le permitió.

Ahora todos los que conocimos de cerca a Ximena sabemos que quedará en nuestros corazones como una mujer valiente y luchadora que logró dejar listo todo antes de morir para que su hijo quedara encaminado y regresara junto a su padre que había estado lejano por la separación a temprana edad.

Descanse Ximena en paz y donde quiera que esté, sepa que su historia queda plasmada en este libro como un homenaje póstumo a una mujer que nunca se dejo de trabajar, de luchar y de entregarse a cuidar a su hijo.

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